Casa de Israel - בית ישראל


Desde " Casa de Israel " trabajamos para hacer frente al antisemitismo , la judeofobia y la negación o banalización de La Shoá ( Holocausto) .
No olvidamos las terribles persecuciones a las que fue sometido el pueblo judío a través de los siglos , que culminaron con la tragedia de La Shoá .
Queremos tambien poner en valor y reconocer la fundamental e imprescindible aportación de este pueblo y de la Instrucción de La Torá , en la creación de las bases sobre las que se sustenta la Civilización Occidental.

"... עמך עמי ואלהיך אלהי ..."

jueves, 27 de enero de 2011

Voces del Holocausto: sobrevivir a los campos después del exterminio

El mundo cree conocer la terrible historia de los campos de exterminio, del Holocausto, y los seis millones de tragedias causadas. Hemos visto las instantáneas de cadáveres desnudos en los campos de exterminio, las pilas de zapatos y gafas que alguna vez tuvieron dueño. Pero la fatalidad posterior está más escondida, y es más difícil de reconstruir. Es la historia con minúsculas, la odisea que los judíos supervivientes siguieron padeciendo después de que tal día como este 27 de enero, pero en 1945, se liberase el más conocido de los campos de exterminio: Auschwitz–Birkenau.

Con motivo de esa fecha hemos conocido a dos mujeres españolas que nos han contado sus historias y las de sus familias, que nos han hablado de sus heridas, de lo que vino detrás del horror absoluto del exterminio. Porque el 27 de enero de 1945 se cerró simbólicamente uno de los episodios más trágicos y oscuros de la historia de la humanidad, y hubo millones de personas que salieron del infierno tras las alambradas para sumergirse en las tinieblas de la persecución.

LA HISTORIA DE RAJEL

La "peripecia" de Rajel, como ella misma la llama, duró once años, mientras que la guerra sólo duró seis. Recuerda que "se sabe muy poco de lo que ocurrió después a los judíos, a los que sobrevivieron al campo y a los demás. Yo viví con ellos esta etapa".

Rajel, cuyo verdadero nombre es Rhoda Hendesle Abecasis, no conoció los campos nazis, pero su historia sí pasa por otros lugares no tan diferentes, como el gueto de Varsovia en el que nació y del que su familia consiguió escapar milagrosamente. "Logramos cruzar la frontera de Bielorrusia, pero cuando nos pillaron los rusos reclutaron a mi padre, y a mi madre y a mí nos deportaron a Siberia a una comuna urbana en una ciudad". No era exactamente un gulag, pero se le parecía mucho: "Mi madre ya estaba en cinta y no servía para el gulag, pero de todas formas, también trabajaba como esclava".

Pasaron tres años en Siberia: "Mi madre trabajaba como mujer de la limpieza en un cuartel y por las tardes en una fábrica de azúcar, allí recibimos un telegrama diciendo que mi padre había caído. Yo tenía unos cuatro años. Mi hermano murió de hambre allí también".

Luego les llevaron a Ucrania, porque la zona necesitaba mano de obra en el campo. Allí vivieron y celebraron el final de la guerra, pero entonces "los rusos nos metieron en un tren de ganado y los mandaron de nuevo a Polonia".

¿Otra vez en casa?

La mayoría de los judíos que sobrevivieron al exterminio eran polacos, y la mayor parte de los campos estaban en Polonia, "así que al menos estaban en su tierra natal", nos dice Rajel. Pero no encontraron un hogar: "Fuimos a una ciudad en la Baja Silesia que había sido bombardeada y estaba casi desierta, porque en ella habían vivido alemanes que se habían retirado corriendo, con lo puesto".

Así que Rajel y su madre estuvieron un tiempo en ese peculiar lugar, en un sucedáneo de libertad: "Entre las ruinas había armarios llenos de ropa y muchas otras cosas, y para los niños era muy divertido buscar pequeños tesoros" rememora. Pero ese lapso de tranquilidad no duró mucho: "Empezaron a llegar polacos no judíos y rápidamente se corrió la voz de que andaban apaleando a los judíos, tirándonos piedras y diciendo que si ya nos habían echado de Polonia para qué volvíamos".

"Llegó un momento –nos cuenta– en el que teníamos miedo a salir, y mi madre y yo subimos a una pequeña buhardilla que encontramos y nos quedamos allí, mirando por la ventana y pasando hambre. La comida se acabó". Sus ojos se llenan de lágrimas.

Hasta que un día alguien vino a rescatarlas de su oscuro cautiverio: "Oímos como llamaban a todas las puertas unas personas que hablaban en yiddish, y nos decían que saliésemos que nos iban a llevar a un sitio más seguro".

Eran brigadistas de la Jewish Brigade, hombres de la Palestina británica a los que Churchill permitió ir a Europa a luchar contra los nazis y que luego se quedaron ayudando "a los judíos supervivientes, a los niños perdidos, a los que estaban escondidos..."

"Nos recogieron de noche y nos agruparon en un edificio, creo que era un hospital", recuerda Rajel. "Nos dijeron que nos sacaban de Polonia, que ya no era segura. Mi madre quería ir a su pueblo natal pero decía que ni hablar, que era una muerte segura". De hecho, Rajel nos cuenta que años después ha sabido que en la zona del pueblo de su madre tiraban a los judíos desde los trenes en marcha: "Hubo masacres en muchas partes de Polonia y esto les pasó también a muchos de los que salieron de Auschwitz".

Un viaje a por toda Europa

A partir de ese momento empezó lo que Rajel recuerda como "la parte más dura de mi vida" porque para salir de Polonia hubo que llevar a los niños por un lado y a los adultos por otro, así que "me separaron de mi madre". En camiones, de noche y cruzando clandestinamente media Europa salieron de la que fue su patria.

"Atravesamos muchos países –nos dice–. Recuerdo el paso por Checoslovaquia porque fue el único que nos dejó entrar legalmente, así que pasamos de día". Tenía entonces unos siete años y todavía guarda en su memoria que "podíamos jugar con la nieve".

La última parada también la recuerda: "Fue en Viena, en un sótano lleno de ratas en el que estuvimos dos semanas. Teníamos que dormir en el suelo, con las ratas a nuestro alrededor". Durante todo este tiempo, muchos meses, ni Rajel ni ningún otro de los niños que viajaban con ella sabían nada de sus padres.

Destino final: más campos

El destino final de aquel largo viaje era la zona americana de la Alemania ocupada, donde a Rajel no la esperaba su madre: "A ella la llevaron por otro camino y al final también llegó a un campo, pero no era en el que estaba yo".

Allí empezó una búsqueda que, tras pasar por muchos campos distintos durante casi un año, tuvo un final auténticamente de película: "Un día íbamos en una fila al comedor y de repente oigo a alguien llamarme en yiddish. Nadie me llamaba en yiddish, la vi, fui corriendo hacia ella y nos abrazamos. Cuando levanté la cabeza estábamos rodeados por los demás niños e incluso por transeúntes alemanes".

Su madre llevó a Rajel al campo donde estaba ella con su nuevo marido. Se había vuelto a casar: "Era algo que hacía mucha gente porque había miedo y se habían perdido muchas familias".

Pasaron cuatro años en ese campo, con supervivientes de los campos de exterminio y, paradójicamente, en los primeros meses también con prisioneros alemanes: "En aquellos lugares se metió a toda la gente que había desplazada, y muchos eran los colaboracionistas de los nazis que no se atrevían a volver a sus países. Así que los judíos estábamos juntos con los nazis".

Además, en esa primera época los campos tenían alambradas electrificadas, hasta que Truman "mandó a un representante para que examinase las condiciones de estos campos" y, tras ver los informes, ordenó separar a los judíos de los nazis y mejorar las condiciones en las que se vivía. Eso sí, sin electricidad pero no dejó de haber valla.

Rajel nos dice que nunca ha hablado de estos campos porque "no eran como los de la guerra, pero la misma idea de que existiesen y de que existiesen durante años es increíble", algo en lo que no podemos sino darle la razón. "Puedes buscarlo en los libros de historia, pero yo estuve allí", asegura por si la historia nos parece demasiado fuerte para creérnosla.

Un día muy especial

Durante todo este periodo se creó, como es lógico, un fuerte sentimiento de desarraigo: "Sabíamos que nadie nos quería acoger y al final tampoco nosotros queríamos ya ir a ningún sitio, el centro de nuestra vida era luchar por la creación de un país propio".

Y ese país llegó, el 15 de mayo de 1948 se creó el estado de Israel, y Rajel lo vivió así en su campo: "Recuerdo la votación en la ONU, teníamos una pequeña radio y había muchísima gente en mi clase del colegio, yo estaba sentada en mi mesa. Al principio cada vez que un país decía YES gritábamos y vitoreábamos, pero a medida que seguía la votación se hizo un enorme silencio... Parecía que había más "yes" y que sí, que íbamos a tener un país..."

"Lo que más recuerdo es que al final todos llorábamos, todos llorábamos". Y aún hoy, casi 63 años después las lágrimas se deslizan por el rostro de Rajel.

Después de los campos

La familia de Rajel se había apuntado para viajar a Israel en el famoso Exodus, pero complicaciones en el embarazo de su madre la obligaron a guardar cama y no pudo ser una de las 120 mujeres que dieron a luz en aquel abarrotado barco. Al nacer su hermano ya era tarde: "Había estallado la guerra y mis padres no se atrevieron a ir, al final mi padrastro encontró familia en EEUU y fuimos allí".

