Fuente:abc.es
"Si el liderazgo palestino dice a su pueblo de forma clara que reconoce a Israel como Estado del pueblo judío, convocaré a mi gabinete para reanudar en un nuevo periodo determinado de tiempo la congelación de la construcción en las comunidades de Judea y Samaria (Cisjordania)", afirmó Netanyahu en un mensaje al presidente palestino, Abu Mazen (Mahmud Abbas).
Con este gesto, espera devolver la pelota al tejado de Abu Mazen tras la decisión de éste y la Liga Arabe de no negociar con Israel mientras se construye en los asentamientos de Cisjordania.
La respuesta palestina no ha tardado en llegar. Apenas 10 minutos después, el portavoz de Abu Mazen, Nabil Abu Rudeina, ha afirmado que rechazan la petición de Netanyahu.
Mientras, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) consideró hoy "completamente inaceptable" la última oferta de Israel para proseguir las negociaciones de paz.
En declaraciones a Efe, el portavoz del Departamento de Asuntos Relacionados con la Negociación de la OLP, Xavier Abu Eid, calificó de "inaceptable" la oferta israelí para congelar las construcción de colonias en los territorios ocupados a cambio de que los palestinos reconozcan el carácter judío del Estado de Israel.
Ante los rumores sobre la lista de incentivos que ofrece el presidente de EEUU, Barack Obama, a cambio de dos o tres meses más de moratoria de la construcción en las colonias, Netanyahu ha revelado: "Estados Unidos ha ofrecido algunas propuestas y nosotros las estudiamos de forma responsable de acuerdo a los intereses de Israel encabezados por la seguridad y la garantias de nuestra exigencia".
Dos de los principales partidos de la coalición, Israel Beitenu (Avigdor Lieberman) y el ultraortodoxo Shas han insinuado que no abandonarán el Gobierno si se renueva temporalmente la congelación.
Fuente:elmundo.es
La misión hispanofrancesa-encabezada por los ministros de Exteriores, Miguel Angel Moratinos y Bernard Kouchner, comprobó este domingo en Jerusalén que su homólogo israelí, Avigdor Lieberman, no tiene entre sus virtudes el arte de la diplomacia. Tras escuchar mensajes conciliadores y entusiastas a favor de un acuerdo de paz con los palestinos de boca, entre otros, del presidente de Israel, Simon Peres, del jefe de Gobierno, Benjamin Netanyahu y el ministro de Defensa, Ehud Barak, fueron testigos de una voz distinta. Más rotunda y polémica. Una voz que para algunos en Israel es directa y sincera y para otros es electoralista, dañina y poco institucional.
Según los medios locales, Lieberman dijo a Moratinos y Kouchner: "Antes de venir a enseñarnos cómo se solucionan los conflictos aquí, yo espero que primero solucionen todos los problemas en Europa. En 1938, la comunidad europea decidió conciliarse con Hitler, en lugar de apoyar a un aliado fiel como Checoslovaquia a la que sacrificó. No estamos dispuestos a ser la Checoslovaquia del 2010 y defenderemos los intereses vitales de Israel".
Según Lieberman, "al parecer la comunidad internacional intenta compensar todos sus fracasos en conflictos como Somalia, Afganistán, Corea del Norte, Sudán, Zimbabue y otros lugares buscando un acuerdo en un año entre israelíes y palestinos. De forma indirecta, les hizo ver que hay conflictos mucho más urgentes en el mundo.
Moratinos y Kouchner le expresaron sus puntos de vista y la necesidad del diálogo con el presidente palestino, Abu Mazen, para hacer viable la solución de dos Estados.
Sobre el apoyo de Liga Árabe a la posición palestina de no dialogar con Israel hasta que no renueve la congelación de la construcción en las colonias, Lieberman pidió a los europeos que "mejor que hablen con la Liga Árabe sobre lo que pasará en Iraq en el 2012 en vez de presionar a Israel, algo que solo puede provocar una explosión como en el 2000", en alusión a la Intifada Al Aksa tras el fracaso de la cumbre de Camp David.
Las declaraciones de Lieberman fueron criticadas por varios ministros israelíes que siguen preguntándose "hasta cuando Netanyahu le aguantará como responsable de Exteriores". La respuesta es muy sencilla. Netanyahu sabe que Lieberman está en plena campaña electoral para destronarle. Una destitución le daría aun más alas en el electorado más nacionalista.
Een su reunión con Peres, Moratinos había declarado: "Soy optimista de acuerdo a lo sucedido en el ultimo mes pese a las dificultades y preocupación en ambas partes. Ambos lideres (Netanyahu y Abu Mazen) enviaron un mensaje muy sólido a la comunidad internacional de que quieren preservar el momentum y dejar abierta la puerta a las conversaciones directas".
Kouchner compartió el optimismo de Moratinos y matizó las declaraciones en un diario árabe donde no descartaba la opción-planteada por Abu Mazen en caso de colapso total- de exigir a Naciones Unidas el reconocimiento de un Estado palestino en las fronteras del 67. El interés de todos es que el nuevo Estado llegue de un acuerdo de paz", especificó.
El mensaje de Peres a los dos diplomáticos fue totalmente opuesto al de Lieberman: "Vosotros sois amigos y sé que lo que os trae a esta zona es un intento de encontrar un camino para promover el proceso de paz. Todo estamos en el mismo barco y deseamos vuestro éxito". Asimismo, destacó que "la alternativa de la paz es más peligrosa. No podemos renunciar a ella aunque haya dificultades".
La visita de Moratinos y Kouchner también tiene como objetivo asegurar la presencia a finales de mes en París de Abu Mazen y Netanyahu para preparar la conferencia de la Unión por el Mediterráneo en Barcelona, prevista para la última semana de noviembre. Una ocasión fabulosa para volverse a ver, charlar, sonreír y quizás encontrar una solución sobre la construcción en las colonias.
"Podemos contribuir con las reuniones de París y Barcelona a crear el clima que permita un acuerdo en un año", afirmó Moratinos antes de encontrarse con Lieberman y el discurso de Checoslovaquia.
