Casa de Israel - בית ישראל


Desde " Casa de Israel " trabajamos para hacer frente al antisemitismo , la judeofobia y la negación o banalización de La Shoá ( Holocausto) .
No olvidamos las terribles persecuciones a las que fue sometido el pueblo judío a través de los siglos , que culminaron con la tragedia de La Shoá .
Queremos tambien poner en valor y reconocer la fundamental e imprescindible aportación de este pueblo y de la Instrucción de La Torá , en la creación de las bases sobre las que se sustenta la Civilización Occidental.

"... עמך עמי ואלהיך אלהי ..."

sábado, 11 de enero de 2014

El último rugido del león - Elías Cohen




Ariel Sharon ha sido una de las figuras más míticas del Israel moderno, y el político más relevante en la época más trascendental de los últimos tiempos: la Segunda Intifada. Durante los años plomizos de hombres bomba, acoso mediático y aislamiento internacional, Arik –es una costumbre hecha ley que la mayoría de los israelíes tengan diminutivo, en el libro Start Up Nation se explica muy bien– lideró el país y se fue al coma habiendo dejado un Israel más seguro y próspero.
Sharon deja su huella en la historia por varias razones. La más importante, pero quizás también la menos reseñada, es que fue uno de los genios militares absolutos de Israel; consecuentemente, siguió las mismas etapas que la mayoría de líderes que han llegado a lo más alto del poder en el Estado judío: carrera militar brillante, universidad, salto a la política, polémica tras polémica y, en el último acto, un final trágico.
Pero Sharón fue, también, el Satán idealizado -es un decir- no sólo por los antiisraelíes de todos los colores, también por casi toda la opinión pública mundial, y a la cabeza de ella el movimiento antiglobalización, que ha ido siempre de la mano de la causa palestina. Su demonización justificó todos los desmanes y despropósitos posibles contra su figura y contra el Estado de Israel. En España es ya tristemente célebre la portada de la revista de sátira política El Jueves en la que Sharón aparecía caracterizado con nariz de cerdo y una esvástica.
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Dejando de lado cómo le endosaron la etiqueta de nazi, la deformación animal usada también con Sharon por periódicos de todo el mundo es una característica clásica de las viñetas antisemitas. Contra Sharón todo valía en aquellos años. Sharón, pues, para muchos será siempre ese hombre obeso, con pinta de carnicero, sediento de sangre de palestinos. El judío comeniños que una noche vendrá a llevarse a nuestros pequeños.
La deformación de su figura respondía principalmente a que Sharón era el enemigo perfecto: un judío nacido en el Mandato Británico que llevaba empuñando armas desde los 14 años para defenderse y que desde que fue adquiriendo poder dejó claro que acabaría con todo aquel que quisiera acabar con Israel. Desgraciadamente, para la mayoría de las conciencias occidentales, el judío que sigue resultando simpático es el que murió en las cámaras de gas y no el que cruzaba las fronteras durante la noche para responder a los ataques de los fedayines. Y es que con unos imberbes 19 años Arik ya se encargaba de demostrar que eso del sionismo era, entre otras cosas, acabar con el daño gratis a los judíos y, en consecuencia, responder a todos los ataques.
En la Guerra de la Independencia, con tan solo 20 años, la misma edad con la que muchos estamos entre libros, borracheras, amoríos y creyéndonos inmortales, Sharón ya era comandante de la brigada Alexandroni, encargada de defender Latrún. Hoy, en la vieja fortaleza pueden verse los balazos que como cicatrices recuerdan una de las trifulcas más encarnizadas de esa guerra. Sharón fue herido en la ingle, en el estómago y en el pie, y perdió 139 hombres, pero una vez recuperado ascendió a comandante de compañía en la unidad de reconocimiento de los legendarios Golani, y terminada la guerra el mismísimo Ben Gurion le pidió que liderara la unidad 101, encargada de las operaciones de represalia por los ataques de los fedayines palestinos.
En la Guerra del Canal de Suez, en 1956, al mando de una brigada de paracaidistas, entonces llamada unidad 202, tomó el paso de Mitla después de un arriesgado ataque, no autorizado por el mando central, en el que los paracaidistas israelíes derrotaron, bajo el fuego de los Mig-15, a la primera y segunda brigada de la cuarta división del ejército acorazado egipcio –sobre esta toma ese creador de sionistas llamado Leon Uris escribió una trepidante novela, El paso de Mitla, bastante recomendable para añadir a la lectura de Mila 18 y Exodus–. El presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser, diría que cuando paracaidistas israelíes cayeran sobre suelo egipcio, las serpientes volarían. Desde entonces, la insignia de los paracaidistas israelíes es una serpiente con alas.
Tras su insubordinación en Mitla, y a pesar de la victoria, se frenó su carrera militar. No obstante, en la Guerra de los Seis Días Isaac Rabín, como jefe del Estado Mayor, le pide al León de Dios –que es el significado de Ariel en hebreo– que se dirija al Sinaí con una división acorazada para ganar la batalla de Abu Ageila, en la cual, según la Unidad de Doctrina y Entrenamiento del Ejército norteamericano, se utilizaron tácticas y estrategias innovadoras y únicas hasta el momento. Después del aplastante éxito israelí en junio de 1967, Sharón fue ascendido a líder del mando militar en el sur. Arik vigilaba que el enemigo egipcio no intentara de nuevo echar a los judíos al mar. El periodista francés Jean Learteguy entrevistó a Sharon para su libro Las murallas de Israel, y este le dejó claro el porqué del éxito de los israelíes en las guerras contra los vecinos árabes:
En el ejército de Israel los comandantes vamos primero y dirigimos a nuestros hombres, no nos quedamos en la retaguardia dando órdenes.
En julio de 1973, con una carrera militar que rozaba el calificativo de legendaria, Sharon da el salto a la política. Pese a haber nacido en un kibutz de socialistas, en un entorno donde el Mapai de Ben Gurión era un voto en un sobre cerrado, ingresa en las filas de Herut, predecesor del actual Likud. Un inicio breve, un suspiro, ya que en octubre Egipto y Siria lanzan un ataque sorpresa contra Israel en pleno Yom Kipur. El León de Dios fue llamado a cumplir con su deber y se puso al mando de una división acorazada de reservistas. Según cuenta Uriel Dan en la biografía que escribió de Sharon, Zeev Amit, el comandante de la reserva en las primeras horas de una guerra que hacía temer lo peor, preguntó a Arik: "¿Cómo vamos a salir de esto?". A lo que éste contestó: "¿No lo sabes? Cruzaremos el Canal de Suez y allí terminará la guerra". Efectivamente, consiguió llevar sus tanques a cien kilómetros de El Cairo. En el tercer día de la guerra, Moshé Dayán, entonces ministro de Defensa, diría de Sharon:
Si conozco bien a Arik, seguro que se dirige hasta El Cairo e intenta obtener votos para el Likud.
En política, ciertamente, fue también un gran estratega. En un breve espacio de tiempo, antes de que Beguin le hiciera ministro de Agricultura, ganó un escaño, dimitió del mismo, intentó primero liderar el bloque liberal dentro del Likud, se fue del partido, creó uno nuevo, Shlomtzion, y posteriormente lo unió al Likud para llegar más reforzado a la coalición de centroderecha. Arik se hizo eco de la cita de Churchill que reza que la política es la continuación de la guerra por otros medios. No obstante, las grandes manchas de su expediente se generan cuando Sharón ostenta cargos políticos.
Durante su mandato como ministro de Agricultura, las colonias judías doblaron su crecimiento en Gaza y Cisjordania. Es en 1982 concretamente cuando Menahem Beguin –quien como comandante del Irgún fue su rival durante el Mandato Británico– le designa ministro de Defensa. El 18 de septiembre, cuando los medios filman e informan sobre lo que ha sucedido en Sabra y Chatila, es el comienzo de la verdadera leyenda negra sobre Ariel Sharón.
Beguin, que después de haber mermado la amenaza nuclear iraquí y de haber hecho la paz con Egipto estaba en la cima del éxito político –es menester recordar que el encargado de sacar a punta de fusil a los colonos judíos establecidos en el Sinaí fue Sharón–, decidió acabar la tarea y frenar los ataques que la OLP lanzaba desde el Líbano a Israel y, de paso, inmiscuirse en la guerra civil libanesa y colocar un Gobierno cristiano amigo en Beirut. Bajo el mando de Sharón, pues, comenzó la operación Paz para Galilea y la primera guerra de Líbano. Aunque Beguin declaró públicamente que las fuerzas israelíes no sobrepasarían más allá de 40 kilómetros de la frontera con el Líbano, Arik ordenó tomar posiciones como la ciudad de Jezzine, acabar con las defensas antiaéreas sirias, derribar 30 de los cazas de Hafez al Asad (padre y predecesor del actual dictador sirio) y finalmente tomar Beirut y forzar la evacuación de más de 14.000 miembros de la OLP, incluido Arafat. Tras la invasión israelí, el líder maronita y aliado de Israel Bashir Guemayel, y también presidente electo del País del Cedro, es asesinado en un atentado junto a 26 personas más. El mundo entero, incluido Sharón, acusa a los terroristas de la OLP del ataque. En 1988 el FBI apuntó al Partido Nacional Socialista Sirio como responsable. Guemayel, dos semanas antes de ser asesinado, promete a Beguin que establecerá relaciones diplomáticas con Israel y pide específicamente a David Kimche, antiguo espía del Mosad y entonces director general del Ministerio israelí de Exteriores:
Por favor, diga a su pueblo que sea paciente. Me he comprometido a firmar la paz con Israel, y voy a hacerlo. Pero necesito tiempo: nueve meses, máximo un año. Tengo que arreglar mis relaciones con los países árabes, especialmente con Arabia Saudí, para que el Líbano pueda volver a desempeñar un papel central en la economía de Oriente Medio.
Elie Hubeika, sucesor de Guemayel como líder de las falanges libanesas, sediento de venganza, quiere entrar en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila en busca de los terroristas que supuestamente habían perpetrado el atentado. El ejército israelí, que se apostaba fuera de los campos, no intervino. Incluso, durante la noche, lanzó bengalas para que los falangistas tuvieran visibilidad. En la excepcional película Vals con Bashir, del documentalista israelí Ari Folman –que presenció los hechos in situ, en su condición de militar israelí–, obtenemos instantáneas tenebrosas e inquietantes de lo que sucedió, y a un Sharón que no prestó interés a lo que los falangistas planeaban y querían. Fueron asesinados entre 800 y 2.000 palestinos, incluyendo mujeres y niños.
Sabra y Chatila supuso también un terremoto político en Israel. La Comisión Kahan, creada ad hoc para investigar lo ocurrido, consideró al Ejército indirectamente responsable de la masacre y a Ariel Sharón responsable por ignorar los deseos de venganza de los falangistas y no tomar medidas para prevenir la matanza. La organización Paz Ahora convocó una manifestación que congregó a 400. 000 personas –en un país de apenas cinco millones–. A Sharón le costó la cartera de Defensa, pero Beguin le mantuvo como ministro sin cartera. Fue un duro golpe para ambos. El último en la lucha de Beguin, pero no en la de Sharón, al que todavía le quedaba historia que escribir.
En 1984 fue nombrado ministro de Comercio e Industria; y en 1990, ministro de Vivienda. Durante el Gobierno de Isaac Shamir, intentó arrebatar a éste la jefatura del Likud. Cuando Netanyahu llegó al poder en el 96, Arik fue ministro de Fomento y luego de Exteriores. El león seguía rugiendo.
Tras las fallidas negociaciones de Camp David II, llegó su momento. El 28 de septiembre de 2000, escoltado por más de mil policías, visitó el Monte del Templo en Jerusalén, donde están el Domo de la Roca y la Mezquita de Al Aqsa. La visita fue autorizada por Yibril Rayub, jefe de Seguridad palestino en Cisjordania. Además, la Segunda Intifada, según nos contó Marcos Aguinis en uno de sus perdurables artículos, "El alzhéimer del pueblo palestino", comenzó un día antes, contra el Gobierno de Ehud Barak. No importaba. Sharón era responsable de todo. La demencial lógica occidental adujo, durante esos ominosos años, que la visita de un político opositor a un lugar en disputa había desencadenado ataques suicidas por todo el país, y que el político, por tanto, era el único responsable de todo. Trasladar esta lógica, esta justificación del terrorismo, a otros conflictos activos por el mundo da vértigo. Pero, una vez más, contra Sharón e Israel todo valía.
Indudablemente, tras el colapso del Gobierno de Ehud Barak, el Likud de Sharón se alzó con la victoria en las elecciones de febrero de 2001. El león se proponía entonces frenar la oleada de ataques terroristas más brutal de la historia del conflicto. Y lo hizo. El Ejército israelí diezmó a las Brigadas de los Mártires del Al Aqsa, a la Yihad Islámica Palestina y a Hamás en Cisjordania. El Ejército israelí, tras un Pésaj sangriento, lanzó la operación Escudo Defensivo en 2002. Durante la batalla de Yenín, la retórica volvió a ser completamente gratuita. La loca comparación de Yenín con Auschwitz vino primero; luego, ante el desescombro de cadáveres, la comparación descendió hasta el Gueto de Varsovia. Posteriormente, tras las cifras publicadas por la nada proisraelí y nada sospechosa Human Rights Watch, llegó el silencio: 52 palestinos, la mayoría arma en mano, y 13 soldados israelíes. Era una batalla, no un genocidio. No obstante, ahí están las hemerotecas y ahí seguirán las palabras de los infames miopes: esos que ven genocidio en Yenín y no en Homs o Alepo.
A la política de asesinatos selectivos –que acabó, entre otros, con Ahmed Yasín, líder espiritual y fundador de Hamás– le siguió la medida más efectiva contra los ataques suicidas: la valla de seguridad en Cisjordania. Cuando Arik cayó en coma, en 2006, los atentados suicidas eran ya improbables.
Sharón, una vez acabada la Segunda Intifada y con Arafat fuera de escena, decidió dar el siguiente paso, el cual era impopular para su partido y para su Gobierno: hacer un Estado palestino unilateralmente. Después de negociar infructuosamente con Mahmud Abás para aplicar la Hoja de Ruta creada por el famoso Cuarteto (EEUU, UE, ONU y Rusia), Sharón decidió sacar hasta el último israelí de Gaza y dar las llaves a la Autoridad Nacional Palestina de Abás. Las famosas imágenes de la Policía y el Ejército israelíes evacuando a los colonos llegaron hasta el Premio Pulitzer. Posteriormente, los israelíes vieron cómo los hombres de Hamás y Fatah, que dos años más tarde se masacrarían entre sí para hacerse con el control de la Franja, quemaban las sinagogas y saqueaban los invernaderos. Natan Sharansky, disidente soviético y actual director de la Agencia Judía, dimitió del gabinete de Sharón. El Likud en bloque estaba en contra de la desconexión de Gaza. Por ello, Sharón cambió de estrategia y creó un nuevo partido, Kadima, llevándose a sus fieles y añadiendo a viejas glorias del laborismo como Simón Peres. Fue una jugada maestra, en la que el golpe final era una desconexión unilateral de la mayor parte de Cisjordania. Una vez más, Arik ganó la batalla.
Como declararía ante Abás y ante el rey Abdalá de Jordania en junio de 2003:
Entendemos la importancia de la contigüidad territorial en Cisjordania para un Estado palestino viable.
Un mes antes de dicha cumbre, su Gobierno aprobaba la aplicación de la Hoja de Ruta y Arik hacía ver a los israelíes la cruda realidad:
Puede que la palabra no os guste, pero lo que está ocurriendo es una ocupación de 3,5 millones de palestinos. Creo que es algo terrible para Israel y para los palestinos.
Pero en enero de 2006 el león recibió un ataque del que no ha podido recuperarse, pero sí resistir por más de 8 años: un derrame cerebral. No pudo ver terminada su obra de salir de Cisjordania y forzar a los palestinos a administrar un territorio. Kadima está ahora prácticamente desaparecido, y la idea de desmontar las colonias unilateralmente está a todas luces fuera de los planes del actual Gobierno. La estrategia de Sharón murió con él. Además, tras la desconexión de Gaza, la Franja se ha convertido en una lanzadera de misiles contra los civiles israelíes. Sin embargo, uno de sus grandes legados es que los ataques suicidas son hoy imposibles en Israel.
Según la encuesta que hizo el Yediot Aharonot en 2005, el periódico de más tirada en Israel, Arik es el octavo israelí más grande de todos los tiempos. Con el último rugido del León, todos los padres fundadores del Israel moderno son ya pasto de los museos, de las celebraciones y de los libros de historia. Sharón era miembro de una generación que hizo posible, en palabras de Josep Pla, "uno de los acontecimientos más extraordinarios de la historia": el nacimiento del Estado de Israel.
De esa mítica generación de líderes sionistas ya sólo queda Simón Peres, que todo parece indicar se irá con las botas puestas. Gracias a David ben Gurión, Menahem Beguin o Ariel Sharón, el mismo Peres pronunció estas palabras en el Día del Holocausto del año 2012:
El Estado que hemos creado ha superado todos nuestros sueños.
Fuente:libertaddigital.com