Finalmente, muchos años después Rajel logró llegar a Israel: "Ya desde el barco al ver el puerto de Haifa, no podía parar de llorar, sentí que aquel era nuestro hogar, el sitio del que no nos iban a echar, y así debe ser" nos dice. "Era el momento en el que se hizo justicia al pueblo judío, era lo justo y sigue siéndolo".

LA HISTORIA DE EVA

Mientras Eva llegaba al mundo en un sótano de Budapest, fuera, la ciudad se reducía a escombros bajo las bombas. Era junio de 1944, época en la que los judíos húngaros despertaban obligados a la pesadilla tardía de la persecución. "La gente en Hungría estaba medio convencida de que no pasaría nada porque estaban los ‘flechas negras’ que eran aliados de Hitler" nos cuenta Eva Leitman Bohrer. Pero no fue así "llegó, más tarde, pero llegó".

Persecución y huída. Dos palabras que han sido de las escasas constantes en la existencia de esta mujer, que aún desconoce la respuesta correcta cuando le preguntan de dónde procede al decir sus apellidos.

El primer éxodo lo vivió cuando aún no tenía un año y el acoso a los judíos en la capital húngara dejaba de ser un atisbo para transformarse en una tortura cotidiana.

Su abuela y su tía abuela hicieron de avanzadilla, y huyeron a París en 1943, mientras ella esperaba junto a su madre y su abuelo con la promesa de reunirse en Francia. "Pero cuando ellas llegan a París, está todo lleno de alemanes" relata Eva. "Tuvieron que irse como pudieron". La segunda huida situó a las dos mujeres en España, una casualidad que más tarde le salvaría la vida a la propia Eva.

Entre los 600.000 judíos húngaros que fueron exterminados por la barbarie nazi estaba el padre de Eva. Su rastro se perdió en 1944, y la niña que era entonces nunca lo volvió a ver. Como a sus tíos, sus primos... Todos desaparecieron entre los millones de cadáveres de las alambradas de Auschwitz-Birkenau.

Con los años, ha ido recuperando los débiles retazos de su historia, a través de viejos documentos: "Sé que estuvo en un campo de exterminio, donde eran esclavos. Murió en una de las marchas de la muerte", asegura, mientras sostiene las dolientes pruebas.

¿Cómo se salvó la pequeña Eva?

En cuanto a su propia historia, Eva tardó muchos años en saber con difusa exactitud qué fue lo que ocurrió. Recuerda que, cuando quisieron reunirse con su abuela en Madrid, ya era demasiado tarde. Los alemanes habían tomado las calles de Budapest, y la ciudad se había convertido en una ratonera, cuya única salida para los judíos conducía al exterminio de los campos.

Vivieron escondidas, temiendo lo peor, hasta que la salvación llegó en forma de sello postal, desde la capital de España: gracias a una carta enviada por su abuela, pudieron acreditar que tenían familiares en nuestro país. Un improvisado salvoconducto que su madre utilizó para ser salvadas por el conocido como el ‘Schlinder español’ el joven diplomático zaragozano Ángel Sanz Briz que salvó la vida de unos 5.200 judíos.

Así, se refugiaron en una de las casas que Sanz Briz había alquilado en Budapest para, aprovechando un subterfugio legal, dar a quienes acreditaran su teórico origen sefardí una licencia que les permitía seguir con vida.

Los meses que pasaron en la casa española las mantuvieron vivas, pero en el recuerdo de la familia pervivían como "una pesadilla, vivíamos hacinados, no había intimidad ninguna". Y tras la casa de Sanz Briz, de nuevo la huida. De allí, se escaparon a Checoslovaquia, saltando a Viena, París... un éxodo perpetuo entre muchas ciudades de la Europa despedazada de la Segunda Guerra Mundial.

Tánger, hogar provisional de muchos judíos

Hasta llegar a Madrid. Pero allí no les esperaba su abuela, sino otro giro del destino: había huido a Tánger "ciudad internacional", porque en España "cada día había más alemanes" y eso les provocó un más que comprensible miedo.

En Tánger "se refugiaban muchos judíos, esperando el visado para irse a alguna parte" nos explica. Allí Eva se concienció de quién era su yo oficial, de la condición a la que pertenecía y que le perseguiría siempre: "Todos éramos personas desplazadas, apátridas. Yo fui apátrida hasta los 18 años", recuerda.

Esos tiempos se rellenan en los recuerdos con instantáneas agridulces en el restaurante familiar que establecieron en Tánger. Su madre volvió a casarse y Eva ocupó el hueco de aquél padre que le arrebató el Holocausto.

Años después, de vuelta en Madrid, recuperó su identidad legal, tras no pocos problemas. España aún no había aprobado la convención Nansen de refugiados políticos, lo que suponía "un sello enorme en la primera página del pasaporte que decía ‘No es protegido del Gobierno español’ que me suponía continuas humillaciones cada vez que viajaba".

En aquel Madrid de los cincuenta el día a día tampoco era sencillo: "Eran años duros, en muchos sentidos, porque en esa España tan católica ser judío era ser diferente". De entonces quedan en la memoria, entremezclados, los cuchicheos entre pupitres cuando salía de la clase de religión, y las particularidades de una casa en la que se hablaba español, húngaro, inglés y alemán.

O lo extraño que resultaba el bocadillo de pimiento verde que llevaba al colegio. De nuevo el estigma de ser diferente: "No éramos corrientes" evoca Eva. "Un adolescente necesita identificarse con los demás, y yo no tenía referencias. ¿Cómo me iba a sentir igual que todo el mundo?". Ahora, curtida por la vida, relativiza aquel sentir: "Yo me hacía mi propio cine y aceptaba que nuestra vida era diferente".

"Mis raíces soy yo"

Por eso es complicado hablar de raíces o de arraigos con Eva. "¿Raíces?" dice, mientras arruga el gesto. "He buscado toda la vida tenerlas. Cuando me instalé aquí me dije ‘¡qué bien, voy a ser española!’. Y voy, y me enamoro de un chico que vive en París. Y me vuelvo a decir: ‘bueno, ya tengo una casa en París, voy a ser francesa’. Voy a crear una familia. Y de repente a mi marido le destinan a Venezuela 12 años", nos cuenta.

La vida de Eva ha sido una constante huida hacia adelante que la ha convertido en la mujer firme y segura que hoy recuerda la escasa infancia que el nazismo le permitió vivir. La desnutrición, la vitamina B12 para engordar, o el dedo acusador en la escuela son cosa del pasado. Gracias a su perseverancia ha llegado hasta aquí.

Y también, gracias al regalo que su padre le hizo al fallecer su madre: los documentos que acreditaban la muerte de su primer padre en el campo de exterminio, el pasaporte español de su abuela..."creo que debes tenerlos, me dijo". "Son la prueba de que lo que me contaba mi madre es verdad" dice con la voz entrecortada.

Después regresa la Eva henchida de seguridad: "He entendido que mis raíces soy yo", sentencia. "Las mías nunca serán como las demás, no están donde me lleve la vida, o en el apego a un sitio. Están en mí".

BÚNKERES DEL RECUERDO

Las historias de Eva o Rajel son narraciones en primera persona de la barbarie. Infiernos privados, fragmentos del horror que conformó uno de los crímenes más vergonzosos de la Historia de la Humanidad. Ellas sobrevivieron, pero otros seis millones no.

Son mujeres-memoria, búnkeres del recuerdo que testimonian el horror y que van desapareciendo. Eva y Rajel, desamparos iguales y ejemplos de superación: aplazaron su odio, olvidando la venganza con la promesa de una justicia futura.

La pregunta se torna inevitable: ¿Cómo sobreponerse a todo, recomenzar sin albergar rencores? Su respuesta es sincera: "Con ganas de vivir". Ímpetu heredado de sus madres, las auténticas heroínas que atravesaron el infierno para salvarlas, para que estuvieran aquí, hoy, compartiendo con nosotros sus recuerdos.

Fuente:libertaddigital.com


'Yo sobreviví al infierno'

El 27 de enero de 1945, las tropas soviéticas liberaron el mayor campo de concentración que el Tercer Reich había levantado en su 'imperio del horror': Auschwitz-Birkenau. Desde 1996, Alemania (en uno más de sus 'mea culpa') instauró que este día se dedicara a las víctimas del nazismo.

En honor de la desesperada frase que los prisioneros de Auschwitz y demás campos de concentración se decían a diario al oído ("No olvides"), ELMUNDO.es presenta los recuerdos y testimonios de tres supervivientes de la mayor barbarie del siglo pasado: Ladislaus Löb, José Marfil Peralta y Eliezer

Una fortuna para escapar del infierno

Ladislaus Löb, de niño.

Ladislaus Löb, de niño.

LADISLAUS LÖB, Rumanía.

Se salvó de la muerte en los campos de concentración nazis porque un hombre pagó 1.000 dólares por su vida. Es uno de los judíos que lograron escapar gracias a la ayuda desinteresada del 'Schindler húngaro', Rezsö Kasztner.