Fuente:elmundo.es
Si la ley prospera en el Parlamento, aquellos ciudadanos no judíos que deseen la nacionalidad israelí deberán declarar su lealtad a Israel como "Estado judío y democrático", en lugar de "Estado de Israel", como estaba ahora. Netanyahu ha añadido que una comisión estudiará la aplicación de este nuevo requisito a los judíos de la diáspora que por otro lado pueden adoptar de forma automática la nacionalidad israelí bajo la "Ley de Retorno".
La enmienda -que ha provocado el enfado de la izquierda, de sectores de la derecha y de la minoría árabe- es interpretada como el "caramelo" que Netanyahu regala hacia el ala más nacionalista del Gobierno para prorrogar dos meses más la congelación de la construcción en las colonias, tal y como exige el presidente norteamericano, Barack Obama. Sin la moratoria, el presidente palestino, Abu Mazen, no acepta continuar el proceso de paz.
Aunque es básicamente declarativa (quien realmente desea la nacionalidad puede jurar lealtad incluso a los Simpsons), la enmienda ha provocado una gran polémica. "Es una enmienda que sólo origina hostilidad y no fortalecerá la identidad judía de Israel. Sólo sirve para que Netanyahu siga sobreviviendo en el Gobierno", ha dicho la jefa de la oposición, Tzipi Livni.
El ministro laborista, Avishai Braverman -que votó en contra- opina que "es una vergüenza. Tras todo lo que hemos invertido en el sector árabe del país, supone un golpe muy duro". "Es una medida inútil y antidemocrática que demuestra el politiqueo de Netanyahu y discrimina a los árabes en Israel", afirma el diputado árabe israelí, Ahmed Tibi, asegurando que la ley va por ejemplo contra los palestinos que desean casarse con árabes israelíes.
En la derecha, satisfacción con importantes excepciones ya que varios ministros como Benny Beguin o Dan Meridor se han opuesto. Reuven Rivlin -presidente del Parlamento y miembro del partido de Netanyahu- también es crítico: "Es totalmente prescindible. Yo soy sionista, judío y democrático sin necesidad de esta ley que es dar armas a los enemigos del sionismo".
El ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, lo considera una victoria de su partido, Israel Beitenu. De hecho, la enmienda es una exigencia de Lieberman en el pacto con Netanyahu en la formación del Gobierno. "Es importante ya que las palabras tienen mucha fuerza y se centra el verdadero debate que debe ser sobre el carácter de Israel y no de las fronteras", afirmó añadiendo que la palabra "judío" va más allá de la religión.
El ministro de Transportes y allegado a Netanyahu, Israel Katz añade: "No entiendo la polémica. Israel es un estado democrático que garantiza los derechos de sus ciudadanos independientemente de la raza, sexo o religión. Al mismo tiempo, no se puede obviar que es un Estado con una identidad judía".
El analista Boaz Okon escribe en el diario 'Yediot Ajaronot' que "es una medida antiliberal e injusta. Es legal pero innecesaria y llega en un momento muy inoportuno".
Fuente:elmundo.es
Unos días antes de morir, Claude habló con Público sobre su infancia en Berlín, la salita de estar de su abuela Lily en la que colgaba el cuadro en disputa, valorado ahora en unos 20 millones de euros, y su determinación por conseguir la pintura.
Claude quedó huérfano de madre y se crió con su abuela Lily hasta que el régimen nazi persiguió a la familia judía: unos murieron en el Holocausto y otros sobrevivieron. El nieto ha pasado varios años pidiendo al Gobierno español y a la Fundación Thyssen-Bornemisza la devolución del lienzo que, según él, robaron a su abuela Lily.
David explica que "en los últimos 15 años la tendencia de gobiernos, museos y particulares en todo el mundo ha sido la devolución del arte incautado por los nazis. En el caso de nuestro Pissarro, la pintura pertenece a mi familia porque fue robada por los nazis a mi bisabuela en 1939. Yo lucharé por ella hasta el final, el pago de una compensación para mí es inaceptable".
Claude, padre de David, huyó a EEUU en la II Guerra Mundial. Después su abuela Lily se trasladó también a América y convivió con su nieto y bisnietos, David y su hermana Ava (Cleveland, 1951), hasta su muerte en 1962. "Me acuerdo perfectamente de mi bisabuela Lily viviendo con nosotros y explicando la historia de un Cézanne, un collar o un mueble que había salvado de sus pertenencias en Alemania. Mi bisabuela Lily es parte de mi vida, como el cuadro de Pissarro es parte de la vida de mi padre", explica David desde su casa en Telluride, Colorado (EEUU).
Según la documentación del museo Thyssen, el cuadro fue adquirido por el barón en 1976 a través de la galería Joseph Hahn de París. Punto final, a tenor de los catálogos oficiales, a la procedencia de la obra pintada en 1897 por el artista impresionista que tan hábilmente captó el efecto de la lluvia sobre el pavimento parisino.
David establece relaciones entre el nazismo y el arte confiscado a los judíos, aunque no demuestra ningún enlace directo entre el barón Thyssen y el Pissarro en litigio. "Para mi padre fue una ofensa que la familia que colaboró con el nazismo y contribuyó al Holocausto resultara ser la que tiene el cuadro de su abuela. Yo no puedo creer que un coleccionista de la talla del barón Thyssen no supiese que se vendía arte robado por los nazis o no quisiese conocer la procedencia de las obras que compraba. Todas las personas que se mueven en el mundo del arte saben que hay arte robado en el mercado. ¿El barón no lo sabía? Siendo un coleccionista de la envergadura que era, ¿o los comisarios de su museo de Lugano, o sus asesores?", se pregunta David una y otra vez ante el beneficio de la duda que se merece Heinrich Thyssen-Bornemisza (1921-2002).
La familia Cassirer fue relevante en el centro de Europa en el campo industrial, editorial y del arte. Varios galeristas del clan patrocinaron a los impresionistas y el arte moderno de los siglos XIX-XX.
Claude Cassirer confiaba antes de su fallecimiento en que la justicia finalmente prevalecería. "España cumplirá con su deber y nosotros con el nuestro. Yo, a pesar de mi edad y mi salud, cada vez más achacada, espero ver el final del problema", resaltó. No fue así, pero su hijo David sí espera que el cuadro vuelva a casa.