Crucial en la historia de Israel - Florentino Portero


Con el general y exprimer ministro Ariel Sharon se va una de las grandes figuras de una generación crucial en la historia de Israel, formada por nacidos en Palestina en los días del Mandato Británico, hijos de una emigración forzada y crecidos en un entorno de rechazo a su propia existencia, en el que la violencia era una constante cotidiana. Sobre ella recayó la responsabilidad de hacer frente a cuatro guerras vitales: Independencia, Sinaí, Seis Días y Yom Kipur, y sobre ella se levantó un país democrático con un I+D+i de los más altos del mundo y más premios Nobel en sus campus universitarios de los que España va a tener en un futuro próximo.
De padres bielorrusos con formación universitaria, huidos del comunismo soviético y contrarios a ensoñaciones y experimentos socialistas, Ariel nació y creció en un ambiente agrario, muy comprometido con la causa sionista. Con 14 años ya formaba parte, como muchos de sus compañeros, de una unidad paramilitar diseñada para el adiestramiento de los jóvenes, de la que pasó a la Haganah, el embrión de Ejército que defendería el recién creado estado de Israel durante la Guerra de la Independencia. Para entonces ya había demostrado las cualidades de liderazgo que le llevarían al generalato, tras una brillante carrera militar que le confirió una gran popularidad.
Aquella no es una tierra fácil, donde la vida esté garantizada por un ambiente de orden y unos eficaces servicios sociales. Allí la vida pende de un hilo, siempre expuesta a un atentado terrorista, a un cohete que llegue de Dios sabe dónde o a la próxima guerra, esa que no sabemos con quién será pero que llegará inexorablemente en unos pocos años a más tardar. Es la razón por la cual sus habitantes se caracterizan por un estilo directo, cuando no agresivo, y una disposición a comerse la vida a bocados. Ariel Sharon siempre fue más allá. Hasta para los estándares israelíes su carácter resultaba excesivo por su forma tempestuosa y demasiado personalista de actuar.
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La vida forja a las personas y la juventud y primera madurez de Ariel Sharon fueron cualquier cosa menos fáciles. Defendió su país desde unas milicias apenas dotadas de medios, colaboró en la creación y organización de su nuevo ejército y como oficial dirigió unidades en el campo de batalla en cuatro guerras, a menudo con extraordinaria brillantez, en ocasiones planteando dudas sobre su responsabilidad en la muerte de civiles. Sin entender este período apenas podremos acercarnos a entender su personalidad, privada o política, que le proporcionaría tanta popularidad como críticas en Occidente.
Siguiendo la estela familiar, Sharon rechazó la vía socialista para construir Israel y optó por militar en el partido nacionalista Likud, desde donde desarrolló una intensa, polémica y en ocasiones trascendente vida política. Ocupó distintos ministerios para acabar siendo primer ministro y en todo momento fue un referente en el debate estratégico. La I Guerra del Líbano, que vivió como ministro de Defensa, cayó sobre él como una losa, tanto por sus consecuencias como por lo sucedido en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, cuando milicias cristianas aliadas de Israel entraron provocando una inexcusable matanza. No pudo demostrarse responsabilidad directa, pero la gravedad de lo ocurrido forzó su dimisión.
Nunca confió en Yaser Arafat ni en los dirigentes de Fatah. El proceso de paz iniciado en Oslo y Madrid despertó en él más temores que esperanzas, convencido de que sería una trampa para atar a Israel limitando su margen de maniobra. Las negociaciones en Camp David, durante el gobierno de su compañero de armas Ehud Barak, fueron el momento clave para desvelar la falta de sinceridad de los dirigentes palestinos, provocando el fin de la esperanza en el seno de la sociedad israelí. Su ascenso a primer ministro y la llegada de George W. Bush a la Casa Blanca dieron paso a la etapa culminante de su carrera política. Tras una vida dedicada a la creación y supervivencia del estado de Israel en un entorno de rechazo y violencia, Sharon trató de establecer los fundamentos de su seguridad a partir de una clara y definitiva división del territorio.
Frente a las muchas tonterías políticamente correctas que hemos tenido que leer o escuchar en medios occidentales, Sharón siempre concibió el futuro de Israel, del estado judío, como algo distinto y separado del pueblo palestino. El ensueño de un Israel entre el Mediterráneo y el Jordán no tuvo en él a uno de sus defensores. Militar con visión estratégica, entendió la inviabilidad de un estado judío con mayoría palestina, con o sin derecho de ciudadanía, al tiempo que rechazaba el proceso de Oslo por la falta de sinceridad palestina. La división no sólo era buena y justa, sobre todo era una necesidad. Si no había interlocutor fiable habría que llevarla a cabo de forma unilateral.
Mientras el Road Map de Bush se empantanaba en su primera fase, tal como todos suponían, empezando por el propio Bush, Sharón daba los primeros pasos para establecer un nuevo marco de referencia. Frente al mantra de que en realidad Israel no deseaba retirarse de Gaza y Cisjordania y que bloqueaba el proceso de paz para tratar de anexionarse de hecho esos territorios, Sharón, el halcón entre los halcones, mostró al mundo su disposición a hacerlo. No fue fácil. Tuvo que abandonar su propio partido para formar otro, Kadima, con el que liderar una mayoría parlamentaria capaz de hacer frente a un proceso de esa trascendencia. Se levantaron los asentamientos y se retiraron las tropas de Gaza.
Israel había demostrado su disposición a retirarse de territorios palestinos al tiempo que el campo árabe se debatía en una guerra civil entre islamistas y nacionalistas. Era más evidente que nunca antes que Israel no tenía interlocutor, que la corrupción y el radicalismo habían provocado una grave crisis institucional en la Autoridad Palestina. Era el momento de dar el segundo paso: Cisjordania. Aquí no había fronteras de referencia, el problema de los asentamientos era incomparablemente mayor y el control de la seguridad del Jordán un tema irresoluble. Sharon actuó con discreción y no podemos aventurar hasta dónde habría llegado y cómo habría tratado determinados aspectos clave. Lo que es seguro es que estaba dispuesto a avanzar posiciones para separar a ambas poblaciones de forma definitiva, aunque el resultado no fuera en el corto plazo, porque no podía serlo, un acuerdo de paz que diera paso a la formación de un estado palestino.
Un derrame cerebral acabó con su carrera política en su momento más crucial. Lo ocurrido desde entonces ha venido a demostrar hasta qué punto tenía razón. Netanyahu desde el Likud criticó la retirada de Gaza porque daría paso a un Hamastán. Era cierto, y desde entonces se incrementaron los lanzamientos de cohetes. Todo eso estaba descontado, era el coste de una operación cuyos beneficios serían con muy superiores. Israel demostró al mundo su disposición a retirarse de territorios palestinos, así como la crisis profunda que minaba a la Autoridad Palestina, todo ello antes de que la Primavera Árabe desvelara la crisis profunda que anida en el corazón de esa sociedad y que pone en cuestión su propia convivencia interna.
No hay una solución al problema palestino, como tampoco la hay para la crisis árabe. Se trata de gestionar de la manera más inteligente situaciones críticas. Sharón, un militar que sólo conoció la guerra en sus diferentes variantes, entendió que, tras crear un estado, librar guerras contra vecinos que negaban su derecho a existir, transformar su sociedad en una democracia avanzada y con un cierto nivel de bienestar, era necesario cambiar la estrategia para lograr la separación entre judíos y árabes en el mayor grado posible y de la forma más eficiente. Su obra quedó truncada, pero el legado queda como referente para una sociedad que no ha conocido la paz.
Fuente:libertaddigital.com

