Casa de Israel - בית ישראל


Desde " Casa de Israel " trabajamos para hacer frente al antisemitismo , la judeofobia y la negación o banalización de La Shoá ( Holocausto) .
No olvidamos las terribles persecuciones a las que fue sometido el pueblo judío a través de los siglos , que culminaron con la tragedia de La Shoá .
Queremos tambien poner en valor y reconocer la fundamental e imprescindible aportación de este pueblo y de la Instrucción de La Torá , en la creación de las bases sobre las que se sustenta la Civilización Occidental.

"... עמך עמי ואלהיך אלהי ..."

lunes, 21 de febrero de 2011

Los comunistas de IZQUIERDA UNIDA aún no calificaron a Lenin , Stalin , Castro ,etc.. "personas non gratas" , pero si lo hacen con Shimón Peres .


persona grata para IZQUIERDA UNIDA

Amigo y persona muy grata para IZQUIERDA UNIDA

IU y otras asociaciones critican la llegada del presidente de Israel, al que califican de "persona non grata"

El presidente de Israel, Simon Peres, llegará mañana, martes, a España en su primera visita oficial como jefe de Estado. La presencia del presidente israelí levanta ampollas

entre varios movimientos sociales y políticos, que ya han organizado varios actos de protesta.

Hay quien va más lejos y pide que Peres haga un hueco en su apretada agenda y se acerque a la Audiencia nacional para declarar como testigo por el caso del asalto a la Flotilla de la Libertad en aguas internacionales en mayo de 2010. Así lo solicitan las acusaciones populares personadas en la causa, que reprochan a Israel "la escasa o nula colaboración que las autoridades israelíes muestran hacia cualquier investigación que le afecte".

Otros, como Izquierda Unida, la Asociación Hispano-Palestina "Jerusalén", la asociación Paz Ahora, la Federación de Musulmanes de España y la Revista "Transversales" solicitarán mañana, martes, una entrevista a los tres grupos municipales del Ayuntamiento de Madrid (PSOE, PP e IU), a los que pretenden entregar una carta pidiéndoles que no participen en la ceremonia prevista para el día siguiente, miércoles, en la que el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, entregará la llave de oro de la ciudad a Peres.

Los promotores de esta iniciativa y de otros actos de protesta consideran al presidente de Israel "persona non grata" y califican de "reprobable" su visita.

En declaraciones al programa Los desayunos de TVE, el presidente israelí aseguró que es consciente de las críticas hacia Israel, pero que él llega a España a crear una amistad no a enfrentar críticas. Peres defendió que Israel busca la paz con los palestinos en todo momento.

Fuente:publico.es

domingo, 20 de febrero de 2011

La izquierda antisemita ataca ante la visita de Shimón Peres a España.

IU llama a Casa Sefarad "brazo propagandístico del sionismo"

Izquierda Unida, el partido que se muestra encantado en la compañía de grupos terroristas como las FARC o dictaduras como la cubana, ha registrado una pregunta en el Congreso en la que insta al Gobierno a decir si apoya la "propaganda sionista" que, a su entender, hace la Casa Sefarad en España.

Según informa Efe, Gaspar Llamazares ha registrado esta pregunta con motivo de la visita oficial que inicia este lunes el presidente israelí, Simón Peres, durante la cual se inaugurará la sede de esta institución.

Casa Sefarad-Israel es un consorcio institucional creado en 2006 con la pretensión de profundizar en el estudio de la cultura sefardí, impulsar la cooperación entre la sociedad española y la israelí y fomentar un mayor conocimiento de la cultura judía.

Se creó en virtud de un acuerdo entre el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid.

Tiene un programa de actos y trabajo de perfil eminentemente cultural y social y perfectamente equiparable al de instituciones similares como la Casa Árabe o Casa Asia, ambas también en Madrid.

Sin embargo, para Llamazares "en muchas ocasiones da la sensación que esta institución actúa como simple brazo propagandístico del sionismo".

Así, Llamazares pregunta al Gobierno si "sigue apoyando a Casa Sefarad-Israel en su difusión de los puntos de vista sionistas, aceptando con normalidad la presentación de vulneraciones del Derecho internacional, las acciones de conquista militar y las vulneraciones de las Convenciones de Ginebra?".

También quiere saber si en los programas de intercambio con alumnos españoles se transmite información "sobre las leyes racistas que tiene Israel en ciudadanía, matrimonio (...)". Por supuesto, el diputado comunista no especifica cuáles son esas leyes racistas (probablemente porque no existen) ni pregunta por la legislación contra los palestinos que tienen todos los países de la zona.

Fuente:libertaddigital.com

La hostilidad hacia Israel, la única cosa que pondría de acuerdo a todos los egipcios - Dan Eldar - Haaretz

Fue una paz distorsionada desde el momento en que se firmó hace más de 30 años. La estratagia de "paz" de Egipto sólo tenía por objeto recuperar el Sinaí y obtener el apoyo generoso de los EEUU. Desde sus inicios estuvo llena de hostilidad y desconfianza hacia nosotros. Aparte de la suspensión de la beligerancia, los egipcios no impregnaron al tratado con cualquier elemento que conllevara a una paz plena y sincera con su antiguo enemigo.

Los sentimientos de hostilidad popular hacia Israel, el sionismo y el pueblo judío todavía están muy extendidas entre el pueblo egipcio. Los creadores de opinión pública, incluidos los intelectuales liberales y los medios de comunicación, que hasta ahora estaban controlados por las autoridades, desde hace años no dudan en demonizar a Israel y a sus dirigentes, demonizando de manera antisemita a los judíos e incitando al odio de Israel, todo ello desafiando el espíritu del tratado de paz. Egipto contempló el acuerdo de paz en el sentido más limitado posible. Sus dirigentes y responsables políticos, de Anwar Sadat en adelante, vieron sobre todo el proceso de paz con Israel como un medio de reducirlo a su "tamaño natural", es decir a las fronteras anteriores a 1967, privando a Israel de activos estratégicos.

Egipto, bajo el gobierno de Hosni Mubarak, prefirió retrasar el proceso de paz y la normalización entre Israel y el resto del mundo árabe tanto como fuera posible, a fin de preservar su legitimidad y liderazgo entre los países árabes en lo que respecta a las actividades diplomáticas, presentándose como el único e inevitable mediador regional.

Mubarak desempeñó un papel importante a la hora de frustrar las conversaciones entre israelíes y palestinos en Camp David en 2000. Con el apoyo de los medios de comunicación egipcios y de los clérigos musulmanes, advirtió a Yasser Arafat de que sería considerado un traidor si aceptaba las propuestas planteadas en dichas conversaciones, negándole la legitimidad que tenía para tomar decisiones sobre Jerusalén.

Egipto, por lo tanto, contribuyó al estallido de la segunda intifada, que le proporcionó una especie de guerra de desgaste contra Israel a través de los palestinos. Ese fue el paradigma egipcio de una paz con Israel: el control indirecto de un enfrentamiento de baja intensidad.

La combinación de sombría realidad nacional diaria en Egipto y su política de paz mínima con Israel a largo de los años, nos proporciona un pronóstico sombrío para el futuro de las relaciones entre los dos países. En las negociaciones con la oposición egipcia sobre el futuro del régimen, el ejército podría tener que mostrarse más tolerante con las fuerzas islamistas, aunque sólo fuera para preservar su condición de árbitro y de estabilizador.

La hostilidad hacia Israel, que está profundamente arraigado en la conciencia egipcia, y el apoyo de una creciente identificación con el Islam, podría convertirse en un vínculo entre los diversos elementos de la oposición y el ejército. Si la Hermandad Musulmana forma parte del próximo gobierno, se podría acelerar el deterioro de las relaciones con Israel, hasta el punto de que se deroge el tratado de paz, a pesar de las recientes declaraciones de los jefes del ejército.

El ejército egipcio, que no es necesariamente fiel a una ética laica como el ejército turco, podría cambiar su orientación hacia el tratado de paz con Israel. Su programa de entrenamiento aún considera a Israel como la amenaza principal. El deslizamiento hacia un ambiente de ruido de sables podría proceder gradualmente a partir de una estridente retórica anti-Israel por parte de los partidos de la oposición legal a través de demandas en los foros de las Naciones Unidas para que se realicen cambios en los acuerdos de desmilitarización en el Sinaí, junto con las demandas de inspecciones de las armas nucleares que Egipto afirma que posee Israel.

La política de Israel hacia Egipto, de la izquierda y la derecha por igual, ajustada en los últimos años a los parámetros de la paz fría y al distorsionamiento dictado por el régimen de Mubarak, aun mantiene una evaluación exagerada de la importancia regional de Egipto. Ahora, con la eliminación de Mubarak, parece que ha llegado el momento de actualizar esta política y preparar todas las herramientas diplomáticas y de seguridad a disposición de Israel para la posibilidad de una evolución negativa en el sur.
Fuente:safed-tzfat.blogspot.com

Un buen soldado utilizado por políticos mentirosos.