El Gobierno español firmó los acuerdos de Washington de 1998 que establecen que los países signatarios se comprometen a devolver el arte robado por los nazis y a facilitar soluciones a las disputas sobre propiedad. David alude a este compromiso internacional y aduce que "España no cumple con el resto del mundo porque ha firmado acuerdos internacionales que en este caso ignora completamente".
La familia Cassirer se enteró en diciembre de 1999 de que Calle San Honorato al mediodía. Efecto de la lluvia pertenecía a la familia Thyssen entonces ya era propiedad del Estado español por una conocida de Claude, que vio una foto del lienzo en el catálogo de una exposición con la referencia: "Perteneciente al barón Thyssen-Bornemisza de Lugano". El cuadro aparecía 60 años después, de 1939 a 1999. Ahí empezó el trabajo de detective de Claude.
Desde 1999 a 2005, la familia Cassirer contactó a través de abogados con el museo Thyssen y con Gobierno español, propietario de la colección adquirida en 1993 por 271 millones de euros (en total la operación Thyssen costó 361 millones de pesetas).
Los contactos no progresaron y se inició el proceso judicial que continúa hasta hoy en EEUU. La posición española, que ha rechazado una compensación, mantiene que la reclamación no tiene fundamento y que el cuadro pertenece al Estado español. España alegó inmunidad ante los tribunales americanos.
La Comisión para la Recuperación de Arte ha ayudado a los Cassirer a formar el marco legal e histórico para reclamar la devolución de la obra. Claude y su hijo David saben que Lily vendió el cuadro a los nazis por 360 dólares para comprar los visados a Inglaterra.
En 1943, la Gestapo subastó la pintura y en 1958 el Gobierno alemán reconoció que era propiedad de Lily. La compensó con 60.000 euros. Ella murió sin haber encontrado el lienzo que buscaba y manteniendo, según el Gobierno alemán, la propiedad de la obra de Pissarro.
El último paso en el largo proceso judicial se produjo el pasado mes de agosto al dictar sentencia el Tribunal de Apelación a favor de los Cassirer, reconociendo que España no es inmune a ser demandada para la devolución de esta pintura. Un tribunal de once jueces sentenció por nueva a favor y dos en contra del Estado español. Stuart Dunwoody, abogado de los Cassirer, espera los últimos trámites de la sentencia para continuar con la demanda en las próximas semanas. Por su parte, el abogado Thadeus Stauber, representante de la Fundación Thyssen, declaró a The Art Newspaper que "esperamos tener la oportunidad de presentar el historial completo del cuadro para confirmar la legítima propiedad de la obra por parte de la fundación".
Fuente:publico.es
Un israelí ha atropellado a dos niños palestinos después de que le lanzaran piedras contra su vehículo en Jerusalén oriental, según informa en su 'web' el diario Haaretz, concretamente en el barrio de Silwan, de mayoría árabe.
El conductor, David Be'eri, que asegura que ha sido un accidente, es un conocido en el país hebreo, ya que es el director de la organización sin ánimo de lucro Elad, que se encarga de controlar la Ciudad de David en Jerusalén Este y trabaja para buscar emplazamiento a los judíos en la zona.
El ultraderechista ha asegurado que iba en el coche con su hijo, cuando unos niños palestinos han empezado a lanzarle piedras.
Tras el atropello, Be'eri, de 57 años, afirmó a la Policía: "Sentí peligro ante las pedradas de los palestinos e intenté irme del lugar lo antes posible y como fuese para que mi hijo o yo no fuéramos agredidos. Fue una situación muy peligrosa", según informa Sal Emergui.
Un amigo suyo explica a los medios locales que "Be'eri fue atacado con piedras por un grupo de enmascarados que le rodearon en una emboscada que incluía la presencia por anticipado de cámaras". Un habitante de Silwan afirma, sin embargo, que "tras los rezos del viernes, vimos aparecer el coche de Be'eri, al que aquí todos conocemos por ser líder de los colonos. Algunos chicos se acercaron a su coche y él atropelló a dos".
Fuente:elmundo.es
La cosa estuvo dando vueltas por mi cabeza durante unos cuantos días. Llevo muchos años, y mis sufridos lectores lo saben, hablando de la expansión islámica en Europa y en el resto del mundo. Para ser exactos, desde 1974, cuando Houari Boumedienne declaró la guerra de vientres en las Naciones Unidas. Todavía el terrorismo islámico se limitaba a Israel, y en el atentado de Múnich de 1972 no se habló de guerra santa ni de nada parecido. En todo caso, había un proyecto panárabe que no implicaba necesariamente el aspecto religioso. El propio Arafat dejaba entrever en su oscuro y contradictorio mensaje que, de existir alguna vez un Estado palestino, éste no sería confesional.
La guerra como tal –y me parece una peligrosa hipocresía hablar de terrorismo cuando hay Estados implicados, política y financieramente– se declaró el 11 de setiembre de 2001. Y vino a sumarse a la guerra de vientres, que ya estaba en una fase avanzada. Hacía tiempo que Bat Ye'or venía tratando el tema: fue ella quien acuñó el término Eurabia para designar esa construcción étnica gradual, que se aceleraría y se redefiniría desde los ataques a las Torres Gemelas y los consiguientes festejos en el mundo islámico y en la izquierda radical de todo el planeta (desarrollé este tema en mi libro La izquierda reaccionaria, ya en 2002).
Aunque unos pocos, en los modestos términos que impone la escritura (y la siempre escasa difusión de un texto, aun en la era de internet), llevábamos rato clamando y reclamando atención al asunto, no fue hasta los ultimísimos años (diríase que a partir de 2003, con la decisión de intervenir en Irak) que un número mayor de personalidades de peso se pronunció en tal sentido, sobre todo en lo relativo el los derecho israelíes a existir y defenderse. Sólo ahora, en 2010, con la creación de Friends of Israel, por José María Aznar, Marcello Pera y otras figuras de relieve, se ha institucionalizado esa conciencia de riesgo de Occidente ante el expansionismo obvio de los aspirantes a conquistadores, los defensores de la sharia como ley universal.