"Yo tenía sólo 11 años, había nacido en mayo de 1933 en Cluj, que hoy es Rumanía, y recuerdo los insultos en la calle y en la escuela, pero dentro de la familia mi padre nos mantenía tranquilos", recuerda estos días Löb, que tiene 'buenas palabras' para el gueto en el que les encerraron: "Para nosotros era una aventura. Éramos niños, aquellos se nos figuraba como un campamento, donde todas las familias eran alojadas juntas". Sin embargo, sí recuerda con cierta desazón la caída del día y las miradas de sus padres: "Nos daban las buenas noches como si fuese por última vez".

Lo que no recuerda, porque nunca ha sabido, es cómo sus padres establecieron contacto con Rezso Kasztner. "Mi padre no ha querido hablarnos de eso en toda su vida. Yo recuerdo que un buen día dijo que nos marchábamos de allí. Había sido muy cauto, sin duda, desconfiaba de los traslados que se estaban organizando [a las cámaras de gas de Auschwitz] y llevó todo con mucho secreto. Creo que sólo mi madre estuvo al tanto".

'Kasztner negoció con aquellos demonios y logró sacarnos de allí'

"Una noche nos hicieron meter en la cama vestidos y a eso de las dos de la madrugada nos sacaron medio dormidos y salimos del gueto hacia la estación de ferrocarril, donde tomamos un tren con destino a Bergen-Belsen, en Suiza. Preguntamos en varias ocasiones qué estaba pasando, adónde íbamos, pero mi madre nos pedía constantemente silencio y mucha discreción. Nos decía que íbamos a un lugar donde estaríamos mejor que en el gueto. Y nosotros la creíamos. Despertamos a la realidad cuando llegamos al campo alemán".

"Llegamos a Bergen-Belsen el 9 de junio de 1944. En el gueto habíamos vivido una situación muy difícil, pero el campo era inhumano. Quedé en 'shock' cuando vi a aquellas miles de personas escuálidas y demacradas, que nos veían llegar desde el otro lado de la alambrada de púas. Los guardias del campo los golpeaban y abusaban de ellos constantemente, una humillación tras otra".

'Me quedé en 'shock' cuando vi a miles de personas escuálidas'

"Nosotros fuimos ubicados en barracones separados, en estado de hacinamiento. También sufrimos hambre y miedo pero el trato que nos daban era muy diferente, y el resto de prisioneros nos odiaban. Fue allí donde escuché historias de otras familias que narraban las negociaciones de Kasztner con [el nazi Adolf] Eichmann".

"Kasztner había negociado durante meses hasta cerrar el trato en 1.000 dólares por persona. Había pánico a que Eichmann, una vez tuviera el dinero, no respetase el trato. Fueron meses interminables. Pero éramos unos privilegiados", cuenta Löb, para culminar: "Kasztner nos salvó la vida: a mí, a mi familia y a muchos otros. Negoció con aquellos demonios y consiguió sacarnos de allí".

La taza de miel del niño judío

ELIEZER AYALON, Israel

Eliezer Ayalon. | S. E.

Eliezer Ayalon. | S. E.

Eliezer Ayalon ya es algo más que el número 84991. Lleva una taza de miel idéntica a la que su madre le entregó cuando caminaron juntos por última vez. Esa noche, el gueto judío de Radom (Polonia) iba a ser desmantelado y sus habitantes destinados a la muerte.

A sus 13 años, Eliezer lo sabía. Rogó quedarse y no aprovechar su trabajo fuera del gueto. Pero las ganas de morir con los suyos fueron menos convincentes que las ganas de los suyos de que él viviera. Ese chaval judío que tenía como única preocupación no enfadar a su vecina, la Sra Borenstein, por usar su ventana como portería de fútbol, se encontró con un nuevo reto, sobrevivir a la Shoa. Esa noche, se convirtió en un hombre con memoria.

"Nunca olvidaré el 16 de agosto de 1942. Nos avisaron que iban a deportar a todos los judíos. Recuerdo el pánico, los alemanes con sus perros...Mis padres me obligaron a irme, me obligaron a vivir", nos cuenta Eliezer en una soleada mañana de Jerusalén. Sublime contraste de esa oscura noche en la que se despidió de su madre en el portón del gueto.

'Durante 37 años escondí mi dolor. Hasta que me convertí en testimonio'

Tras un intenso abrazo, la madre le observó a los ojos. "Si alguien tiene probabilidades de salvarse, eres tú. Así está destinado a ser ("Azoy is beshert" en yidish). Tendrás una vida dulce", le dijo entregándole una taza de miel. El tono insinuaba un trágico fin pero no tanta crueldad. Esa noche, su madre, hermano mayor y hermana fueron enviados al campo de exterminio de Treblinka. Seis meses después, su padre y otro hermano. Hace tiempo que abandonó la terapia del silencio. "Durante 37 años, escondí mi sufrimiento. Hasta que me di cuenta que era mi obligación y me convertí en testimonio", rememora así el encuentro en el 81 con el escritor y superviviente Elie Wiesel que le apuntó: "Eliezer, has sobrevivido por una razón, tu responsabilidad es hablar porque quizás es beshert, así está destinado a ser". Se emocionó ya que eran las mismas palabras de su madre antes de ser llevada a las cámaras de gas.

La víctima silenciosa abrió el baúl del pasado. Los fusilamientos de mujeres y el silencio posterior, los vagones hacinados de personas y excrementos, los golpes que le destrozaron el cuerpo, los esqueléticos compañeros que no sobrevivían la noche y cuyos cadáveres fueron despojados de todo diente de oro, el olor a muerte, las chimeneas, los que al resbalarse eran rematados con un tiro en la nuca o el momento en el que un oficial nazi le gritó: "A partir de ahora olvidarás tu nombre. Ahora eres un número. El 84991, no lo olvides".

'A partir de ahora olvidarás tu nombre. Ahora eres un nombre. El 84991, no lo olvides'

Como narra en su libro traducido al español, sobrevivió a los campos de Blizyn, Plaszow, Mauthausen, Melk y Ebensee. "El 6 de mayo del 45, las tropas estadounidenses nos liberaron. Encontraron un chaval de 17 años de 35 kg", recuerda y añade con orgullo: "Estoy en Israel, con dos hijos, cinco nietos y tres biznietos. Tres generaciones nacidas de las cenizas del Holocausto. Soy el hombre más feliz del mundo".

La taza fue destrozada por un oficial. Simple capricho. "Me dio un golpe muy fuerte. Fue el momento más duro de mi vida porque ese nazi me arrancó todos los recuerdos de mi familia", lamenta mirando la reproducción. "Compré esta taza hace 15 años en Radom. Era idéntica. No quería separarme de mi madre"

Sus dos hijos aprendieron lo que era el Holocausto en el colegio. Su padre, que lo sufrió, no abrió la boca. Ahora se niega a cerrarla. En pocos años, no quedarán testigos del infierno. Se lo debe a sus descendientes como el nieto que vive en Barcelona. Su voz narra los detalles más pequeños y las injusticias más grandes. Cuando hace una pausa, la taza de miel toma el testigo en nombre de su madre y su espíritu que repite: "Así está destinado a ser".

El hijo del primer español muerto en Mauthausen

José Marfil. | Carlos Díaz

José Marfil. | Carlos Díaz

JOSÉ MARFIL, España

Su padre tuvo la desgracia de ser el primer español que murió en el campo de concentración de Mauthausen (Austria) y él la fortuna de poder vivir para contarlo.

A sus 89 años, José Marfil Peralta reconoce que la memoria comienza a fallarle, pero mientras algunos recuerdos se desdibujan poco a poco en su mente, sus vivencias en Mauthausen siguen igual de nítidas que el primer día que puso un pie en lo que, confiesa, «debe ser lo más parecido al infierno».

Como José, 7.000 españoles fueron deportados a este campo austriaco durante la Segunda Guerra Mundial, pero sólo un tercio conseguió sobrevivir.

Ahora, desde la localidad francesa de Perpignan donde reside, José desmenuza sus recuerdos con la emoción de quien es consciente que otros no tuvieron tanta suerte. «Nunca ha existido nada tan terrible en este mundo», afirma convencido.

'Habéis franqueado esta puerta, perded toda esperanza de salir de aquí'

A este malagueño el estallido de la Guerra Civil le sorprendió en Barcelona, adonde la familia se había trasladado unos años antes por el trabajo de su padre, inspector de aduanas. Como tantos otros españoles, combatió en las filas republicanas hasta que la derrota le condjo al exilio y a los campos de arena instalados por el Gobierno francés en las playas del sur.

Allí miro por primera vez cara cara al hambre, a la enfermedad y a la muerte y, pese al maltrato recicibido, no se lo pensó dos veces cuando Francia pidió voluntarios para combatir al nazismo.

El enemigo era demasiado imbatible y pronto fue capturado y enviado a un campo para prisioneros de guerra. Aquella sería su primera parada, pero no la definitiva. Franco se desentendió de aquellos españoles a los que únicamente consideraba «rojos indeseables» y dio carta blanca a los alemanes para hacer con ellos lo que quisieran. «No le importábamos a nadie, no teníamos papeles, sólo eramos apátridas y decidieron que lo mejor era eliminarnos», explica.

La maquinaria de matar nazi se ponía en marcha. José recuerda el tortuoso viaje que les condujo a Mauthausen. «No sabíamos dónde íbamos ni qué iban a hacer con nosotros». Pronto lo sabrían.