El hombre que lucha por la paz en Líbano

Hay gente que nace acojonada, pero yo no me encuentro entre ellos", asegura con su proverbial aplomo el general Asarta. "Cuando España me ha requerido, nunca he dado un paso atrás. Cumplo órdenes y las hago cumplir. En este país soy el responsable de una misión de mantenimiento de la paz y exijo que mis cascos azules tengan tan claras sus obligaciones como yo las tengo. Que sean escrupulosos con las reglas de enfrentamiento, respeten las tradiciones y religiones de los libaneses, sean ejemplares. Estamos en Líbano para solucionar problemas, no para crearlos. Hemos venido a colaborar, no a combatir. Y si se tiene que montar un lío... se montará. Pero mientras, hay que seguir trabajando duro y sin arrugarse para evitarlo. La historia nos dice que en Líbano no vale la pena vivir acojonado".
"No podemos ir contra Hezbolá por la sencilla razón de que es una formación legal y que forma parte del Gobierno"

Alberto Asarta es un aragonés directo, echado para delante y con un físico poderoso producto de quinientos saltos en paracaídas, años de servicio en la Legión y kilómetros de maratones. A punto de cumplir los 60, aún sale a correr de madrugada rodeado de escoltas entre las alambradas que protegen esta base militar perdida en Naqoura, en el sur de Líbano. Proyecta la imagen del perfecto soldado. Le gusta cultivarla. Lleva las mangas de su uniforme de campaña arremangadas sobre los bíceps, las botas como espejos y la boina azul soldada al cráneo. Disfruta cuando se le define como un líder: "Para eso me he preparado toda mi vida". Hijo y hermano de militares, tiene a gala haber sido formado en torno a valores que hoy suenan a trasnochados: disciplina, valentía, compañerismo, espíritu de sacrificio. Son su manual de estilo. Asarta es un conservador. Pero no un espadón nostálgico. Está más en la línea de los nuevos generales mediáticos estadounidenses. Diplomado en Estado Mayor, es un militar culto que se maneja en un buen inglés y francés y se define apolítico. "Como militar, represento el fiel de la balanza". En ese sentido es difícil pillarle en un renuncio. Cuando le muestro el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados del 7 de septiembre de 2006, donde queda escrito para la historia cómo Mariano Rajoy criticó la participación del Ejército español en esta misión en Líbano con reflexiones como la siguiente: "Hay que admitir con toda honestidad que las operaciones bajo mando de la ONU han sido un fracaso y en algún caso un desastre total", y le pido su opinión al respecto, rechaza comentar esas palabras: "De política no hablo".

-Pero usted es el responsable político de esta misión de Naciones Unidas...

-Mis cometidos implican estar en el nivel político, pero no soy un político. Soy un militar. Y cualquier cosa que diga se puede interpretar mal. Mi misión es dirigir la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para Líbano (Unifil) y aplicar la Resolución 1.701 del Consejo de Seguridad de agosto de 2006: monitorizar el cese de hostilidades con Israel, evitar acciones hostiles en nuestra área, ayudar a la población civil, apoyar el despliegue de las fuerzas armadas libanesas en esta zona del país hasta que se valgan por sí solas y establezcan una zona libre de armas entre la Línea Azul (la línea de retirada del Ejército israelí que funciona como límite con Israel y estamos demarcando) y el río Litani; desminar, reconstruir, auxiliar al Gobierno libanés (si nos lo pide) para que no entren armas en este territorio, intentar que las partes dialoguen... Debemos crear un entorno de seguridad y estabilidad que permita que se avance hacia un cese del fuego definitivo y poder comenzar un proceso de paz. Y para ello me relaciono con políticos. Les escucho e intento convencer de la necesidad de la paz. Nuestro papel es mediar. Las partes en conflicto nos han pedido que vengamos a ayudarles. Esa es nuestra legitimidad.

El momento donde es más palpable el trabajo de mediación de Asarta es en las reuniones del llamado Tripartito, que comparte cada mes con altos mandos israelíes y libaneses. Se trata del único canal de comunicación que estos dos países (que carecen de relaciones diplomáticas y nunca han rubricado el fin de las hostilidades que les han enfrentado 30 años) mantienen abierto. Los encuentros se celebran en tierra de nadie, en la Posición 1-32A de Naciones Unidas. Un lugar desolado, irreal y defendido por cañones del Ejército italiano, en el que no hay más señal de vida que un pequeño edificio desnudo cuyo tejado está guardado por tiradores de élite. Para llegar hasta aquí hay que franquear varios controles. El primero en llegar es Asarta. Su todoterreno avanza precedido por blindados del Ejército indonesio erizados de ametralladoras. Cuando desciende de su vehículo le rodea su equipo de protección personal, una docena de soldados de élite españoles. A continuación llegan los generales hebreos: jóvenes, uniformados con desenfado y con el subfusil al hombro; después, los libaneses, más maduros y hieráticos; mostacho árabe y boina negra. Asarta los recibe por separado. Se instalan en una mesa cuadrada en el interior de la casamata desnuda. Ni se miran. Asarta oficia de anfitrión. El ambiente adquiere la tensión de una cuerda de piano. Asarta define este foro como "militar y técnico; tratamos cuestiones como la demarcación de la Línea Azul y los posibles incidentes armados que se hayan producido en la zona y se ponen sobre la mesa los agravios. Este foro tiene un papel básico en la promoción del diálogo y la confianza entre las dos partes. Si están dispuestos a arreglar algunas de sus diferencias mediante el diálogo, habremos dado un paso hacia la normalización".

Las deliberaciones del Tripartito tienen carácter secreto. Los generales libaneses exigen que abandonemos la reunión. Salimos. En ese momento surca el cielo como un relámpago un avión de combate israelí. Según Unifil, los reactores del Ejército hebreo violan a diario el espacio aéreo libanés en misión de reconocimiento. Los israelíes afirman que seguirán realizando esos vuelos mientras las milicias de Hezbolá no entreguen las armas. Y viceversa. "Los dos bandos tienen razón; las dos son violaciones de la 1.701", reflexiona Asarta. "Ambas partes están obligadas a cumplir los acuerdos; somos testigos y árbitros, pero no podemos hacerles cumplir la resolución por la fuerza. No podemos evitar los vuelos israelíes ni podemos registrar las casas de los libaneses. Yo no he visto esos arsenales de Hezbolá de los que habla Israel. De lo que sí tengo constancia es de las violaciones aéreas. Y en el asunto de desarmar a las milicias, la responsabilidad no es nuestra, sino del Ejército libanés, y estamos dispuestos a ayudarles si lo solicitan".

Alberto Asarta es el primer español al frente de una operación de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas desde que se iniciaron en 1948 para observar el alto el fuego entre Israel y los países árabes. La comunidad internacional le ha investido con plenos poderes. Es jefe de la misión, representante del secretario general de la ONU y comandante de la fuerza. Mientras se desarrolla una misión de este tipo, los contingentes de cada país están bajo mando de Naciones Unidas a través del Force commander. Asarta (cuya candidatura fue propuesta por el Gobierno español y al que cada año Naciones Unidas debe confirmar al frente de la misión) está obligado a ser una mezcla de soldado, diplomático y árbitro. Un hombre bueno que aplique el palo o la zanahoria para evitar que la herida nunca cicatrizada entre Líbano e Israel se vuelva a abrir. Para lograrlo tiene a sus órdenes más de 12.000 soldados de 35 países. Una fuerza que incluye blindados, artillería, misiles, radares, fragatas y helicópteros. España cuenta con más de 1.000 hombres y mujeres en el Sector Este del país. Además, Asarta cuenta con un equipo de 1.000 civiles de 80 países y de una eficaz maquinaria de cooperación internacional para reconstruir las infraestructuras del sur de Líbano y reactivar su economía a través de proyectos de impacto rápido y microcréditos. Una estrategia ya practicada en otros países en conflicto, como Afganistán, para ganarse los corazones y las mentes de la población. La clave es que los libaneses no perciban a los cascos azules como un ejército de ocupación, sino como un ejército de paz. Lo explica Asarta: "No podemos ir contra Hezbolá por la sencilla razón de que es una formación legalizada, que forma parte del Gobierno y está reconocida por el propio presidente libanés como uno de los pilares de la defensa del país. Son una parte importante de la población entre la cual vivimos, tenemos que convivir con ellos, no podemos ir a contracorriente. Hay que lograr la confianza de la gente y que al mismo tiempo el Ejército libanés se vaya haciendo cargo de la situación".

Asarta forma parte de la primera generación de oficiales españoles que salieron al mundo tras permanecer cuatro décadas encerrados por la dictadura franquista a cargo de la vigilancia del país. A comienzos de los noventa, cuando era un joven comandante, ya participó en la misión de pacificación de El Salvador. Después ocuparía destinos en rincones tan dispares como Bosnia, Estrasburgo, Argentina o Irak. En este último país, en abril de 2004, entraría en combate contra los islamistas del Ejército de Mahdi, que intentaban asaltar la base española que mandaba en Nayaf. La refriega se saldó con decenas de bajas iraquíes. Las imágenes de aquellos días muestran al zurdo Asarta, cubierto con casco y chaleco antibalas, abriendo fuego entre sacos terreros contra un enemigo invisible. Por aquella acción de guerra, el presidente Zapatero le premió, junto a cinco de sus soldados, con la Cruz al Mérito Militar con Distintivo Rojo. Cuando a lo largo de la conversación le recuerdo aquellas escenas terribles, zigzaguea entre el orgullo del soldado que ha ganado una batalla y la tristeza del que ha visto morir en el campo de batalla. "Nunca olvidaré aquellos días; los ataques de la insurgencia... Llamaba a mi mujer en España y le decía: 'Nos están atacando de nuevo'. Y ella escuchaba las explosiones... Aguantamos bien. Era mi obligación. De vuelta a España estuve fastidiado. Son cosas que no te gusta ver. Que marcan. Creo que hicimos lo que teníamos que hacer y volvimos todos vivos. No tengo de qué arrepentirme. No fuimos a Irak a hacer la guerra. Pero al final las cosas se torcieron. Actuamos de acuerdo a unas reglas de enfrentamiento que eran muy restrictivas en el uso de la fuerza. Durante la batalla no disparábamos contra las ambulancias, aunque nos constara que estaban trasladando a combatientes; no disparábamos contra los que fingían estar muertos; no destruíamos edificios donde podía haber población civil aunque hubiera tiradores emboscados. Mis órdenes fueron defensivas. Teníamos unas reglas. Y si nos las saltábamos, podíamos acabar ante un tribunal".

-¿Mató usted a alguien?

-Prefiero no pensarlo.