Lo dominante durante cerca de cuarenta años ha sido el apaciguamiento, cuando no la complicidad directa o la colaboración necesaria de los países europeos con las diversas etapas de la expansión islámica. El actual Gobierno español, con un ministro de Exteriores que se jacta de su amistad y sus ocasionales colaboraciones con Arafat, es un modelo de apaciguamiento entreguista: no olvidemos al embajador Máximo Cajal y su explícita defensa de la cesión a Marruecos de parte del territorio español en el libro Ceuta y Melilla, Olivenza y Gibraltar. ¿Dónde acaba España? (Siglo XXI, Madrid, 2003). Uno espera de los miembros de la carrera diplomática, como Moratinos o Cajal, que asuman entre sus deberes, y tal vez como el primero de ellos, la defensa constante de la soberanía nacional, tanto ante Marruecos como ante Gran Bretaña o Portugal (que nada pide en la cuestión de Olivenza).
Entre tanto, cada vez que alguien ha reivindicado derechos nacionales en alguna parte de Europa ha sido tachado de ultraderechista, fascista o cualquier otro término difamatorio (según para quién) y, en algún caso, asesinado, sin que las reacciones de la prensa o la judicatura estuvieran a la altura de las circunstancias. Fue el caso de Pym Fortuyn. Han intentado que fuera el caso de Geert Wilders, sin demasiado éxito. Y las descalificaciones de la agencia AP contra el Partido Demócrata de Suecia al comentar los últimos resultados electorales son claras:
Las elecciones del domingo demostraron que la tradicional bienvenida a los refugiados en el país ya no es aceptada universalmente: cerca del 6% de la población votó a favor de un grupo nacionalista que acusa a los inmigrantes –especialmente a los musulmanes– de erosionar la identidad nacional de Suecia y su acariciado estado de bienestar social.
Obsérvese que ni siquiera nombra al partido, al que denomina "grupo". Soportan con dificultad lo que obviamente es el final definitivo de la era Palme, la del olvido de la parcial neutralidad sueca en la Segunda Guerra Mundial, coherente con el dominio de la socialdemocracia alemana sobre el resto de la socialdemocracia europea.
¿Y por qué decía yo al principio de esta nota que nosotros éramos una parte del problema? Porque sólo nuestra ceguera voluntaria, nuestra cobardía, nuestra indiferencia y nuestra hipocresía pueden producir textos como el que acabo de citar, donde se lamenta que un partido sueco defienda la identidad sueca, que ve erosionada por los musulmanes.
Pero no se trata únicamente de partidos políticos. Debo decir con dolor que la Iglesia Católica tiene responsabilidades que no asume institucionalmente. Como explica webislam, el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso sirvió para la condena conjunta de las malhadadas caricaturas "ofensivas" de Mahoma y "un creciente número" de ataques al islam. El mismo relato es una grosería cuando menciona las caricaturas ofensivas de Mahoma: toda representación de la figura humana es blasfema en el islam, sea la de quien sea, y es el cristianismo el que ha puesto rostro al Hijo, es decir, a Dios.
Yo pienso que los católicos, que junto a sus padres judíos han construido Occidente, como tan perfectamente explica José Javier Esparza en su Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental (Ciudadela, 2009), deberían haberse unido en defensa de la libertad de expresión, haber condenado sin vacilaciones la persecución de la que es objeto el dibujante Kurt Wetergaard –con varias agresiones e intentos de asesinato a sus espaldas– y haber defendido al periódico Jyllands Posten. Curiosamente, cuando los musulmanes, con la sobreentendida intención de ofendernos, nos llaman "cruzados", si de algo estamos lejos es del espíritu de Urbano II.
Y lo peor de todo es que la ultrasecularizada sociedad española es, en ese sentido, la más débil de Europa. Y no sólo es culpa de Zapatero y su afanoso anticlericalismo: fue Ana Palacio quien dijo aquello de: "Europa no es un club cristiano". No obstante, y sin saber qué piensa hoy la ex ministra, estoy convencido de que muchas cosas están cambiando. En aquel entonces (y sólo han pasado siete años) Aznar era partidario de la entrada de Turquía en la UE y Blair era anglicano; y la propia Ana Palacio matizó que no había obstáculos para integrar a una Turquía "gobernada por un partido islamista moderado": lo dijo pensando que Turquía sería lo que parecía ser, que siempre habría un ejército kemalista (que Erdogán ha desmontado) y que se avanzaría hacia la "modernización" del país, sea eso lo que sea. Por otra parte, los Estados Unidos, y en particular Colin Powell, veían a Turquía como un aliado, y por eso le habían hecho sitio en la OTAN, que ya está en los huesos. Y eso que Powell nunca ocultó sus simpatías hacia Israel. Pero es que hasta hace muy poco, de hecho hasta el Mavi Marmara, el propio Israel tenía excelentes relaciones con Turquía, hasta el punto de que hacían maniobras conjuntas.
Éste es el momento de mayor debilidad de Occidente: las gentes se sienten abandonadas, solas, en medio de una sociedad inestable, sin líderes, sin normas de conducta establecidas. Los Mandamientos son objeto de burla constante: todo el mundo sabe que "No matarás" se completa de mala manera con la coletilla "... o irás a la cárcel un par de años". La situación es muy parecida a la que obligó a Moisés a pedir y recibir las Tablas, donde hubo que decir "Honrarás a tu padre y a tu madre" porque quienes le seguían, "los israelitas y la multitud mezclada" con que había salido de Egipto, eran muy capaces de disputar el poco alimento disponible a sus progenitores, o de abandonarlos en el desierto como una carga insoportable. Pero no es que no haya leyes, divinas y humanas, sino que son ignoradas. Desde el poder, por los mismos que se dejan conquistar serenamente, con una sonrisa, falsa.
Por obra de esos dirigentes, nadie siente que haya aquí y ahora nada que defender, cuando es incalculable el tesoro acumulado en milenios de trabajosa experiencia. Nadie, o casi nadie, está enseñando ese tesoro, lo judeocristiano. En eso somos una parte del problema.
