Casa de Israel - בית ישראל


Desde " Casa de Israel " trabajamos para hacer frente al antisemitismo , la judeofobia y la negación o banalización de La Shoá ( Holocausto) .
No olvidamos las terribles persecuciones a las que fue sometido el pueblo judío a través de los siglos , que culminaron con la tragedia de La Shoá .
Queremos tambien poner en valor y reconocer la fundamental e imprescindible aportación de este pueblo y de la Instrucción de La Torá , en la creación de las bases sobre las que se sustenta la Civilización Occidental.

"... עמך עמי ואלהיך אלהי ..."

domingo, 20 de febrero de 2011

«Israel entiende que no puede ser una isla de prosperidad en un océano turbulento»


Shimón Peres durante la entrevista en su oficina de Jerusalén

Ramón Pérez-Maura
/ JERUSALÉN , para ABC

El Presidente de Israel, Simon Peres, es el premio Nobel de la Paz que preside un Estado asediado por vecinos que buscan destruirlo

Nació en 1923 en Wiszniewo, Polonia (hoy Vishneva, Bielorrusia). Con veinte años ya era un activista político del movimiento juvenil Hanoar Ha'oved Vehalomed. Entró en la Knesset en 1959 y fue ministro por primera vez en 1969. Desde entonces ha pasado por las carteras de Absorción, Transporte y Comunicaciones, Defensa —dos veces—, Economía, Relaciones Exteriores —cuatro—, vice primer ministro —dos— y primer ministro —otras dos. Mañana visita España oficialmente en el 25 aniversario de nuestras relaciones diplomáticas.

—¿Cómo puede afectar a Israel la revolución egipcia? ¿Le preocupa?

— No. Al contrario. En este principio del siglo XXI el gran problema de Oriente Medio es la pobreza, que no es algo nuevo en Egipto. La revolución —si queremos llamarla así— fue una sorpresa, un levantamiento contra la falta de libertad. ¿Por qué? La nueva generación que ya tiene los modernos medios de comunicarse —facebook, Internet...— sintió que a los pobres se les daba una voz, a la falta de libertad se le daba una imagen y a ambos una agenda. Hemos visto cosas que no habíamos visto antes. Porque el problema de Egipto no es cambiar de Gobierno. Es cambiar las circunstancias. Desde la Revolución de 1952 su población se ha multiplicado por siete, de doce millones a ochenta. El verdadero problema es cómo cumplir con las expectativas de los manifestantes. Cómo tener una vida mejor y más libre. Y lo único que puede vencer a la pobreza y la falta de libertad es la ciencia y la tecnología. Israel no tiene ni territorio, ni agua. Y aún así, tenemos la mejor agricultura del planeta. La agricultura es 95 por ciento tecnología. Rusia es mil veces más grande que Israel. Rusia tiene mil lagos de agua dulce. Israel tiene dos lagos. Uno está muerto y el otro está muriéndose. Y aún así, exportamos zanahorias a Rusia, lo que es increíble. No somos gente superior: empleamos tecnología superior. La mayoría de los árabes no estaban listos para aceptar la democracia. Creían que esa era una «religión» diferente. Y la estructura familiar, en la que el marido es el jefe absoluto, no ayuda a promover la democracia.

—¿Y por qué no ayuda eso?

—Por que no quiere compartir su autoridad con el resto de la familia, con las mujeres. Y si una nación no emplea a las mujeres, es sólo media nación. Si las mujeres carecen de educación, los niños tampoco la tienen. Y la joven generación que ha ido a la Universidad se ha sublevado contra esto. La tecnología moderna pide transparencia, apertura, relaciones globales. Hemos visto el efecto de la economía global basada en la ciencia en China, en la India, en Indonesia... No hay ninguna razón por la que esto no pueda pasar en el mundo árabe. Esta revolución es muy única en la historia. No fue hecha por un ejército, no fue obra de una religión, no fue organizada por un partido político. No fue organizada en absoluto. Apareció como un tornado lleno de fuerza. Los egipcios están abordando su propio futuro, sus problemas sociales. No hay demagogia barata. Ha sido relativamente incruenta... yo no puedo recordar otro caso así. Y sobre el pasado, que juzgue la Historia. Sobre el futuro, dejemos al pueblo que escoja.

—Pero ¿no ha dado Israel la impresión de estar en el lado equivocado, junto a Mubarak?

—¿Cree usted que los revolucionarios hubieran agradecido tener apoyo de Israel? Creo que estar callados era la mejor política posible. Otras grandes revoluciones, en Irán, en el Líbano con Hizbolá ¿qué están prometiendo a su juventud? Diseminan el odio, promueven la beligerancia, usan la fuerza... Así que cuando comparamos la revolución en Irán, o Líbano con la de Egipto, debemos decir que ésta llevaba una sonrisa y una esperanza.

—¿No le preocupa que esa sonrisa y esperanza se extienda a otros países en el entorno de Israel?

—¿Por qué no? Espero que todo Oriente Medio sea democrático, próspero. Israel entiende perfectamente que no puede ser una isla de prosperidad en un océano turbulento. Cuando lo eres sabes que el mar es mucho mayor que la tierra. Y afecta a la isla más de lo que ésta afecta al mar.

—Frente a la amenaza que supone el rearme iraní, ¿se siente Israel suficientemente apoyado por la UE?

— No lo analizamos así. Creemos que Irán es un problema para Europa y para América. No es cuestión de apoyar a Israel. Son peligrosos para el mundo. El terrorismo es peligroso y puede conllevar armas nucleares y sería una catástrofe. ¿Qué está prometiendo la revolución iraní y a quién? Se gastan dinero en acumular armas increíbles, la economía iraní se ha empobrecido respecto a lo que era —con excepción del petróleo— y están siguiendo una senda religiosa. ¿Quién creó la senda religiosa? Sólo sus líderes. ¿Qué líderes? Los grandes líderes como Jamenei. Un veterano político que odia a los Estados Unidos y a nosotros también. ¿Cuál es el propósito de esta revolución? ¿Qué promete y a quién? Yo creo que no tienen un mensaje. Y enriquecer el mensaje es más importante que enriquecer uranio.

—Las filtraciones de Wikileaks sobre las negociaciones de Israel con la Autoridad Palestina, ¿han minado la credibilidad de sus interlocutores? ¿han aportado información nueva?

—No, no mucha. El problema es que las negociaciones son complicadas. Primero se negocia con tu propia gente, que está a favor de la paz, pero son reticentes al coste de esa paz: «por qué estamos haciendo tantas concesiones, por qué nos estamos fiando de la otra parte...» Esto pasa a ambos lados de la mesa. Las negociaciones empiezan con exigencias y expectativas muy altas y grandes declaraciones. Pero después hay que negociar calladamente, discretamente, hasta llegar a la posición de mínimos. Y ahí todo es distinto. Para tener una negociación exitosa se necesita que el proceso entre el punto de partida y la posición de mínimos se mantenga en secreto. Si no, cada día los medios criticarán todo lo que se haga o diga. Las negociaciones tienen que ser como una película de Hollywood: Lo bueno tiene que ser el final, no el arranque. Y si se publica todo, eso tiene un coste. Hay dos cosas en la vida que no se pueden alcanzar sin cerrar un poco los ojos: el amor y la paz.

—¿Ve algún riesgo de que los movimientos populares que hemos visto en las últimas semanas se desaten en Gaza o en Cisjordania?

—Gaza es un problema y le voy a decir por qué. Gritan contra la ocupación israelí. Pero no hay ninguna ocupación israelí en Gaza. Israel se fue de Gaza unilateralmente, por iniciativa propia. Tuvimos que devolver a casa a 74.000 policías. Hemos tenido que pagar 2.500 millones de dólares en compensaciones y después de salir, Gaza se ha convertido en una base de misiles y para el terrorismo. ¿Por qué? No podemos entenderlo. Y Hamas, que desbancó a Fatah en Gaza, que mató a los dirigentes de Fatah lanzándolos desde los tejados... ¿qué quiere? Porque si cesara el terrorismo Gaza sería reabierta. No podemos ser razonables en una región en la que lo racional se detiene cuando empieza lo sagrado. Y eso hace las negociaciones de paz muy difíciles. Porque muchos israelíes dicen: «tened cuidado, que lo que pasó en Gaza no se repita en Cisjordania».

—El hecho de que Hamas ya haya rechazado las elecciones convocadas para otoño ¿no demuestra que su pasión por la democracia se acaba cuando ganan una elección?

—Ellos creen que la democracia es un método que dura 24 horas. Se celebran elecciones y ahí acaba la democracia. No entienden que es una civilización, no una técnica. No se trata de tener una votación libre, sino un país libre. Y hemos visto muchos países en los que se ha empleado una elección libre para dar el poder a un Gobierno que está contra la democracia. Pasó en Alemania con Hitler.

—Su experiencia ¿le permite avizorar una solución al problema Jerusalén—asentamientos—desplazados?

—Yo no puedo hablar en nombre del Gobierno. Ehud Olmert propuso una solución. Si ha ocurrido en el pasado, ¿por qué no ahora? Yo no puedo comprometerme con ello porque es una decisión del Gobierno. Pero hemos visto que han negociado incluso sobre Jerusalén y no estábamos lejos de una solución. El corazón de la ciudad santa tiene dos kilómetros cuadrados. Un kilómetro es el Templo del Monte y el otro es la ciudad vieja. En esos dos kilómetros cuadrados hay cien lugares sagrados: mezquitas, sinagogas, iglesias... cada religión debe hacerse cargo de sus santos lugares.

—¿Dónde están hoy las relaciones bilaterales entre España e Israel?

—¿Comparamos con la Edad Media y el rencor a los judíos, la Inquisición...? Mire ahora a las relaciones entre el Estado Vaticano e Israel. Es una revolución. Desde tiempos de Jesucristo hasta hoy no hemos tenido tan buen entendimiento. España es, básicamente, un país católico. Y la expulsión de los judíos en 1492 no fue una simple interrupción de la historia. Eso fue corregido hace veinticinco años. Lo hicimos con Felipe González, que era el presidente del Gobierno, y con el pleno apoyo del Rey. Tras un paréntesis de más de quinientos años, nada es fácil. Nuestras relaciones hoy son básicamente buenas. Pero hay una tendencia en los medios españoles a criticar a Israel. Y no lo aceptamos con facilidad. El Estado de Israel tiene 63 años. No hay ningún otro país que fuera atacado siete veces en 63 años. Que ha sufrido dos intifadas. Que perdió a sus mejores hijos en la guerra a lo largo de estos años. Lo hicimos solos. Tuvimos el apoyo de los Estados Unidos y de Francia, pero nunca les pedimos a ellos que lucharan por nosotros. Hemos tenido una vida dura. Nosotros sentimos que somos atacados no porque seamos diferentes, sino porque somos pequeños. Para nosotros, históricamente, ha sido muy difícil defender nuestras vidas. Con España tenemos hoy una buena cooperación comercial, empieza también la científica. Y yo miro al frente, no atrás.