Suena la llamada a la oración desde una mezquita vecina al cuartel general de Unifil y se cuela al despacho del jefe, amplio, convencional y pobremente amueblado, como todo este complejo de Naciones Unidas que ha crecido desde unas tiendas de campaña en mitad de la nada hasta convertirse en un enorme complejo militar y logístico que cubre las necesidades de los 12.000 soldados desplegados al sur del Litani. El recinto está amurallado con bloques de hormigón. Frente al escritorio del Force commander, una fotografía de él mismo arrojándose en paracaídas en 1978 ocupa un lugar preferente. "Así no me olvido de dónde vengo. Que dios me libre de las moquetas. Los despachos pueden hacerte perder la cabeza".

Asarta insiste en que es un hombre de acción. Feliz sobre el terreno. Ante una bota de tinto. O compartiendo un narguile, esa pipa oriental a la que se ha aficionado en Líbano. Le gusta mezclarse con sus soldados. Lo comprobaremos durante una visita a la zona de Marwahim, en el límite con Israel, donde un equipo de zapadores italianos limpia de minas el campo. Hay miles sembradas por el Ejército israelí tras su retirada. Deben localizarlas y destruirlas. Son pequeñas cajas de un plástico parduzco que se confunde con el terreno y ochenta gramos de explosivo en su interior. Su objetivo es mutilar. Retirarlas es un trabajo de alto riesgo. Asarta desciende de un salto de su helicóptero y los trata con afecto. Repite el mensaje que acostumbra: "Soy uno de los vuestros".

En las distancias cortas, el general resulta un tipo sobrado, empático, campechano; con un abrazo de oso y una gran sonrisa, elementos que le son útiles en su relación con los jefes tribales. Sabe que debe ganarse su confianza. Cualquier paso en falso de las tropas de Unifil podría herir las susceptibilidades de los libaneses, enojar a las milicias y causar un estallido de violencia. Ese escenario de conflicto se produjo a comienzos del pasado mes de julio cuando el contingente militar francés (poco dado a las sutilezas) se extralimitó en sus funciones de vigilancia registrando domicilios con perros y tomando fotografías. Llovía sobre mojado. En esos mismos días, los partidarios de Hezbolá comenzaban a movilizarse en todo el país en contra de las investigaciones del Tribunal Especial de la ONU para Líbano, encargado de procesar y juzgar a los responsables del asesinato en 2005 del primer ministro sunita, Rafiq Hariri, en Beirut. Las investigaciones del tribunal sitúan a Hezbolá como responsable. Un revés contra la imagen que ha cultivado de ser la resistencia del Estado libanés contra el sionismo. De ser un valor nacional. La organización chiita no estaba dispuesta a beber el cáliz del descrédito. Y comenzó a desestabilizar todo el país. Hasta derribar al Gobierno el pasado enero. Por eso, cuando los soldados franceses se comportaron al sur del Litani más como guerreros que como guardianes de la paz, la respuesta de los lugareños fue inmovilizar sus patrullas, apedrear sus vehículos, herir a uno de sus hombres y sustraerle las armas. La situación se le estaba escapando a Unifil de las manos. Tres días después, Asarta se vio obligado a aplacar los ánimos durante una reunión con los líderes locales, a los que pidió disculpas. Iría aún más allá al día siguiente con una carta pública de dolor de los pecados por el comportamiento de sus soldados. La iniciaba con este sentido párrafo: "Como un hombre de paz; como una persona que ama profundamente a este pueblo, os dirijo estas palabras en un espíritu de total sinceridad desde lo más profundo de mi corazón". Encaje de bolillos.

Hace un año, tras ser nombrado jefe de Unifil, un grupo de amigos regaló a Asarta un capote de matador con sus estrellas de general bordadas en la esclavina. Era una forma castiza de desearle suerte. La iba a necesitar. En este pequeño país atrapado entre Oriente y Occidente, entre los petrodólares saudíes y los iraníes, que se debate para mantener un precario equilibrio entre las 17 confesiones religiosas que lo forman, alberga a miles de refugiados palestinos y está a tiro de las posiciones israelíes de la División Galilea, han muerto desde 1975 más de 200.000 personas víctimas de los enfrentamientos. En 2006, durante los 34 días de guerra no declarada entre Hezbolá y el Ejército hebreo, murieron 1.500 libaneses y 120 judíos. Barrios enteros en los suburbios chiitas del sur de Beirut fueron arrasados por los ataques aéreos de Israel y 100.000 viviendas quedaron destruidas en el sur del país. En su campaña contra Hezbolá, el rodillo militar israelí borró del mapa puentes y carreteras, aeropuertos y centrales eléctricas. En Beirut son evidentes las huellas de los bombardeos en Dahiya, el suburbio chiita de la capital donde Hezbolá dirige hasta el tráfico. Y aún más aquí, en el sur, un territorio que sufrió durante dos décadas la ocupación por parte de Israel. Hezbolá, el Partido de Dios, monopolizó durante ese periodo la resistencia, el poder político y religioso y los servicios sociales. Esta formación sigue gobernando de facto este territorio de 2.500 kilómetros cuadrados y 700.000 habitantes rodeado por una precaria frontera de 121 kilómetros con Israel. Su población recibió el pasado octubre al presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, como a su líder natural. "Este es un tablero con blancas y negras, pero al mismo tiempo hay otros jugadores que juegan en el mismo tablero partidas simultáneas", analiza Asarta. "Y su juego influye y confluye en este territorio. Hoy se puede iniciar un conflicto en Líbano al margen de los dos países que juegan la partida principal y por eso nuestra misión se desarrolla en un contexto más amplio que el área de operaciones sobre el que tenemos autoridad. Lo que ocurra en Palestina, Egipto, Irán, puede afectar a la frágil situación de Líbano. Y esa coyuntura crea una enorme inestabilidad en nuestra misión. Aquí se dilucidan intereses que no son precisamente los del pueblo libanés".

Cruzar el sur de Líbano desde Naqoura hasta Marjayoun, donde está localizada la base Cervantes, que concentra al contingente español, permite sumergirse en el feudo de Hezbolá. Cada pueblo que atravesamos fue machacado por los bombardeos israelíes en 2006. Los aún visibles impactos de la artillería contrastan con nuevos palacetes y pequeños negocios financiados por las remesas del exterior y la cooperación internacional que han surgido en estos cuatro años de paz. A la entrada de cada poblado nos reciben enjambres de banderas amarillas de Hezbolá adornadas con Kaláshnikov, los retratos de los jóvenes kamikazes islámicos y las imágenes de Jomeini; las plazas de Tibnin, Tulin, Markaba o Ett Taibe están decoradas con piezas de armamento sustraído al invasor israelí. Todo remite a la guerra. Es imposible tomar imágenes. Hezbolá no lo permite. En los puntos estratégicos de nuestro recorrido se distinguen grupos de jóvenes barbudos con motocicletas y móviles vigilando los movimientos de los vehículos. Muchas mujeres visten chador. En El Adeisseh todavía se aprecian las ruinas de un puesto del ejército bombardeado por los israelíes en agosto tras un enfrentamiento en la Línea Azul que se saldó con cuatro muertos. Pero donde mejor se escenifica la tensión entre Líbano e Israel es en Kafer Kela, a unos pocos metros de la localidad israelí de Metulla. Aquí los soldados de ambos bandos se ven las caras a diario; se escupen, insultan, apuntan con sus armas. "Un detalle absurdo puede provocar un tiroteo, y eso puede llevar a una guerra", describe Asarta. "Hay que prestar muchísima atención a la Blue Line. Una de nuestras preocupaciones es evitar esos incidentes que pueden desembocar en miles de muertos".

Unos pocos kilómetros antes de llegar a Marjayoun, un humilde monolito en una carretera sin nombre recuerda a los seis soldados españoles que murieron en este punto a causa de un atentado el 24 de junio de 2007. Sigue sin conocerse la autoría. Fue reivindicado por Fatah al Islam, un grupo terrorista suní vinculado a la red Al Qaeda y enemigo de Hezbolá. ¿Quién mató a los españoles? Nadie parece saberlo. En Líbano todo es posible. La guerra está enquistada. Y muchos piensan que el trabajo de Unifil es otro parche de la comunidad internacional. Asarta no es de esa opinión. Inveterado optimista, ha acuñado un reclamo publicitario para este territorio martirizado por 30 años de guerra y que él cree que algún día podrá vivir en concordia: "Si buscas la paz, vente al sur".

Fuente:elpais.com

Netanyahu ve 'con gravedad' el paso de buques de guerra iraníes por el Canal de Suez


Buque de guerra iraní

Hoy más que nunca, Irán es el asunto que más preocupa al Gobierno israelí. Los últimos y convulsos acontecimientos en Oriente Próximo han consolidado el temor en Israel ante lo que todos los expertos locales consideran un "Irán crecido y muy motivado" por la marcha del presidente egipcio, Hosni Mubarak.

A raíz del paso de dos buques de guerra iraníes por el Canal de Suez -según la televisión estatal de Irán ya se encuentran navegando en el Mediterráneo hacia las costas sirias aunque Egipto lo niega- el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha declarado que "Israel ve con gravedad este paso iraní". "Este, como otros acontecimientos, refuerzan lo que digo y repito, que las necesidades de seguridad de Israel han aumentado", ha asegurado.

Con el pensamiento puesto en este hecho -barcos de guerra iraníes cruzan el estratégico Canal de Suez por primera vez desde la revolución islámica del 79- Netanyahu ha hecho alusión directa a las revueltas en el mundo árabe e indirecta a la caída de Mubarak, su aliado regional frente a Irán. "El aspecto más importante para nosotros en todas las negociaciones de paz es la seguridad. Es fundamental en cualquier acuerdo de paz y hoy podemos ver en qué región inestable vivimos. Una zona en la que Irán intenta aprovecharse de la situación creada para ampliar su influencia como por ejemplo con el paso de dos buques de guerra por el Canal de Suez".

El ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, ha reiterado que se trata de "una provocación de Irán".