Es imposible que el islam gane a la larga las guerras que declaró, la de vientres y la armada. Es imposible que llegue a conquistar el planeta. No pudo Roma. No pudo Inglaterra. No pudieron los Estados Unidos. No pudo la delirante Alemania de Hitler ni pudo la riquísima Rusia de Stalin. Y lo que ofrecen ahora es demasiado poco, mucho menos que lo que ofrecieron los imperios precedentes: de hecho, no ofrecen más que una ley bárbara y cruel. Pueden destruir. Mucho. Irán realmente podrá borrar a Israel del mapa, pero seguiría habiendo judíos y judaísmo. Serán arrojados a los leones los "cruzados", pero seguirá habiendo cristianos y cristianismo. Lapidarán a miles de mujeres, pero seguirá habiendo mujeres. En último extremo, una cultura que promete el paraíso para los suicidas es una cultura de muerte, pero la humanidad persistirá.
¿Le suena a mensaje optimista? No lo es, estoy hablando de largos siglos de lucha por la supervivencia, largos siglos de sumisión y dolor para que la vida y la historia retomen su curso. Sin embargo, esta vez sabemos lo que no sabían los germanos ni los judíos acerca de los proyectos de Roma (que no tenía dhimmies, sino ciudadanos del Imperio); sabemos lo que los indios no sabían sobre Inglaterra; sabemos lo que los idealistas en busca de sociedades perfectas ignoraban voluntariamente sobre Stalin. Estamos, pues, en condiciones de actuar. Esa acción tiene todavía formas primitivas, está en la etapa de la protesta, los individuos votan en secreto a Wilders (y se equivocan, porque Wilders expresa sólo cosas incompletas, fragmentarias, fóbicas, y desaparecerá). Pero esa acción va a más. Se organiza, se hace eficaz, aclara ideas. De una manera poco brillante, casi sin hacerse notar: los occidentales no salen a quemar coches ni a ocupar propiedades, sino que fijan normas de seguridad, aunque en algún lugar del poder se haya decidido liquidar a la vez los ejércitos nacionales (suprimiendo el servicio militar obligatorio, por ejemplo) y a los fumadores. Falta poco. Pero que nadie se lo pida a Rajoy ni a ningún otro dirigente político tradicional: habrá que hacerlo solos.
Cabello despeinado, barba hirsuta, uñas largas, mirada reconcentrada, a veces perdida, ropa vieja. Quien se tope con este personaje en la calle -cosa difícil, porque casi no sale ya de su apartamento, salvo a comprar alimentos a la tienda más cercana- seguramente lo tomará por un simple vagabundo, un bombzh. A nadie se le pasaría por la mente que ese hombre desaliñado es un genio, el mayor matemático de los últimos tiempos, que encaja en el paradigma del científico chiflado. La gente considera que efectivamente ha perdido la razón, pero no por su dudosa higiene y aspecto, sino, ante todo, por haber rechazado el millón de dólares de recompensa que le otorgó el Instituto Clay de Matemáticas (Massachusetts, EE UU) por haber resuelto la conjetura de Poincaré -uno de los siete problemas del milenio-, y se negó a recibirlo a pesar de vivir con su madre en precarias condiciones.
Un aficionado al ajedrez probablemente asociaría el caso de Perelman con el de Bobby Fischer, y quizá no anduviera muy errado: muchos especialistas consideran que ambos genios desarrollaron el mismo mal, una especie de autismo conocido como el síndrome de Aspergen. Opinión con la que, por cierto, su primer maestro está en total desacuerdo.
Antes del millón de dólares, Grisha había rechazado un premio de la Sociedad Matemática Europea y luego hizo lo mismo con la medalla Fields, llamada frecuentemente el Nobel de las Matemáticas, que debería haber recibido en Madrid en 2006, durante el Congreso Internacional.
Al comienzo, nada indicaba que su carrera iba a llegar a las más altas cimas y que -después de que el destino hubiera permitido que triunfara en la ciencia a pesar de los numerosos escollos que un judío como él encontraba en su camino en la antisemita Unión Soviética- terminaría en tragedia -para el mundo científico, al menos-, en el abandono de las matemáticas y en el encierro en sí mismo. Encierro que es prácticamente total, pues Grisha ya no se comunica con nadie, a excepción de su madre; se niega a conceder entrevistas, no responde si a uno se le ocurre ir a verlo y tocar a la puerta de su apartamento, e incluso ha roto todos los vínculos con la mayoría de sus antiguos colegas y maestros.
Grisha se refugia del mundo en Kúpchino, un barrio en el sur de San Petersburgo donde el metro muere. Construido en los años sesenta del siglo pasado, Kúpchino es un típico suburbio dormitorio. La gente que vive cerca de la casa de Perelman -un edificio tipo de nueve plantas-, los que trabajan en las tiendas adonde suele ir, ahora le reconocen. Muchos cuando lo ven sacan sus móviles, con los que le hacen fotos; pero la mayoría se comporta como Grisha quiere: lo dejan en paz.
Perelman se inició en el campo de las matemáticas muy temprano, siendo un niño, como se acostumbraba en la época soviética. Su madre, Lubov, era una talentosa matemática a la que su maestro incluso llegó a ofrecer un puesto en el Instituto Herzen, donde él mismo enseñaba. Esto era un honor, ya que su nombramiento iba a ser difícil por dos razones: primero, porque era mujer -es decir, potencialmente madre, con lo que su consagración a la ciencia resultaba incierta-, y segundo, porque era judía.
Pero Lubov desechó entonces el ofrecimiento por la sencilla razón de que se acababa de casar y quería crear una familia. Pasó más de una década antes de que Lubov volviera a ver a su maestro. Se toparon en la calle y ella le contó que tenía un hijo, Grisha, que mostraba dotes para las matemáticas, como lo probaba su reciente participación exitosa en un concurso del barrio donde vivían, en los suburbios de Leningrado, hoy San Petersburgo. Y le preguntó qué podía hacer para desarrollar ese talento.