'No he conseguido olvidar los cuerpos amontonados y el olor que salía del horno'

«El tren se detuvo, el silencio era total, inquietante, no veíamos a nadie. Después de una hora, el silencio se rompió. Sonidos de botas acercándose resonaban sobre el suelo helado», rememora en 'Yo sobreviví al inferno nazi', el libro que escribió sobre sus vivencias en el campo.

«Nunca olvidaré las primeras palabras que pronunció el comandante del campo: 'Habéis franqueado esta puerta, perded toda esperanza de salir de aquí, sólo lo haréis por allí', decía mientras nos señalaba el humo que desprendía una chimenea», recuerda con rabia.

A este día le sucedieron otros muchos en los que el hambre, las bajas temperaturas y la desesperación se convirtieron en unos indeseables compañeros de los que no se podía escapar. Como ahora no puede hacerlo de los recuerdos, «de los cuerpos amontonados para ser quemados y del olor que desprendía el horno».

Pero sobrevivió y piensa seguir recordando, aunque le duela, hasta que la muerte venga a buscarlo y se lleve para siempre retazos de una vida que nunca hubiera deseado vivir.

Fuente:elmundo.es

Queremos recordarlos siempre por sus nombres



Encendiendo 6 velas en recuerdo de las víctimas de la Shoá



Foto de Ana Frank al lado de las velas encendidas en " Casa de Israel" el " Día Internacional en recuerdo de las vístimas del Holocausto "

Hoy, Día Internacional en memoria de las víctimas de la Shoá , en " Casa de Israel" leimos , para recordar , el nombre de niños judíos muertos en el Holocausto . No podemos recordar a todos por su nombre , pero recordando los nombres que reproducimos a continuación queremos recordar a cada uno de los 6 millones de judíos asesinados en la llamada " solución final".
Queremos insistir desde " Casa de Israel" sobre la importancia de los nombres ya que a veces la terribles cifras nos hacen olvidar que eran personas con su nombre , su familia , sus ilusiones , sus alegrías , sus tristezas ...... , pero todas eran PERSONAS CON UN NOMBRE.


Marco Aboulifa de 8 años muerto en Auschwitz
Rafael Abramowicz de 10 años muerto en Auschwitz
Gyula Adler de 11 años muerto en Auschwitz
Dezso Adler de 4 años muerto en Auschwitz
Karoly Adler de 12 años muerto en Auschwitz
Avraham Alalouf de 7 años muerto en Auschwitz
Aron Alperovich de 6 años muerto en Auschwitz
Nandor Altman de 11 años muerto en Auschwitz
Chajim Altman de 2 años muerto en Treblinka
Joel Altman de 2 años muerto en Treblinka
Max Amento de 10 años muerto en Auschwitz
Adolf Aron de 11 años muerto en Auschwitz
José Aronowicz de 12 años muerto en Auschwitz
Isaac Arous de 14 años muerto en Auschwitz
Gustav Austerlitz de 12 años muerto en Auschwitz
Laszlo Balan de 6 años muerto en Auschwitz
Tibor Bardos de 8 años muerto en Auschwitz
Miksa Barth de 8 años muerto en Auschwitz
Jakub Bahum de 11 años muerto en Treblinka
Herszel Bahum de 16 años muerto en Trablinka

Z"L . Bendita sea la memoria de estos niños y del resto de los 6 millones de judíos que fueron exterminados por el mero hecho de serlo.

miércoles, 26 de enero de 2011

27 de Enero , "Día Internacional en recuerdo de las víctimas de la Shoá"

El día 27 de Enero se celebra en todo el mundo , auspiciado por Naciones Unidas , el " Día Internacional en recuerdo de las víctimas de la Shoá" .
Desde "Casa de Israel", queremos tambien recordar en este día a todos los que murieron y sufrieron las consecuencias de la Shoá. Muchas veces , recordando esos terribles acontecimientos , nos perdemos en las cifras sin darnos cuenta que detras de esos numeros de millones y millones
había personas concretas con nombres , vivencias , familias , sueños y al final vidas truncadas.
Hoy queremos recordarlos a todos recordando a estos seis niños que sufrieron las terribles consecuencias de ese genocidio calculado y premeditado contra el pueblo judío para tratar de exterminarlo .
Estos seis niños representan a los seis millones de judíos que fueron asesinados en el genocidio más terrible conocido en la historia de la humanidad.

¡¡ Siempre os llevaremos en nuestro corazon y no nos olvidaremos nunca de vosotros!!

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Henoch Kornfeld.Nació en Kolbuszowa, Polonia 1938
Los padres de Henoch eran judíos religiosos y se casaron en 1937. Su padre, Moishe Kornfeld, y su madre Liba Saleschutz, se asentaron en Kolbuszowa, donde la madre de Henoch se crió. Ahí, el padre de Liba les compró a los recien casados una casa y introdujo a su nuevo yerno al negocio de tejidos al por mayor.
1938-38: Henoch nació a fines de 1938, y se crió con muchas tías, tíos y primos. Hacia su primer cumpleaños, Alemania invadió Polonia, y pronto llegó a Kolbuszowa. Soldados polacos montados trataron de pelear contra el ejército alemán, pero fueron dominados por los tanques. Después de un combate corto había muchos caballos muertos en las calles. El pueblo de Henoch quedó bajo el gobierno alemán.
1940-42: Toda la gente del pueblo, incluyendo los niños, conocía a Hafenbier, el cruel comandante de la policía alemana con cara de perro que estaba asignado a Kolbuszowa. Hafenbier aterrorizó y mató muchos de los judíos del pueblo. Henoch jugaba seguido con otros niños del pueblo un juego en el cual él hacía de Hafenbier, y decía a sus amigos, "Si eres judío, morirás." Luego con un rifle hecho de un pedazo de madera, Henoch fusilaba a sus amiguitos. Ellos, en turno, caían al suelo haciéndose los muertos.
Henoch y su familia fueron deportados al ghetto de Rzeszow el 25 de junio de 1942, y después al campo de exterminio de Belzec el 7 de julio donde fueron gaseados. Henoch tenía tres años y medio.

Lidia Lebowitz. Nació en Sarospatak, Hungría c. 1934
La menor de dos hermanas, Lidia nació de padres judíos viviendo en Sarospatek, un pueblo pequeño en el nordeste de Hungría. Los padres de Lidia eran dueños de un negocio prospero de ramos generales. En ese momento, la ropa manufacturada era rara en el campo. La gente del pueblo y los campesinos compraban las telas en el negocio de los Lebowitz y luego se la llevaban al sastre o modista para hacerse la ropa.
1933-39: Lidia tenía dos años cuando su tía Sadie, que había emigrado a los Estados Unidos muchos años antes, vino a visitarlos con sus dos hijos, Arturo y Liliana. Todos los primos se divertieron jugando juntos en el campo del abuelo. En el viaje de América, el barco de la tía de Lidia había atracado en el puerto de Hamburgo, Alemania, y la tía Sadie había visto nazis marchando en las calles. Tía Sadie estaba preocupada por lo que podría pasar a su familia en Sarospatek.
1940-44: En 1944, fuerzas alemanas ocuparon Hungría. Un mes después de la invasión, soldados húngaros, actuando bajo ordenes de los nazis, echaron a Lidia y sus padres de la casa. Los Lebowitz pasaron tres días hacinados en una sinagoga local con cientos de otros ciudadanos judíos. Luego fueron todos trasferidos al pueblo cercano de Satoraljaujhely, donde alrededor de quince mil judíos fueron comprimidos dentro de un ghetto creado en la sección de los gitanos. Los habitantes del ghetto tenían dificultades en obtener suficiente para comer.
El ghetto fue liquidado en mayo y junio de 1944. Todos los judíos fueron deportados en vagones de carga cerrados hacia Auschwitz. No se escuchó nunca más de Lidia y sus padres.

Zigmond Adler. Nació en Liege, Bélgica 18 de julio de 1936
Los padres de Zigmond eran judíos de Checoslovaquia que habían emigrado a Bélgica. Su madre, Rivka, era camisera. Había venido a Bélgica de joven para buscar un trabajo fijo, siguiendo a su hermano mayor, Jermie, que había mudado a su familia a Liege unos años antes. En Liege, Rivka conoció y se casó con Otto Adler, un comerciante. La pareja deseaba criar una familia.
1933-39: Zigmond nació en 1936, pero su madre murió un año después. Su padre se volvió a casar pero el matrimonio no duró. El padre de Zigmond luego se casó por tercera vez y pronto Zigmond tuvo una nueva media hermana y una vida estable. De niño, Zigmond visitaba seguido la familia de su tío Jermie, que vivía a unas pocas cuadras.
1940-44: Zigmond tenía tres años cuando los alemanes ocuparon Bélgica. Dos años después, los alemanes deportaron a su padre para hacer trabajos forzados. Después de eso, la madrastra de Zigmond se fue de Liege, dejándolo con su tío Jermie y su tía Chaje. Cuando los nazis empezaron a arrestar los judíos en Liege, amigos católicos del tío Jermie los ayudaron a obtener documentos falsos para ocultar su identidad judía y también les alquilaron una casa en un pueblo cercano. Dos años después, temprano un domingo por la mañana, la Gestapo vino a la casa sospechando que ahí vivían judíos.
Zigmond, su tía y dos primos fueron mandados al campo de Mechelen, y luego a Auschwitz, donde Zigmond, que tenía solamente siete años, fue enviado a la cámara de gas el 21 de mayo de 1944.