Veto de EEUU en la ONU

Asimismo, Netanyahu ha aprovechado su intervención semanal al inicio de la reunión del Ejecutivo para agradecer a Estados Unidos el veto a la resolución de condena del Consejo de Seguridad de Naciones contra las colonias israelíes en Cisjordania. Según él, "el único camino hacia la paz son las negociaciones directas e Israel mantiene su compromiso para llegar a un acuerdo definitivo que garantice paz y seguridad".

Para Netanyahu, el veto es una victoria técnica pero también una derrota diplomática que insinúa un futuro cada vez más complicado. "El presidente Barack Obama no concede su primer veto de su mandato de forma gratuita", nos dicen fuentes del Gobierno de Netanyahu donde crece el temor que EEUU les pasará factura en los próximos meses por haberse quedado el pasado viernes solos en la comunidad internacional.

Ciertamente Obama ha mostrado su enfado con el presidente palestino, Abu Mazen por no retirar o suavizar la resolución antiisraelí pero tampoco se ahorrará su enorme disconformidad con Netanyahu.

Mientras, algunos líderes palestinos exigen un 'Día de la Ira' contra Washington por el veto en Nueva York y atacan con una dureza sin precedentes a Obama. "Se trata de una decisión parcial y lamentable que daña la credibilidad de EEUU", afirma el dirigente de la OLP, Yasir Abed Rabbo que reconoce que se replantearán ahora el proceso de paz. Aunque Abu Mazen haya criticado el veto norteamericano, espera que no afecte de forma significatica la relación entre ambas partes. Una relación, por otra parte, de dependencia de la Mukata de Ramala en la Casa Blanca.

Fuente:elmundo.es


Israel sigue creciendo . Malas noticias para muchos .




La economía israelí ha crecido un 7,8% en el último trimestre de 2010, una neta aceleración que ha llevado al crecimiento anual de 2010 a un 4,5%, según ha informado la Oficina Central de Estadísticas. La progresión del PIB alcanzó un 4,4% en el tercer trimestre, y un 5,2% durante el segundo trimestre.

Este crecimiento anual es muy superior a la media de la OCDE (2,8%), organización a la que se ha integrado Israel el año último.

Los mismos analistas se han sorprendido, esperaban un crecimiento del 4% para el último trimestre de 2010.

El mes pasado, el FMI elogió los "sólidos fundamentos" y la "resistencia" de la economía israelí en 2010.

"Israel se vio afectada moderadamente por la recesión mundial después de una desaceleración en 2009, la producción debería crecer un 4% en 2010", dijo el FMI mientras señalaba la disminución del desempleo del 8% en 2009 al 6% en 2010.

Según las proyecciones del FMI, el PIB se espera que tenga un crecimiento del 3,5% en el 2011, mientras la tasa de desempleo debe caer de nuevo hasta el 5,5%, alcanzando las reservas de divisas el registro de 74 mil millones dólares (contra 70,9 mil millones en 2010).

PIB per cápita se estima actualmente en 27.904 dólares por año.

Por su parte, el Banco de Israel, el mes pasado, siguió las recomendaciones del FMI y anunció un incremento de 0,25% de su tasa de 2,25% con el fin de mantener la inflación bajo control, la cual debería llegar al 2,6% este año frente al 2,7% en 2010.

El Banco Central también ha justificado su decisión por el aumento de precios de la vivienda (17,3% en 2010).

El aumento de la tasa de interés dará lugar a mayores tasas de interés para los préstamos de vivienda concedidos a los particulares por los bancos.

Fuente:safed-tzfad.blogspot.com

«Israel entiende que no puede ser una isla de prosperidad en un océano turbulento»


Shimón Peres durante la entrevista en su oficina de Jerusalén

Ramón Pérez-Maura
/ JERUSALÉN , para ABC

El Presidente de Israel, Simon Peres, es el premio Nobel de la Paz que preside un Estado asediado por vecinos que buscan destruirlo

Nació en 1923 en Wiszniewo, Polonia (hoy Vishneva, Bielorrusia). Con veinte años ya era un activista político del movimiento juvenil Hanoar Ha'oved Vehalomed. Entró en la Knesset en 1959 y fue ministro por primera vez en 1969. Desde entonces ha pasado por las carteras de Absorción, Transporte y Comunicaciones, Defensa —dos veces—, Economía, Relaciones Exteriores —cuatro—, vice primer ministro —dos— y primer ministro —otras dos. Mañana visita España oficialmente en el 25 aniversario de nuestras relaciones diplomáticas.

—¿Cómo puede afectar a Israel la revolución egipcia? ¿Le preocupa?

— No. Al contrario. En este principio del siglo XXI el gran problema de Oriente Medio es la pobreza, que no es algo nuevo en Egipto. La revolución —si queremos llamarla así— fue una sorpresa, un levantamiento contra la falta de libertad. ¿Por qué? La nueva generación que ya tiene los modernos medios de comunicarse —facebook, Internet...— sintió que a los pobres se les daba una voz, a la falta de libertad se le daba una imagen y a ambos una agenda. Hemos visto cosas que no habíamos visto antes. Porque el problema de Egipto no es cambiar de Gobierno. Es cambiar las circunstancias. Desde la Revolución de 1952 su población se ha multiplicado por siete, de doce millones a ochenta. El verdadero problema es cómo cumplir con las expectativas de los manifestantes. Cómo tener una vida mejor y más libre. Y lo único que puede vencer a la pobreza y la falta de libertad es la ciencia y la tecnología. Israel no tiene ni territorio, ni agua. Y aún así, tenemos la mejor agricultura del planeta. La agricultura es 95 por ciento tecnología. Rusia es mil veces más grande que Israel. Rusia tiene mil lagos de agua dulce. Israel tiene dos lagos. Uno está muerto y el otro está muriéndose. Y aún así, exportamos zanahorias a Rusia, lo que es increíble. No somos gente superior: empleamos tecnología superior. La mayoría de los árabes no estaban listos para aceptar la democracia. Creían que esa era una «religión» diferente. Y la estructura familiar, en la que el marido es el jefe absoluto, no ayuda a promover la democracia.

—¿Y por qué no ayuda eso?

—Por que no quiere compartir su autoridad con el resto de la familia, con las mujeres. Y si una nación no emplea a las mujeres, es sólo media nación. Si las mujeres carecen de educación, los niños tampoco la tienen. Y la joven generación que ha ido a la Universidad se ha sublevado contra esto. La tecnología moderna pide transparencia, apertura, relaciones globales. Hemos visto el efecto de la economía global basada en la ciencia en China, en la India, en Indonesia... No hay ninguna razón por la que esto no pueda pasar en el mundo árabe. Esta revolución es muy única en la historia. No fue hecha por un ejército, no fue obra de una religión, no fue organizada por un partido político. No fue organizada en absoluto. Apareció como un tornado lleno de fuerza. Los egipcios están abordando su propio futuro, sus problemas sociales. No hay demagogia barata. Ha sido relativamente incruenta... yo no puedo recordar otro caso así. Y sobre el pasado, que juzgue la Historia. Sobre el futuro, dejemos al pueblo que escoja.

—Pero ¿no ha dado Israel la impresión de estar en el lado equivocado, junto a Mubarak?

—¿Cree usted que los revolucionarios hubieran agradecido tener apoyo de Israel? Creo que estar callados era la mejor política posible. Otras grandes revoluciones, en Irán, en el Líbano con Hizbolá ¿qué están prometiendo a su juventud? Diseminan el odio, promueven la beligerancia, usan la fuerza... Así que cuando comparamos la revolución en Irán, o Líbano con la de Egipto, debemos decir que ésta llevaba una sonrisa y una esperanza.

—¿No le preocupa que esa sonrisa y esperanza se extienda a otros países en el entorno de Israel?

—¿Por qué no? Espero que todo Oriente Medio sea democrático, próspero. Israel entiende perfectamente que no puede ser una isla de prosperidad en un océano turbulento. Cuando lo eres sabes que el mar es mucho mayor que la tierra. Y afecta a la isla más de lo que ésta afecta al mar.

—Frente a la amenaza que supone el rearme iraní, ¿se siente Israel suficientemente apoyado por la UE?

— No lo analizamos así. Creemos que Irán es un problema para Europa y para América. No es cuestión de apoyar a Israel. Son peligrosos para el mundo. El terrorismo es peligroso y puede conllevar armas nucleares y sería una catástrofe. ¿Qué está prometiendo la revolución iraní y a quién? Se gastan dinero en acumular armas increíbles, la economía iraní se ha empobrecido respecto a lo que era —con excepción del petróleo— y están siguiendo una senda religiosa. ¿Quién creó la senda religiosa? Sólo sus líderes. ¿Qué líderes? Los grandes líderes como Jamenei. Un veterano político que odia a los Estados Unidos y a nosotros también. ¿Cuál es el propósito de esta revolución? ¿Qué promete y a quién? Yo creo que no tienen un mensaje. Y enriquecer el mensaje es más importante que enriquecer uranio.

—Las filtraciones de Wikileaks sobre las negociaciones de Israel con la Autoridad Palestina, ¿han minado la credibilidad de sus interlocutores? ¿han aportado información nueva?

—No, no mucha. El problema es que las negociaciones son complicadas. Primero se negocia con tu propia gente, que está a favor de la paz, pero son reticentes al coste de esa paz: «por qué estamos haciendo tantas concesiones, por qué nos estamos fiando de la otra parte...» Esto pasa a ambos lados de la mesa. Las negociaciones empiezan con exigencias y expectativas muy altas y grandes declaraciones. Pero después hay que negociar calladamente, discretamente, hasta llegar a la posición de mínimos. Y ahí todo es distinto. Para tener una negociación exitosa se necesita que el proceso entre el punto de partida y la posición de mínimos se mantenga en secreto. Si no, cada día los medios criticarán todo lo que se haga o diga. Las negociaciones tienen que ser como una película de Hollywood: Lo bueno tiene que ser el final, no el arranque. Y si se publica todo, eso tiene un coste. Hay dos cosas en la vida que no se pueden alcanzar sin cerrar un poco los ojos: el amor y la paz.