Garold Natanson, que así se llamaba el maestro de Lubov, llamó entonces a Serguéi Rukshín, según cuenta él mismo a EL PAÍS, entonces un joven matemático con un don especial para preparar a niños. El resultado de esa conversación fue que Grisha ingresó en 1976 -recién cumplidos los 10 años- en el círculo de matemáticas que funcionaba en el Palacio de Pioneros de Leningrado.
Estos centros de élite, repartidos por la URSS, eran como grandes clubes donde funcionaban numerosos círculos para niños: de matemáticas, de ajedrez, de deportes, de música... Grisha, de hecho, llegó al Palacio de Pioneros de Leningrado sabiendo ya tocar el violín, instrumento que también había estudiado su madre, que era profesora de matemáticas en una escuela.
Como recuerda Rukshín, que en esa época tenía solo 19 años, Grisha acababa de cumplir los 10 años y no era el benjamín del círculo, ni tampoco el más brillante ni el mejor en las competiciones. Y no lo fue hasta varios años después. Era bueno, talentoso, y a diferencia de la mayoría de sus compañeros, se mostraba tranquilo, callado.
Incluso para solucionar los problemas era introvertido; prácticamente no escribía nada previo, no hacía cálculos en el papel, todo lo analizaba mentalmente hasta que obtenía la solución, que pasaba entonces a la hoja que tenía delante.
Había signos que indicaban que la solución estaba próxima: podía tirar una pelota de pimpón contra la pizarra, caminar de allá para acá, marcar un ritmo con un lapicero en el pupitre, restregaba sus muslos -los pantalones que usaba llevaban la marca de esa costumbre- y luego se frotaba las manos, además de emitir ruidos parecidos a quejas o zumbidos, que eran, en realidad, tarareos de alguna pieza musical, como Introducción y rondó caprichoso de Camille Saint-Saëns.
Al principio, Grisha no era el mejor. Pronto llegó a serlo y se convirtió en el alumno preferido de Rukshín. Éste siempre ha defendido que los niños deben concentrarse en aquello que mejor les resulta. Esta posición, dice sonriendo, ha resultado beneficiosa tanto para el ajedrez ruso como para el español. Así, aconsejó a Alexandr Jalifman, el futuro campeón mundial de ajedrez, que se consagrara al juego-ciencia y no a las matemáticas; lo mismo hizo con Valeri Sálov -el gran maestro ruso que en 1992 se mudó a España-, a quien prácticamente expulsó de su círculo matemático.
Probablemente esta concepción de Rukshín hizo que Grisha abandonara sus clases de violín para entregarse por completo a las matemáticas. Su maestro insiste en que no le obligó a dejar la música; al contrario, lo introdujo en la música vocal, a la que Perelman no estaba acostumbrado.
El que dejara de tocar el violín no significa que Grisha renunciara a la música. La verdad es que incluso hoy es una de sus pocas aficiones; le gusta la ópera, y hasta hace poco solía comprar las entradas más baratas en el gallinero del Teatro Mariínski (ex Kírov). También se le puede ver a veces en los conciertos de jóvenes cantores.
Rukshín no solo fue el descubridor de Perelman, sino su primer maestro, el que lo formó y fue su primer tutor científico. Entre ambos se creó una relación especial. Al acercamiento con Grisha contribuyó probablemente el que después de las clases en el Palacio de Pioneros, dos veces por semana, hacían juntos el trayecto en el metro hasta la última estación, Kúpchino, el barrio de Perelman. Rukshín tenía que tomar allí un tren de cercanías hasta su casa, que en ese tiempo estaba en la ciudad de Pushkin.
A los 14 años, Rukshín comenzó a darle clases intensivas de inglés, para que Grisha pudiera entrar en el colegio especializado en física y matemáticas, la famosa Escuela Número 239 de Leningrado. El inglés era el idioma extranjero que estudiaban allí, mientras que en su escuela Grisha había aprendido francés. Al final de las vacaciones, Rukshín había logrado lo imposible: que Grisha estuviera al nivel requerido, o sea, había hecho en menos de tres meses lo que los otros niños habían conseguido en cuatro años.
Grisha ingresó junto con sus compañeros del club en la famosa escuela. Se trataba de la primera vez que, en lugar de dispersar a los miembros del círculo de Rukshín en diferentes clases, los pusieron a todos en una. Así comenzaba otro experimento ideado por Rukshín -no separar a los niños superdotados-, aunque entonces ellos formaran solo la mitad del curso; hoy ya hay clases que funcionan exclusivamente con chicos especialmente talentosos para la ciencia.
El elegido como profesor jefe en la clase de estos superdotados fue Valeri Rízhik, un pedagogo innato, según asegura Masha Gessen en su libro Perfect rigor: A genius and The mathematical breakthrough of the century, dedicado a Perelman.
La idea de Rukshín de no separar a los pequeños genios generó polémica, pero finalmente se impuso; el mismo Rukshín seguiría preparándolos en el club particularmente para las olimpiadas de matemáticas. Rízhik recuerda que Perelman se sentaba al fondo de la clase, nunca hablaba, salvo cuando veía un error en las demostraciones que los niños hacían en la pizarra; entonces levantaba apenas la mano y corregía. Era un chico que se tomaba las reglas al pie de la letra, y por eso nunca se distraía.
Rízhik solía llevar los domingos a los niños de su clase a caminar por el campo o por el bosque, y en las vacaciones, a largas excursiones a otras regiones de Rusia. Grisha nunca fue a ninguna, ni asistió a los Martes Literarios que organizaba su profesor. La opinión de Gessen de que Rízhik desempeñó un importante papel como pedagogo no es compartida por Rukshín, que otorga más méritos a Nikolái Kuksa, ex oficial de submarino que protegió a Grisha durante sus estudios en la Escuela Número 239.
A pesar de sus excentricidades y de su dificultad para comunicarse con otros, Perelman siguió su carrera matemática con relativa normalidad, sobre todo gracias a las personas que, viendo su talento, lo protegieron y consiguieron que fuera admitido en la discriminatoria Facultad de Matemáticas de la Universidad de Leningrado, que solo aceptaba a dos judíos al año. La táctica seguida para ello fue conseguir que Perelman formara parte del equipo olímpico ruso de matemáticas, ya que sus miembros ingresaban automáticamente en la Universidad que eligieran. Grisha no solo lo consiguió, sino que logró un extraordinario resultado en las Olimpiadas de Budapest: 42 problemas resueltos de un total de 42.