La renovada utopía socialista del kibbutz

jueves, 17 de febrero de 2011

Baruj habá Nasí .



Desde " Casa de Israel" queremos dar la bienvenida a Sefarad a Shimón Peres , Presidente de Israel .
En esta tierra tan judía , por mucho que le pese a muchos , somos pocos los que estamos al lado de Israel . Sabemos que esta visita no va a ser facil para el Presidente Shimón Peres, ya que va a tener que soportar los falsos abrazos de un gobierno situado claramente en contra de Israel.
Desde " Casa de Israel" queremos expresarle todo nuestro cariño , y desearle , a pesar del gobierno que sufrimos , una feliz estancia en la antigua Sefarad.

Comunicado de la Embajada de Israel en España


Visita Oficial del Presidente de Israel, Excmo. Sr. Shimon Peres

21 de Febrero de 2011

En el marco de la celebración del 25º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre España e Israel, el Presidente del Estado de Israel, Excmo. Sr. Shimon Peres, Premio Nobel de la Paz, realizará su primera visita oficial a España como jefe de estado, los próximos días 21 al 24 de febrero de 2011.

Durante su visita, el Sr. Peres será recibido en audiencia por S.M. el Rey en el Palacio Real y asistirá a continuación al almuerzo ofrecido por SS. MM. los Reyes. Asimismo se reunirá con el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Tras la reunión con el Presidente del Gobierno español, tendrá lugar una rueda de prensa conjunta.

Otros actos y encuentros previstos son: inauguración, junto a S.M. el Rey, de la sede de Casa Sefarad-Israel; reuniones con José Bono, Presidente del Congreso, y con Mariano Rajoy, Presidente del Partido Popular; visita al Ayuntamiento de Madrid, donde el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, le hará entrega de la llave de oro de la ciudad; acto de homenaje de la Federación de Comunidades Judías de España y de la Comunidad Judía de Madrid en la sinagoga de Madrid; y la inauguración del seminario empresarial España-Israel organizado por la CEOE.

El Presidente de Israel vendrá acompañado por una amplia delegación de empresarios israelíes de alto nivel.

Shimon Peres fue en sus años de primer ministro uno de los principales impulsores y arquitectos por parte de Israel del establecimiento de relaciones diplomáticas con España. La visita del Presidente Peres en el marco de las conmemoraciones de su histórico apretón de manos sellando el establecimiento de relaciones diplomáticas con el entonces Presidente del Gobierno español, Felipe González, confiere un especial simbolismo a esta visita.

Departamento de Prensa
Madrid, 17 de febrero de 2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

Los Hermanos Musulmanes no tienen cabida - Jeff Jacoby

Las sociedades libres y democráticas asumen riesgos. Garantizan la libertad de expresión o la libertad de prensa a riesgo de promover ideas nocivas, estúpidas o depravadas. Exigen un juicio justo antes de castigar a un delincuente, incluso si algunos que son culpables salen en libertad a consecuencia de ello. Dan a la ciudadanía el poder de elegir a sus gobernantes, a pesar de la refriega que generan las campañas electorales y de la posibilidad de que los votantes elijan a funcionarios corruptos o incompetentes.

Pero hay límites. "Libertad y justicia para todos" no obliga a dar poder hasta a aquellos que aspiran a acabar con la libertad y la justicia de un plumazo. En su famoso voto particular en la sentencia del casoTerminiello contra la ciudad de Chicago fallada por el Supremo en 1949, el magistrado Robert Jackson advierte contra la interpretación tan categórica de la Primera Enmienda como para reforzar "a los grupos totalitarios de izquierdas o de derechas, a los que nada les gusta más que paralizar y desacreditar... a la autoridad democrática". El compromiso con la democracia liberal no es una obligación de abrir el mecanismo democrático a las formaciones que rechazan tajantemente a la propia democracia liberal. Jackson advertía a la mayoría del tribunal de "templar su lógica doctrinal con un poco de inteligencia práctica", no sea que "convirtamos la Declaración de Derechos constitucionales en un pacto suicida".

Si hasta en América, donde las instituciones democráticas son antiguas y están firmemente asentadas, es importante estar vigilantes contra los cánceres antidemocráticos que se adhieren a nuestras libertades políticas con el fin de destruirlas, cuánto más importante debe de serlo en Egipto, país que todavía lucha por nacer una república democrática.

Es el motivo de que la cuestión de los Hermanos Musulmanes –prohibidos oficialmente en Egipto, pero que sin embargo son el mayor grupo de oposición del país– sea tan crucial.

Los Hermanos Musulmanes es la organización islamista más influyente del mundo, y el islamismo –la ideología radical que pretende la sumisión de todo el mundo a la ley islámica– es tal vez la fuerza antidemocrática más violenta del mundo actual. En palabras de Daniel Pipes, "es una versión del totalitarismo con tintes islámicos". Como el resto de dirigentes totalitarios, los islamistas desprecian el pluralismo democrático y la libertad por principio. Pero se muestran totalmente dispuestos a valerse de unas elecciones o de las campañas electorales como peldaños tácticos de acceso al poder.

Al igual queAdolf Hitler en 1933 o los comunistas checoslovacos en 1946, los islamistas se pueden presentar a un cargo público y ponerse el disfraz de demócratas; pero una vez que alcanzan el poder, no renuncian voluntariamente a él. Apenas unos meses después de que Hamás, una organización que dice ser "un ala de la Hermandad Musulmana", se alzara con la mayoría de los escaños en las elecciones palestinas de 2006, se hizo violentamente con el control de la Franja de Gaza. Más de 30 años después de que el ayatolá Jomeini se hiciera con el poder en Irán a base de prometer la democracia representativa, la dictadura islamista que construyó en su lugar sigue afianzada.

En Turquía, donde el mecanismo democrático fue implantado hace mucho por el ejército, la formación islamista Partido Justicia y Desarrollo, o AKP, ganó las elecciones en 2002 como una formación de conservadurismo democrático moderado. Desde entonces, sin embargo, el AKP se ha quitado su disfraz de moderado. "El partido se ha vuelto autoritario con la oposición", escribe Soner Cagaptay, que dirige el Programa Turco de Investigación del Washington Institute for Near East Policy. "Las manifestaciones multitudinarias contra el gobierno son disueltas a palos por las fuerzas de seguridad, las comunicaciones de los representantes de la oposición están pinchadas, y la prensa independiente es castigada con impuestos punitivos... El AKP ha neutralizado en la práctica al ejército. No sólo los altos funcionarios, también los críticos del Gobierno entre el estamento académico han sido objeto de ataques, acabando en la cárcel".

Si Egipto quiere tener alguna esperanza de transición hacia una democracia constitucional genuina, los Hermanos Musulmanes no deben ser tratados como socios democráticos legítimos. Durante más de 80 años ha sido un ferviente exponente del gobierno islámico, no del secular; de soberanía clerical, no popular. Su credo no podría ser más específico, ni más antidemocrático: "Alá es nuestro objetivo. El Profeta nuestro líder. El Corán nuestra ley. La Yihad nuestro camino. Morir por Alá nuestro mayor anhelo".

En 2008, el líder supremo de los Hermanos Musulmanes instaba públicamente a educar a jóvenes "muyahidines" –guerreros sagrados– "que amen morir tanto como los demás aman vivir y que puedan cumplir su deber hacia su Dios, hacia ellos mismos y hacia el país". Esta semana, el importante miembro de la HermandadKamal al-Halbavi manifestaba que su deseo es que Egipto tenga "un buen gobierno igual que el gobierno iraní, y un presidente tan bueno como Ahmadinejad, que es muy valiente".

La democracia es flexible, pero hasta en la mejor de las circunstancias es incompatible con el totalitarismo religioso. Lo que pretende la Hermandad Musulmana es la antítesis misma del pluralismo democrático y la sociedad civil libre. Los amigos de Egipto no deben dudar en decirlo, clara y enfáticamente.

Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe. Sus artículos pueden consultarse en su página web.
Fuenete:libertaddigital.com

La eterna crisis de la educación - Alicia Delibes

Hannah Arendt.
Entre el pasado y el futuro es el título que Hannah Arendt dio a una colección de ocho ensayos publicada en Estados Unidos en 1954. En uno de ellos, "La crisis de la educación", reflexionaba sobre las causas que habían hecho de la educación una de las cuestiones domésticas que más preocupaba a los políticos estadounidenses.

Según Arendt, esa crisis, dada la cantidad de prejuicios tanto políticos como pedagógicos que hacían imposible la recuperación de la sensatez, estaba abocada a convertirse en un auténtico desastre nacional.

Una crisis se convierte en un desastre sólo cuando respondemos a ella con juicios preestablecidos, es decir, con prejuicios. Tal actitud agudiza la crisis y, además, nos impide experimentar la realidad y nos quita la ocasión de reflexionar que esa realidad brinda.

Una buena parte de esos prejuicios eran de carácter político y tenían que ver con el concepto que los norteamericanos tenían de la igualdad. Según Arendt, cuando hablaban de buscar la igualdad no se referían sólo a una igualdad ante la ley, ni a la simple igualdad de oportunidades; querían llegar mucho más lejos, pretendían alcanzar una igualdad intelectual.

Llevados de este deseo igualitario, los responsables políticos habían extendido la obligatoriedad de la educación hasta los 16 años, ofreciendo a toda la población las enseñanzas que hasta entonces habían estado reservadas a sólo una parte de ella. En la práctica, había resultado que la enseñanza media era una mera prolongación de la educación primaria y no proporcionaba la formación necesaria para iniciar estudios superiores. Este sistema chocaba con el que, por aquel entonces, había en Europa. En Inglaterra, los niños de 11 años debían pasar un examen, y sólo los que lo aprobaban podían ir a una de las prestigiosas y exigentes escuelas estatales de secundaria, las grammar schools. Un sistema así, decía Arendt, era impensable en Estados Unidos.