El último gran líder del sionismo - Felipe Sahagun


La muerte de Ariel Sharon, fallecido después de ocho años en coma, pone fin a una de las carreras militares y políticas más brillantes y polémicas de la historia de Israel. "Fui soldado y agricultor, y ahora soy político", confesaba Sharon al corresponsal de Antena 3, Henrique Cymerman, en una de sus últimas entrevistas. "Si tuviera que escoger la tarea que más me agrada, creo que sería agricultor. Nací y me crié en una finca en Kfar Maalal, en 1928. Mi padre era de origen germano-polaco y mi madre, rusa. Ingresé en Agronomía en 1948, pero estalló la Guerra de la Independencia y me convertí en militar".
En el Ejército hasta 1973, héroe de las guerras del 56, del 67 y del 73, en la política desde 1974, ministro en seis ocasiones y primer ministro desde febrero de 2001, Sharon fue para sus enemigos un general sin escrúpulos que rondó siempre la tragedia y que se ganó a pulso el apodo de Niveladora (bulldozer) por el número de aldeas y casas palestinas que convirtió en escombros. Le dio igual que le amaran o que le odiaran. No se fió nunca de nadie.
Sus críticos le consideraban un hombre sin escrúpulos que se creyó liberador y un general insubordinado que llevó a la muerte a docenas de soldados israelíes por conseguir unas medallas y, también, algunas victorias. Su heroicidad en la guerra del 56, cuando conquistó el estratégico paso de Mitla, costó cara a sus jefes y aliados, pues precipitó la intervención estadounidense en contra de Israel.

Opuesto a la paz de Oslo

Se opuso a la paz con Egipto, hizo creer a Menahem Begin que la invasión de Líbano sería un paseo, se opuso a la Conferencia de Madrid y a la paz de Oslo, se negó a negociar con Arafat en vida y, como primer ministro, le condenó a arresto domiciliario. Siempre consideró Jerusalén territorio exclusivo de Israel, negoció directamente con Mobutu una alianza en el 81, apadrinó a Jonas Savimbi por encargo de la CIA de Reagan y vivió como una gran victoria la invasión estadounidense de Irak en 2003.
Una elección (la de George Bush hijo), un atentado (el 11-S) y una muerte (la de Yaser Arafat) despejaron el camino para la retirada unilateral de Gaza, la ruptura con el Likud en noviembre y el adelanto de elecciones para intentar resolver el problema de Cisjordania en su segundo mandato.
Fundó -con Kadima- al menos tres partidos políticos y nunca fue leal a ninguno. Ayudó a crear el Likud en 1973, pero tras unos meses de diputado se incorporó al equipo de asesores de Isaac Rabin en el Gobierno de 1975. En el 76 formó otro partido, Shlomzion, y con sólo dos escaños logró las carteras de Agricultura y Defensa en los gobiernos de Menahem Begin, del 77 al 83.
Derrotado en las primarias del Likud en el 84, se incorporó como ministro de Comercio e Industria del Gobierno laborista de Simon Peres en septiembre de aquel año. Su dimisión provocó una crisis gubernamental en 1990, pero él permaneció en el Gabinete a las órdenes de Isaac Shamir. Como ministro de Vivienda, aceleró la construcción de asentamientos para hacer irreversible la ocupación de los territorios conquistados en la guerra de 1967. Como ministro de Exteriores en el Gobierno de Netanyahu, en 1998, boicoteó el proceso de paz de Oslo.
Aunque vivió toda su vida en guerra, de la guerra y para la guerra, es posible que pase a la historia como el líder israelí que decidió unilateralmente la retirada de Gaza y del norte de Cisjordania y que, de haber sido reelegido el 28 de marzo de 2006, se había comprometido a establecer las fronteras definitivas entre Israel y un nuevo Estado palestino. El corazón le impidió cumplir su último sueño.
De haberlo logrado, muchos habrían olvidado las páginas más sombrías de su biografía y le habrían admitido en los libros de Historia como una especie de De Gaulle israelí que renunció a una ocupación insostenible a cambio de la paz. Si, como parece, se reactiva la violencia en una tercera intifada, la retirada de Gaza será la última decisión de un jugador desesperado que traicionó el Gran Israel por el que había luchado toda su vida a cambio de nada.

De la huerta a las Juventudes Laboristas

Los padres de Sharon, Samuel y Vera Scheinerman, le salvaron la vida cuando apenas tenía un año escondiéndole en un pajar de su aldea natal, muy cerca de Tel Aviv. A los seis años vigilaba, porra en mano, la huerta de frutales de sus padres. Con 10 años dejó la huerta por las Juventudes Laboristas y a los 14 ya militaba en Gadna, una organización paramilitar de la que pronto se convirtió en instructor y donde conoció a su primera esposa, Mar, con quien tuvo un hijo. Ella murió en un accidente de tráfico en el 62 y su hijo en octubre del 67 de un disparo mientras jugaba con el rifle de su padre. Sharon se casó de nuevo con Lily, la hermana menor de Mar, con quien tuvo dos hijos, Omri y Gilead, que le han dado dos nietos. Cuando se ponía nostálgico, Arik (como le llaman los amigos) siempre recordaba a Lily, nunca a Mar.
Su muerte, en mayo de 2000, le causó un profundo trauma, del que salió con su última gesta: arrebató el control del Likud a Netanyahu y, tras provocar las iras de los palestinos paseándose por la explanada de las mezquitas de Jerusalén el 28 de septiembre de 2000, precipitó una crisis en el Gobierno de Ehud Barak y las elecciones anticipadas que le dieron la victoria en febrero de 2001.
La partición de Palestina en el 47 le sorprendió, con sólo 19 años, al frente de una de las unidades más temibles de Haganah, embrión del Ejército del nuevo Estado, en la que se ganó todos los calificativos con los que ha sido descrito desde entonces por sus biógrafos: valiente, heterodoxo, expeditivo en los métodos, insubordinado y siempre dispuesto para las acciones de mayor riesgo.
Al frente de la Unidad 101 de las Fuerzas Especiales, redujo a cenizas el campo de refugiados de El Bureig, en el sur de Gaza, en agosto del 53. Docenas de refugiados fueron asesinados mientras dormían y cuando intentaban huir de las bombas. Fue sólo un anticipo de lo que dos meses más tarde hizo en la aldea jordana de Qibya. En el diario de Moshe Sharett, entonces ministro israelí de Exteriores, hay pruebas que muchos considerarían suficientes para condenar a Sharon por crímenes de guerra.
En aquella operación, confiesa Sharett, murieron 69 civiles, la mayoría mujeres y niños. "Creímos que todos los habitantes habían huido cuando entramos y destruimos las casas (45 casas)", respondió Sharon en su defensa.
La calle Had'd de Gaza nunca olvidará las apisonadoras de Sharon destruyendo centenares de viviendas una noche de agosto del 71: 2.000 viviendas convertidas en escombros, 16.000 refugiados detenidos o deportados a Líbano, Jordania y el Sinaí, y 104 guerrilleros palestinos asesinados en los meses siguientes.

Masacre de Sabra y Chatila

Desde las seis de la tarde del 16 de septiembre a las ocho de la mañana del 18 de septiembre de 1982, las Falanges Cristianas Maronitas libanesas, que acababan de perder en un atentado a su líder Gemayel, masacraron los campamentos palestinos de Sabra y Chatila. El Gobierno libanés contó 762 cadáveres. Otros 1.200, aproximadamente, fueron enterrados en silencio por sus familiares. La Operación Paz en Galilea, obra de Sharon, costó la vida en sólo tres meses de unos 20.000 palestinos y libaneses, y de unos mil israelíes.
La comisión oficial israelí dirigida por Isaac Kahan, presidente del Tribunal Supremo, declaró a Sharon "responsable por despreciar o ignorar el peligro de actos de venganza y derramamiento de sangre por los falangistas, al permitirles entrar en los campamentos, y por no adoptar medidas apropiadas para evitar o reducir el peligro de matanzas antes de su entrada".
Terrorista para unos, gran estadista para otros, Sharon nunca creyó en otra justicia que la de la fuerza. No se fió nunca de ningún tribunal y vio en la ONU una marioneta incompetente viciada por intereses bastardos y, hasta bien recientemente, en manos de mayorías antisionistas.
Obsesionado por la falta de profundidad estratégica o territorial de Israel, hizo todo lo que pudo para quedarse con las mejores tierras de Cisjordania y el agua de su subsuelo. Pasó del Derecho Internacional, de las convenciones de Ginebra y de los tribunales belgas que intentaron procesarle. "¿Cómo se atreve a juzgarme un país que ha cometido toda clase de atrocidades en África?", repetía.
En 1987, nada más declararse la primera intifada, compró un apartamento en el centro de Jerusalén Oriental y allí siguió viviendo como primer ministro. Los fines de semana solía escapar a una finca agrícola que tenía en el sur del país.
Con su muerte, desaparece uno de los últimos supervivientes de la segunda generación de dirigentes israelíes. Discípulo de Ben Gurion y protegido de Isaac Rabin, se reinventó a sí mismo muchas veces, la última tras su victoria electoral de 2001 al decidir unilateralmente la retirada de Gaza. "Fue una ruptura total con su pasado", reconoce Tommy Lapid, líder del partido laico Shinui. "Hizo trapecio en la cuerda floja, algo admirable por su parte".
"Nada de eso", reconoce su asesora de Seguridad Nacional, Giora Eiland. "Sharon se limitó a aplicar la lógica: dado que Israel no podrá retener eternamente Gaza, lo mejor era retirarse en las condiciones adecuadas. En Gaza Israel no se juega ningún interés vital". Cisjordania ya es otra historia, pero Sharon ya no será quien la escriba.
Fuente:elmundo.es

jueves, 9 de enero de 2014

Gino Bartali, el ciclista que salvó la vida a casi mil judíos durante la persecución nazi en Italia



Gino Bartali fue una de las grandes figuras del deporte del Siglo XX. De aquellas que trascienden el ámbito deportivo para brillar aún más en la faceta humana. Considerado uno de los mejores ciclistas de todos los tiempos, fue su ayuda en secreto a los judíos que vivían en su Florencia natal durante la Segunda Guerra Mundial, jugándose la vida para salvar la de los demás, lo que le elevó a la categoría de leyenda. En todos los sentidos.

Nunca tuvo un camino fácil

Nacido en 1914 en un pequeño pueblecito toscano perteneciente al Quartiere 3 de Florencia, llamado Ponte a Ema, Gino Bartali tuvo claro desde pequeño que su vida era la bicicleta. Sólo la necesidad de la familia de que trabajara con ellos en el campo para poder comer le impidió iniciarse antes en el ámbito profesional. Pero en cuanto comenzó a ganar carreras amateurs consiguió convencer a los suyos de que su futuro estaba en el ciclismo, y que ésa era la manera en la que debía ayudar en casa.
Y no fue fácil. En la primera carrera profesional que disputó terminó inconsciente después de chocar con un espectador, lo que provocó las reticencias de su familia. Aun así, siguió corriendo, y en la primera Milan-San Remo que disputó se llevó el primer trago agridulce de su carrera: cuando iba escapado en solitario, fue interceptado por un periodista que tenía la misión de evitar que un desconocido ganara tan prestigiosa prueba. Aún así, nada más terminar la carrera, en la que se impuso Giuseppe Olmo, recibió una visita que le iba a cambiar la vida. Eberardo Pavesi le iba a ofrecer liderar un equipo, Legnano, creado para ganar el Giro de Italia.

En 1936, en su segunda participación en la grande corsa italiana, Bartali sorprendía a todos adjudicándose la victoria final, después de conseguir también tres victorias de etapa. Había nacido "el ciclista alado", "la bala humana". Los calificativos de la prensa se agotaban ante la irrupción de su nuevo ídolo. Ni siquiera importó que, en la celebración del Giro, le pidieran que dedicara el triunfo al Duce Mussolini, y él se negara a hacerlo, agradeciéndoselo todo a su familia y a "quien vela por la seguridad de todos nosotros, la Virgen María". Una muestra evidente de sus fuertes convicciones católicas. "Tus ideas no gustan, pero no podemos renunciar a tus piernas", le anunciaron.
Su carrera, sin embargo, estuvo a punto de truncarse sólo una semana después. Su hermano Giulio Bartali, dos años menor que él y con quien le unía sobre todo su inmensa afición por la bicicleta, fallecía durante la disputa de una carrera amateur en la Toscana. Todos sus sueños y promesas de triunfar juntos se rompían. Gino se sentía incapaz de volver a tocar una bicicleta, y decidió retirarse durante un tiempo.
No obstante, y ante la petición de todos aquellos que lo rodeaban, deseosos de que no se apagara de esa manera una estrella tan brillante, decidió regresar a la competición. Y lo hizo a lo grande: proclamándose de nuevo campeón del Giro de Italia.

La Guerra frena su éxito, pero surge la leyenda

Al año siguiente es seleccionado como capitán del equipo italiano que disputará el Tour de Francia, con el único objetivo de conseguir el triunfo. Y sólo una caída cuando era líder se lo impidió. Al año siguiente regresó con el mismo objetivo, y se convirtió en el segundo italiano en toda la historia que conquistaba el Tour. Gino Bartali ya se había convertido en todo un héroe en Italia.
Pero semanas después comenzó la Guerra y, como sucedió en casi todos los ámbitos, la carrera de Bartali se detuvo. Justo cuando estaba en su plenitud física, después de conquistar dos Giros y un Tour en tres años, cuando apuntaba a ganar de manera perpetua las grandes vueltas, tocaba detenerse por algo que no tenía nada que ver con el ciclismo. Estaría cinco años, los años de su madurez deportiva, sin poder correr.

La ayuda secreta

Fue entonces cuando la leyenda de Bartali trascendió al deporte. Durante el tiempo en que duró la Guerra, sobre todo entre 1943 y 44, Gino comenzó sus viajes más importantes en bicicleta. Fuera de la competición. Normalmente, de Florencia a Asís. 200 kilómetros en los que transportaba cartas y documentos falsificados escondidos en los tubos del cuadro de su bicicleta para ayudar a escapar a cientos de judíos, la mayoría de ellos niños, que iban a ser traslados a campos de concentración alemanes.
Armado de valor y coraje, Bartali se hacía valer de su figura como ciclista para que nadie sospechara, pues, afirmaba, estaba entrenando para cuando todo terminara volver a ser campeón. Ayudaba de ese modo a una red interreligiosa clandestina en la Toscana (perfectamente explicada en su Fundación) que se dedicaba a "salvar a los judíos de ser exterminados". Se afirma que Bartali pudo ayudar a salvar la vida a más de ochocientos judíos gracias a esos documentos falsos.
La historia fue conocida poco después de su muerte. Gino nunca contó nada, ni a su familia ni a nadie. Pero una vez destapada su historia secreta de solidaridad y caridad, no dejó de recibir reconocimientos póstumos. Se le entregó la medalla de oro al Valor Civil de la República Italiana; y fue declarado Justo entre las naciones por el Yad Vashem, el memorial oficial israelí de las víctimas del holocausto fundado en 1953 en reconocimiento a los no hebreos que han arriesgado su vida por salvar la vida de judíos durante la persecución nazi.

Un duelo épico

Terminada la Guerra, y recuperada con ello la actividad deportiva, Bartali regresó al ciclismo. Tenía ya 31 años, considerado entonces mayor para la competición. Y además se encontraba con otro enorme ciclista que había comenzado a brillar en la preguerra: Fausto Coppi. Pero Bartali volvió a dar muestra de su carácter y capacidad, y se impuso en el Giro de Italia de 1946, precisamente por delante de Coppi. Había nacido el duelo del siglo del ciclismo italiano.
Porque eran dos ciclistas completamente distintos. Mientras uno era todo garra y corazón, un escalador nato que brillaba sobre todo por su potencia, Coppi era de un estilo más elegante y veloz, especialmente contra el crono. Pero sobre todo porque eran dos personas completamente distintas. Bartali era el reflejo de una Italia campesina, pobre, católica, fiel a las tradiciones; Coppi era el símbolo de una Italia cosmopolita, adinerada, proyectada hacia el futuro.
El duelo llegó más allá del ciclismo. En realidad, fue más una rivalidad creada por el pueblo y la prensa que por ellos mismos. El país estaba dividido en los Bartalistas y los Coppistas. Un antagonismo que se terminó durante una etapa en el Tour del 52. Allí, mientras iban los dos escapados en busca de la victoria final, Bartali le dio de beber de su botella de agua a un exhausto Coppi; o Coppi le dio de beber de su botella a un exhausto Bartali. En realidad, nunca se sabrá. Pero esa imagen quedó para la posteridad de la historia del deporte, y terminó de un plumazo con un duelo legendario, en la carretera y fuera de ella.

Evitó una guerra civil con su bicicleta

Tal era la figura de Gino Bartali por aquel entonces, que el país se encomendó a él en uno de los momentos más complicados de su historia reciente. Mientras se encontraba disputando el Tour del 48, Togliatti, líder del Partido Comunista Italiano, era tiroteado por un estudiante. El clima en el país se encendió como una mecha. Tanto, que parecía ya inevitable una guerra civil.
Bartali recibió una llamada. Era el primer ministro, De Gasperi, quien le pedía un favor para ayudar a Italia: que ganara el Tour. Estaba a más de 20 minutos del líder entonces, el francés Bobet. Pero Bartali brindó al día siguiente en los Alpes una de las etapas más épicas de la historia de la ronda gala. Se colocó el maillot amarillo, y se proclamó vencedor del Tour. La prensa italiana abrió todos sus diarios e informativos con la brillante victoria de su ciclista. Había vuelto la ilusión y, con ella, la calma regresó al país. Bartali había evitado una guerra civil.
Una vez más, había logrado una quimera con la única ayuda de su bicicleta. Como cuando devolvió la gloria ciclista a Italia; como cuando dividió al país en dos para luego volver a unirlo con una simple imagen, con una grandiosa imagen; como cuando, a escondidas y jugándose la vida, salvó la de tantos y tantos judíos. "El bien se hace, no se dice. Ciertas medallas se cuelgan en el alma, no en el maillot" afirmaba el enorme ciclista italiano entonces. Es la historia secreta de Gino Bartali. Una leyenda para el ciclismo, un héroe para la humanidad.
Fuente : TOLO LEAL . libertaddigital.com


martes, 7 de enero de 2014

TVE, ¡Qué asco! - Jaime Einstein.

 
 
Jaime Einstein
A veces, cuando uno cree que una persona, o una organización ha tocado fondo, y que ir más abajo es imposible, va y te sorprenden, descendiendo a profundidades nunca antes alcanzadas.
Esta mañana puse lo que pasa por las "noticias" de Televisión Española Internacional. Después de una pieza sobre el sangriento conflicto civil entre sunitas y shiitas en Irak, los buenazos de TVE se vieron obligados a "compensar", poniendo algo malo sobre su cabeza de turco preferida, Israel.
Esta vez, los paladines del periodismo nacional español se enfocaron en las manifestaciones de los inmigrantes ilegales africanos en Tel Aviv. No hay duda de que este es un tema complejo y doloroso. Digo doloroso porque centenares de miles de israelíes han sido refugiados en algún momento de su vida (yo lo he sido, me escapé de Cuba y fui un indocumentado más). Los israelíes que no han sido refugiados son hijos o nietos de refugiados, casi sin excepción. Es por ello que ninguno de nosotros se siente desligado del dilema de los miles de eritreos o sudaneses que han arriesgado el pellejo para llegar a estas tierras.
Al igual que para países de la Unión Europea, tales como España, Italia y Grecia, la entrada de millares de estos refugiados representa un terrible desafío para nuestra economía y sociedad. Hay una notable diferencia entre Israel y Europa, Israel es infinitamente más pequeño y más pobre que la Unión Europea. Nadie en Bruselas nos va a dar un céntimo para absorber a esta ola migratoria. ¿A dónde podemos mandarlos? ¿A Siria, Jordania o el Líbano?
Pues bien, los genios de TVE presentaron nuestro dilema con una descripción Orwelliana, digna de Josef Göbbels: "las autoridades israelíes han dicho que no pueden continuar recibiendo refugiados africanos ya que ello amenazaría la pureza étnica del país".
¿Qué autoridad dijo esto? TVE lo dejó en silencio.
Cualquier político israelí en posición de autoridad que dijera tal disparate sería descuartizado por nuestros medios de comunicación y por la opinión pública del país. Pero, esto no es óbice para la habilidad de TVE de inventar cualquier cosa, si con ello se hace daño al "cáncer judío", si el libelo sirve para continuar el asesinato de nuestra reputación.
La clara implicación de los genios de TVE es que somos un estado racista, que practicamos "apartheid". ¡Qué raro! Todos los días me cruzo con centenares de israelíes de origen etiope, que son tan negros como los eritreos y sudaneses. Israel se gastó millones de euros en traerlos a nuestro país... entraron como ciudadanos. ¡Qué raro! Nosotros los contribuyentes israelíes estamos gastando gruesas sumas ahora en la absorción de grupos tribales de la India (que son "racialmente" asiáticos, con los ojos oblicuos) que están siendo bienvenidos a nuestro país.
¿Será que los millares de refugiados sub-saharianos que tratan de llegar a España cruzando las muy altas murallas de seguridad en Ceuta y Melilla son recibidos por las autoridades españolas con los brazos abiertos y flamantes DNIs españoles? ¿Y los refugiados que han llegado a la isla italiana de Lampedusa... vieron ustedes los videos mostrando su maltrato y vejación a manos de los muy civilizados italianos? ¿Y Grecia, con miles de albaneses y sirios tratando de penetrar a la Unión Europea?
Caso algún español me responde diciendo: "bueno, pero los etiopes y los indios que entran en Israel son judíos."
Bien, ¿y los habitantes del Sahara Occidental no eran ciudadanos españoles? España, muy pichi, les dio la espalda, y hoy día los saharauis viven como apátridas en campamentos de refugiados en Argelia.
El problema de las migraciones, escapándose de las hambrunas y guerras civiles africanas es un gravisimo problema para todo el mundo civilizado. Pero, parafraseando a un famoso rabino galileo de hace unos 2000 años, si los europeos son libres de pecado... tiren la primera piedra. Si no lo son, entonces, TVE, ¡váyanse a la mierda con sus libelos!
Fuente: https://www.facebook.com/einstein.jaime/posts/10202211952194277

viernes, 3 de enero de 2014

Ariel Sharon sufre un fallo multiorgánico casi irreversible


"¿Cree que son los últimos días de Ariel Sharon?" pregunta una periodista israelí al director del hospital Tel Hashomer, Zeev Rothstein. Tras un breve silencio, contesta: "Mi opinión personal es que sí pero los doctores siempre piensan adelante y con esperanzas". "La situación no mejora y sabemos que suele pasar en estas situaciones", aclara pesimista.
Rothstein ha presentado un cuadro clínico que confirma las sensaciones en la prensa en Israel que este viernes considera inminente la muerte del que fue uno de sus principales generales y dirigentes.
Como hace ocho años cuando sufrió un masivo derrame cerebral que le dejó en coma, hace ya balance de la intensa y polémica carrera de 'Arik' (85) desde que en la guerra del 48 fuera herido de gravedad en la batalla de Latrun.
"Su situación es crítica con peligro de vida. En estas últimas 24 horas no ha habido mejora del funcionamiento de sus órganos vitales. Asistimos a una insuficiencia general en varios sistemas de su cuerpo.
Los resultados del laboratorio indican que hay un empeoramiento gradual y lento del funcionamiento de los órganos de Sharon. También sufre una infección en la sangre", ha informado Rothstein. Y evoca su pasado militar: "Arik lucha como el auténtico luchador que fue en toda su vida".
Sus dos hijos, Omri y Guilad, continúan en su habitación del Departamento de Respiración Artificial siendo conscientes de que se tratan de los últimos momentos de su padre. En los ocho años de Sharon en estado vegetativo, insistieron al equipo médico en la voluntad de "hacer todo lo posible para seguir en vida".
En la biografía que escribió de su padre, Guilad cuenta como en la noche del 4 de enero y tras una nueva y compleja operación cerebral, los doctores le dijeron que no hay opciones. "Entiendo la situación pero les pido que luchen por él. Lucha".
"Es casi un milagro que Sharon haya sobrevivido tantos años", explican hoy desde el Hospital. Gilbert Cohen, su chófer durante dos décadas, se limita a decir: "Es un día muy triste, muy triste".Aunque de forma discreta, en su entorno empiezan ya hablar del funeral que será de Estado.
En Israel, antes de convertirse como jefe de Gobierno (2001-2006), en una figura de consenso, Sharon era sinónimo de controversia. Para los árabes en general y los palestinos en particular, fue un "cruel enemigo" recordando las operaciones de comando de represalia en los 50 contra los fedayines palestinos en los años 50 hasta la guerra del Líbano en el 82.
Aunque aún no ha muerto, los políticos analizan ya su legado. El ministro de Industria, el ultranacionalista Naftali Bennett, elogia "su coraje, su valentía en las diversas guerras y su principio de no dejar compañeros heridos en el frente". Pero también le recuerda la traumática huella que aún persiste entre los colonos: la retirada de la Franja de Gaza en el 2005 ordenada precisamente por Sharon, el lider que en el pasado tanto les había ayudado.
"Hay muchos entre nosotros, yo entre ellos, que siente un enfado muy grande por la expulsión de 8.000 habitantes de Gush Katif de sus casas y los resultados destructivos para todos los ciudadanos de Israel", comenta Bennett en alusión al lanzamiento de cohetes y misiles desde ese territorio palestino controlado por el grupo islamista Hamas.

jueves, 2 de enero de 2014

Ariel Sharon sigue en estado crítico y se "teme por su vida"

El estado de salud de Ariel Sharon es "crítico" y se "teme por su vida", informó este jueves en su último parte médico el hospital en el que está ingresado desde 2006 el ex primer ministro israelí.




"Definimos su estado como crítico. Tememos por su vida. Esta es la situación hasta el momento", dijo Zeev Rothstein, director del hospital de Tel Hashomer, en una rueda de prensa recogida por Efe. Según el facultativo, "en los últimos dos meses y medio ha habido altibajos en su situación médica, pero siempre volvía a estabilizarse. En los últimos días vemos un empeoramiento gradual en el funcionamiento de varios órganos críticos".



De 85 años, Sharon fue sometido recientemente a una intervención quirúrgica y sufre una insuficiencia renal que hace temer que el resto de sistemas vitales puedan verse afectados. El exdirigente israelí sufrió en enero de 2006, siendo aún primer ministro, una hemorragia cerebral que le llevó a un estado de coma permanente y desde entonces ha estado ingresado en ese centro médico a las afueras de Tel Aviv. "Ha salido de situaciones difíciles en los últimos siete años. No puedo ser profeta, pero la impresión de todo el equipo médico y de la familia es que hay un cambio para mal. Nuestra impresión es que hay un empeoramiento muy serio", subrayó Rothstein.



Todo el espectro político local está pendiente en las últimas horas de los partes hospitalarios y los principales dirigentes políticos han escrito mensajes a través de las redes sociales deseándole una pronta recuperación.



miércoles, 1 de enero de 2014

Abás, en la senda de Arafat - Elías Cohen


En verano de 2000 (Camp David II) los palestinos podrían haber tenido su Estado. Yaser Arafat entonces dijo que no a todo. No es la primera vez que perdían la oportunidad. Mahmud Abás, en el proceso de negociación abierto por el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, está tomando la misma actitud que su predecesor.
Desde la Conferencia de Madrid (1991), los israelíes exigen fronteras seguras, que los grupos terroristas palestinos entreguen las armas, que los palestinos reconozcan a Israel como Estado judío; libre acceso a los santos lugares del judaísmo –principalmente a la Tumba de los Patriarcas, en Hebrón–; que los refugiados palestinos sean absorbidos por el futuro Estado palestino y Jerusalén como capital indivisible del Estado de Israel. Los palestinos, por su parte, piden que Jerusalén Este sea la capital de Palestina, que se desmonten todas las colonias judías y no haya presencia israelí o judía en el futuro Estado palestino; que vuelvan cinco millones de refugiados –según sus cuentas y sus testimonios– a sus ciudades de origen, y que las fronteras de dicho Estado sean las anteriores a 1967, cuando el West Bank estaba ocupado por Jordania y Gaza por Egipto.
Los recursos hídricos, la desmilitarización del Estado palestino, el pasillo entre Gaza y Cisjordania y la presencia militar israelí en el Valle del Jordán son también cuestiones que están sobre la mesa, a la espera, sin embargo, de que se solucionen las cuestiones anteriores.
Los israelíes llevan buscando la paz desde que declararon la independencia; en cambio, los palestinos han aceptado muy a regañadientes, después de comprobar dramáticamente durante decenios que el terror no les llevaría a nada, sentarse en la mesa de negociaciones.
Siendo el nudo gordiano de las conversaciones la delimitación de las fronteras, los israelíes, desde Camp David II, plantearon una solución en cuanto al reparto del territorio en disputa –es menester recordar que, legalmente, pese a que estén bajo una ocupación o control militar israelí, no son ocupados, sino que están bajo una disputa de soberanía, porque no existen aún unas fronteras de iure, sino unas fronteras definidas tras un armisticio con Jordania–. Al existir colonias como el bloque de Gush Etzión –territorio de población judía antes de la primera guerra árabe-israelí y limpiado por las tropas jordanas antes de la guerra, compuesto entre otros asentamientos por Betar Ilit o Efrat, hoy prácticamente ciudades–, ofrecieron a los palestinos, liderados entonces por Arafat, los famosos land swaps (intercambios de tierra) para así ofrecer una expansión territorial similar en número de kilómetros cuadrados a la que hubieran tenido si el Estado palestino se hubiera formado antes de 1967 –en 1948 ya pudo haberse establecido un Estado palestino, rechazado tanto por los países árabes como por los propios palestinos–.
Barak entonces ofreció a Arafat un Estado palestino con un 90% del territorio reclamado y la absoluta división de Jerusalén mediante una ficción jurídica que haría del barrio árabe de la Ciudad Vieja territorio palestino y del judío, territorio israelí. Ningún político sionista se había atrevido a tanto.
Durante las conversaciones, Clinton, harto de las negativas de Arafat, le espetó:
Si los israelíes pueden hacer compromisos y usted no puede, yo debería irme a casa. Usted ha estado aquí catorce días y ha dicho que no a todo.
Si el plan Clinton-Barak se aplicaba, la frontera entre ambas naciones estaría en la tapia que corona el Muro de las Lamentaciones y da paso a la Explanada de las Mezquitas. Arafat y los suyos, seguidos en comparsa con Hamás y la Yihad Islámica, como respuesta comenzaron la ola de atentados terroristas más agresiva y mortífera del conflicto: la Segunda Intifada.
Luego Olmert ofreció en 2008 lo mismo que Barak más un 100% de los territorios mediante land swaps. Y los consecutivos esfuerzos de Israel por retomar las negociaciones han caído en saco roto, como ya comentamos. En el camino, en una estrategia en principio inteligente y bienvenida –su lucha se fue a los pasillos de la diplomacia internacional en lugar de a las calles de Israel y los territorios palestinos–, en 2011 y 2012 Abás metió el dedo en el ojo a los israelíes en la ONU, con un resultado que no ha cambiado absolutamente nada la situación de los palestinos.
Abás, que si bien es cierto ha conseguido en colaboración con Israel diezmar a Hamás y a la Yihad Islámica en Cirsjordania –lo que no significa que hayan cesado los ataques: esta Navidad ha sido sangrienta en Israel, aunque los medios de masas no se hayan acordado mucho–, no ha cedido un ápice en las posturas de su predecesor. No se ha sentado a negociar nunca, sólo ha tomado la actitud de esto es lo que hay, y si no aceptas me levanto.
Esta semana la radio israelí informaba de que Bibi Netanyahu estaba de acuerdo con el plan marco que John Kerry quiere hacer firmar a ambas partes. Dicho plan, que se hará público el próximo día 31, contempla el desmantelamiento de todas las colonias asentadas en el Valle del Jordán, entre otras medidas. Por su parte, el secretario general para Asuntos Palestinos de la Liga Árabe, Mohamad Sbeih, ha hecho las veces de portavoz del rais palestino y venido a ratificar las posturas clásicas de la OLP, que nunca han llevado a nada: Jerusalén Este como capital, no reconocimiento de a Israel como Estado judío, rechazo a la presencia de tropas israelíes en la frontera con Jordania y sometimiento a valoración de los intercambios de territorios.
Una vez más, Abás se enroca en una posición imposible de aceptar por parte de Israel. Además, esta alergia a sentarse a negociar va en contra de los intereses nacionales palestinos. La OLP lleva enrocada en esa posición desde que Arafat dio el portazo en Camp David II, y no se percata de que así sólo consigue que Israel se consolide y los palestinos pierdan la autonomía que han ido disfrutando desde los Acuerdos de Oslo. Si Abás quiere unas fronteras, tendrá que negociarlas teniendo en cuenta la realidad, y no sus falsos mitos de lucha y sangre.
Las líneas de armisticio no fueron fronteras negociadas con los palestinos, sino con Jordania y Egipto. La famosa resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, tantas veces mencionada e interpretada según los intereses de ambas partes, habla de unas fronteras seguras, establecidas a través de una negociación bilateral. Ya hay políticos israelíes con mucho tirón, como Naftalí Bennett, que no quieren negociar con los palestinos. Hastiados de las negativas palestinas y sus respuestas violentas, llegará un día que sean los israelíes los que no quieran negociar más.
Por otro lado, negar a Israel la condición de Estado judío es negar su legitimidad, su hecho fundacional. Las intenciones de esta postura son ocultas y perniciosas. Abás y su cuadrilla, al fin y al cabo, no quieren desechar esta reivindicación que es de Hamás, por la cual si se acepta a Israel como Estado judío se acepta también la no legitimidad de Palestina sobre todo el territorio.
En lo referente a las tropas israelíes en el Valle del Jordán, sólo hay que atender a lo que ha hecho la Unifil en el Líbano, o más concretamente lo que hizo la Undof antes de la Guerra del Yom Kipur. Dejar ese flanco a tropas internacionales supone una grave amenaza para la seguridad de Israel. Ningún político israelí sensato con ciertas dotes militares –una carrera militar es esencial para llegar alto en política– dejaría toda la frontera este del país a merced de las tropas de la ONU, con una guerra civil en Siria en la que se usan armas químicas y con islamistas, miembros de Hezbolá y de la Guardia Revolucionaria iraní en el campo de batalla.
Los esfuerzos de Kerry han sido encomiables, pero, al igual que Clinton, está siendo frenado por la misma pared: el liderazgo palestino, que no quiere negociar, sólo imponer sus condiciones. Bien sea por lo aburrido que les resultarían a él y a la OLP administrar un país –y rendir cuentas de sus corruptelas rampantes– o por miedo a correr el mismo destino que Anuar el Sadat.
En cualquier escuela de negociación le habrían enseñado a Abás que, siendo la parte que más tiene que perder y menos que ofrecer, no puede tomar la actitud dominante. Los líderes palestinos que acuden a las negociaciones con Israel llevan mucho tiempo diciendo que no a todo. Quizá, azuzados por el respaldo internacional, creen que tienen dominada la situación y no se han percatado de que algún día se les acabarán las oportunidades y serán devorados por Hamás o, esperemos, por una aclamación popular guiada por los líderes de todos los proyectos emprendedores que han surgido a la sombra del denostado Salam Fayad.
Fuente:libertaddigital.com

martes, 24 de diciembre de 2013

¿Puede Israel resolver los problemas económicos de África? - Jonathan S. Tobin

Estos días, uno de los principales temas de conversación de quienes atacan a Israel es el trato a los inmigrantes africanos que han entrado ilegalmente en el Estado judío. Cerca de 60.000 de ellos, la mayoría procedentes de Sudán o de Eritrea y sin lazo alguno con el país ni con sus gentes, han llegado a Israel en los últimos años. Para una nación de sólo siete millones de habitantes que viven en un país del tamaño de Nueva Jersey, eso equivale a que unos 2,7 millones de inmigrantes ilegales aparecieran en el Estado Jardín. Así, un grupo de ese tamaño, que se presenta sin haber sido invitado, supone un enorme problema para cualquier país, incluso para uno cuya identidad está basada en la inmigración, como Israel.
Pero, en vez de suscitar simpatía o, tal vez, una mano amiga por parte de la comunidad internacional -que seguramente tiene más responsabilidad que Israel en la difícil situación de las gentes del Cuerno de África-, los esfuerzos del Estado judío por afrontar este irresoluble problema se han convertido en otra arma con la que los antisionistas intentan deslegitimizarlo. Algo así es hipocresía de marca mayor, y la desmedida atención brindada a estos africanos por la prensa occidental -como en el artículo publicado el martes por el New York Times- en un mundo en el que podemos ver a decenas de millones de refugiados y de emigrantes económicos ilustra una vez más el doble rasero con el que se juzga a Israel por cualquier cuestión imaginable.
Hay que admitir que no todo el mundo en Israel se ha comportado como es debido con los inmigrantes. Rabia, insultos y amenazas de habitantes de zonas en las que se han concentrado los inmigrantes, así como algunos agitadores políticos, no han contribuido a mejorar la reputación del país. La difícil situación de una gente atrapada en un limbo sin estatus legal, sin ningún otro lugar al que ir, debería suscitar las simpatías de cualquier persona decente. Pero la idea de que, de alguna forma, Israel tiene la responsabilidad de ocuparse del impacto de la penuria en el Cuerno de África, no es una postura defendible ni razonable.
Si esa cantidad de gente apareciera en cualquier otro país del mundo, especialmente en cualquiera de los demás Estados de Oriente Medio, gobernados por diversas clases de tiranos, no hace falta tener mucha imaginación para hacerse una idea de la clase de trato que recibiría. Pero en el democrático Israel, donde los valores religiosos judíos relativos a acoger al extraño forman parte de la cultura, estos recién llegados africanos se han librado de la clase de abusos que habrían sufrido en cualquier otro lugar de la región. En realidad, eso, y el hecho de que Israel disfruta de una próspera economía del Primer Mundo, son los únicos motivos por los que tantos han intentado entrar en Israel en busca de trabajo. Si sólo fueran unos pocos, podría muy bien habérseles permitido quedarse; pero cuando su número alcanzó las decenas de miles, con muchos de ellos trabajando de forma ilegal y algunos cometiendo delitos, eso dejó de ser una opción. Como la deportación a sus países de origen tendría duras consecuencias para los inmigrantes, y nadie más los quiere, Israel se encuentra atrapado con ellos hasta que aparezca alguien con una solución.
Para los que odian a Israel, los sentimientos aislados de algunos israelíes de vecindarios del sur de Tel Aviv, que se encontraron albergando a miles de inmigrantes desesperados y padeciendo, como consecuencia normal, un aumento de la criminalidad, son una prueba de que el racismo es la conducta habitual en el Estado. Pero cualquiera que sepa algo de la historia de Israel sabe que eso es absurdo; Israel ha absorbido a decenas de miles de judíos negros de Etiopía en los últimos treinta años. Pese a que el proceso de absorción no ha sido perfecto ni ha estado exento de incidentes, ahora integran el tejido del país, sirven en el Ejército e incluso forman parte de la Knéset.
Pero, ¿en virtud de qué distorsionado sentido de la moral debe considerarse a Israel especialmente culpable por tratar a gente que cruza su frontera ilegalmente como a alguien que ha cometido un delito y que, por tanto, está sujeto a detención? Incluso si se simpatiza hondamente con los inmigrantes, como muchos israelíes hacen, ¿hay en el mundo alguna nación soberana que no se sienta con derecho a controlar sus fronteras, especialmente cuando las mismas tienen que ser defendidas de terroristas y de potencias hostiles? Quienes protestan por el trato de Israel a estas personas, a muchas de las cuales se las mantiene en centros de internamiento abiertos, ¿creen que otras democracias, como Estados Unidos, acaso las tratarían mejor? En semejantes circunstancias, ¿cómo puede cualquier persona razonable criticar el compromiso del primer ministro Netanyahu de defender las fronteras de su país y aplicar sus leyes?
Muchos de los inmigrantes alegan que, más que trabajo, buscan asilo político, pero, en el caso de la mayoría de ellos, eso es claramente falso, como sugiere su comportamiento. Si los occidentales quieren ayudarlos, son libres de acogerlos en sus respectivos países. En caso contrario, Israel merece recibir algo de ayuda constructiva -por ejemplo, una iniciativa diplomática internacional que obligara a Sudán y a Eritrea a garantizar la seguridad de los inmigrantes en su retorno a casa-, o, si no, que se le permita ocuparse de la cuestión lo mejor que pueda. Hasta que hagan una de esas dos cosas o se presenten con una solución que no suponga que Israel se vea obligado a aceptar a refugiados económicos como inmigrantes legales de una forma que ninguna otra nación del mundo consideraría siquiera, los críticos occidentales deberían cerrar el pico.
Jonathan S. Tobin, editor jefe online de la revista Commentary.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Falleció Leon Leyson, el superviviente más joven de «La lista de Schindler»


Leon Leyson, el más joven de los más de 1.100 judíos que Oskar Schindler salvó con su lista, una hazaña recogida por Steven Spielberg en la ya mítica cinta que ganó siete Oscar, ha muerto en California a los 83 años de edad tras una larga lucha contra el cáncer. Leyson un exmaestro, era el número 289 de la lista de Schindler y tenía tan solo 13 años cuando el empresario alemán le incluyó entre sus trabajadores salvándole así la vida. Schindler le llama "pequeño
Leyson" ya que a sus 13 años era tan bajito que tenía que subirse a una caja para trabajar en las maquinas. Cuando se puso a las órdenes del empresario estaba débil por el hambre que Schindler duplicó sus raciones de comida. A las órdenes del alemán también trabajaron la madre de Leyson y sus hermanos supervivientes ya que perdió a dos durante el Holocausto. Y es que Leyson tenía de casi 10 años cuando Alemania invadió Polonia en 1939. Seis meses después, su familia fue enviada a un gueto de Cracovia y tras sobrevivir milagrosamente a varios asesinatos masivos, las deportaciones se intensificaron. Fue la intervención de Schindler la que salvó a él y al resto de su familia de una muerte terrible y más que segura.
Leyson siempre se negó a vivir su vida "a la sombra del Holocausto", y evitaba hablar de lo sucedido en su niñez. Pero el tremendo éxito de la película de Spielberg hizo que el interés por su historia multiplicara. Fue entonces cuando se decidió a ser una de las voces más activas a la hora de rememorar lo sucedido.

Sobrevivir, cuestión de suerte

Así, en una entrevista concebida a Los Angeles Times en 1994, recordó cómo los comandos de las SS rodearon el gueto y él y varios muchachos se escondieron en un un ático de un edificio cercano a su apartamento. La madre de Leyson se las arregló para unirse a ellos. En su testimonio, relataba como vivir o morir era una mera cuestión de suerte, una tómbola macabra. "No tenía nada que ver con ser inteligente ni nada de eso", sentenció.
Emigró a los Estados Unidos en 1949 y enseñó en el Instituto de Huntington Park durante 39 años. El superviviente más joven de La lista de Schindler deja una esposa, dos hijos, seis nietos y un hermano y una hermana.
Fuente:abc.es

 
El chico sobre la caja de madera describe la vida de un niño judío antes y durante el Holocausto. Y también algo que nadie había relatado muy bien hasta ahora: los años posteriores al final de la Segunda Guerra Mundial. Después de Anna Frank, es el mejor testimonio de un niño que atravesó la Segunda Guerra Mundial. Son las únicas memorias de un chico rescatado por Oskar Schindler. Para salvarlo y poder llevarlo a trabajar a su fábrica, Schindler dijo que el pequeño Leon era indispensable, ya que era el único que, por su tamaño, podía accionar una palanca que ponía en marcha una máquina en particular. Para ello, el niño se paraba arriba de una caja de madera y desde allí accionaba la palanca. 
Leon Leyson tenía apenas 10 años en 1939. Recién a los 19, pudo rehacer su vida: le habían robado su adolescencia completa. Aún así, nunca se rindió. Su relato nos permite conocer también qué pasó con los sobrevivientes del Holocausto, en los años posteriores. Sus terribles condiciones de refugiados, las penurias que tuvieron que atravesar, los esfuerzos por armar una vida nueva lejos del horror. Una historia donde se destacan valores fundamentales, como el coraje, la dignidad y la resistencia de este chico, que a lo largo de su relato cuenta, entre otras cosas, cómo se las ingenió para salvarse varias veces de una muerte segura. Un relato de supervivencia, de gran valor histórico y humano, que vale la pena conocer y difundir. 
El chico sobre la caja de madera son las memorias de Leon Leyson, el sobreviviente más joven de la lista de Schindler. 
La verdad que tenía muchas ganas de leer este libro dada las buenas críticas que tiene. Aparte, me llamaba mucho la atención saber cómo vivió un chico la Segunda Guerra Mundial.

El libro es corto y se lee muy rápido. Una lectura fácil, atrapante y profunda. La historia está relatada de tal manera que la puede leer un chico, un joven o un adulto sin problema alguno. ¿Es fuerte? Sí, es definitivamente fuerte. Sin embargo, a pesar de los hechos que se relatan, nunca se llevan a un punto desagradable. El foco está puesto en el protagonista, cómo siente, cómo sigue adelante mientras ve que su mundo y sus sueños son truncados por los nazis. 

Hay momentos realmente conmovedores, que nos llegan al alma porque esto sucedió de verdad, hace años, ahí, en medio de esa guerra, estaba Leon Leyson viendo cómo todo lo que siempre quiso estaba siendo destruido. 

Leer este libro fue un golpe en la cabeza. No puedo entender hasta dónde llega la maldad del hombre, cómo pueden ir a matar gente por ser judíos o por pensar distinto... matar atrozmente, destruir familias, sueños, vidas e historias. 

Me encantó cómo se captó la inocencia de Leon; él no tenía más que 10 años cuando los nazis invadieron Cracovia, donde vivía con sus padres y sus hermanos. A través de los capítulos podemos ver cómo va cambiando, cómo cambian sus sentimientos, sus ilusiones y sus miedos. Cómo, poco a poco, ese niño tiene que crecer en medio del horror, en medio de la muerte misma. 

Otro punto quiero destacar es la presencia de la esperanza. Lejos de un relato rencoroso, Leon nos muestra la esperanza, cómo seguir adelante en esas situaciones en las que todo parece estar perdido.

Realmente, no tengo mucho más que decir. No es una obra que se pueda "calificar" ni mucho menos, porque es una historia de vida, algo real. Acá no se puede hacer una evaluación de protagonistas ni nada por el estilo. Es un libro que hay que leer porque forma parte de la historia de la humanidad, uno de los momentos más oscuros de la historia del hombre... 

Creo que no importa la edad del lector, todos podemos sacar algo de este libro, aprender, crecer y abrir nuestras mentes, y aprender de la vida de Leon y, cómo no, de Oskar Schindler.  

Una historia desgarradora, pero también esperanzadora que nos hará replantear muchas cosas, que nos hará pensar y "recordar" un pasado que parece enterrado. Un relato, una historia de vida, de lucha, de perseverancia. Leon nos invita a ver cómo, siendo solamente un niño, tuvo que enfrentarse a la atrocidad del hombre y cómo, muchos años después, mira al pasado sin rencor, sin odio... solamente con dolor.
 
Fuente: sueniosypalabras.blogspot.com.es/2013/11/resena-el-chico-sobre-la-caja-de-madera.html

lunes, 16 de diciembre de 2013

Un fotón es capaz de atravesar un aparato sin entrar ni salir de él ( Universidad de Tel Aviv )


Lev Vaidman, en su despacho de la Universidad de Tel Aviv (Israel)

Una variación del experimento de la doble rendija, creado hace más de 200 años por el británico Thomas Young para demostrar la naturaleza ondulatoria de la luz, ha servido a un equipo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv (Israel) para desvelar un comportamiento de los fotones que resulta insólito incluso desde los estándares de la mecánica cuántica. Los científicos han probado que un fotón es capaz de pasar por un lugar sin haber entrado en él ni salir jamás, lo que puede explicarse desde la doctrina clásica de la mecánica cuántica, pero que a juicio de los investigadores se entiende mucho mejor desde una interpretación en la que el presente de una partícula es consecuencia de la combinación de sus estados cuánticos pasados y futuros.
El experimento de Young consistió en hacer pasar la luz a través de dos pequeñas ranuras paralelas. En esta situación la onda luminosa se difracta en dos, que después vuelven a recombinarse para proyectar en una pantalla un patrón de bandas oscuras y claras, según los picos de ambas ondas se sumen o se contrarresten. La idea de Young, que en su momento sirvió para demostrar que la luz se comporta como una onda, se aplica hoy en aparatos llamados interferómetros.
Estos dispositivos ponen de manifiesto una conocida propiedad cuántica, el doble comportamiento de la luz como onda y como partícula. Dado que esta última no puede dividirse, un solo fotón aislado debe pasar a través de uno de los dos brazos del aparato. Pero si intentamos saber cuál, obligamos a la luz a comportarse como una partícula, lo que hace colapsar la función de onda, destruyendo la interferencia y por tanto el patrón de bandas. Esta es una aplicación del Principio de Incertidumbre de Heisenberg: el observador modifica el sistema por el mero hecho de observarlo.
Los interferómetros actuales emplean otros métodos distintos a la doble rendija para difractar la onda luminosa. El interferómetro de Mach-Zehnder divide el haz de luz en dos perpendiculares empleando un semiespejo, una superficie cubierta con una fina capa de aluminio que refleja la mitad de la luz y deja pasar el resto. Este dispositivo se utiliza para determinar los cambios de fase, es decir, el desplazamiento de los picos de la onda cuando por ejemplo la luz atraviesa una muestra, ya que la intensidad medida por el detector depende de las fases en que se encuentran las ondas recombinadas.
El equipo de científicos, dirigido por el físico de origen ruso Lev Vaidman, construyó un sistema compuesto por dos interferómetros Mach-Zehnder anidados uno dentro de otro, de manera que una de las ondas resultantes de la primera división es a su vez difractada en dos. Así, un fotón tiene tres posibles caminos para llegar hasta el detector. El objetivo es determinar qué trayecto recorre al menos alguno de los fotones que llegan al detector, sin perturbar el sistema. Esta idea, denominada medición débil, es coherente con el Principio de Incertidumbre porque no se mide el camino de ningún fotón específico.
Con el fin de conocer la trayectoria seguida por los fotones, los científicos establecieron un sistema para dejar en ellos una especie de firma que revelaba qué espejos del aparato tocaba la partícula. Para ello, se hizo vibrar cada uno de los espejos a una frecuencia diferente, lo que permitió reconstruir el camino del fotón según la modificación inducida por cada espejo en la fase de las ondas. Por último, los investigadores ajustaron el interferómetro interior de manera que las dos ondas producidas en él se anularan al recombinarse, lo que ocurre cuando los picos de una se corresponden con valles iguales en la otra y viceversa. Esta interferencia destructiva no dejaría escapar la luz del aparato interno, por lo que al detector solo debía llegar la luz que discurría únicamente por el interferómetro externo.
Lo que Vaidman y sus colaboradores descubrieron es que el detector registraba, en efecto, la oscilación del espejo del interferómetro externo, pero también, sorprendentemente, las frecuencias de los espejos situados dentro del aparato interior, y en cambio no así las de los espejos situados a la entrada y a la salida de este. En otras palabras: la luz había pasado por el interferómetro interno, pero sin entrar ni salir de él.

Signos de admiración

Tan sorprendentes son los resultados que el estudio, disponible en la web de prepublicaciones arXiv.org y de próxima aparición en la revista Physical Review Letters, contiene varios signos de admiración, algo completamente inusual en la literatura científica. Sin embargo, para Vaidman no hay tal sorpresa: “Yo pude anticipar estos resultados porque consideré el problema en el formalismo de vector de dos estados”, afirma.
El formalismo de vector de dos estados (TSVF, por sus siglas en inglés) al que Vaidman se refiere es una interpretación de la mecánica cuántica propuesta por primera vez en 1955 por el japonés Satosi Watanabe, y rescatada en 1964 por Peter Bergmann, Joel Lebowitz y Yakir Aharonov, el director de la tesis doctoral de Vaidman. Esta teoría contempla la mecánica cuántica desde una simetría temporal; eventos cuánticos en apariencia aleatorios son en realidad el producto de causas futuras, de modo que el estado presente de una partícula es una combinación de su pasado y su futuro. Para conocer el efecto de una causa futura en el presente es necesario medir el sistema, y esto destruiría el propio estado futuro. Fue por este motivo que Aharonov, Vaidman y David Albert desarrollaron el concepto de medición débil, que no altera el sistema.
Según el TSVF, cada partícula se describe por dos vectores, uno que avanza en el tiempo desde la fuente de luz, y otro que retrocede en el tiempo desde el detector. Un fotón solo puede encontrarse en un lugar si ambos vectores son distintos de cero en ese lugar. Los investigadores explican en su estudio que el interferómetro interno anula toda onda que sale de él; por tanto, a la salida de este aparato la onda que avanza es cero, pero a la entrada del aparato la onda que retrocede también es cero, por lo que en estos dos lugares no puede encontrarse ningún fotón. Por el contrario, dentro del interferómetro interno ambas ondas son distintas de cero, por lo que puede detectarse que los fotones han pasado por el interior del aparato, pero sin entrar ni salir de él. “¡Los fotones nos dicen que han estado en partes del interferómetro que no podían atravesar!”, escriben los autores.
“A pesar de lo que Bohr predicó en contra, PODEMOS hablar del pasado de una partícula cuántica, pero utilizando el TSVF”, escribe Vaidman en un correo electrónico, destacando el verbo en mayúsculas. El físico se refiere al danés Niels Bohr, uno de los padres de la teoría cuántica, quien aseguraba que no tenía sentido hacer preguntas sobre el pasado de una partícula, ya que este no determinaba el estado actual. “La descripción completa de un sistema cuántico en el pasado requiere el TSVF”, agrega Vaidman. En su estudio, los investigadores concluyen que “el pasado de los fotones no se representa por trayectorias continuas”.

Nueva paradoja cuántica

Vaidman se muestra “realmente emocionado por haber demostrado una nueva paradoja cuántica”. Sin embargo, el físico aclara que el TSVF “proporciona una teoría simple que puede ayudar y de hecho ya ha ayudado a encontrar aplicaciones útiles”, pero que no contradice en nada a la doctrina clásica de la mecánica cuántica. Se trata de diferentes interpretaciones. En el caso del experimento de Vaidman, una interpretación clásica atribuiría el efecto observado al hecho de que la oscilación de los espejos anula la interferencia destructiva, permitiendo que algo de la onda escape aunque la probabilidad de encontrar el fotón allí sea casi cero; es decir, la medición débil altera el sistema ligeramente. “Si quiero analizar el problema a la manera estándar utilizando solo la función de onda que avanza hacia delante, entonces la perturbación débil en la medición débil explica el resultado”, señala Vaidman. “Pero es un efecto de interferencia peculiar y difícilmente esperado”.
El científico destaca que el TSVF entronca con la interpretación de los universos múltiples de la mecánica cuántica (MWI, por sus siglas en inglés), según la cual todos los posibles desenlaces se producen de forma real en universos paralelos. De acuerdo con la MWI, en el experimento de la doble rendija la presencia del observador no colapsa la función de onda en uno solo de los muchos estados cuánticos posibles, sino que todos ellos existen de hecho en distintos mundos según una realidad que se va ramificando. A juicio de Vaidman, su experimento “encaja muy bien con la MWI. La onda que retrocede en el TSVF solo tiene significado en un mundo particular en el que la medición posterior a la selección tiene un resultado particular. En diferentes mundos con diferentes desenlaces, tenemos distintas funciones de onda que retroceden y, por tanto, diferentes pasados de las partículas cuánticas”.
Fuente:abc.es

domingo, 15 de diciembre de 2013

¿Conseguirá el canal del Mar Rojo salvar el Mar Muerto?


El proyecto a tres bandas entre Israel, Jordania y la Autoridad Nacional Palestina para crear un canal que una el Mar Rojo al Mar Muerto y que revitalice a este último mientras genera millones de metros cúbicos de agua potable, ha tenido una acogida desigual en la región. Para las autoridades israelíes, jordanas y palestinas, el mega acueducto proveerá el preciado líquido a zonas que sufren una carencia crónica de agua y han celebrado la firma del acuerdo, respaldado por el Banco Mundial, el pasado lunes en Washington como un triunfo de la diplomacia.
El canal tendrá 180 kilómetros y bordeará Jordania sin entrar en territorio israelí. Como parte de la primera fase del proyecto, se ha abierto un proceso de licitación para que empresas internacionales presenten sus propuestas para la construcción de una planta desaladora en la ciudad jordana de Áqaba, en el Mar Rojo. Una vez elegida la propuesta, se estima que las obras comenzarán en un año y dentro de cinco el monumental canal estará terminado.
El monumental acueducto succionará 200 millones de metros cúbicos del Mar Rojo que pasarán a ser desalados en la planta de Áqaba. De ahí, entre 30 y 50 millones de metros cúbicos irán a las regiones del sur de Israel, mientras que otros otros 30 millones de metros cúbicos de agua surtirán a las ciudades del sur de Jordania. Como parte del acuerdo, Israel proveerá a la Autoridad Nacional Palestina con 30 millones de metros cúbicos de agua del lago Tiberíades, en el norte del país, así como la misma cantidad del líquido esencial proveniente del mismo lago a las regiones del norte de Jordania.

Un sueño hecho realidad

El resto del agua que se bombeará del Mar Rojo irá a parar al Mar Muerto, junto con los residuos provenientes de la desalación. Las autoridades de las tres partes involucradas alabaron esta semana el proyecto, asegurando que ayuda a mantener la estabilidad regional, mientras que el ministro israelí de Energía e Infraestructura aseguró esta semana que es un sueño hecho realidad.
¿Conseguirá el canal del Mar Rojo salvar el Mar Muerto?
Imagen de satélite que muestra cómo ha ido secándose el mar Muerto en los últimos 40 años
«Se trata de una maniobra histórica y un avance para toda la región después de muchos años de esfuerzo», comentó esta semana Shalom a los medios israelíes, añadiendo que «es un acuerdo de cooperación estratégica firmada entre Israel, Jordania y la Autoridad Nacional Palestina de tremenda importancia».
Aunque en Israel nadie ha negado la importancia geoestratégica del acuerdo, muchos también han minimizado el impacto que puede tener este canal en una posible paz a largo plazo con los palestinos.
«No creo que vaya a resolver la paz aquí, por que ese es un tema que tiene mucho más que ver con política y otros asuntos más complicados que el reparto del agua», comentó a ABC el experto en asuntos hidrólogicos en Israel y profesor de Geología y Política Pública de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Eran Feitelson.

«Sin agua potable no hay estabilidad política»

«No digo que no tenga importancia estratégica, por supuesto, pero lo veo más como una solución que ayudará a crear vínculos con los palestinos y los jordanos, que al fin y al cabo, son nuestros vecinos. Sin agua potable, no hay estabilidad política posible y este es lo que más interesa a Israel, la estabilidad», aseguró Feitelson.
Para el profesor, el acueducto se trata de un proyecto piloto diseñado para ver el impacto de mezclar el agua del Mar Rojo con la del Mar Muerto, ya que la cantidad de agua potable que se obtendrá será casi insignificante.
«Con esa pequeña cantidad de agua repartida entre Israel y Jordania no se va a paliar ni mucho menos el problema. Este es un plan de Jordania para proveer de agua a Amán, que tiene una carencia tremenda debido al incremento de población que ha sufrido en los últimos años, sobre todo ahora que tiene casi un millón de refugiados sirios», explicó el profesor.

La sequía del Mar Muerto

La cantidad de agua que se bombeará al Mar Muerto, tampoco lo salvará de su lento declive, según los expertos. Los 100 millones de metros cúbicos de agua residual de la desaladora tan sólo conseguirán llenar la masa de agua más salada del mundo de 10 centímetros al año, mientras que se va secando al ritmo de 100 centímetros anuales.
«Por eso creo que debe de ser un proyecto piloto, por que si no, no tiene sentido invertir tantísimo dinero y esfuerzo para algo que no va a servir realmente para nada. Creo que quieren ver el impacto medioambiental en el Mar Muerto y luego comenzar a bombear muchísimo más», afirmó Feitelson, que no comparte las reservas en cuanto al posible daño que se pueda hacer al Mar Muerto al mezclar las aguas.
«Lo que quieren bombear ahora no afectará realmente al Mar Muerto, es una cantidad insignificante. Para que realmente pueda dañarle, serían necesarios unos 400 millones de metros cúbicos como mínimo aunque tampoco podemos estar cien por cien seguros de si realmente causaría un daño irreversible».

El peligro de mezclar dos aguas

Sin embargo otros expertos no coinciden con Feitelson y han levantado la voz de alarma sobre el peligro de mezclar dos tipos diferentes de agua, con distintas composiciones químicas.
«Este proyecto no tiene nada que ver ni con la paz, ni con salvar al Mar Muerto», comentó por teléfono Gidon Broomberg, el representante israelí de la organización Amigos de la Tierra, que tiene también una sede en Jordania. «Llevamos años luchando por salvar el Mar Muerto, que debido al abuso que se hace del río Jordán, su principal afluente, se está muriendo, valga la redundancia. El mismo gobierno ha admitido que este proyecto no va a salvar al Mar Muerto, sino que está diseñado sólo para llevar agua a Israel y Jordania», comentó Broomberg.
«Esto va a enriquecer a unos pocos, como siempre, a costa del daño al mar, por que la mezcla del agua del Mar Rojo va a crear algas en el Muerto y la composición especial de bacterias de éste último se va a ver tremendamente afectada. La mezcla de los compuestos químicos de los dos mares va a favorecer la aparición de yeso, que podría acelerar el proceso de desecación del mar», aseguró el experto en medioambiente.
Por ahora, Broomberg recomienda a quienes no hayan visto el Mar Muerto todavía, que se acerquen a conocerlo antes de que no quede más que un charco. «No podría decir cuánto tiempo le quedaría al Mar Muerto con este proyecto, pero desde luego menos de los cincuenta años que se estima tardaría en secarse sin la ayuda de este canal». 
Fuente:abc.es