Inge Auerbacher. Nació en Kippenheim, Alemania 31 de diciembre 1934
Inge era hija única de Berthold y Regina Auerbacher, judíos religiosos que vivían en Kippenheim, un pueblo en el suroeste de Alemania, cerca de la Selva Negra. Su padre era un comerciante de tejidos. La familia vivía en una gran casa con diecisiete cuartos y empleaban sirvientes.
1933-39: El 10 de noviembre de 1938 [la fecha de Kristallnacht], matones tiraron piedras y rompieron todas las ventanas de nuestra casa. Ese mismo día, la policía arrestó a mi padre y abuelo. Mi madre, mi abuela y yo pudimos escondernos en un cobertizo hasta que la situación se calmó. Cuando salimos, los hombres judíos del pueblo habían sido llevados al campo de concentración de Dachau. Mi padre y mi abuelo pudieron volver a casa unas semanas después, pero en mayo de 1939 mi abuelo murió de un ataque al corazón.
1940-45: Cuando tenía siete años, fui deportada con mis padres al ghetto de Theresienstadt en Checoslovaquia. Cuando llegamos, se llevaron todas nuestras cosas, salvo la ropa que teníamos puesta y mi muñeca, Marlene. Las condiciones del campo eran duras. Las papas tenían el valor de diamantes. Tenía hambre, tenía miedo y estaba enferma casi todo el tiempo. Para mi octavo cumpleaños, mis padres me dieron una tortita de papas con un poco de azúcar; para mi noveno cumpleaños, una ropita hecha con trapos para mi muñeca; y para mi décimo cumpleaños, un poema escrito por mi madre.
El 8 de mayo de 1945, Inge y sus padres fueron liberados del ghetto de Theresienstadt donde habían pasado casi tres años. Emigraron a los Estados Unidos en mayo de 1946.

Renate Guttmann. Nació en Teplice-Sanov, Checoslovaquia 21 de diciembre de 1937
Renate y su hermano mellizo, Rene, y sus padres alemanes judíos, vivían en Praga. Poco antes de nacer los mellizos, los padres de Renate se fueron de Dresden, Alemania para escapar las políticas antisemitas del gobierno nazi. Antes de irse de Alemania para vivir en Checoslovaquia, el padre de Renate, Herbert, trabajaba en el negocio de importaciones y exportaciones. Su madre, Ita, era contadora.
1933-39: Nuestra familia vivía en un edificio de departamentos de seis pisos sobre la línea de tranvía numero 22 en Praga. Había que subir un largo e inclinado tramo de escalones para llegar a nuestro departamento donde mi hermano, Rene, y yo compartíamos una cuna en el dormitorio de nuestros padres; una terraza miraba sobre el jardín. Rene y yo usábamos conjuntos que hacían juego y estábamos siempre bien vestidos. Pasábamos los días jugando en un parque a la vuelta de la casa. En marzo de 1939, el ejército alemán ocupó Praga.
1940-45: Justo antes de cumplir seis años, nos mandaron a Auschwitz desde el ghetto de Theresienstadt. Ahí me convertí en el numero 70917. Me separaron de mi hermano y mi madre, y me llevaron a un hospital donde me midieron y sacaron radiografías; me sacaron sangre del cuello. Una vez, estaba atada a una mesa y cortada con un cuchillo. Recibí inyecciones que me hacían vomitar y que me daban diarrea. Mientras estaba enferma en el hospital después de una inyección, entraron guardias para llevarse los enfermos a ser matados. La enfermera que me cuidaba me escondió debajo de su pollera larga y estuve quieta hasta que se fueron los guardias.
Renate y su hermano sobrevivieron y se reunieron en América en 1950. Ellos se enteraron que habían sido un par de los "mellizos de Mengele" y que habían sido usados para experimentos médicos.

Tomas Kulka. Nació en Olomouc, Checoslovaquia 25 de mayo de 1934
Los padres de Tomas eran judíos. Su padre, Roberto Kulka, era un comerciante del pueblo moravo, Olomouc. Su madre, Elsa Skutezka, era sombrerera de Brno, la capital de Moravia. La pareja era bien educada y hablaban checo y alemán. Se casaron en 1933 y se asentaron en Olomouc, el pueblo de Roberto.
1933-39: Tomas nació un año y un día después de que se casaran sus padres. Cuando Tomas tenía tres años, su abuelo falleció y los Kulka se mudaron a Brno, el pueblo de la madre. El 15 de marzo de 1939, unas semanas antes del quinto cumpleaños de Tomas, los alemanes ocuparon Bohemia y Moravia, incluyendo Brno.
1940-42: El 2 de enero de 1940, Tomas, sus padres y su abuela fueron echados de su casa por los alemanes. Esperando salvar el negocio de la familia, el padre de Tomas decició quedarse en Brno. A Tomas no se le permitió empezar la escuela porque era judío. Un año después, los padres de Tomas fueron forzados a vender su negocio a un alemán por 200 coronas checas, menos de $10. El 31 de diciembre de 1942, los Kulka fueron deportados al ghetto de Theresienstadt en el oeste de Checoslovaquia.
El 9 de mayo de 1942, Tomas fue deportado al campo de exterminio de Sobibor donde fue gaseado. Tenía siete años.

Fuente : http://www.ushmm.org/wlc/media_oi.php?l ... diaId=3004

domingo, 23 de enero de 2011

Israel declara legal el asalto del Ejército a la 'flotilla de Hamas'

Las primeras conclusiones de la comisión de investigación creada por el Gobierno israelí certifican la legalidad desde el punto de vista del Derecho Internacional del asalto militar israelí contra la autodenominada Flotilla "de la Libertad", abordada el pasado mes de mayo en aguas internacionales cuando pretendía llevar penetrar ilegalmente en Gaza. En el asalto murieron nueve activistas turcos.

La comisión, formada por dos expertos legales israelíes, un militar también israelí y dos observadores internacionales sin derecho a voto, sostiene que los soldados abrieron fuego en defensa propia, sólo cuando sus vidas corrían peligro, con lo que avalan la versión sostenida hasta ahora por el Gobierno israelí.

"Las medidas adoptadas por Israel el 31 de mayo de 2010 para hacer cumplir el bloqueo naval tuvieron como consecuencia la lamentable pérdida de vidas humanas", señala el informe, cuya primera parte ha sido publicada este domingo. "Sin embargo, (...) las acciones adoptadas son legales conforme a las normas del Derecho Internacional", concluye la primera parte del informe final de la comisión (http://ow.ly/3ICpi).

La comisión considera que los activistas "se opusieron con violencia al abordaje israelí" y que el uso de la fuerza contra estos civiles se justifica por los principios de "necesidad" y de "uso proporcionado de la fuerza". Los activistas de la ONG turca Insani Yardim Vakfi (IHH), organizadora de la Flotilla, "perdieron la protección que otorga su estatus de civiles al participar directamente en las hostilidades", sostiene.

En concreto, acusa a los activistas de utilizar "una amplia gama de armas tales como barras de hierro, hachas, garrotes, tirachinas, cuchillos y objetos de metal", todas ellas "capaces de causar la muerte o heridas graves". Además, sostiene que también emplearon armas de fuego contra las fuerzas especiales israelíes que participaron en el abordaje.

"Sólo después de que el grupo de IHH atacase grave y cruelmente a al primer soldado que se descolgó al buque (desde un helicóptero), lo que supuso una escalada de la confrontación, los soldados se vieron en la obligación de emplear un nivel de fuerza superior", señala el informe.

El informe cuenta con la firma de aprobación de los cinco integrantes del panel, conocido como Comisión Turkel por el nombre de su presidente, el ex juez Jacob Turkel, y justifica también la legalidad desde el punto de vista del Derecho Internacional del bloqueo impuesto por Israel a la Franja de Gaza.

"El conflicto entre Israel y la Franja de Gaza es un conflicto armado internacional", señala el informe. "El control efectivo de Isarel sobre la Franja de Gaza concluyó con la desconexión" de agosto de 2005, continúa. Sin embargo, argumenta que Israel "impuso legalmente el bloqueo naval sobre la Franja de Gaza (...) con el fin primario militar-de seguridad".

"Israel cumple con las obligaciones humanitarias impuestas a la parte que bloquea, incluida la prohibición de hacer pasar hambre a la población civil (...) y el requisito de que el daño a la población civil no sea excesivo en relación a la ventaja militar, concreta y directa, fruto del bloqueo", continúa.

En consecuencia, señala, el bloqueo naval de Gaza "no supone un castigo colectivo contra la población". "El Derecho Internacional no da a individuos o grupos la libertad de ignorar la imposición de un bloqueo naval que cumpla las condiciones para su imposición y que se hace cumplir en conformidad (...) meramente porque en opinión de esos individuos o grupos suponga una violación de las obligaciones de la parte que impone el bloqueo", argumenta.

Como resultado de la legalidad del bloqueo, el informe destaca que es asimismo legal impedir su ruptura incluso en aguas internacionales, ya que consideran que un intento de rotura se produce -y por tanto legitima su captura- cuando un barco intenta quebrar el bloqueo "resueltamente", incluso si aún no han penetrado en las aguas afectadas por el mismo.

UNA COMISIÓN AD HOC

La comisión de investigación, conocida formalmente como Comisión Pública para Examinar el Incidente Marítimo del 31 de Mayo de 2010, está formada por su presidente, el ex juez Jacob Turkel, y otros dos israelíes más, un antiguo diplomático y profesor de Derecho Internacional, Shabtai Rosen, y un general de brigada retirado del Ejército israelí, Amos Horev. El contrapeso deberían ponerlo los dos observadores internacionales, el norirlandés David Trimble y el general canadiense Ken Watkin, que, sin embargo, no tienen derecho a voto.

Turkel, nacido en Tel Aviv hace 75 años, ha sido presidente del Tribunal Supremo israelí y aún ejerce como juez en un tribunal de apelación militar. Está considerado como un jurista conservador y cuenta con muy poca experiencia en comisiones de investigación.

Junto a Turkel estaba Sabtai Rosen, de 93 años, nacido en Reino Unido, ex diplomático y actualmente profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Bar Ilan, cerca de Tel Aviv. Fue el número dos de la embajada israelí en Washington entre 1967 y 1971 y embajador ante las instituciones de la ONU en Ginebra entre 1971 y 1974. Ha sido galardonado con el Premio La Haya de Derecho Internacional (2004).

El tercer israelí es Amos Horev, de 86 años, general de división retirado y ex presidente de Haifa Technion, el principal instituto israelí de tecnología. Ocupó además la jefatura del departamento científico del Ministerio de Defensa y destaca su trabajo para fomentar la industria israelí.

Junto a estos tres israelíes con derecho a voto figuran el Nobel de la Paz DavidTrimble, primero en ocupar el cargo de primer ministro de Irlanda del Norte y artífice de los conocidos como Acuerdos del Viernes Santo para la formación de un gobierno de coalición entre unionistas y católicos, en el que ejerció como intermediario el estadounidense George Mitchell, actual enviado especial del presidente Barack Obama para el proceso de paz en Oriente Próximo.

El quinto miembro del comité, que tampoco ha tenido voto, ha sido el general de brigada canadiense Ken Watkin, ex presidente de la justicia militar del Ejército canadiense y ex asesor de la comisión mixta civil-militar que investigó la actuación de los paracaidistas canadienses en Somalia. Ha participado en investigaciones sobre el genocidio de Ruanda y ha ejercido de asesor para la Marina y para la misión canadiense en Bosnia-Herzegovina.

Fuente:libertaddigital.com

sábado, 22 de enero de 2011

Krugman, Roubini y Stiglitz, los oráculos de la crisis , son los tres judíos.

El mundo, en crisis, vive pendiente de lo que dicen estos tres profesores universitarios, estos tres gurús económicos, descendientes de judíos. Sus análisis no dejan indiferente a nadie. Todos sienten una especial atracción por España, a la que no auguran tiempos felices en el corto plazo.

XL Semanal se aproxima esta semana a la figura de tres de los economistas más influyentes del mundo: Paul Krugman, Nouriel Roubini y Joseph Stiglitz; el odiado, el catastrofista y el 'bon-vivant'. En una época en la que todo el mundo está más pendiente que nunca de la marcha de la economía sus palabras concitan máxima atención.

Krugman 'El Odiado'

Paul Krugman, premio Nobel de Economía en 2008, es profesor de Princeton y ha trabajado para los gobiernos de los ex presidentes estadounidenses Reagan y Clinton, así como para Enron, cuya quiebra se convirtió en la mayor de la historia. Imparte conferencias por todo el mundo.

Irónico y con fama de radical, puede decirse que es el economista más odiado del mundo. Es descendiente de judíos bielorrusos.

Vive en un barrio residencial de Nueva Jersey junto a su mujer, Robin Wells, también economista, y sus dos gatos. Le gusta el cicloturismo.

Con frecuencia habla sobre España y siempre en el mismo sentido: "Está condenada a sufrir años de deflación y paro. Tendrá que recortar salarios, precios y prestaciones sociales". También pronostica un éxodo laboral de españoles, que volverán a emigrar como en los años 60.

Roubini, agorero y juerguista

Por otra parte, Nouriel Roubini es conocido como 'Doctor Catástrofe' por sus predicción apocalípticas. Saltó a la fama cuando en 2006 telegrafió las fases de la actual crisis económica durante una reunión del FMI en la que nadie le prestó atención.

Profesor de la universidad de Nueva York, puede cobrar 70.000 dólares por una hora de conferencia y su consultora, Roubini Global Economics, con 100 empleados, es una máquina de hacer dinero.

En su vida personal, tiene fama de juerguista. Acaba de adquirir un tríplex de 350 metros cuadrados en Manhattan por 5,5 millones de dólares, el apartamento más caro del East Village, según XL Semanal.

Hijo de judíos iraníes, nació en Teherán, vivió en Italia y se doctoró en Harvard. Está soltero y le gusta coleccionar arte.

Le obsesiona España: "Si cae, no hay dinero suficiente para rescatarla. Sanear la economía española va a ser mucho más duro de lo estimado por el Gobierno. Que España se prepare para el dolor".

Muy crítico con Europa, es firma habitual en las páginas de elEconomista.

Stiglitz, Nobel neokeynesiano

Joseph Stiglitz podría presumir de ser el economista más citado del mundo. Ninguneado en Estados Unidos -es neokeynesiano-, es muy respetado en Europa y poco menos que un dios en Asia. Profesor de la universidad de Columbia, en 2001 obtuvo el Nobel de Economía.

Stiglitz, al igual que Krugman y Roubini, tiene progenitores judíos. fue economista jefe del Banco Mundial y asesor de Sarkozy, Zapatero y Obama.

Stiglitz tiene una muy próxima relación física con España, su mujer es nieta de republicano exiliado y veranea en Cadaqués. Sobre la marcha de la economía española, pronostica nuevos ataques de los especuladores y ve el euro como un "problemón". En general, cree que "EEUU y Europa van mal; el resto, muy bien".

Fuente:eleconomista.es

lunes, 17 de enero de 2011

Logotipo conmemorativo del 25º aniversario de las relaciones España-Israel


Está claro , es preferible ser cola de león y no cabeza de ratón . Tontos , lo que se dice tontos , no son .

Los palestinos de Jerusalén Este prefieren ser... israelíes

Pese a su importancia en la escena política internacional muy poco se sabe sobre lo que piensan los ciudadanos palestinos de Jerusalén Este, por esa razón Pechter Middle East Polls, una empresa que se dedica a realizar encuestas en Oriente Medio, ha desarrollado un completo sondeo en la zona cuyos resultados son, probablemente, muy distintos a lo que la mayoría podría esperar.

Así, los datos más relevantes de la encuesta señalan que, en una hipotética situación en la que tuvieran que elegir entre ser ciudadanos de un nuevo estado palestino o del estado de Israel el mayor porcentaje sería en de los que se decantarían por lo segundo: un 35% desearían ser israelíes por sólo un 30% que preferirían la nacionalidad palestina, mientras que otro 35% no tienen clara o no expresan su opción.

Es más, en esa hipotética situación de que se crease un nuevo estado palestino hasta un 54% de los encuestados aseguran que, si actual hogar quedase dentro de las fronteras de Israel, no emigrarían hasta la zona palestina. Del lado contrario, hasta un 40% se muestran dispuestos a cambiar de residencia si cayesen del lado palestino.

Las razones que se muestran para esta decisión son bastante variadas: incluyendo algunas de carácter eminentemente práctico como la posibilidad de viajar con mayores facilidades, la mejor sanidad o los ingresos más altos, pero también se incluyen algunos aspectos como la "situación política" o la "disciplina y la cultura".

Los que se decantarían por la nacionalidad palestina lo hacen mayoritariamente por "nacionalismo y patriotismo", por el "acceso a los santuarios y razones religiosas" y, sólo en un 12% de las respuestas, por evitar la discriminación.

Los palestinos, satisfechos con su vida

Otra respuesta de la encuesta que contradice claramente los tópicos que se manejan en el periodismo de medio mundo es que los palestinos de Jerusalén Este se declaran mayoritariamente satisfechos con su nivel de vida (lo que no implica que no se muestren contrariados por muchas cosas).

Así, preguntados al respecto un 44% se mostró satisfecho o muy satisfecho, frente 31% que se mostraron poco o nada satisfechos. Asuntos como el acceso a la sanidad, las redes de agua o electricidad, la calidad de las escuelas o el acceso a los lugares de trabajo reciben tasas de aprobación superiores al 60%.

Por el contrario, los aspectos que mayores índices de insatisfacción despiertan son los relacionados con la vivienda, especialmente la dificultad para obtener permisos de edificación y, como en cualquier otro lugar, los impuestos a la vivienda o a las rentas.

Entre los problemas específicos de la zona los encuestados señalan los retrasos que sufren por los puestos de control o por la propia existencia de la valla de seguridad, la delincuencia o las amenazas y la intimidación que les llega desde los colonos judíos o los oficiales del ejército y la policía, aunque también señalan como uno de sus mayores problemas las intimidaciones llegadas desde grupos palestinos, casi con un 30% de las respuestas.

Fuente:libertaddigital.com

domingo, 16 de enero de 2011

Descubriendo la música sefardí con Judith Cohen

Israel y EEUU crearon el virus que dañó el programa nuclear iraní


Central nucreal esraelí de Dimona

Muchos comentarios en la prensa y silencio absoluto del Gobierno y, por supuesto, de los servicios secretos israelíes (Mosad). Así se ha recibido la información publicada por el diario 'The New York Times' que apunta a Israel y Estados Unidos como los responsables del virus informático que ha dañado y retrasado el programa nuclear iraní.

Citando expertos militares y de Inteligencia norteamericanos, se especifica que la central nuclear de Dimona (al sur de Israel) se convirtió en los últimos dos años también en un laboratorio para examinar y ensayar el virus llamado 'Stuxnet' destinado a sabotear las centrifugadoras nucleares en Irán.

Israel consiguió desarrollar en Dimona el mismo tipo de centrifugadoras que operan en la central iraní de Natanz, donde se produce el enriquecimiento de uranio. "Para comprobar el gusano, se debe conocer las máquinas. La razón por la que el virus informático ha sido efectivo es porque los israelíes lo probaron", explica un experto nuclear norteamericano al diario que, por otro parte, opina que 'Stuxnet' es el arma cibernética más sofisticada en la historia y principal origen del retraso del plan atómico iraní.

Según la opinión de los expertos, el gusano paralizó la quinta parte de las centrifugadoras de uranio de Natanz. El régimen de Teherán reitera que continuarán sin pausa su programa nuclear, afirmando que tiene fines pacíficos y no, como creen muchos países, militares.

Antes de la publicación del 'New York Times', una fuente autorizada israelí afirmó a ELMUNDO.es: "En la planta de Natanz hay entre 4.000 y 5.000 centrifugadoras. El programa nuclear del régimen fundamentalista va más lento de lo que ellos quisieran pero más rápido de lo que nosotros podemos aceptar. Desde el punto de vista tecnológico, no tiene ninguna lógica decir que Irán sólo desarrolla el programa para fines civiles".

Israel ha dicho por activa y pasiva que su "principal reto y amenaza existencial" es un Irán nuclear. Aunque no descartan la opción militar, el estamento político, militar y de Inteligencia israelíes consideran que en estos momentos es más efectivo basarse en las sanciones económicas y en lo que se puede definir de forma ambigua como "retrasos" o "imprevistos" que afectan al programa nuclear iraní.

Fuente:elmundo.es - Sal Emergui

jueves, 13 de enero de 2011

Entrevista a Claude Lanzmann en ABC


«Maté alemanes para vivir y para huir de mi propia muerte»

Claude Lanzmann presenta «La liebre de la Patagonia», su vida dictada. Es un compendio de pasión, mujeres, su relación amorosa con Simone de Beauvoir... «divertido y nada siniestro». Y la «Shoah» de fondo
Esta es la epopeya de una liebre llamada Claude Lanzmann, el muchacho de apenas 17 años que luchó en la Resistencia francesa contra los nazis y el hombre que, muchos años después, tuvo la valentía de rodar durante once años la monumental Shoah (película de cerca de diez horas) sobre el Holocausto nazi, lo que él llama «el crimen perfecto». En Shoah recoge los testimonios de supervivientes del horror y de criminales nazis, a los que engañó grabándoles con una cámara paluche que escondía en el forro de su chaqueta. Claude Lanzmann presentó en Casa Sefarad su canto a la vida (odia que califiquen su libro como «memorias»): La liebre de la Patagonia(Seix Barral). Negó que fuera un «ogro», como aseguran que le llaman sus amigos y enemigos; en todo caso le encantaría reencarnarse en una liebre y, a ser posible también, en un toro.
De hecho, Lanzmann se aficionó a «las corridas de toros en España gracias al matrimonio Jean-Paul Sartre-Simone de Beauvoir». De Simone, Claude Lanzmann fue su sexto amante, y así describe su encuentro con ella en 1952 en la habitación que Simone ocupaba en el último piso del 11 de la rue Bûcherie, tapizada de rojo, mientras contemplaban la Notre-Dame nocturna e irreal: «Ni siquiera recuerdo si cenamos, lo que sucedió después ha eclipsado el resto. La tomé entre mis brazos, los dos sentíamos una mezcla de emoción y timidez recíprocas. Permanecimos mucho tiempo abrazados después de hacer el amor. Ella descansó su cabeza en mi pecho y me dijo: “¡Cómo late tu corazón!” Me notaba muy agitado. De repente, con precipitación, añadió: “Tengo que decirte algo, hubo cinco hombres más en mi vida”, y a continuación me los fue nombrando uno por uno. Luego, de nuevo sin que yo le hubiese hecho ninguna pregunta, agregó que desde hacía bastante tiempo no mantenía relaciones amorosas ni sexuales con Sartre...»
Claude Lanzmann refunfuña porque alguna televisión le ha grabado en Casa Sefarad con un cartel con fondo religioso «¡cuando yo soy un mal judío!», se define. Y estalla: «No sé qué hago aquí, en España, hablando de mi libro, que nadie ha leído. Deberíamos haber esperado quince o veinte días más, no sé...», masculla.
—¿Qué le enseñó el matrimonio Beauvoir-Sartre?
—Aprendí el mundo. Me enseñaron a pensar. Jean-Paul Sartre era muy inteligente y generoso. Descubrí la tierra, el paisaje, el cielo y las corridas de toros en España. Por cierto, no entiendo la postura de las autoridades catalanas prohibiendo las corridas de toros allí. ¡Es una vergüenza!
Tres liebres se le han aparecido a Claude Lanzmann y las tres han marcado su vida. La primera, en la Patagonia, «un lugar que es un decorado que hace soñar», camino de Río Gallegos mientras caía el crepúsculo. Las otras dos en el campo de Birkenau cuando rodaba la Shoah. Estas dos liebres se paran delante de la alambrada que cercaba el exterminio, reflexionan y deciden pasar por debajo de lo que fue el terror y el fanatismo.
—«La liebre de la Patagonia» (Seix Barral) es un homenaje a la vida. ¿Se reencarnaría usted en liebre?
—Sí, absolutamente. Si tuviera la oportunidad de reencarnarme en un animal sería en una liebre, y lo aceptaría con mucho orgullo. Las liebres son animales muy importantes; no son cobardes. Su técnica de fuga es el arma principal con la que se defienden. La reencarnación es el hecho fundamental tanto de la película de la Shoah como del libro. En términos de que en la Shoah el tiempo está abolido. Es decir, que el pasado y el presente han sido abolidos como reglas. Las lágrimas de Abraham Bomba «El peluquero de Treblinka» y uno de los héroes de Shoah, que había sido miembro del Sonderkommando prisioneros judíos que eran obligados por los nazis a asistirles en sus ejecuciones y que eran ejecutados para no dejar rastro de Treblinka, son una prueba de la reencarnación. Abraham les había cortado el pelo a las mujeres judías dentro de las mismas cámaras de gas. Había logrado con éxito una extraordinaria evasión y, después de su regreso al gueto de Czestochowa, la ciudad polaca de donde era originario y desde la que había sido deportado, sus hermanos no le habían querido creer lo increíble cuando se lo contaba, incluso le habían acusado de sembrar el pánico y hasta algunos, con tal de hacerlo callar, quisieron entregarlo a la Policía. Las lágrimas de Bomba son la reencarnación. Los Sonderkomandorepresentan la importancia capital de la vida.
—Como muy bien dice usted, la muerte es un escándalo.
—Siempre que vengo a Madrid procuro admirar en el Prado Los Fusilamientos del 3 de mayo, de Goya, el mejor cuadro del mundo. Otra imagen terrible de la muerte es aquella en la que los judíos que van a ser asesinados en las cámaras de gas por los nazis escupen las hebillas de sus verdugos mientras entran. En las hebillas de los uniformes de las SS se leía: «Dios está con nosotros».
—¿Qué significa «Sobibor, 14 de octubre de 1943, 16 horas»?
—Es la hora en la que se señaló la única revuelta que tuvo éxito dentro de un campo de exterminio. Y una película que todos deberían ver.
—¿Sigue sosteniendo que detrás del antisionismo hay antisemitismo?
—Generalmente, sí. Cuando hay manifestaciones antisionistas, siempre por detrás se escuchan los gritos de «¡Muerte a los judíos!».
—¿Por qué corre, huye, una liebre?
—La huida de la liebre es una forma de lucha. Es su alma y su arma en la lucha, de la que puede salir vencedora o no. No es un rechazo de la lucha, sino que su forma de luchar es esa, para huir de la muerte. Yo mismo, en mi día, tuve también la oportunidad matando alemanes de evitar mi propia muerte. Es decir, que es una forma de lucha. Hay que luchar para sobrevivir.
—Regresemos por un momento a las dos liebres de Birkenau. ¿Qué pensarían esos dos animales para pasar por debajo de la alambrada?
—Fue algo casual. Era un obstáculo en su camino, tropezaron con la alambrada y penetraron. No querían huir de la muerte. En Shoah, dos voces que escapan al horror de los nazis escenifican el «diálogo» de esas dos liebres.
—En junio de 1988, cuando Shoah se estrenó en Madrid, grupos de revisionistas y negacionistas quisieron reventar la proyección. Pero la gente se quedó en la sala. ¿Le marcó?
—Sí, claro, lo recuerdo. Cuando llegamos al cine, en la calle, había mostradores en los que se vendían artículos fascistas, junto a su parafernalia revisionista y negacionista. La Policía no llegó y aquello se convirtió en una batalla campal. Al día siguiente, la película fue interrumpida tras dos horas de proyección por amenaza de bomba. Se apagaron las luces, evacuaron a todo el mundo, buscaron la bomba. Todo eso nos deja unos rastros.
Fuente: abc.es

Veterinarios israelíes le ponen silla de ruedas a una tortuga


La tortuga fue atropellada por un cortacésped. Tras el accidente dejó de mover sus patas traseras. Ahora unas ruedas le permiten andar.

Tzvika es una tortuga de tierra hembra cuyo caparazón y columna vertebral resultaron dañados hace dos meses al pasarle por encima una cortadora de césped. Fue trasladada al Hospital de animales silvestres de Ramat Gan (Israel) donde recibió una cura bastante original.

Al haberle dañado la columna, la tortuga dejó de mover sus patas traseras y se arrastraba moviendo sólo las delanteras. Para evitar más daños en la parte posterior del cuerpo, los veterinarios le pusieron unas ruedas que, en un primer intento, fueron rechazadas por el animal. No obstante, acabó por aceptarlas y ahora puede moverse con relativa normalidad.

Los veterinarios calculan que tras la recuperación Tzvika podrá volver a la naturaleza en plenas facultades.

Fuente:libertaddigital.com

Entrevista a Claude Lanzmann en El Cultural.es


Con un ojo semicerrado y el otro escudriñando al que entrevista, Claude Lanzmann pasea soberbia y surcos a sus 85 con la tranquilidad de ser alguien no sólo en la historia de Francia, "que eso no es nada", sino "en la del mundo". Filmó la obra única que es Shoah, esas nueve horas de épica testimonial en torno al holocausto, formó parte de la intelectualidad francesa de la segunda mitad del XX y fundó junto a Sartre y Beauvoir (de quien fue amante), la revista Les temps modernes, que hoy dirige. Todo esto después de haber pertenecido a la resistencia francesa y de haber escapado al genocidio. Ahora lo cuenta todo en un libro, La liebre de la Patagonia, unas memorias atípicas y sin orden cronológico que ayer estuvo presentando en el Instituto Francés de Madrid y que han sido un éxito de ventas en Francia. "En mí país soy querido, amado, venerado, odiado y detestado, pero he alcanzado la posteridad", presume.

PREGUNTA.- Escribe usted de su propia vida como si la hubiera vivido otra persona o como si la suya fuera la peripecia de un personaje de ficción.
RESPUESTA.- No es exactamente así pero tampoco son unas memorias. Fue mi editor francés quien me obligó a poner memorias para poder encasillar el libro en una categoría clara. Al igual que el resto de mis trabajos, como sucede con Shoah, hablamos de obras inclasificables. El orden no existe en este libro aunque sí existe un criterio, el de la memoria, es decir, el de lo que en mi memoria es más importante. Por eso empiezo con un capítulo dedicado a cómo se puede infligir la pena de muerte a una persona. De allí desemboco en mi experiencia personal, en concreto en mi tiempo en la resistencia contra los alemanes, preguntándome qué habría hecho yo en el caso de haber sido capturado, en relación a los que se suicidaron para no hablar. Y me pregunto: ¿Habría sido yo capaz de suicidarme? El tema del valor frente a la cobardía es el eje del libro y la arquitectura de la obra es a la vez libre, rigurosa y sutil.

P.- ¿Hasta qué punto ha sido sincero? ¿Ha guardado muchas cosas? ¿Es difícil para alguien que ha retratado el siglo XX con tanta fidelidad retratar la vida propia?
R.- Claro, no lo he contado todo... Está lo importante y lo muy importante. Es un libro muy íntimo y a la vez libre, pero no por ello triste, hay muchas ocasiones para reírse. Es un libro novelesco porque mi vida ha sido novelesca, he sido una persona libre que ha asumido retos que otras personas no habrían asumido y he procurado no estar encorsetado en leyes. Mi vida ha consistido en el inconformismo en los momentos más relevantes.

P.- ¿Habría suprimido algún pasaje de esa vida o del libro?
R.- ¿Suprimir? ¿Por qué?

P.- Todos nos arrepentimos de ciertas decisiones...
R.- No, quitar partes me convertiría en otra persona. Yo no me juzgo, ni entro a valorar lo que he hecho bien o mal. El reto ha sido el valor de la sinceridad a la hora de decir cosas que no eran agradables. Pero lo importante es que fuera veraz, ahí está la riqueza del libro. En cuanto a partes favoritas, pues hay muchas, hay capítulos muy bonitos y también hay frases realmente bellas, porque esto también es una obra de literatura, de gran literatura.

P.- La liebre de la Patagonia ha tenido mucho éxito en Francia. ¿Se siente querido allí? ¿Se percibe como parte de la historia de su país?
R.- En mi país soy respetado, amado, adorado, odiado, detestado... todo a la vez. Pero Francia no es nada, habrá querido decir en la historia del mundo. De hecho, sus colegas de El País escriben que con este libro he conseguido la posteridad.

P.- ¿Es que no se la había dado Shoah?
R.- Sí, lo cierto es que ya lo había hecho con esta obra, que está reconocida mundialmente como un documento único, histórico. Y de hecho este libro está en sintonía con Shoah. Hace dos meses en Alemania recibí el gran premio de literatura (saca de una carpeta azul varias páginas de periódicos alemanes con su fotografía en la apertura y traduce): "aquí dice: 'una vida dedicada a la grandeza del espíritu'. Y en este otro: 'un héroe y un enorme valiente', y lo firma una descendiente de Wagner...

P.- ¿De alguna manera, cuando rodó Shoah, había también una intención de trascendencia, de alcanzar la inmortalidad más allá del hecho de hacer justicia?
R.- No, no la hubo, sólo lo hice para dar a conocer lo que fue el genocidio.

P.- En el libro da la sensación de que habla del largo rodaje de Shoah como de unos años oscuros, en los que usted estaba muy absorbido por su material. ¿Llegó a no verle el final?
R.- Y menos mal que lo estaba, si no, aún no lo habría acabado (ríe). No es tanto una época oscura como un tiempo difícil, a veces muy difícil. Cuando lo acabé no sentí una alegría particular, porque siempre supe que en algún momento iba a terminar. No de golpe, no como para poder pasar página. De hecho, cuando terminó el rodaje empezó una tarea enorme que fue la del subtitulado, y luego tuve que pelear por la película, porque no tenía dinero ni siquiera para la primera copia. Y una película de nueve horas subtitulada es muy cara.

P.- De lo que más ha hablado la prensa tras la publicación del libro es de su relación con Sartre y Simone de Beauvoir, de la que fue amante. Usted dice que ellos le enseñaron el mundo. ¿Qué les enseñó usted a ellos?
R.- Ellos me enseñaron a pensar y yo les di que pensar, así podría resumirlo. Simone de Beauvoir me enseñó España, por ejemplo, vine con ella varias veces en tiempos de Franco. Yo les enseñé cómo fue el exterminio y las dificultades y contradicciones de una vida como la mía.

P.- ¿Por qué se define como un mal judío? ¿En qué consiste eso?
R.- Soy un curioso mal judío. Y, desde luego, para ser un mal judío la verdad es que he consagrado un buen tercio de mi vida a estas cuestiones. Cuando digo mal judío quiero decir que no he sido educado en la religión, pero considero que hay dos tipos de judíos, el de la positividad, que basa el ser judío en la práctica, y el de la negatividad, entre los que me encuentro. No es que me haya convertido en judío, porque siempre lo he sido, pero me he ido sensibilizando. En mi vida lo que ha jugado un papel central han sido el antisemitismo, la persecución, la empresa nazi del exterminio... y aunque ni a mí ni a nadie de mi familia nos detuvieron lo cierto es que podía haber ocurrido. En definitiva, los rabinos me dicen: "Alguien que ha hecho Shoah no puede ser un mal judío".

P.- Sus declaraciones pro israelíes han sido muy polémicas. ¿Por qué es tan complejo hablar de esta zona del mundo y salir ileso?
R.- Son prejuicios. Hablo de Israel en mi libro como hablo de Alemania y de España, y además lo hago con conocimiento de causa, a diferencia de mucha gente que habla sin saber. He hecho películas sobre Israel. Mi primera película, seleccionada para el Festival de Nueva York en el 73, se titula Por qué Israel, sin interrogación. Y es una película de gran belleza sin ser propaganda, huye del maniqueísmo y muestra las contradicciones y las dificultades de un país joven que intenta construirse después de una catástrofe como fue la de Shoah. Mi segunda película, del 94, Tsahal, sobre el ejército israelí, habla de las injusticias que se dicen y sobre el valor, sobre las armas, sobre el sacrificio y el número de muertos que ha resultado de todas las guerras en las que ha entrado Israel. Y también sobre el peligro existencial al que se enfrenta el país. Pero no escondo en ningún momento sus contradicciones o sus excesos, que los hay.

P.- Ese país le valió la enemistad con Godard.
R.- Godard dijo tonterías y yo me limité a transmitir lo que él había dicho. ¿Lo preguntas porque Godard es un dios o algo parecido?

P.- Lo pregunto porque, como usted, es un peso pesado de la cultura europea. Ambos tienen ese carácter de semidioses, si lo quiere llamar así.
R.- Pues, de hecho, casi hicimos una película juntos Godard y yo... No éramos amigos, él dijo tonterías, lo reconoció y me propuso que hiciéramos la película, pero yo no quise.
Fuente:elmundo.es