Lo que hace tan aguda la crisis educativa americana es, pues, el carácter político del país, que lucha por igualar o borrar, en la medida de lo posible, las diferencias entre jóvenes y viejos, entre personas con talento y sin talento, entre niños y adultos y, en particular, entre alumnos y profesores. Es evidente que ese proceso puede cumplirse de verdad sólo a costa de la autoridad del profesor y a expensas de los estudiantes más dotados.

En cuanto a los prejuicios pedagógicos, Arendt señalaba tres supuestos sobre los que se sustentaban. El primero, que el mundo de los niños había de ser autónomo, autogobernarse y mantenerse al margen de los adultos. El segundo, que la pedagogía era una ciencia y lo importante no era saberse bien lo que se había de enseñar, sino saber cómo enseñar. Y, el tercero, que el niño sólo podía aprender lo que deseaba aprender, por lo que forzarle no tenía el menor sentido.

Esa idea de que el mundo de los niños tenía autonomía propia y había de ser gobernado por los propios niños había conducido a la sustitución de la autoridad del adulto por la del grupo; el haber hecho de la pedagogía una ciencia había descuidado la formación académica de los profesores; el empeño por hacer atractivas las clases había llevado a convertir las aulas en ludotecas; finalmente, la idea de que el niño sólo podía comprender y aprender aquello que él mismo hacía había conducido a la sustitución de las lecciones, en las que el profesor se proponía transmitir sus conocimientos, por talleres, en los que el alumno se dejaba llevar de su propia creatividad.

Para Arendt, no había duda de que esos dogmas pedagógicos conducirían a la pérdida del interés por transmitir una cultura y, a la postre, por la cultura misma. Despojados los profesores de su misión, estaban abocados a perder su autoridad, esa auctoritas que les confería la posesión de un saber y de unos conocimientos que la sociedad les había encomendado transmitir.

***

Este artículo de Hannah Arendt fue publicado en 1954. Dos años antes los norteamericanos habían enterrado al que había sido el gurú de la educación progresista en Estados Unidos, John Dewey. Su nombre no aparece citado, pero resulta imposible no darse cuenta de que el artículo era una crítica al pensamiento pedagógico dominante entre la inmensa mayoría de psicólogos, pedagogos y maestros, que se habían formado con los escritos y teorías de Dewey.

Arendt daba cuenta en su artículo de la existencia de un proyecto de reforma total del sistema educativo norteamericano orientado a recuperar valores tradicionales:

La enseñanza volverá a impartirse con autoridad; el juego debe hacerse fuera de las horas de clase y, una vez más, hay que volver al trabajo serio; el acento debe pasar de las habilidades extracurriculares al conocimiento determinado en el plan de estudios; por último, incluso se habla de transformar los actuales planes de estudio de los profesores, para que ellos mismos tengan que aprender algo antes de transmitirlo a los niños.

Probablemente Arendt se refería al programa de educación del presidente Eisenhower, que había comenzado su mandato en enero de 1953.

No solamente no llegó a hacerse esa reforma, sino que el modelo norteamericano de enseñanza secundaria y esa pedagogía progresista que criticaba Hannah Arendt cruzó el Atlántico. Primero fue a Inglaterra, donde, en 1965, el laborista Anthony Crosland, como ministro de Educación, dio el golpe de gracia a las grammar schools, cuestionadas por los laboristas desde los años cincuenta por su elitismo. Más tarde, ya en la década de los setenta, y probablemente como consecuencia de las revueltas de Mayo del 68, se extendió a casi todos los países de Europa Occidental. Sólo Alemania y algún país de su esfera cultural, como Luxemburgo o la Bélgica flamenca, mantuvieron diversos modelos de enseñanza secundaria según el aprovechamiento escolar de los alumnos.

Casi sesenta años después, el diagnóstico de Hannah Arendt se mantiene vivo y los buenos propósitos de Eisenhower, también. Lo de recuperar el valor del esfuerzo y del mérito académico y restablecer la disciplina en las aulas y la autoridad de los profesores se ha convertido en un manojo de frases hechas, que pronuncian ya políticos, incluso de izquierdas. Pero a la hora de tomar medidas se topan, una y otra vez, con aquellos prejuicios que Arendt profetizó harían imposible la recuperación de la sensatez y convertirían la crisis en un terrible desastre.

Fuente:libertaddigital.com

lunes, 14 de febrero de 2011

El futuro es la muerte - José Brechner


Leonard Cohen con inigualable prosa lo predijo y lo cantó. Mucho antes que él con su arcana escritura lo hizo Nostradamus. Antes que ambos lo dijo Ezequiel, y a través de los siglos no faltó quien viera el futuro de horror y muerte que se avecina.

Los que pensaron que con Hitler se cumplieron las profecías y dicen que después del Holocausto la historia se volvió lineal están equivocados. Todavía no llegó ese esperado momento. La sed de sangre está hirviendo en el mundo. Para ser más preciso, en el mundo islámico.

Si los líos no aminoran en Egipto, Hosni Mubarak se irá a Alemania para un chequeo médico. La edad se lo permite, el hombre tiene cáncer. Sus días están contados por salud o por revolución. La excusa es adecuada para que no retorne a El Cairo. [Nota del Editor: este texto está compuesto antes de la renuncia de Mubarak].

El próximo en seguirle los pasos puede ser el rey Abdalá II de Jordania. Su padre, el rey Husein, sufrió más de 12 intentos de asesinato por parte de los fanáticos musulmanes palestinos. Su abuelo Abdalá I fue asesinado en 1951 por un palestino mientras visitaba la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalem. Abdalá I fue una pieza clave en la caída del Imperio Otomano, por lo que sus descendientes no son queridos por sus correligionarios mahometanos. La familia real jordana, hachemita, nunca fue de la línea fundamentalista. Al contrario, fue aliada de los ingleses y, consecuentemente, enemiga natural de los palestinos.

La madre de Abdalá II, la princesa Muna, es inglesa, hija de un oficial británico. Su nombre de nacimiento es Antoinette Toni Avril Gardiner. Abdalá II se educó en los Estados Unidos e Inglaterra. Se casó con Rania al Yasin, nacida en Kuwait. Sus padres son originarios de Tulkarem, ciudad árabe que estuvo bajo dominio jordano hasta que retornó a manos de Israel.

¿Por qué esta historia biográfica? Porque sin Mubarak en Egipto, sin Ben Alí en Túnez, sin Hariri en Líbano y sin Abdalá II, que sería barrido por las hordas de Hamás, que obedecen a la Hermandad Musulmana de Egipto, el Medio Oriente va a arder por todas partes al mismo tiempo, y la hoguera traspasará fronteras y continentes.

Con Erdogan en Turquía, con Ahmadineyad en Irán, con Argelia tambaleándose por los ataques de los yihadistas; con la propagación de la pseudo-ola democrática y pro derechos humanos, en países donde jamás se toleró la divergencia política ni se respetaron los derechos de nadie, el Magreb y el Medio Oriente están cayendo bajo el dominio de los asesinos religiosos.

Cuando en los próximos meses veamos que, en vez de democracia, los fanáticos han tomado los mandos, alguna guerra tendrá que comenzar; y qué mejor que iniciarla contra Israel. La prensa progre antisionista apoya a los musulmanes, y los gobiernos neocomunistas también, particularmente los latinoamericanos. La ONU es un basurero.

Barack Obama.Obama es el presidente más débil de la historia. ¿Qué mejor oportunidad para abalanzarse contra el imperio? BO no quiere siquiera escuchar un comentario contra el islam, que para él es una religión de paz y amor. Los únicos que empiezan a despertar de la pesadilla islámica son los europeos, que están más que hastiados de los excesos de sus millones de inmigrantes levantinos.

¿Cómo será la próxima guerra? Igual que la economía y las telecomunicaciones, será global. En Europa se tomarán medidas discriminatorias que obliguen a meter a los musulmanes en barcos y aviones para devolverlos a sus países de origen. ¿Nos recordará al nazismo? Sin duda que sí. La gran diferencia es que los judíos jamás trataron de imponer su religión, sus modos y sus costumbres a nadie. Fueron siempre víctimas pacíficas de un odio y una envidia irracionales.

En el Medio Oriente, Israel tendrá que defenderse con todo su poder. Deberá retomar el Sinaí, sentar su soberanía absoluta sobre Judea y Samaria, despachar a los palestinos a Ammán y acabar con Hezbolá sin dejar de proteger a los cristianos del Líbano, para que tomen el gobierno del país vecino. Tendrá que destruir a Hamás en Gaza y Cisjordania. Deberá atacar a Irán si Ahmadineyad se mete en el baile –y es más que seguro que lo hará–, y probablemente habrá enfrentamientos con Turquía.

¿Puede Israel hacer todo eso solo? No, necesita del apoyo de los Estados Unidos y de Europa, que entrarán en la batalla por su propia supervivencia. No hay la menor duda de que Occidente triunfará. Los fanáticos musulmanes, como todos los fanáticos, son incapaces de ver la realidad, y no perciben ni remotamente la dimensión del poderío militar del mundo libre.

En Norteamérica habrá violentos movimientos pro musulmanes, dirigidos por el islam y la ultraizquierda, que serán aplacados. En Latinoamérica sucederá lo mismo, con la diferencia de que los gobiernos neocomunistas no harán nada para contrarrestarlos.

La guerra políticamente correcta, impuesta por los medios progresistas sobre los ejércitos judeocristianos para que actúen como si estuviesen peleando contra inocentes criaturas a las que hay que tratar de no hacer daño innecesariamente, llegará a su fin y pasará a los anales de la historia de la estupidez humana. El futuro es muerte.

© Diario de América

Fuente:libertaddigital.com


Egipto: ¿revolución o golpe? - Rafael L. Bardají

A todos nos gustan las historias que acaban bien. Para darle un mayor sentido a nuestras vidas, nos imaginamos protagonistas de momentos dramáticos que cambian el mundo. La renuncia de Hosni Mubarak el pasado viernes es una de esas situaciones. Forzado por el ansia de libertad de los manifestantes, Egipto promete un tiempo de cambio para todo el Oriente Medio. ¿O no?