—¿Ve algún riesgo de que los movimientos populares que hemos visto en las últimas semanas se desaten en Gaza o en Cisjordania?

—Gaza es un problema y le voy a decir por qué. Gritan contra la ocupación israelí. Pero no hay ninguna ocupación israelí en Gaza. Israel se fue de Gaza unilateralmente, por iniciativa propia. Tuvimos que devolver a casa a 74.000 policías. Hemos tenido que pagar 2.500 millones de dólares en compensaciones y después de salir, Gaza se ha convertido en una base de misiles y para el terrorismo. ¿Por qué? No podemos entenderlo. Y Hamas, que desbancó a Fatah en Gaza, que mató a los dirigentes de Fatah lanzándolos desde los tejados... ¿qué quiere? Porque si cesara el terrorismo Gaza sería reabierta. No podemos ser razonables en una región en la que lo racional se detiene cuando empieza lo sagrado. Y eso hace las negociaciones de paz muy difíciles. Porque muchos israelíes dicen: «tened cuidado, que lo que pasó en Gaza no se repita en Cisjordania».

—El hecho de que Hamas ya haya rechazado las elecciones convocadas para otoño ¿no demuestra que su pasión por la democracia se acaba cuando ganan una elección?

—Ellos creen que la democracia es un método que dura 24 horas. Se celebran elecciones y ahí acaba la democracia. No entienden que es una civilización, no una técnica. No se trata de tener una votación libre, sino un país libre. Y hemos visto muchos países en los que se ha empleado una elección libre para dar el poder a un Gobierno que está contra la democracia. Pasó en Alemania con Hitler.

—Su experiencia ¿le permite avizorar una solución al problema Jerusalén—asentamientos—desplazados?

—Yo no puedo hablar en nombre del Gobierno. Ehud Olmert propuso una solución. Si ha ocurrido en el pasado, ¿por qué no ahora? Yo no puedo comprometerme con ello porque es una decisión del Gobierno. Pero hemos visto que han negociado incluso sobre Jerusalén y no estábamos lejos de una solución. El corazón de la ciudad santa tiene dos kilómetros cuadrados. Un kilómetro es el Templo del Monte y el otro es la ciudad vieja. En esos dos kilómetros cuadrados hay cien lugares sagrados: mezquitas, sinagogas, iglesias... cada religión debe hacerse cargo de sus santos lugares.

—¿Dónde están hoy las relaciones bilaterales entre España e Israel?

—¿Comparamos con la Edad Media y el rencor a los judíos, la Inquisición...? Mire ahora a las relaciones entre el Estado Vaticano e Israel. Es una revolución. Desde tiempos de Jesucristo hasta hoy no hemos tenido tan buen entendimiento. España es, básicamente, un país católico. Y la expulsión de los judíos en 1492 no fue una simple interrupción de la historia. Eso fue corregido hace veinticinco años. Lo hicimos con Felipe González, que era el presidente del Gobierno, y con el pleno apoyo del Rey. Tras un paréntesis de más de quinientos años, nada es fácil. Nuestras relaciones hoy son básicamente buenas. Pero hay una tendencia en los medios españoles a criticar a Israel. Y no lo aceptamos con facilidad. El Estado de Israel tiene 63 años. No hay ningún otro país que fuera atacado siete veces en 63 años. Que ha sufrido dos intifadas. Que perdió a sus mejores hijos en la guerra a lo largo de estos años. Lo hicimos solos. Tuvimos el apoyo de los Estados Unidos y de Francia, pero nunca les pedimos a ellos que lucharan por nosotros. Hemos tenido una vida dura. Nosotros sentimos que somos atacados no porque seamos diferentes, sino porque somos pequeños. Para nosotros, históricamente, ha sido muy difícil defender nuestras vidas. Con España tenemos hoy una buena cooperación comercial, empieza también la científica. Y yo miro al frente, no atrás.

La renovada utopía socialista del kibbutz

jueves, 17 de febrero de 2011

Baruj habá Nasí .



Desde " Casa de Israel" queremos dar la bienvenida a Sefarad a Shimón Peres , Presidente de Israel .
En esta tierra tan judía , por mucho que le pese a muchos , somos pocos los que estamos al lado de Israel . Sabemos que esta visita no va a ser facil para el Presidente Shimón Peres, ya que va a tener que soportar los falsos abrazos de un gobierno situado claramente en contra de Israel.
Desde " Casa de Israel" queremos expresarle todo nuestro cariño , y desearle , a pesar del gobierno que sufrimos , una feliz estancia en la antigua Sefarad.

Comunicado de la Embajada de Israel en España


Visita Oficial del Presidente de Israel, Excmo. Sr. Shimon Peres

21 de Febrero de 2011

En el marco de la celebración del 25º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre España e Israel, el Presidente del Estado de Israel, Excmo. Sr. Shimon Peres, Premio Nobel de la Paz, realizará su primera visita oficial a España como jefe de estado, los próximos días 21 al 24 de febrero de 2011.

Durante su visita, el Sr. Peres será recibido en audiencia por S.M. el Rey en el Palacio Real y asistirá a continuación al almuerzo ofrecido por SS. MM. los Reyes. Asimismo se reunirá con el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Tras la reunión con el Presidente del Gobierno español, tendrá lugar una rueda de prensa conjunta.

Otros actos y encuentros previstos son: inauguración, junto a S.M. el Rey, de la sede de Casa Sefarad-Israel; reuniones con José Bono, Presidente del Congreso, y con Mariano Rajoy, Presidente del Partido Popular; visita al Ayuntamiento de Madrid, donde el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, le hará entrega de la llave de oro de la ciudad; acto de homenaje de la Federación de Comunidades Judías de España y de la Comunidad Judía de Madrid en la sinagoga de Madrid; y la inauguración del seminario empresarial España-Israel organizado por la CEOE.

El Presidente de Israel vendrá acompañado por una amplia delegación de empresarios israelíes de alto nivel.

Shimon Peres fue en sus años de primer ministro uno de los principales impulsores y arquitectos por parte de Israel del establecimiento de relaciones diplomáticas con España. La visita del Presidente Peres en el marco de las conmemoraciones de su histórico apretón de manos sellando el establecimiento de relaciones diplomáticas con el entonces Presidente del Gobierno español, Felipe González, confiere un especial simbolismo a esta visita.

Departamento de Prensa
Madrid, 17 de febrero de 2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

Los Hermanos Musulmanes no tienen cabida - Jeff Jacoby

Las sociedades libres y democráticas asumen riesgos. Garantizan la libertad de expresión o la libertad de prensa a riesgo de promover ideas nocivas, estúpidas o depravadas. Exigen un juicio justo antes de castigar a un delincuente, incluso si algunos que son culpables salen en libertad a consecuencia de ello. Dan a la ciudadanía el poder de elegir a sus gobernantes, a pesar de la refriega que generan las campañas electorales y de la posibilidad de que los votantes elijan a funcionarios corruptos o incompetentes.

Pero hay límites. "Libertad y justicia para todos" no obliga a dar poder hasta a aquellos que aspiran a acabar con la libertad y la justicia de un plumazo. En su famoso voto particular en la sentencia del casoTerminiello contra la ciudad de Chicago fallada por el Supremo en 1949, el magistrado Robert Jackson advierte contra la interpretación tan categórica de la Primera Enmienda como para reforzar "a los grupos totalitarios de izquierdas o de derechas, a los que nada les gusta más que paralizar y desacreditar... a la autoridad democrática". El compromiso con la democracia liberal no es una obligación de abrir el mecanismo democrático a las formaciones que rechazan tajantemente a la propia democracia liberal. Jackson advertía a la mayoría del tribunal de "templar su lógica doctrinal con un poco de inteligencia práctica", no sea que "convirtamos la Declaración de Derechos constitucionales en un pacto suicida".

Si hasta en América, donde las instituciones democráticas son antiguas y están firmemente asentadas, es importante estar vigilantes contra los cánceres antidemocráticos que se adhieren a nuestras libertades políticas con el fin de destruirlas, cuánto más importante debe de serlo en Egipto, país que todavía lucha por nacer una república democrática.

Es el motivo de que la cuestión de los Hermanos Musulmanes –prohibidos oficialmente en Egipto, pero que sin embargo son el mayor grupo de oposición del país– sea tan crucial.

Los Hermanos Musulmanes es la organización islamista más influyente del mundo, y el islamismo –la ideología radical que pretende la sumisión de todo el mundo a la ley islámica– es tal vez la fuerza antidemocrática más violenta del mundo actual. En palabras de Daniel Pipes, "es una versión del totalitarismo con tintes islámicos". Como el resto de dirigentes totalitarios, los islamistas desprecian el pluralismo democrático y la libertad por principio. Pero se muestran totalmente dispuestos a valerse de unas elecciones o de las campañas electorales como peldaños tácticos de acceso al poder.

Al igual queAdolf Hitler en 1933 o los comunistas checoslovacos en 1946, los islamistas se pueden presentar a un cargo público y ponerse el disfraz de demócratas; pero una vez que alcanzan el poder, no renuncian voluntariamente a él. Apenas unos meses después de que Hamás, una organización que dice ser "un ala de la Hermandad Musulmana", se alzara con la mayoría de los escaños en las elecciones palestinas de 2006, se hizo violentamente con el control de la Franja de Gaza. Más de 30 años después de que el ayatolá Jomeini se hiciera con el poder en Irán a base de prometer la democracia representativa, la dictadura islamista que construyó en su lugar sigue afianzada.