Perelman vivía en su propio mundo, ignorando la realidad del mundo exterior, que creía que era justo y que funcionaba como debía, siguiendo reglas claras. Nunca se interesó por la política, tampoco por las chicas, ni se enteró de que la sociedad soviética era antisemita. Su madre, sus profesores y entrenadores se preocuparon de protegerle de esa realidad exterior, de solucionar sus problemas y de garantizar que pudiera dedicarse exclusivamente al mundo de las matemáticas. Fue gracias a ellos -Rukshín, Kuksa, Rízhik, Alexandr Abrámov en el colegio y las competiciones; Víktor Zalgaller, Alexandr Alexándrov y Yuri Burago después- como Perelman pudo terminar la facultad, obtener su doctorado, ganar becas en el extranjero, dar charlas y enseñar.
A los 29 años, estando en EE UU, la Universidad de Princeton mostró interés por contratarlo como profesor asistente, pero él se negó a presentar un currículo; dijo que si lo querían, que le dieran un puesto de profesor titular. No lo hicieron y lo lamentarían.
Perelman fue a Princeton a principios de 1995 a dar una conferencia sobre su prueba de la Conjetura del alma (Soul conjecture) y para entonces se había convertido ya en el mejor geómetra del mundo. ¿Por qué esas exigencias, para qué querían un currículo suyo si habían asistido a sus conferencias? Encontraba absurdo que le pidieran datos sobre su persona. Tampoco aceptó una propuesta para ser profesor titular en Tel Aviv.
De vuelta a San Petersburgo ese mismo año, terminado su Miller Fellowship en Berkeley, Perelman regresó a casa con su madre y al laboratorio de Burago.
Grisha parece haber desarrollado una especie de alergia a los premios a mediados de los noventa. En 1996, la Sociedad Matemática Europea celebró su segundo congreso cuatrienal en Budapest, en el que instituyó premios para matemáticos menores de 32 años. Burago, Anatoli Vérshik, entonces presidente de la Sociedad Matemática de San Petersburgo, y Mijaíl Grómov, el introductor de Perelman en Occidente, presentaron a Grisha, cuya candidatura salió victoriosa. Pero éste, al enterarse, dijo que no quería el premio y que no lo aceptaría; incluso amenazó con montar un escándalo si anunciaban que él era el ganador.
Extraña actitud en una persona que había sido entrenada para ganar olimpiadas, y por tanto, premios. Nunca en su época de competidor había dado indicios de oponerse a los galardones. Más aún, sus fracasos -dos seguidos- fueron los que, según Rukshín, hicieron que Perelman se pusiera las pilas y trabajara duro para triunfar y convertirse en un auténtico científico.
Además, ya como matemático puro y duro, recibió a principios de los años noventa un premio que le otorgó la Sociedad de Matemáticas, que aceptó gustoso.
Todo apunta a que empezó a irritarle la idea de que otra persona pudiera juzgar su trabajo, cuando él se consideraba ya el mejor del mundo. Además vivía bajo una enorme autoexigencia, que le llevaba a considerar que no era merecedor del premio en cuestión, entre otros motivos, porque no había completado su trabajo todavía.
Esta conciencia de su superioridad unida a su rigidez moral -modelada en torno a la figura ideal de Alexándrov, con la exigencia de decir siempre la verdad y solo la verdad- es lo que, según quienes le conocieron, le lleva a rechazar ese premio y otros posteriores.
Paralelamente comienza a autoaislarse de la comunidad científica, aunque participa en actividades matemáticas con niños. Pero en 1996 deja de contestar a los correos electrónicos de sus colegas norteamericanos y prescinde de discutir sus proyectos. A partir de ese momento, nadie sabía en qué estaba trabajando Perelman, aunque seguramente fue cuando comenzó su asalto a la conjetura de Poincaré.
Que Grisha no había desaparecido del todo quedó claro cuatro años más tarde, cuando el matemático norteamericano Mike Anderson recibió un correo electrónico en el que el genio ruso le planteaba algunas dudas sobre un trabajo que este acababa de publicar.
Dos años y medio después se confirmó que Grisha no era de esos talentos prometedores que de pronto se paran y quedan empantanados. El 2 de noviembre de 2002, Anderson recibió, al mismo tiempo que un puñado de matemáticos, otro correo de Perelman en el que informaba de que había colgado un nuevo trabajo en Internet.
De hecho, se trataba de la demostración de la conjetura de Geometrización y de la de Poincaré, aunque él no lo especificaba. Anderson leyó el trabajo, comprendió su importancia e invitó a Perelman a EE UU, cosa que, para su sorpresa, éste aceptó. Al mismo tiempo, envió correos a otros matemáticos llamándoles la atención sobre lo que Grisha había publicado en la Red.
Un año más tarde, el 10 de marzo de 2003, Perelman colgó una segunda parte de su trabajo, mientras hacía los trámites para el visado que le permitiera viajar de nuevo a EE UU. En Norteamérica, Perelman dio magníficas conferencias y comentó a un colega que creía que pasaría un año y medio o dos antes de que se comprendiera la demostración expuesta en su trabajo.
Al mismo tiempo, comenzaron los problemas. The New York Times publicó dos artículos en los que escribía que Perelman había asegurado que había probado la conjetura de Poincaré e insinuaban que lo había hecho para ganar el millón de dólares de recompensa anunciado por el Instituto Clay. Para Grisha, esto, además de ser completamente falso, era un insulto. La verdad es que había empezado a trabajar en Poincaré mucho antes de que el Clay seleccionara los siete problemas del milenio y nunca había tenido especial interés por el dinero.
Perelman rechazó las numerosas ofertas que le hicieron para quedarse en EE UU y regresó a San Petersburgo en abril de 2004. El 17 de julio colgó la tercera y última parte de su trabajo. Si la primera era de 30 páginas y la segunda de 22, esta tenía apenas siete.