Es innegable que sin los 18 días de ocupación de la Plaza Tahrir, Mubarak seguiría disfrutando de su posición de liderazgo. Pero no es menos verdad que su caída no ha traído, de momento, un cambio de régimen. En Egipto, hoy, no hay más democracia que hace unos pocos días, antes de las revueltas. Lo que hay es un régimen militar: es el ejército quien rige los destinos del país, tal y como lo ha venido haciendo en los últimos 60 años.

Hace justo una semana, en Jerusalén, un alto oficial de la inteligencia israelí me decía:

El ejército egipcio no está en contra ni a favor de Mubarak, sino que vela por el régimen, que es suyo. La pregunta es si decidirán que Mubarak se ha vuelto un obstáculo mayor para la pervivencia del régimen o si, por contra, creerán que sin él no habrá continuidad para ellos. Si optan por lo primero, reemplazarán a Mubarak con una junta; si eligen lo segundo, dispararán contra los manifestantes.

Pues bien, tras unos momentos de tensa confusión, anunciando comunicados que se revelarían anodinos y con imágenes televisadas del jefe del ejército, el general Tantawi, de gesto serio y adusto, reunido con la cúpula militar, a última hora del pasado viernes, los militares ya habían tomado una decisión definitiva: Mubarak tenía que irse. Con todos los honores de un héroe de guerra, pero tenía que irse, y enseguida.

Y aunque a nosotros nos encante soñar con que este momento ha sido posible por una juventud deseosa de vivir mejor y en libertad, hábil con el uso de Twitter e internet, la realidad es que quien ha hecho posible la caída de Hosni Mubarak han sido los mismos militares que en su día le encumbraron y que siempre le han considerado uno de los suyos. Porque ha sido y sigue siendo uno de los suyos.

Lo que pase a partir de ahora nadie puede saberlo. En el comunicado en que se anunció la renuncia de Mubarak también se anunció que una junta militar tomaría las riendas del país, junta que se comprometía vagamente a convocar unas elecciones generales y a poner el rumbo hacia una transición al poder civil. Puede que la inconcreción de los planes se debiera a la urgencia y el dramatismo del momento, pero lo cierto es que se cuidaron muy mucho de ofrecer la menor pista de cuáles son sus planes reales para los próximos meses. No hay compromiso sobre el momento de celebrar las elecciones, y mucho menos sobre la prometida instauración de un poder civil. Porque lo que han querido los militares egipcios, sobre todas las cosas, es evitar una situación de caos.

Omar Suleimán.O sea, que la revolución desde abajo que hemos visto retransmitida en vivo y en directo ha sido más bien un golpe militar. Pero no hay mal que por bien no venga. El ejército es una institución no sólo respetada internamente, sino predecible. Es más, sus jefes son bien conocidos, tanto por los israelíes como por los países occidentales, con quienes han sostenido un trato continuado. Aún más, los oficiales superiores egipcios saben muy bien que no sólo su equipamiento, sino su nivel de vida, depende de la ayuda que reciben de los americanos, factor que tiende a condicionar sus decisiones. En la medida en que se consideren una institución y no simplemente una colección de nombres y caras concretas, con los dirigentes militares se podrá sostener un diálogo productivo.

La clave estriba en qué queremos hacer nosotros, los demócratas occidentales de sillón, que nos conformamos con ver el mundo a través de los ojos de la CNN, a partir de ahora. Considerar que la democracia ha llegado ya a las Pirámides y pasar a otro tema, como prácticamente hemos hecho con Túnez, olvidada ya en los agujeros de la Historia, o, por el contrario, demandar a nuestros líderes queridos que pongan en pie una auténtica estrategia de democratización en esos países.

Cuanto antes se haga ver a los militares egipcios que la ayuda internacional quedará supeditada a los avances y reformas democráticas, mejor. En segundo lugar, hay que tener bien claro que, en lugares donde nunca antes se ha vivido la libertad, es una misión esencial proteger la tolerancia y la convivencia. Esto es: no se debe aceptar que, por el juego democrático, se permita a las fuerzas antidemocráticas aprovecharse del momento para minar la libertad individual y acabar con cualquier atisbo de democracia. En ese sentido, el llamamiento de la Casa Blanca para que se acepte a los Hermanos Musulmanes como un grupo más, incluso en los niveles del Gobierno, es una ingenuidad peligrosísima, que sólo augura para Egipto el mismo futuro del Líbano, un país cristiano que ha dejado de serlo por la fuerza del islamismo.

Es el momento de redoblar nuestra atención y ser vigilantes con los procesos. Hace no tanto hubo una auténtica revolución en el Líbano, donde se consiguió forzar la salida de Siria y caminar hacia un Gobierno de coalición. Cinco años más tarde, en parte por el temor de la comunidad internacional a perseguir a los asesinos del primer ministro Hariri, Hezbolá está en el centro del poder. Hace dos años, las calles de Teherán hervían de indignación por el fraude electoral burdamente perpetrado por los ayatolás, pero Jamenei y Ahmadineyad siguen ahí, aferrados brutalmente al poder.

La democracia en Oriente Medio exige algo más que una charla de amigos frente a la tele y con la cerveza a mano. Es posible y viable, pero debemos ayudarla a nacer y crecer. Hagámoslo de una vez por todas.

Golpe en El Cairo - Gabriel Albiac

LA clave del dominio está en hacer que aparezca como evidencia lo contrario exacto de lo que sucede. La política es el arte de tejer ficciones con las cuales suplir la realidad. Fábrica de espejismos, que son único suelo firme sobre el cual se alza el glacial palacio de espejos de la sumisión. Egipto ahora. Como último laboratorio del álgebra del golpe de Estado, que teorizó Gabriel Naudé, en 1639, para dar razón de una toma del poder tan vertiginosa «como el rayo que aniquila antes de que el trueno pueda ser escuchado».

Un dictador asienta su estabilidad sobre el control absoluto de aparatos represivos que no pueden permitirse flaquezas. Ese control puede ejercerlo él, o bien delegarlo en un fiel vicario. La primera hipótesis entraña una fuerte erosión de esa imagen de padre severo pero justo sobre la cual se asienta la leyenda dictatorial. La segunda trae consigo riesgos difíciles de acotar: el poder que, bajo una tiranía, acumulan la policía política y los servicios de inteligencia es ilimitado. Y la tentación de —como el Iznogoud del cómic de Goscinny— «ser Califa en lugar del Califa», late siempre en el hombre que sabe todo de todos y puede con todos hacer lo que le venga en gana: prisión, como tortura, como muerte. En el plazo largo, hay sólo dos opciones: o el dictador va decapitando a sus sucesivos hombres de las alcantarillas, o el hombre de las alcantarillas acaba por asaltar los salones de palacio, con todas las posibilidades de éxito que el material de engaño acumulado pone a su alcance.

Un militar —el cuarto desde la independencia de Egipto— ha caído; estaba políticamente muerto desde hace cuatro semanas. Un militar —el quinto desde la independencia de Egipto—, el señor de las sombras, el control y la tortura, Omar Suleiman, ha dado jaque a Mubarak: refriega entre generales. De los jóvenes a los que torturó, encarceló, asesinó durante dos decenios, ha hecho instrumento de su ascenso. No se le puede negar astucia. Pero el gran juego empieza ahora, cuando el espantajo de Mubarak sale de escena y los focos iluminan a sus sucesores. De momento, les bastará con una convencional retórica, hecha de palabrería populista y garantías internacionales. Muy pronto, sin embargo —y eso Suleiman lo sabe mejor que nadie—, llegará la hora de la verdad: la recomposición de un nuevo régimen que no ponga en riesgo los básicos privilegios de la casta armada.

Egipto no es El Cairo. Como no era Argelia Argel en el no tan lejano año 1991 que vio ganar al islamista FIS las elecciones y desencadenar una guerra civil entre religiosos y militares, cuyo rebote temen ahora los argelinos. Suleiman debe saber —o sospechar, al menos— qué dirían las urnas del Egipto profundo en unas elecciones libres. Y cuáles serían los costes de una victoria de los Hermanos Musulmanes y de sus periferias más extremas: desde la pérdida de las inmensas ventajas que la corrupción generalizada otorga a los militares, hasta el riesgo bélico que la ruptura del tratado de paz con Israel arrastraría.

El gran juego no ha hecho más que comenzar. Pueden vencer militares o clérigos: los que poseen armas y medios organizativos. La población, en esta partida, es rehén y envite. Sacrificable.

Fuente:abc.es

viernes, 11 de febrero de 2011

Hayek contra las democracias liberticidas - Juan Ramón Rallo

Hayek.
Conocida es la costumbre socialista de anteponer la consigna al pensamiento. De ahí que por lo general los izquierdistas opten por descalificar a un autor o una teoría con chascarrillos o ataques ad hominem en vez de darse a la indagación intelectual. Con Hayek no hacen, precisamente, una excepción.

A poco que uno cite a este gigantesco pensador, la izquierda saca a relucir esa opinión suya, tan cierta y tan políticamente incorrecta, de que la democracia y el liberalismo son cosas distintas, por lo que no tienen por qué ir de la mano. La izquierda ve ahí una abierta justificación del autoritarismo: ¡albricias, para esta vaca sagrada del liberalismo puede haber dictaduras liberales!

Por supuesto, la advertencia hayekiana no va ni mucho menos dirigida a destacar la posibilidad de esa rara avis que sería una autocracia respetuosa con las libertades individuales, sino a alertar contra la involución liberticida que pueden (y suelen) padecer las democracias. Es decir, lo que Hayek –en perfecta sintonía con Tocqueville– pedía es que no olvidáramos que la democracia puede perfectamente atentar contra las libertades individuales, por cuanto no es más que un mecanismo de ordenación de la toma de decisiones colectivas... que no entra en qué limites han de ponerse a tales decisiones.

En este sentido, la teoría del orden espontáneo, que nuestro autor rescata de la Ilustración escocesa –en realidad, en última instancia, de Juan de Mariana– y expone de manera soberbia en estos Principios de un orden social liberal, es impecable, y debería resultar de obligado estudio para todo liberal que se precie, tanto para el que pretenda limitar las funciones del Estado con el propósito de facilitar la emergencia del orden de mercado como para el que considere deseable abolir el Estado y permitir que ese orden se autogenere desde su raíz.

Mi opinión personal es que el pensamiento hayekiano sólo resulta plenamente consistente cuando lo despojamos tanto de concesiones a la socialdemocracia –que el propio Hayek admitía como excepciones: por ejemplo, su red social de cobertura mínima– como de ciertos puntos de partida estatistas, que el austriaco asumió como indiscutibles más por huir de radicalismos que por haber reflexionado en profundidad –por ejemplo, consideraba que era el Estado quien debía conformar la regulación básica sobre la que erigir el orden espontáneo–. A este respecto, merece la pena mencionar la obra de ciertos hayekianos modernos, como Randy Barnett, que subsanan estas carencias y llegan a conclusiones tremendamente interesantes y sugerentes.

Hayek comienza distinguiendo entre órdenes (espontáneos) y organizaciones. Los primeros los conforman normas abstractas y universales que no se dirigen a la consecución de fin concreto alguno; por eso no prescriben acciones específicas, que los individuos habrían de acometer, sino que, por el contrario, proscriben aquéllas que resulten inadmisibles en un régimen de convivencia pacífica (concepto de libertad negativa). Las organizaciones, en cambio, están informadas de un conjunto de mandatos particulares y discrecionales, orientados a lograr el fin particular de quien las dirige, de ahí que sí prescriban comportamientos concretos, todos ellos subordinados a los intereses del órgano directivo.

Precisamente porque no sojuzga a quienes participan de él ni obliga a éstos a dirigirse a fin concreto alguno, en un orden espontáneo cada individuo puede perseguir –de manera pacífica y cooperativa– sus propios fines. Y, de nuevo, gracias a esta continua experimentación que se registra en los órdenes espontáneos, los individuos están metidos en un continuo proceso de aprendizaje que tiende a hacer evolucionar en sentido positivo los conjuntos normativos en que se basan los propios órdenes espontáneos.

El orden espontáneo, como se autogenera y no es fruto de plan deliberado alguno, abarca un volumen de información tan vasto, que resulta inmanejable para la mente humana. El espontáneo es muchísimo más complejo que cualquier orden diseñado. Sólo hace falta comparar la complejidad de un mercado libre con el funcionamiento de una empresa, lo incomparablemente más rico que es un idioma natural como el castellano frente a idiomas artificiales como el esperanto, o la muy superior funcionalidad del dinero frente a la de los vales de compra de los centros comerciales.

Al conjunto de normas jurídicas cristalizadas en torno al derecho de propiedad y el cumplimiento de los contratos se le vino a denominar ley, de ahí que el liberalismo, partidario del orden espontáneo, haya destacado siempre la importancia del imperio de la ley (rule of law), del sometimiento de todos los individuos –políticos incluidos– a las normas de carácter abstracto que han surgido evolutiva y consuetudinariamente (por ello el liberal defiende y valora la tradición, pero sólo cuando ésta no se convierte en una verdad revelada e inmutable, en un cúmulo de normas estancadas y desfasadas incapaces de ir cambiando conforme lo hace la propia sociedad). El problema, a día de hoy, es, claro está, que la palabra ley se ha pervertido como consecuencia de esa "hiperinflación legislativa" que denunciara Bruno Leoni y que ha sustituido progresivamente el derecho consuetudinario por un amasijo de arbitrariedades fruto del consenso político; por eso, ley hoy es sinónimo hasta de los más burdos mandatos evacuados por los políticos para restringir nuestras libertades y preservar sus privilegios. Justo lo que el imperio de la ley trataba de impedir a cualquier costa: que el ámbito de actuación de una persona quedara discrecionalmente restringido por los caprichos de otra(s), quebrando el mismo principio de equidad jurídica.

De la idea de orden espontáneo nace también la concepción hayekiana de justicia, a todas luces fundamental. Dado que los resultados obtenidos por un individuo en un orden espontáneo dependen de sus acciones y, en parte, del azar –no hay relación directa y constante entre esfuerzo y recompensa–, no cabe considerar como injusta una distribución de los recursos cualquiera si es que se ajusta a la ley; así pues, adiós a las mamarrachadas de la justicia social. La justicia debe referirse, por un lado, a la consistencia interna del sistema normativo –las normas han de ser simétricas, universales y funcionales– y, por otro, a la vigencia de esas normas en la sociedad, de modo que cada cual pueda hacer el mejor uso de su conocimiento sin lesionar los derechos de los demás.

El socialismo –en sus muy diversas formas– atenta contra el orden espontáneo y trata de sustituirlo por organizaciones jerarquizadas; esto es, pretende convertir a los individuos en marionetas a tiempo completo o parcial en manos de la casta política. Con la excusa de que es menester redistribuir la renta para alcanzar la dichosa justicia social, los gobernantes controlan y reparten los bienes que cada cual ha logrado gracias a su ingenio y a la cooperación con el prójimo en el marco del mercado libre; es decir, controlan y determinan los fines que los distintos individuos tienen permitido alcanzar.

En estos momentos en los que se deifica a la democracia y se la pretende convertir en enterradora del imperio de la ley –con peregrinas excusas, como la defensa del bien común o la igualdad social–, es de enorme importancia y utilidad leer (o releer) la defensa del liberalismo que hace Hayek en estas páginas. Una valiosísima vacuna contra muchos de los venenos que nos inyecta el estatismo esclavizador.

FRIEDRICH A. HAYEK: PRINCIPIOS DE UN ORDEN SOCIAL LIBERAL. Unión Editorial (Madrid), 2010, 160 páginas.

Fuente:libertaddigital.com

Lanzmann o el rapto de la muerte - Carmen Grimau

Los que sean de cultura afrancesada me entenderán enseguida. Claude Lanzmann siempre será el autor de una única obra que pronuncia con una simple sílaba: Shoah, "catástrofe", "hecatombe", "aniquilamiento" en hebreo. Era una manera de nombrar lo innombrable.

–¿Qué quiere decir Shoah?

–No sé, quiere decir simplemente Shoah.

–Pero habrá que traducirlo, nadie lo va a entender.

–Eso es precisamente lo que quiero, que nadie entienda.

Esta corta conversación la mantenía Claude Lanzmann en 1985, pocos días antes de estrenar la película que le supuso doce años de trabajo persiguiendo la muerte invisible en Polonia, en las cámaras de gas de los campos de exterminio.

Este libro de memorias, que acaba de ser traducido al español, es una desbordante apología de la vida, de los amores, de los amigos de un hombre de 85 años que quiso asomarse a lo que nadie vio: el espacio jamás pisado, nunca fotografiado, nunca descrito por nadie, porque los que entraron en él pasaron a ser cenizas.

Lanzmann persiguió con una paciencia hercúlea a los Sonderkommandos, esos judíos que fueron los últimos operarios en el proceso de destrucción de los judíos, los últimos testigos de la muerte de su pueblo. Uno de ellos fue Abraham Bomba, el peluquero de Treblinka. En la antesala de las duchas de Zyklon B, los verdugos no intervenían, pues la máquina de matar trabajaba ya sin ojos. O casi.

Estas memorias se mueven con soltura entre las geografías épico-revolucionarias y las fabulaciones eficaces y tramposas del siglo XX. El mundo de aquel momento parecía estar al alcance de nuestro autor. Escritor, periodista y actual director de la mítica revista Les Temps Modernes, Lanzmann es un intelectual made in Saint-Germain-des-Prés, lo cual le otorga, de entrada, una infinita seducción. Pero su trayectoria primordial tiene que ver con su obsesión disciplinada; y es que su trabajo procede y retorna a la Shoah.

Se impuso a sí mismo recorrer el peor de los caminos posibles: hacer de lo innombrable que es la Shoah una película iconoclasta. Me dirán ustedes: es un imposible, Semejante exigencia conceptual bloquea cualquier narración del exterminio. Pues no. Lanzmann consigue narrar sin narración el proceso de exterminio del pueblo judío en Polonia.

Todo empezó con el rodaje de Pourquoi Israel, en 1973. Francia ya no podía sustraerse a una responsabilidad moral que le reventaba los ojos: una de las rutas hacia la Shoah pasaba por la estación ferroviaria de Drancy, a unos quince kilómetros de París. Allí empezó la Solución Final en territorio francés.

El trayecto final de la muerte: ésa es la parte conceptual que interesa al judío Lanzmann. La caza de los verdugos nazis: ésa es la parte detectivesca que seduce al periodista de investigación.

La liebre de la Patagonia son unas memorias descomunales, propias del egotista inagotable que es. En este sentido, Lanzmann es hijo de su tiempo: es un aventurero irreverente, un epicúreo raptado por la muerte invisible del otro, un caradura que resultó ser el mejor especialista del Holocausto, al que consagró su vida. Y eso no se perdona fácilmente. Con cincuenta años ya se había convertido en un mito carnoso y provocador. Los críticos españoles le han reprochado su egocentrismo desbordante, pero eso es peccata minuta frente su voluntad tenaz.

Todos sus esfuerzos se encaminaron, inexorablemente, a su obra maestra, Shoah, acabada en 1985. Película y libro. Este último, con prólogo de Simone de Beauvoir, la gran dama de las Letras, otro mito carnoso e irreverente. "Amé el velo de su voz", escribe ahora al recordarla. Y Lanzmann presume de ello, como debe ser, sin pudor, a sus 85 años.

Y eso tampoco se perdona fácilmente.

Claude Lanzmann es, como he señalado, autor de una sola obra, preso de una única obsesión que verbalizó en los inicios de los años setenta, cuando –precisamente– el antisemitismo parecía repuntar. Las anécdotas sobre su judaísmo se enhebran a lo largo de sus memorias. Como la de una señora neoyorquina que, tras la proyección de Pourquoi Israel, le interpeló:

–Oiga, Lanzmann, ¿cuál es su patria? ¿Francia o Israel?

–Señora, mi patria es mi película.

Su patria, su vida, su cuerpo, su escritura, su alma, su tormento, todo en él se dirige hacia un mismo punto de partida, que queda expresado en la primera frase de sus memorias:

Puede que la guillotina –más ampliamente la pena capital y los diferentes modos de administración de la muerte– haya sido el asunto central de mi vida.

Trabajar persiguiendo la muerte requiere una vitalidad sobrehumana. Lanzmann no busca a los muertos, tampoco a los vivos, y si lo hace es para llegar hasta los Sonderkommandos y embaucarlos, hechizarlos –con alguna ayudita etílica– para sacarles lo que callan. Lo que nunca habían dicho desde la liberación de los campos. Pero son segmentos de palabras entre chasquidos lo que sale de la punta de la lengua de los últimos testigos del exterminio de su pueblo.

Lanzmann relata con humor desesperado la minuciosa preparación de su equipo técnico para conseguir unos segundos de grabación. No quiere ser la voz de los que la dejaron en las cámaras de gas. No quiere ni siquiera poner imágenes. Lo humano ha muerto en Polonia.

Quiere empezar por el fin:

Quería dirigirme hacia el centro geográfico del exterminio: Treblinka.

Tuve una revelación.

Eso escribe Lanzmann, judío, racional y ateo.

A partir de ese rapto de la muerte, supo que había finalmente encontrado las claves de su obra magna.

Treblinka fue la mecha y exploté aquella tarde con una violencia insospechada y devastadora.

Ni historiador, ni pedagogo ni escritor, es un hombre devorado por lo que adivina.

Es muy difícil sentir cualquier cosa cuando trabajas día y noche con los cadáveres, tus sentimientos desaparecen.

Y lo inenarrable empezó a despuntar.

Shoah es una experiencia iconoclasta. Palabra de una sola sílaba que es un significante sin significado.

Su trabajo es la muerte evaporada. No quiere retomar los viejos fotogramas de carretas cargadas de cadáveres. No quiere hacer una nueva versión de la mítica Nuit et Brouillard. Dirá de ella: "Es un magnífico film idealista sobre la deportación". Pero él no quiere épica idealista. Ha tomado otra dirección.

El tren es metáfora recurrente en cuanto significa organización minutada del exterminio. Estudia los horarios, las paradas, los retrasos. Escudriña viejas hojas de ruta. Descubre anomalías: la fábrica de la muerte a veces exigía una tregua. Atasco en las vías. Matar en la Solución Final obligaba a mantener un ritmo infernal.

Silencio cortado por el chirriar de las vías que Lanzmann recorre cuarenta años después. No hay ruido humano. El hombre ha dejado de existir en la campiña polaca. Filma el ruido regular de las traviesas. El motor de la locomotora. Pájaros, pitido del tren, la velocidad que mueve las hojas de los árboles.

Lanzmann ha llegado finalmente a pisar el suelo donde se desvanecieron tantos seres. Y se detiene entonces en lo esencial,

la última bifurcación ferroviaria cuando lo irremediable se va a cumplir.

La consternación le hace afirmar la paradoja más estremecedora de la Shoah:

Nadie ha estado en Auschwitz.

Nadie puso nombre al lugar de la muerte. "Ni siquiera sabían cómo iban a morir".

Sólo hay piedras. La inmortalidad. Piedras más viejas que la vida, piedras que no mueren.

Rodé durante días las lápidas y las rocas.

Filmé piedras porque no había otra cosa.

Y aquellas piedras se convertían para mí en humanas.

Toda obra intelectual empieza por un rapto que súbitamente ilumina a su autor. ¿De dónde procede ese arrojarse al dolor iconoclasta? No lo sabe. Tampoco busca saberlo. Filmar la consternación y no la aflicción.

La liebre de la Patagonia es un libro profuso en anécdotas, en amores y en alegrías. Unos han criticado la vanidad desmesurada de su autor. Yo en cambio, la admiro. Al fin y al cabo, la palabra Shoah, que él acuñó sin saber hebreo, se impuso sobre cualquier otra.

Léanlo. Acepten las trampas de su autobiografía. Sus juicios erróneos. Que los hay. Pero, sobre todo, lean los tres últimos capítulos. Los mejores. Es una cura contra la desidia.

CLAUDE LANZMANN: LA LIEBRE DE LA PATAGONIA. Seix Barral (Barcelona), 2011, 528 páginas. Traducción: Adolfo García Ortega.

Fuente:libertaddigital.com

jueves, 10 de febrero de 2011

Momento de lucidez de Sarkozy

Sarkozy también considera que el multiculturalismo es un 'fracaso'

Nicolas Sarkozy, durante su entrevista en la cadena privada de televisión TF1. | Reuters

El presidente frances, Nicolas Sarkozy, ha considerado este jueves que el modelo multicultural francés es un "fracaso" en Europa y en Francia. El mandatario galo se suma así a las declaraciones de la canciller alemana, Angela Merkel, y el premier británico, David Cameron, en pleno debate sobre el tema en Europa.

"Sí, es un fracaso. La verdad es que en todas las democracias, se está muy preocupado por la identidad de los que llegan y no por la del país que acoge", ha afirmado el presidente galo, interrogado sobre el asunto durante una entrevista concedida en horario de máxima audiencia a la cadena privada de televisión TF1.

"No queremos una sociedad en la cual las comunidades coexistan unas al lado de otras. Si uno viene a Francia, se acepta fundirse en una sola comunidad, la comunidad nacional. Si no se acepta eso, no se viene a Francia", insistió.

Fuente:elmundo.es


martes, 8 de febrero de 2011

Por una democracia real en Egipto - Charles Krauthammer

¿A quién no le gusta una buena revolución democrática? ¿Quién no se siente conmovido por la renuncia al miedo y la aspiración a recuperar la dignidad en las calles de El Cairo y Alejandría?

La euforia mundial que ha recibido al levantamiento egipcio es comprensible. Todas las revoluciones son extasiantes los primeros días. El idilio se podría perdonar si esto fuera el París de 1789. Pero no lo es. En los 222 años transcurridos en el intervalo, hemos aprendido cómo pueden acabar estas cosas.

El despertar egipcio conlleva promesa y esperanza y por supuesto merece nuestro apoyo. Pero sólo un ingenuo puede creer que el resultado democrático es inevitable. Y sólo un optimista a ultranza puede creer que en todo caso es el resultado más probable.

Sí, la revolución egipcia disfruta de amplio apoyo entre la ciudadanía. Pero también fue el caso de las revoluciones francesa, rusa o iraní. Realmente, en Irán la revolución solo triunfó –el shah tenía en contra a los mulás desde hacía tiempo– cuando los comerciantes, las amas de casa, los estudiantes y los laicos se unieron para deponerlo.

¿Y quién acabó tomando las riendas? El elemento más disciplinado, despiadado e ideológicamente comprometido: los radicales islamistas.

Este es el motivo por el que nuestro interés moral y estratégico primordial en Egipto sea la democracia real en la que el poder no se delega en aquellos que creen en unos comicios democráticos donde un hombre tiene derecho a un voto... una vez. Ese será el destino de Egipto en caso de que imperen los Hermanos Musulmanes. Ese fue el destino de Gaza, bajo el brutal yugo de Hamás hoy, la rama palestina de la Hermandad Musulmana (véase el artículo 2 de los estatutos de Hamás).

Nos cuentan los sagaces analistas occidentales que no hay que preocuparse por la Hermandad porque probablemente sólo representa al 30% de los votos. ¿Esto es motivo de tranquilidad? En un país en que la oposición democrática secular es débil y está dividida tras décadas de persecución, cualquier partido islamista que represente la tercera parte del voto gobernará el país.

Elecciones habrá. El principal objetivo estadounidense es orientar un periodo de transición que dé a los demócratas seculares una oportunidad.

La dinastía Mubarak es historia. Tiene 82 años de edad, es denigrado de forma generalizada y no se presenta a la reelección. La única cuestión es quién va a llenar el vacío. Existen dos posibilidades principales: un Gobierno provisional formado por fuerzas de la oposición, encabezado probablemente por Mohamed El Baradei, o un Gobierno interino dirigido por militares.

El Baradei sería un desastre. Como director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, hizo más que nadie por hacer posible una bomba nuclear iraní, encubriendo durante años a los mulás (tan pronto como abandonó el cargo, la IAEA difundía un informe notablemente duro y sin medias tintas acerca del programa).

Peor aún, El Baradei se ha aliado con los Hermanos Musulmanes. Una alianza de esta naturaleza es grotescamente desigual: los Hermanos Musulmanes tiene la organización, la disciplina y el apoyo amplio. En 2005, obtuvo aproximadamente el 20% de los escaños parlamentarios. El Baradei no tiene electorado propio, no tiene apoyos políticos, y no tiene ninguna experiencia política dentro de Egipto. Lleva décadas viviendo en el extranjero. Tiene aún menos arraigo de residente en Egipto que Rahm Emanuel en Chicago. Un caballero sin electorado aliado con un partido político muy organizado y poderoso no es sino un hombre de paja y un portavoz de fachada, un tonto útil del que los Hermanos Musulmanes prescindirán en cuanto deje de tener necesidad de una cara cosmopolita.

El ejército egipcio, por contra, es la institución más estable e importante en el seno del país. Es de corte occidental y desconfía con razón de los Hermanos Musulmanes. Y es ampliamente respetado, llevando el prestigio del "Movimiento de Oficiales Libres" de 1952 que derrocó a la monarquía y de la Guerra de Octubre de 1973 que restauró el orgullo de Egipto junto con el Sinaí.

El ejército es el mejor vehículo para guiar al país hasta unos comicios electorales libres los próximos meses. Si lo hace con Mubarak en la cúpula o con el vicepresidente Omar Suleimán, o tal vez con algún tecnócrata que no despierte las iras de los manifestantes, no es asunto nuestro. Si el ejército calcula que sacrificar a Mubarak (a través del exilio) satisfará a la oposición y pondrá fin a la agitación, que así sea.

El objetivo preferente es abrir un periodo de estabilidad durante el cual los laicos y el resto de elementos democráticos de la sociedad civil se puedan organizar (y prevalecer) de cara a las próximas elecciones. El Baradei es una amenaza. Mubarak se marchará de una forma u otra. La clave es el ejército. Estados Unidos debería decir muy poco en público y hacer todo lo posible a través de los canales no habituales para ayudar en el parto militar de –y después proteger– lo que todavía es una posibilidad remota: la democracia egipcia.

© The Washington Post Writers Group
Fuente:libertaddigital.com

Egipto y la Agenda de la Libertad - Jeff Jacoby

George W. Bush inició su segundo mandato con un discurso de investidura que situaba la promoción de las libertades democráticas en el corazón de su agenda internacional. En un pasaje memorable, prometía a todos los que vivían subyugados por "la tiranía y la desesperación" que los Estados Unidos no ignorarían su opresión ni justificarían a sus opresores. "Cuando os levantéis por vuestra libertad, estaremos con vosotros".

Enseguida, la Administración dejó claro que la Doctrina Bush se aplicaría también a países aliados como el Egipto de Hosni Mubarak. Cuando el destacado activista demócrata Ayman Nour fue detenido con cargos amañados y encarcelado, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, canceló la visita a El Cairo que tenía programada en señal de protesta. Rice sólo retomó sus planes cuando Nour fue puesto en libertad, y al llegar al país norteafricano –junio de 2005– pronunció una encendida defensa de la democracia y del derecho de la disidencia pacífica a ser escuchada.

En todo el Medio Oriente, el miedo a la libertad de elección no puede seguir justificando la denegación de las libertades. Es hora de prescindir de las excusas que se esgrimen para no afrontar la dura tarea de la democracia.

Nadie sabe cómo terminarán los levantamientos populares que sacuden hoy el mundo árabe desde Túnez hasta el Yemen, pasando, desde luego, por Egipto. Sea como fuere, varios seguidores y asesores de Bush están sosteniendo que lo que se está produciendo en la calle árabe viene a reivindicar la Agenda de la Libertad del anterior mandatario, que tantas burlas cosechó entre sus críticos. "Al final, como nos dicen esos manifestantes –ha escrito Elliott Abrams, viceconsejero de Seguridad Nacional del texano–, resulta que apoyar la libertad es la mejor política de todas".

Apoyar la libertad es la mejor política de todas, sí, siempre y cuando libertad se entienda como sinónimo de pluralismo democrático, Estado de Derecho, respeto a la dignidad humana y a los derechos de propiedad y protección de las minorías. ¿Es a esto a lo que aspiran los manifestantes de la Plaza de la Liberación de El Cairo? No hay duda de que muchos egipcios quieren realmente vivir en una democracia de corte liberal. Pero en una sociedad en la que el 84% de la gente es partidaria de aplicar la pena capital a los que abandonen el islam y donde la única oposición organizada y disciplinada es la antidemocrática Hermandad Musulmana, parece fuera de dudas que son igualmente muchos los que no lo quieren. Cuando Mubarak abandone la Presidencia –el otro día prometió no volver a presentarse–, ¿se producirá una transición ordenada a la democracia y el Estado de Derecho? ¿O la Revolución del Loto será secuestrada por los radicalmente contrarios a la libertad y a Occidente, que no están más interesados en la libertad de los egipcios de lo que lo está Mubarak?

Barack Obama.Si la política exterior estadounidense de los últimos años hubiera reflejado consistentemente la Agenda de la Libertad de Bush, si enrumbar el mundo árabe hacia un renacimiento de corte democrático hubiera sido una prioridad inconfundible, puede que Egipto ya estuviera en tránsito hacia un régimen más humano. Nunca lo sabremos. La Agenda de la Libertad no sobrevivió.

Desde luego, la promoción de la libertad y los derechos humanos no ha sido un objetivo clave de la actual Administración. Cuando, en 2009, Teherán aplastó las protestas de los demócratas locales, el presidente Obama rechazó implicarse en el asunto, no fuera a ser que se le viera "entrometiéndose" en los asuntos iraníes. Obama ha recortado drásticamente los fondos federales destinados a promover la sociedad civil y la democracia en Egipto. En el Discurso del Estado de la Unión no hizo la menor alusión a las convulsiones que ya se estaban registrando en Egipto, como tampoco dijo palabra del alarmante poder que está amasando Hezbolá en el Líbano. En cuanto a la absolutamente inédita revolución tunecina, la despachó con una sola frase en la parte final de su intervención.

Ahora bien, cabe recordar que el abandono de la Doctrina Bush no se produjo con el advenimiento de Barack Obama, sino en tiempos del propio Bush. El dramático exhorto de Rice no tuvo consecuencias. Cuando, unos meses más tarde, Mubarak se proclamó vencedor en unas elecciones tan grotescamente amañadas que la mayoría de los egipcios no acudió a las urnas, el embajador estadounidense, Frank Ricciardone, lisonjeó públicamente a aquél, a quien, en televisión, transmitió la "felicitación" de los Estados Unidos por su "gran logro". Y mientras Ayman Nour volvía a entrar en el prisión, Rice luchaba para evitar que el Congreso recortara los casi 2.000 millones de dólares en ayuda que El Cairo recibe de Washington todos los años.

Lo que pasó en Egipto pasó en muchas otras partes. En la Libia de Gadafi, en la Rusia de Putin, en Arabia Saudí y en Corea del Norte, el compromiso de la Administración Bush con la libertad y las reformas democráticas a menudo no pasó del plano de la retórica.

Sí, apoyar la libertad es la mejor política. No sólo porque la libertad es mejor que la estabilidad. No sólo porque la tiranía alimenta el extremismo. Sino porque es indigno de una nación tan grande y libre como la nuestra el no promover los valores que más estima. No debería hacer falta que la calle árabe entrara en ebullición para que recordásemos que la promoción de la democracia liberal siempre nos interesa.
Fuente:libertaddigital.com

Wyoming, Toledo y otros 'intelectuales' apoyan la nueva flotilla antiisraelí

Veamos de nuevo este video VOMITIVO




La "cultura" española, de nuevo del lado del islamismo radical: varios actores mienten en un vídeo de apoyo a la nueva flotilla a Gaza.

El Gran Wyoming, Willy Toledo, Alberto San Juan, el cantante (?) de Celtas Cortos, Juan Diego Botto o Hugo Silva son algunos de los representantes del autodenominado "mundo de la cultura" que han participado en un vídeo de apoyo a la nueva flotilla pro Hamás que partirá rumbo a Gaza la próxima primavera.

El vídeo lo ha lanzado rumboagaza.org, una organización creada por un grupo de activistas "de diferentes ciudades del estado español", como dicen en su propia web, entre los que destacan dos de los españoles que participaron en la primera flotilla "solidaria" de apoyo a la organización terrorista Hamas, Laura Arau y Manuel Tapial.

Hay que recordar que esta primera flotilla "solidaria" acabó con nueve muertos al recibir los "pacifistas" con un auténtico linchamiento a los soldados israelíes que iban a detener uno de los barcos.

Las imágenes son parte de una campaña de recaudación de fondos que incluye muchas más acciones, incluyendo la visita a colegios de primaria en los que, según ha podido saber Libertad Digital, con la excusa de recoger material educativo se pide a niños de primaria dinero para la organización.

Mentiras sobre Gaza

"Asfixiados, maniatados, silenciados (...) una cárcel a cielo abierto (...) derechos humanos pisoteados cada minuto"... aunque puede parecer que están hablando de Cuba éstas son frases que nuestros representantes "culturales" dedican a Gaza, por supuesto no por el terrible régimen islamista que está implantando Hamás a sangre y fuego sino al "bloqueo ilegal por parte del Gobierno israelí".

El video no tiene ningún reparo en utilizar mentiras varias en apoyo de sus tesis, algunas ya públicamente desmentidas incluso por los propios terroristas de Hamas.

Así, por ejemplo hacen referencia a la Operación Plomo Fundido, el ataque de Israel a finales del 2008 por el continuo lanzamiento de cohetes desde la franja, asegurando que "el 85% de los muertos eran civiles". La realidad es que la propia Hamás reconoció que más de 700 muertos eran miembros armados de su organización. Esto es: menos de la mitad de los fallecidos eran civiles... ¡según los propios terroristas!

En otras ocasiones se distorsionan los hechos hasta hacerlos irreconocibles: se dice que la ayuda humanitaria que llevaba la primera flotilla no llegó a Gaza, pero se olvida el pequeño detalle de que fue Hamás quién se negó a recibirla.

Tras estas mentiras se anuncia que en primavera una nueva flotilla tratará de "romper el bloqueo" para "aliviar la agonía" que padecen los palestinos, "devolverles la ilusión" y "reinventar sus anhelos".

Por último, invitan a la gente a que se "sume a la iniciativa" y se "embarque", eso sí, sin avisarles de la grata compañía que les acompañará en la ruta.

Fuente:libertaddigital.com

Despues de ver el video de los titiriteros , con el que seguramente Trini coincide , no me extraña que le llamen de todo.


Colonos judíos llaman 'nazi' a Trinidad Jiménez durante su visita a Hebrón

La ministra española de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, ha sido recibida hoy con abucheos e improperios por parte de un grupo de colonos judíos en la ciudad cisjordana de Hebrón, en su segundo día de visita a la zona.

Tras haber visitado una escuela palestina y recorrer algunas calles del casco histórico de esta ciudad rehabilitada por la Agencia de Cooperación Española, Jiménez fue insultada por al menos una decena de colonos que la tacharon de "antisemita", "nazi" y de ser una persona "que odia a Israel".

Los que profirieron los insultos eran en su mayoría hombres, tocados con una kipá o solideo bordado y vestimentas características de la corriente del sionismo religioso.

Ante los abucheos, la jefa de la diplomacia española siguió su recorrido con normalidad y explicó a los periodistas que "no pasaba nada, todo el mundo es libre de expresar su opinión".

El suceso tuvo lugar en las inmediaciones de la Tumba de los Patriarcas para los judíos, santuario conocido por los musulmanes como la Mezquita Ibrahim, donde se encontraban presentes soldados y policías israelíes que reflejaron cierta tensión por lo ocurrido.

Los colonos mostraban pancartas en español en las que se podía leer: "Hace más de 500 años España echó a los judíos a Hebrón, la pregunta es si ahora nos quieren echar también de Hebrón".

Expulsión de la ciudad

Y con un altavoz, el dirigente colono de Hebrón David Wielder acusó a Jiménez de apoyar el terrorismo palestino y preguntó al Gobierno español cómo se podía justificar la expulsión de los judíos de la ciudad.

El líder de los colonos en esta ciudad cisjordana aludía a la política que impulsa la comunidad internacional para que israelíes y palestinos alcancen un acuerdo de paz que culmine con la creación de un Estado palestino.

La seguridad en torno a la ministra estaba integrada por guardias civiles españoles y también había presentes fuerzas de seguridad palestinas.

Hebrón es la única ciudad cisjordana en cuyo interior residen colonos judíos, que veneran las tumbas de sus patriarcas Abraham, Isaac, Jacob y Sara, Lea y Rebeca.

Unos 600 judíos residen en el caso antiguo de Hebrón, rodeados por una población de más de 130.000 palestinos y son constantes las fricciones entre ambas comunidades.

Visita al Museo del Holocausto

Tras visitar el casco histórico de esta ciudad palestina, Jiménez tiene previsto regresar a Jerusalén para un encuentro con los medios de comunicación.

Posteriormente visitará el Museo del Holocausto, Yad Vashem, y se entrevistará con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y con su homólogo israelí, Avigdor Lieberman.

También se reunirá con el primer ministro palestino, Salam Fayad, en la residencia del cónsul general de España en Jerusalén.

El miércoles, último día de su periplo, estará dedicado enteramente a Cisjordania, donde se reunirá con el presidente palestino, Mahmud Abás, y su primer ministro, Salam Fayad, además de visitar una escuela en la localidad de Salfit, donde mantendrá un segundo encuentro con los medios.

Fuente:elmundo.es

lunes, 7 de febrero de 2011

sábado, 5 de febrero de 2011

David Cameron da por fracasado el multiculturalismo en Reino Unido

El primer ministro británico, David Cameron, ha sentenciado que el multiculturalismo ha fracasado en Reino Unido porque la política de tolerancia de los anteriores gobiernos laboristas ha convertido a los jóvenes en objeto vulnerable del radicalismo islámico.

David William Donald Cameron
En su primer discurso como jefe de Gobierno sobre las causas del terrorismo que anida en las sociedades occidentales, pronunciado en el marco de la conferencia de seguridad de Munich, el dirigente conservador ha subrayado que el Estado debe confrontar y no confraternizar con las organizaciones islámicas que se muestran ambiguas ante los derechos humanos universales, incluidos los de las mujeres y el respeto a otros credos. "Necesitamos menos de la tolerancia pasiva de los últimos años y más de un liberalismo muscular activo", ha afirmado.

El diagnóstico de Cameron sobre la necesidad de "construir un sentido de identidad nacional y local más fuerte" está en la misma línea de las críticas que la canciller alemana, Angela Merkel, lanzó cuatro meses atrás contra la resistencia a integrarse que presentan ciertos sectores de la comunidad musulmana de su país. El multiculturalismo ha supuesto "una fracaso completo" en Alemania, dijo la canciller.

Las palabras de Cameron han sido criticadas desde sectores musulmanes de la sociedad británica que se sienten victimizados y por representantes de la oposición laborista a causa de su coincidencia en el tiempo con una marcha de la ultraderechista Liga para la Defensa de Inglaterra, que ha congregado a tres millares de activistas en las calles de Luton. Esa localidad, próxima a Londres y una de las más deprimidas del Reino Unido, es escenario habitual de enfrentamientos entre jóvenes de origen paquistaní afectos a las proclamas del Islam radical y grupos de tinte neofascista. Allí residió Taimour Abdulwahab al Abdaly, el refugiado iraquí que el pasado diciembre se inmoló con una bomba en el centro de Estocolmo. Luton también fue la última escala de los terroristas que sembraron la muerte en el transporte público de Londres en 2005. Los cuatro miembros de esa célula que perpetró la primera oleada de atentados aquel verano en la capital británica eran ciudadanos británicos que nacieron y se criaron en Reino Unido.

A esa realidad ha aludido David Cameron cuando ha anunciado un escrutinio más severo sobre los grupos musulmanes que utilizan subvenciones públicas para difundir el mensaje del islamismo radical. "Juzguemos a esas organizaciones de la forma adecuada ¿Creen en los derechos humanos fundamentales, en la igualdad de todos ante la ley, en la democracia? ¿Alientan la integración o el separatismo?", ha planteado el primer ministro británico.

Aunque el político tory ha intentado trazar una clara distinción entre el islam como religión y lo que describió como "extremismo islamista", su discurso no fue bien acogido por el Consejo Musulmán Británico. "Confiábamos en que el nuevo gobierno de coalición (conservadores y liberaldemócratas) aportaría un cambio de énfasis en la política antiterrorista, pero de nuevo la comunidad musulmana es tratada como el centro del problema y no como parte de la solución", manifestó su secretario general, Faisal Hanjra.

El diputado laborista por Luton Richard Howitt, que intervino en la contramanifestación organizada en la ciudad frente a la marcha de la Liga para la Defensa de Inglaterra, ha declarado que el ataque de Cameron contra el multiculturalismo "supone una rendición ante la ideología de extrema derecha que no distingue entre las ideas moderadas y las fundamentalistas y socava el respeto y cooperación entre la gente de diferentes confesiones".

Para el primer ministro, sin embargo, los esfuerzos de integración deben de ir acompañados de una actuación muchos más severa ante los grupos radicales: "Europa -ha concluido en Munich- debe saber reconocer lo que pasa en el interior de las fronteras de nuestros propios países".

Fuente:elpais.com

Qué esconde el boicot contra Israel - BERNARD-HENRI LÉVY

Ya que hay que poner los puntos sobre las íes, pongámoslos.

Evidentemente, nunca he presionado a nadie para cancelar el mitin en apoyo a los partidarios del boicot contra Israel convocado en la Escuela Normal Superior y al que estaba previsto que asistieran Leila Shahid y Stéphane Hessel, entre otros.

Hubiera sido absurdo, pues, dado que, tanto por temperamento como por convicción, creo en la fuerza de las ideas y, aún más, en la de la verdad, en esta clase de circunstancias siempre soy partidario del debate, del choque de opiniones e incluso del enfrentamiento de convicciones, pero no de la censura.

Y el hecho es que, por el contrario, en esta ocasión particular, es decir, en el caso de esta campaña BDS ("Boicot, Desinversión, Sanciones") que iba a ser el eje del mitin de la Escuela Normal, me habría gustado poder dirigirme a los interlocutores de buena fe para presentarles textos, hechos y, en el fondo, evidencias que, según parece, han pasado por alto y prueban que estamos ante una campaña hábilmente orquestada, pero falaz, belicosa, antidemocrática y, para no callarme nada, completamente infame.

¿Por qué?

Primero, porque se boicotea a los regímenes totalitarios, no a las democracias. Se puede boicotear a Sudán, culpable de haber exterminado a una parte de la población de Darfur. Se puede boicotear a China, culpable de violaciones masivas de los derechos humanos en el Tíbet y en otros lugares. Se puede y se debería boicotear al Irán de Sakineh y Jafar Panahi, cuyos dirigentes hacen oídos sordos al lenguaje del sentido común y el compromiso. Incluso podríamos imaginar, como antaño con la Argentina de los generales fascistas o la URSS de Breznev, un boicot contra ciertos regímenes árabes en los que la libre expresión de los ciudadanos está prohibida y, si hace falta, se reprime a sangre y fuego. Pero no se boicotea a la única sociedad de Oriente Próximo en la que los árabes leen una prensa libre, se manifiestan cuando lo desean, envían diputados al Parlamento y disfrutan de sus derechos civiles. No se boicotea, se piense lo que se piense de la política de su Gobierno, al único país de la región -y más allá de la región, a uno de los países del mundo, por desgracia no tan numerosos- en el que los electores tienen el poder de sancionar, reorientar o derribar al mencionado Gobierno. De tal modo que presentar como fuente de su "principal indignación" el funcionamiento de una democracia que, como todas las democracias, es por definición imperfecta pero perfectible (y, en cambio, no decir ni una palabra sobre los millones de víctimas de las guerras olvidadas de África, sobre la caza de cristianos en Oriente o, no hace tanto, sobre la masacre de los musulmanes de Bosnia) es, en el peor de los casos, indigno, y en el mejor, profundamente estúpido.

Segundo, porque en realidad esta campaña de boicot pasa olímpicamente de las posiciones del Gobierno del señor "X" o de la señora "Y". No sabe nada, ni quiere saberlo, sobre lo que piensan los ciudadanos israelíes -por ejemplo, acerca de la reanudación de los asentamientos en Cisjordania-. Le importan un bledo las exigencias, parámetros y condiciones reales de la paz entre los ciudadanos en cuestión y sus vecinos palestinos. Y estos últimos, sus aspiraciones, sus intereses, sus posibles esperanzas y la manera en que el régimen de Hamás dio al traste con ellas en Gaza, le traen completamente al fresco -y tampoco dice nunca nada al respecto. No. Esta campaña de boicot, digan lo que digan sus promotores o sus tontos útiles, solo tiene un objetivo real, asumido y bien madurado, y es deslegitimar a Israel como tal. Es lo que quiere decir, implícitamente, la comparación con la Sudáfrica del apartheid. Es lo que quiere decir, explícitamente, la retórica antisionista que sirve de denominador común a todos los movimientos constitutivos de este BDS y que, si las palabras aún tienen sentido, significa que pretenden minar la idea que hoy, guste o no, cimienta la nación israelí. Y por eso esta campaña contraviene, en efecto, las formas, las reglas y las leyes del derecho internacional, y en Francia, también del nacional.

Y finalmente, en el centro de esta campaña, y en ciertos casos en su origen, hay gente de la que lo menos que se puede decir es que no se inspiran precisamente en los héroes de la Francia libre, ni en los redactores de la Carta Internacional de Derechos Humanos, ni en los partidarios de una paz justa entre los dos pueblos, el israelí y el palestino. Pongo a la disposición de todo aquel que lo desee las declaraciones de Omar Barghouti, uno de los iniciadores del movimiento, que afirmaba que su meta no son dos Estados, sino dos Palestinas. Las de Alí Abunimah -cofundador de Electronic Intifada y adversario, también él, de la solución de los dos Estados-, que no duda en comparar a Israel con la Alemania nazi y a algunos de sus filósofos con los editorialistas de Der Stürmer. Las de los dirigentes de Sabeel, un grupo de palestinos cristianos muy presente en América del Norte que, en su afán de dar un fundamento "teológico" a la idea de "inversión responsable", no teme reactivar, sutil pero inexorablemente, los estereotipos del judío asesino de Cristo. Por no hablar de las más que dudosas iniciativas que pretenden marcar las mercancías judías -perdón, israelíes- con autoadhesivos supuestamente infamantes y destinados a señalárselas al consumidor francés vigilante.

Todo esto es abrumador y, una vez más, incuestionable. Presentar como víctimas a los promotores de este discurso de odio dice mucho del estado de confusión intelectual y moral en el que se encuentra sumida esta Europa a la que queríamos creer curada de su peor pasado criminal.

Traducción: José Luis Sánchez-Silva.
Fuente:elpais.com