En Turquía, donde el mecanismo democrático fue implantado hace mucho por el ejército, la formación islamista Partido Justicia y Desarrollo, o AKP, ganó las elecciones en 2002 como una formación de conservadurismo democrático moderado. Desde entonces, sin embargo, el AKP se ha quitado su disfraz de moderado. "El partido se ha vuelto autoritario con la oposición", escribe Soner Cagaptay, que dirige el Programa Turco de Investigación del Washington Institute for Near East Policy. "Las manifestaciones multitudinarias contra el gobierno son disueltas a palos por las fuerzas de seguridad, las comunicaciones de los representantes de la oposición están pinchadas, y la prensa independiente es castigada con impuestos punitivos... El AKP ha neutralizado en la práctica al ejército. No sólo los altos funcionarios, también los críticos del Gobierno entre el estamento académico han sido objeto de ataques, acabando en la cárcel".

Si Egipto quiere tener alguna esperanza de transición hacia una democracia constitucional genuina, los Hermanos Musulmanes no deben ser tratados como socios democráticos legítimos. Durante más de 80 años ha sido un ferviente exponente del gobierno islámico, no del secular; de soberanía clerical, no popular. Su credo no podría ser más específico, ni más antidemocrático: "Alá es nuestro objetivo. El Profeta nuestro líder. El Corán nuestra ley. La Yihad nuestro camino. Morir por Alá nuestro mayor anhelo".

En 2008, el líder supremo de los Hermanos Musulmanes instaba públicamente a educar a jóvenes "muyahidines" –guerreros sagrados– "que amen morir tanto como los demás aman vivir y que puedan cumplir su deber hacia su Dios, hacia ellos mismos y hacia el país". Esta semana, el importante miembro de la HermandadKamal al-Halbavi manifestaba que su deseo es que Egipto tenga "un buen gobierno igual que el gobierno iraní, y un presidente tan bueno como Ahmadinejad, que es muy valiente".

La democracia es flexible, pero hasta en la mejor de las circunstancias es incompatible con el totalitarismo religioso. Lo que pretende la Hermandad Musulmana es la antítesis misma del pluralismo democrático y la sociedad civil libre. Los amigos de Egipto no deben dudar en decirlo, clara y enfáticamente.

Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe. Sus artículos pueden consultarse en su página web.
Fuenete:libertaddigital.com

La eterna crisis de la educación - Alicia Delibes

Hannah Arendt.
Entre el pasado y el futuro es el título que Hannah Arendt dio a una colección de ocho ensayos publicada en Estados Unidos en 1954. En uno de ellos, "La crisis de la educación", reflexionaba sobre las causas que habían hecho de la educación una de las cuestiones domésticas que más preocupaba a los políticos estadounidenses.

Según Arendt, esa crisis, dada la cantidad de prejuicios tanto políticos como pedagógicos que hacían imposible la recuperación de la sensatez, estaba abocada a convertirse en un auténtico desastre nacional.

Una crisis se convierte en un desastre sólo cuando respondemos a ella con juicios preestablecidos, es decir, con prejuicios. Tal actitud agudiza la crisis y, además, nos impide experimentar la realidad y nos quita la ocasión de reflexionar que esa realidad brinda.

Una buena parte de esos prejuicios eran de carácter político y tenían que ver con el concepto que los norteamericanos tenían de la igualdad. Según Arendt, cuando hablaban de buscar la igualdad no se referían sólo a una igualdad ante la ley, ni a la simple igualdad de oportunidades; querían llegar mucho más lejos, pretendían alcanzar una igualdad intelectual.

Llevados de este deseo igualitario, los responsables políticos habían extendido la obligatoriedad de la educación hasta los 16 años, ofreciendo a toda la población las enseñanzas que hasta entonces habían estado reservadas a sólo una parte de ella. En la práctica, había resultado que la enseñanza media era una mera prolongación de la educación primaria y no proporcionaba la formación necesaria para iniciar estudios superiores. Este sistema chocaba con el que, por aquel entonces, había en Europa. En Inglaterra, los niños de 11 años debían pasar un examen, y sólo los que lo aprobaban podían ir a una de las prestigiosas y exigentes escuelas estatales de secundaria, las grammar schools. Un sistema así, decía Arendt, era impensable en Estados Unidos.

Lo que hace tan aguda la crisis educativa americana es, pues, el carácter político del país, que lucha por igualar o borrar, en la medida de lo posible, las diferencias entre jóvenes y viejos, entre personas con talento y sin talento, entre niños y adultos y, en particular, entre alumnos y profesores. Es evidente que ese proceso puede cumplirse de verdad sólo a costa de la autoridad del profesor y a expensas de los estudiantes más dotados.

En cuanto a los prejuicios pedagógicos, Arendt señalaba tres supuestos sobre los que se sustentaban. El primero, que el mundo de los niños había de ser autónomo, autogobernarse y mantenerse al margen de los adultos. El segundo, que la pedagogía era una ciencia y lo importante no era saberse bien lo que se había de enseñar, sino saber cómo enseñar. Y, el tercero, que el niño sólo podía aprender lo que deseaba aprender, por lo que forzarle no tenía el menor sentido.

Esa idea de que el mundo de los niños tenía autonomía propia y había de ser gobernado por los propios niños había conducido a la sustitución de la autoridad del adulto por la del grupo; el haber hecho de la pedagogía una ciencia había descuidado la formación académica de los profesores; el empeño por hacer atractivas las clases había llevado a convertir las aulas en ludotecas; finalmente, la idea de que el niño sólo podía comprender y aprender aquello que él mismo hacía había conducido a la sustitución de las lecciones, en las que el profesor se proponía transmitir sus conocimientos, por talleres, en los que el alumno se dejaba llevar de su propia creatividad.

Para Arendt, no había duda de que esos dogmas pedagógicos conducirían a la pérdida del interés por transmitir una cultura y, a la postre, por la cultura misma. Despojados los profesores de su misión, estaban abocados a perder su autoridad, esa auctoritas que les confería la posesión de un saber y de unos conocimientos que la sociedad les había encomendado transmitir.

***

Este artículo de Hannah Arendt fue publicado en 1954. Dos años antes los norteamericanos habían enterrado al que había sido el gurú de la educación progresista en Estados Unidos, John Dewey. Su nombre no aparece citado, pero resulta imposible no darse cuenta de que el artículo era una crítica al pensamiento pedagógico dominante entre la inmensa mayoría de psicólogos, pedagogos y maestros, que se habían formado con los escritos y teorías de Dewey.

Arendt daba cuenta en su artículo de la existencia de un proyecto de reforma total del sistema educativo norteamericano orientado a recuperar valores tradicionales:

La enseñanza volverá a impartirse con autoridad; el juego debe hacerse fuera de las horas de clase y, una vez más, hay que volver al trabajo serio; el acento debe pasar de las habilidades extracurriculares al conocimiento determinado en el plan de estudios; por último, incluso se habla de transformar los actuales planes de estudio de los profesores, para que ellos mismos tengan que aprender algo antes de transmitirlo a los niños.

Probablemente Arendt se refería al programa de educación del presidente Eisenhower, que había comenzado su mandato en enero de 1953.

No solamente no llegó a hacerse esa reforma, sino que el modelo norteamericano de enseñanza secundaria y esa pedagogía progresista que criticaba Hannah Arendt cruzó el Atlántico. Primero fue a Inglaterra, donde, en 1965, el laborista Anthony Crosland, como ministro de Educación, dio el golpe de gracia a las grammar schools, cuestionadas por los laboristas desde los años cincuenta por su elitismo. Más tarde, ya en la década de los setenta, y probablemente como consecuencia de las revueltas de Mayo del 68, se extendió a casi todos los países de Europa Occidental. Sólo Alemania y algún país de su esfera cultural, como Luxemburgo o la Bélgica flamenca, mantuvieron diversos modelos de enseñanza secundaria según el aprovechamiento escolar de los alumnos.

Casi sesenta años después, el diagnóstico de Hannah Arendt se mantiene vivo y los buenos propósitos de Eisenhower, también. Lo de recuperar el valor del esfuerzo y del mérito académico y restablecer la disciplina en las aulas y la autoridad de los profesores se ha convertido en un manojo de frases hechas, que pronuncian ya políticos, incluso de izquierdas. Pero a la hora de tomar medidas se topan, una y otra vez, con aquellos prejuicios que Arendt profetizó harían imposible la recuperación de la sensatez y convertirían la crisis en un terrible desastre.

Fuente:libertaddigital.com

lunes, 14 de febrero de 2011

El futuro es la muerte - José Brechner


Leonard Cohen con inigualable prosa lo predijo y lo cantó. Mucho antes que él con su arcana escritura lo hizo Nostradamus. Antes que ambos lo dijo Ezequiel, y a través de los siglos no faltó quien viera el futuro de horror y muerte que se avecina.

Los que pensaron que con Hitler se cumplieron las profecías y dicen que después del Holocausto la historia se volvió lineal están equivocados. Todavía no llegó ese esperado momento. La sed de sangre está hirviendo en el mundo. Para ser más preciso, en el mundo islámico.

Si los líos no aminoran en Egipto, Hosni Mubarak se irá a Alemania para un chequeo médico. La edad se lo permite, el hombre tiene cáncer. Sus días están contados por salud o por revolución. La excusa es adecuada para que no retorne a El Cairo. [Nota del Editor: este texto está compuesto antes de la renuncia de Mubarak].

El próximo en seguirle los pasos puede ser el rey Abdalá II de Jordania. Su padre, el rey Husein, sufrió más de 12 intentos de asesinato por parte de los fanáticos musulmanes palestinos. Su abuelo Abdalá I fue asesinado en 1951 por un palestino mientras visitaba la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalem. Abdalá I fue una pieza clave en la caída del Imperio Otomano, por lo que sus descendientes no son queridos por sus correligionarios mahometanos. La familia real jordana, hachemita, nunca fue de la línea fundamentalista. Al contrario, fue aliada de los ingleses y, consecuentemente, enemiga natural de los palestinos.

La madre de Abdalá II, la princesa Muna, es inglesa, hija de un oficial británico. Su nombre de nacimiento es Antoinette Toni Avril Gardiner. Abdalá II se educó en los Estados Unidos e Inglaterra. Se casó con Rania al Yasin, nacida en Kuwait. Sus padres son originarios de Tulkarem, ciudad árabe que estuvo bajo dominio jordano hasta que retornó a manos de Israel.

¿Por qué esta historia biográfica? Porque sin Mubarak en Egipto, sin Ben Alí en Túnez, sin Hariri en Líbano y sin Abdalá II, que sería barrido por las hordas de Hamás, que obedecen a la Hermandad Musulmana de Egipto, el Medio Oriente va a arder por todas partes al mismo tiempo, y la hoguera traspasará fronteras y continentes.

Con Erdogan en Turquía, con Ahmadineyad en Irán, con Argelia tambaleándose por los ataques de los yihadistas; con la propagación de la pseudo-ola democrática y pro derechos humanos, en países donde jamás se toleró la divergencia política ni se respetaron los derechos de nadie, el Magreb y el Medio Oriente están cayendo bajo el dominio de los asesinos religiosos.

Cuando en los próximos meses veamos que, en vez de democracia, los fanáticos han tomado los mandos, alguna guerra tendrá que comenzar; y qué mejor que iniciarla contra Israel. La prensa progre antisionista apoya a los musulmanes, y los gobiernos neocomunistas también, particularmente los latinoamericanos. La ONU es un basurero.

Barack Obama.Obama es el presidente más débil de la historia. ¿Qué mejor oportunidad para abalanzarse contra el imperio? BO no quiere siquiera escuchar un comentario contra el islam, que para él es una religión de paz y amor. Los únicos que empiezan a despertar de la pesadilla islámica son los europeos, que están más que hastiados de los excesos de sus millones de inmigrantes levantinos.

¿Cómo será la próxima guerra? Igual que la economía y las telecomunicaciones, será global. En Europa se tomarán medidas discriminatorias que obliguen a meter a los musulmanes en barcos y aviones para devolverlos a sus países de origen. ¿Nos recordará al nazismo? Sin duda que sí. La gran diferencia es que los judíos jamás trataron de imponer su religión, sus modos y sus costumbres a nadie. Fueron siempre víctimas pacíficas de un odio y una envidia irracionales.

En el Medio Oriente, Israel tendrá que defenderse con todo su poder. Deberá retomar el Sinaí, sentar su soberanía absoluta sobre Judea y Samaria, despachar a los palestinos a Ammán y acabar con Hezbolá sin dejar de proteger a los cristianos del Líbano, para que tomen el gobierno del país vecino. Tendrá que destruir a Hamás en Gaza y Cisjordania. Deberá atacar a Irán si Ahmadineyad se mete en el baile –y es más que seguro que lo hará–, y probablemente habrá enfrentamientos con Turquía.

¿Puede Israel hacer todo eso solo? No, necesita del apoyo de los Estados Unidos y de Europa, que entrarán en la batalla por su propia supervivencia. No hay la menor duda de que Occidente triunfará. Los fanáticos musulmanes, como todos los fanáticos, son incapaces de ver la realidad, y no perciben ni remotamente la dimensión del poderío militar del mundo libre.

En Norteamérica habrá violentos movimientos pro musulmanes, dirigidos por el islam y la ultraizquierda, que serán aplacados. En Latinoamérica sucederá lo mismo, con la diferencia de que los gobiernos neocomunistas no harán nada para contrarrestarlos.

La guerra políticamente correcta, impuesta por los medios progresistas sobre los ejércitos judeocristianos para que actúen como si estuviesen peleando contra inocentes criaturas a las que hay que tratar de no hacer daño innecesariamente, llegará a su fin y pasará a los anales de la historia de la estupidez humana. El futuro es muerte.

© Diario de América

Fuente:libertaddigital.com


Egipto: ¿revolución o golpe? - Rafael L. Bardají

A todos nos gustan las historias que acaban bien. Para darle un mayor sentido a nuestras vidas, nos imaginamos protagonistas de momentos dramáticos que cambian el mundo. La renuncia de Hosni Mubarak el pasado viernes es una de esas situaciones. Forzado por el ansia de libertad de los manifestantes, Egipto promete un tiempo de cambio para todo el Oriente Medio. ¿O no?

Es innegable que sin los 18 días de ocupación de la Plaza Tahrir, Mubarak seguiría disfrutando de su posición de liderazgo. Pero no es menos verdad que su caída no ha traído, de momento, un cambio de régimen. En Egipto, hoy, no hay más democracia que hace unos pocos días, antes de las revueltas. Lo que hay es un régimen militar: es el ejército quien rige los destinos del país, tal y como lo ha venido haciendo en los últimos 60 años.

Hace justo una semana, en Jerusalén, un alto oficial de la inteligencia israelí me decía:

El ejército egipcio no está en contra ni a favor de Mubarak, sino que vela por el régimen, que es suyo. La pregunta es si decidirán que Mubarak se ha vuelto un obstáculo mayor para la pervivencia del régimen o si, por contra, creerán que sin él no habrá continuidad para ellos. Si optan por lo primero, reemplazarán a Mubarak con una junta; si eligen lo segundo, dispararán contra los manifestantes.

Pues bien, tras unos momentos de tensa confusión, anunciando comunicados que se revelarían anodinos y con imágenes televisadas del jefe del ejército, el general Tantawi, de gesto serio y adusto, reunido con la cúpula militar, a última hora del pasado viernes, los militares ya habían tomado una decisión definitiva: Mubarak tenía que irse. Con todos los honores de un héroe de guerra, pero tenía que irse, y enseguida.

Y aunque a nosotros nos encante soñar con que este momento ha sido posible por una juventud deseosa de vivir mejor y en libertad, hábil con el uso de Twitter e internet, la realidad es que quien ha hecho posible la caída de Hosni Mubarak han sido los mismos militares que en su día le encumbraron y que siempre le han considerado uno de los suyos. Porque ha sido y sigue siendo uno de los suyos.

Lo que pase a partir de ahora nadie puede saberlo. En el comunicado en que se anunció la renuncia de Mubarak también se anunció que una junta militar tomaría las riendas del país, junta que se comprometía vagamente a convocar unas elecciones generales y a poner el rumbo hacia una transición al poder civil. Puede que la inconcreción de los planes se debiera a la urgencia y el dramatismo del momento, pero lo cierto es que se cuidaron muy mucho de ofrecer la menor pista de cuáles son sus planes reales para los próximos meses. No hay compromiso sobre el momento de celebrar las elecciones, y mucho menos sobre la prometida instauración de un poder civil. Porque lo que han querido los militares egipcios, sobre todas las cosas, es evitar una situación de caos.

Omar Suleimán.O sea, que la revolución desde abajo que hemos visto retransmitida en vivo y en directo ha sido más bien un golpe militar. Pero no hay mal que por bien no venga. El ejército es una institución no sólo respetada internamente, sino predecible. Es más, sus jefes son bien conocidos, tanto por los israelíes como por los países occidentales, con quienes han sostenido un trato continuado. Aún más, los oficiales superiores egipcios saben muy bien que no sólo su equipamiento, sino su nivel de vida, depende de la ayuda que reciben de los americanos, factor que tiende a condicionar sus decisiones. En la medida en que se consideren una institución y no simplemente una colección de nombres y caras concretas, con los dirigentes militares se podrá sostener un diálogo productivo.

La clave estriba en qué queremos hacer nosotros, los demócratas occidentales de sillón, que nos conformamos con ver el mundo a través de los ojos de la CNN, a partir de ahora. Considerar que la democracia ha llegado ya a las Pirámides y pasar a otro tema, como prácticamente hemos hecho con Túnez, olvidada ya en los agujeros de la Historia, o, por el contrario, demandar a nuestros líderes queridos que pongan en pie una auténtica estrategia de democratización en esos países.

Cuanto antes se haga ver a los militares egipcios que la ayuda internacional quedará supeditada a los avances y reformas democráticas, mejor. En segundo lugar, hay que tener bien claro que, en lugares donde nunca antes se ha vivido la libertad, es una misión esencial proteger la tolerancia y la convivencia. Esto es: no se debe aceptar que, por el juego democrático, se permita a las fuerzas antidemocráticas aprovecharse del momento para minar la libertad individual y acabar con cualquier atisbo de democracia. En ese sentido, el llamamiento de la Casa Blanca para que se acepte a los Hermanos Musulmanes como un grupo más, incluso en los niveles del Gobierno, es una ingenuidad peligrosísima, que sólo augura para Egipto el mismo futuro del Líbano, un país cristiano que ha dejado de serlo por la fuerza del islamismo.

Es el momento de redoblar nuestra atención y ser vigilantes con los procesos. Hace no tanto hubo una auténtica revolución en el Líbano, donde se consiguió forzar la salida de Siria y caminar hacia un Gobierno de coalición. Cinco años más tarde, en parte por el temor de la comunidad internacional a perseguir a los asesinos del primer ministro Hariri, Hezbolá está en el centro del poder. Hace dos años, las calles de Teherán hervían de indignación por el fraude electoral burdamente perpetrado por los ayatolás, pero Jamenei y Ahmadineyad siguen ahí, aferrados brutalmente al poder.

La democracia en Oriente Medio exige algo más que una charla de amigos frente a la tele y con la cerveza a mano. Es posible y viable, pero debemos ayudarla a nacer y crecer. Hagámoslo de una vez por todas.

Golpe en El Cairo - Gabriel Albiac

LA clave del dominio está en hacer que aparezca como evidencia lo contrario exacto de lo que sucede. La política es el arte de tejer ficciones con las cuales suplir la realidad. Fábrica de espejismos, que son único suelo firme sobre el cual se alza el glacial palacio de espejos de la sumisión. Egipto ahora. Como último laboratorio del álgebra del golpe de Estado, que teorizó Gabriel Naudé, en 1639, para dar razón de una toma del poder tan vertiginosa «como el rayo que aniquila antes de que el trueno pueda ser escuchado».

Un dictador asienta su estabilidad sobre el control absoluto de aparatos represivos que no pueden permitirse flaquezas. Ese control puede ejercerlo él, o bien delegarlo en un fiel vicario. La primera hipótesis entraña una fuerte erosión de esa imagen de padre severo pero justo sobre la cual se asienta la leyenda dictatorial. La segunda trae consigo riesgos difíciles de acotar: el poder que, bajo una tiranía, acumulan la policía política y los servicios de inteligencia es ilimitado. Y la tentación de —como el Iznogoud del cómic de Goscinny— «ser Califa en lugar del Califa», late siempre en el hombre que sabe todo de todos y puede con todos hacer lo que le venga en gana: prisión, como tortura, como muerte. En el plazo largo, hay sólo dos opciones: o el dictador va decapitando a sus sucesivos hombres de las alcantarillas, o el hombre de las alcantarillas acaba por asaltar los salones de palacio, con todas las posibilidades de éxito que el material de engaño acumulado pone a su alcance.

Un militar —el cuarto desde la independencia de Egipto— ha caído; estaba políticamente muerto desde hace cuatro semanas. Un militar —el quinto desde la independencia de Egipto—, el señor de las sombras, el control y la tortura, Omar Suleiman, ha dado jaque a Mubarak: refriega entre generales. De los jóvenes a los que torturó, encarceló, asesinó durante dos decenios, ha hecho instrumento de su ascenso. No se le puede negar astucia. Pero el gran juego empieza ahora, cuando el espantajo de Mubarak sale de escena y los focos iluminan a sus sucesores. De momento, les bastará con una convencional retórica, hecha de palabrería populista y garantías internacionales. Muy pronto, sin embargo —y eso Suleiman lo sabe mejor que nadie—, llegará la hora de la verdad: la recomposición de un nuevo régimen que no ponga en riesgo los básicos privilegios de la casta armada.

Egipto no es El Cairo. Como no era Argelia Argel en el no tan lejano año 1991 que vio ganar al islamista FIS las elecciones y desencadenar una guerra civil entre religiosos y militares, cuyo rebote temen ahora los argelinos. Suleiman debe saber —o sospechar, al menos— qué dirían las urnas del Egipto profundo en unas elecciones libres. Y cuáles serían los costes de una victoria de los Hermanos Musulmanes y de sus periferias más extremas: desde la pérdida de las inmensas ventajas que la corrupción generalizada otorga a los militares, hasta el riesgo bélico que la ruptura del tratado de paz con Israel arrastraría.

El gran juego no ha hecho más que comenzar. Pueden vencer militares o clérigos: los que poseen armas y medios organizativos. La población, en esta partida, es rehén y envite. Sacrificable.

Fuente:abc.es

viernes, 11 de febrero de 2011

Hayek contra las democracias liberticidas - Juan Ramón Rallo

Hayek.
Conocida es la costumbre socialista de anteponer la consigna al pensamiento. De ahí que por lo general los izquierdistas opten por descalificar a un autor o una teoría con chascarrillos o ataques ad hominem en vez de darse a la indagación intelectual. Con Hayek no hacen, precisamente, una excepción.

A poco que uno cite a este gigantesco pensador, la izquierda saca a relucir esa opinión suya, tan cierta y tan políticamente incorrecta, de que la democracia y el liberalismo son cosas distintas, por lo que no tienen por qué ir de la mano. La izquierda ve ahí una abierta justificación del autoritarismo: ¡albricias, para esta vaca sagrada del liberalismo puede haber dictaduras liberales!

Por supuesto, la advertencia hayekiana no va ni mucho menos dirigida a destacar la posibilidad de esa rara avis que sería una autocracia respetuosa con las libertades individuales, sino a alertar contra la involución liberticida que pueden (y suelen) padecer las democracias. Es decir, lo que Hayek –en perfecta sintonía con Tocqueville– pedía es que no olvidáramos que la democracia puede perfectamente atentar contra las libertades individuales, por cuanto no es más que un mecanismo de ordenación de la toma de decisiones colectivas... que no entra en qué limites han de ponerse a tales decisiones.

En este sentido, la teoría del orden espontáneo, que nuestro autor rescata de la Ilustración escocesa –en realidad, en última instancia, de Juan de Mariana– y expone de manera soberbia en estos Principios de un orden social liberal, es impecable, y debería resultar de obligado estudio para todo liberal que se precie, tanto para el que pretenda limitar las funciones del Estado con el propósito de facilitar la emergencia del orden de mercado como para el que considere deseable abolir el Estado y permitir que ese orden se autogenere desde su raíz.

Mi opinión personal es que el pensamiento hayekiano sólo resulta plenamente consistente cuando lo despojamos tanto de concesiones a la socialdemocracia –que el propio Hayek admitía como excepciones: por ejemplo, su red social de cobertura mínima– como de ciertos puntos de partida estatistas, que el austriaco asumió como indiscutibles más por huir de radicalismos que por haber reflexionado en profundidad –por ejemplo, consideraba que era el Estado quien debía conformar la regulación básica sobre la que erigir el orden espontáneo–. A este respecto, merece la pena mencionar la obra de ciertos hayekianos modernos, como Randy Barnett, que subsanan estas carencias y llegan a conclusiones tremendamente interesantes y sugerentes.

Hayek comienza distinguiendo entre órdenes (espontáneos) y organizaciones. Los primeros los conforman normas abstractas y universales que no se dirigen a la consecución de fin concreto alguno; por eso no prescriben acciones específicas, que los individuos habrían de acometer, sino que, por el contrario, proscriben aquéllas que resulten inadmisibles en un régimen de convivencia pacífica (concepto de libertad negativa). Las organizaciones, en cambio, están informadas de un conjunto de mandatos particulares y discrecionales, orientados a lograr el fin particular de quien las dirige, de ahí que sí prescriban comportamientos concretos, todos ellos subordinados a los intereses del órgano directivo.

Precisamente porque no sojuzga a quienes participan de él ni obliga a éstos a dirigirse a fin concreto alguno, en un orden espontáneo cada individuo puede perseguir –de manera pacífica y cooperativa– sus propios fines. Y, de nuevo, gracias a esta continua experimentación que se registra en los órdenes espontáneos, los individuos están metidos en un continuo proceso de aprendizaje que tiende a hacer evolucionar en sentido positivo los conjuntos normativos en que se basan los propios órdenes espontáneos.

El orden espontáneo, como se autogenera y no es fruto de plan deliberado alguno, abarca un volumen de información tan vasto, que resulta inmanejable para la mente humana. El espontáneo es muchísimo más complejo que cualquier orden diseñado. Sólo hace falta comparar la complejidad de un mercado libre con el funcionamiento de una empresa, lo incomparablemente más rico que es un idioma natural como el castellano frente a idiomas artificiales como el esperanto, o la muy superior funcionalidad del dinero frente a la de los vales de compra de los centros comerciales.

Al conjunto de normas jurídicas cristalizadas en torno al derecho de propiedad y el cumplimiento de los contratos se le vino a denominar ley, de ahí que el liberalismo, partidario del orden espontáneo, haya destacado siempre la importancia del imperio de la ley (rule of law), del sometimiento de todos los individuos –políticos incluidos– a las normas de carácter abstracto que han surgido evolutiva y consuetudinariamente (por ello el liberal defiende y valora la tradición, pero sólo cuando ésta no se convierte en una verdad revelada e inmutable, en un cúmulo de normas estancadas y desfasadas incapaces de ir cambiando conforme lo hace la propia sociedad). El problema, a día de hoy, es, claro está, que la palabra ley se ha pervertido como consecuencia de esa "hiperinflación legislativa" que denunciara Bruno Leoni y que ha sustituido progresivamente el derecho consuetudinario por un amasijo de arbitrariedades fruto del consenso político; por eso, ley hoy es sinónimo hasta de los más burdos mandatos evacuados por los políticos para restringir nuestras libertades y preservar sus privilegios. Justo lo que el imperio de la ley trataba de impedir a cualquier costa: que el ámbito de actuación de una persona quedara discrecionalmente restringido por los caprichos de otra(s), quebrando el mismo principio de equidad jurídica.

De la idea de orden espontáneo nace también la concepción hayekiana de justicia, a todas luces fundamental. Dado que los resultados obtenidos por un individuo en un orden espontáneo dependen de sus acciones y, en parte, del azar –no hay relación directa y constante entre esfuerzo y recompensa–, no cabe considerar como injusta una distribución de los recursos cualquiera si es que se ajusta a la ley; así pues, adiós a las mamarrachadas de la justicia social. La justicia debe referirse, por un lado, a la consistencia interna del sistema normativo –las normas han de ser simétricas, universales y funcionales– y, por otro, a la vigencia de esas normas en la sociedad, de modo que cada cual pueda hacer el mejor uso de su conocimiento sin lesionar los derechos de los demás.

El socialismo –en sus muy diversas formas– atenta contra el orden espontáneo y trata de sustituirlo por organizaciones jerarquizadas; esto es, pretende convertir a los individuos en marionetas a tiempo completo o parcial en manos de la casta política. Con la excusa de que es menester redistribuir la renta para alcanzar la dichosa justicia social, los gobernantes controlan y reparten los bienes que cada cual ha logrado gracias a su ingenio y a la cooperación con el prójimo en el marco del mercado libre; es decir, controlan y determinan los fines que los distintos individuos tienen permitido alcanzar.

En estos momentos en los que se deifica a la democracia y se la pretende convertir en enterradora del imperio de la ley –con peregrinas excusas, como la defensa del bien común o la igualdad social–, es de enorme importancia y utilidad leer (o releer) la defensa del liberalismo que hace Hayek en estas páginas. Una valiosísima vacuna contra muchos de los venenos que nos inyecta el estatismo esclavizador.

FRIEDRICH A. HAYEK: PRINCIPIOS DE UN ORDEN SOCIAL LIBERAL. Unión Editorial (Madrid), 2010, 160 páginas.

Fuente:libertaddigital.com