Paradójicamente, el hecho de que Grisha colgara su prueba en Internet y se negara a publicarla en una revista especializada -como era la costumbre y una de las condiciones del Clay para dar el millón de dólares- impulsó una amplia discusión sobre su trabajo, abierta y pública, que se desarrolló en seminarios y conferencias especiales.
Algunos matemáticos acometieron la tarea de explicar los trabajos de Perelman y su demostración de las conjeturas de Poincaré y Geometrización, pero también hubo otros que trataron de robarle los laureles y se autoproclamaron como los verdaderos artífices de la solución. Al final tuvieron que dar marcha atrás y reconocer el mérito a Grisha, pero todo esto, así como la demora del Instituto Clay en reconocer la prueba, unida a la indiferencia de sus colegas rusos -que no salieron en su defensa cuando trataron de robarle su logro- debieron abrir una herida profunda en Grisha.
La desilusión en el mundo de los matemáticos, que él creía perfecto y puro, fue creciendo a su regreso de EE UU, al tiempo que aumentó su autoaislamiento. Hasta que en diciembre de 2005 renunció al puesto en el Instituto Steklov, donde trabajaba. Cuando lo hizo, anunció que abandonaba las matemáticas.
Al año siguiente, Perelman recibió un correo electrónico del comité encargado del programa del congreso mundial en el que deberían entregarle la Medalla Fields, invitándole a dar una conferencia con motivo de esta entrega. Pero ni siquiera respondió. Y cuando el director del Steklov habló con Grisha, este le dijo que no había contestado porque los nombres de los miembros del comité eran secretos y él no participaba en conspiraciones.
Si puede haber cierta lógica en el rechazo al premio de la Sociedad Europea -no consideraba completado su trabajo- y en el de la Medalla Fields, que es un estímulo a los ma-, es más difícil comprender su renuncia al millón de dólares del Instituto Clay, que se entrega por solucionar un problema determinado.
Rukshín sostiene que el rechazo al dinero se debió principalmente a la profunda desilusión que sufrió al ver la injusticia de la comunidad matemática y lo que él consideraba deshonestidad, como se lo explicó a John Ball, presidente de la Unión Internacional de Matemáticas, cuando renunció a la Medalla Fields.
Lo que lo desconcertó, lo perturbó, según su maestro, no fue que el mundo fuera imperfecto, sino que el mundo de los matemáticos lo fuera también. Precisamente el mundo que se ocupa de la ciencia más exacta, donde algo o es verdad o es mentira, y donde no hay posición intermedia entre uno y otro extremo, entre correcto o incorrecto. Grisha, según sus allegados, creía que en este universo había un espacio perfecto, el altar de la matemática; él se consagró precisamente a ello y se inventó un paraíso. Y eso también falló. En esto consiste la catástrofe, y aquí, afirma Rukshín, está también la diferencia con Bobby Fischer, que no podía comunicarse con el mundo. Perelman puede: todos sus vecinos atestiguan que se comporta normalmente con ellos, que es sociable y gentil.
Rukshín explica así los sentimientos que llevaron a Grisha a renunciar al millón: "Para comprender a Perelman, imagínese que el teorema es como su hijo, que en la infancia pasó por una enfermedad grave, durante la cual no sabía si sobreviviría o no. Mientras no has demostrado el teorema, mientras continúa siendo una conjetura, es como tu hijo enfermo. Y Grisha estuvo junto a la cabecera de ese hijo nueve o 10 años, luchando por su vida y cuidándolo día y noche. Por fin, el niño sanó, creció, es fuerte y hermoso; pero te lo quieren robar y te lo secuestran. Para Grisha fue como un secuestro cuando trataron de apropiarse del resultado de su trabajo. No pudo aceptar que un teorema pudiera ser comprado, vendido o robado".
Fuente:elpais.com
"Naturalmente, el lugar del que procedemos juega un papel y sería triste que no fuera así. Pero todos nosotros estamos aquí, trabajamos por lo mismo. Todos nosotros somos Alemania", se ha respondido Wulff a sí mismo tras las preguntas existenciales y de búsqueda de identidad en las que ha centrado su intervención: "¿Qué es Alemania?", "¿Quiénes somos los alemanes?".
Con esa respuesta posiciona, además, a la Jefatura de Estado en el debate abierto por el economista del Bundesbank, Thilo Sarrazin, sobre los problemas de integración de los inmigrantes islámicos en Alemania, los guetos culturales y el coste de las ayudas sociales.
En fecha tan señalada y en nombre de Alemania, Wulff ha abierto los brazos a la cultura islámica, aunque también ha pedido "que no sea enviado un solo niño a la escuela sin los conocimientos necesarios", en referencia a la lengua alemana, y "que todos los niños de Alemania aprendan de nuestra historia y les sea inculcado sin reservas el valor de la libertad".
El presidente Wulff ha expresado su agradecimiento a a los ciudadanos de la RDA y los pueblos de a Polonia, Hungría y Rusia, por su valor durante la "revolución pacífica" y su actuación decidida que condujo a la caída del Muro de Berlín y, tan solo 11 meses después, a la unificación de Alemania. "Los alemanes del Este se liberaron por si solos de la dictadura", afirmó Wulff en presencia de la canciller federal, Angela Merkel, y varios de sus ministros, así como los presidentes de algunos Estados Federados.
Ha recordado muy especialmente el "milagro de Leipzig", la ciudad que acogió, lunes tras lunes hasta la caída del Muro, las jornadas de oración por la libertad y que terminaron dando lugar a las manifestaciones que exigían primero el poder para el pueblo y al final un único Estado para todo el pueblo alemán.
Wulff, perteneciente a la Unión Demócrata Cristiana (CDU), ha elogiado también el papel ejercido por la iglesia protestante en el Este de Alemania que "alentó y dio cobijo en sus templos" a quienes luchaban por la libertad y subrayó el papel del sindicato Solidaridad y los trabajadores polacos que iniciaron en el Este de Europa el cambio que condujo a la caída del Telón de Acero. También ha tenido palabras de reconocimiento para el del último presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov.