Casa de Israel - בית ישראל


Desde " Casa de Israel " trabajamos para hacer frente al antisemitismo , la judeofobia y la negación o banalización de La Shoá ( Holocausto) .
No olvidamos las terribles persecuciones a las que fue sometido el pueblo judío a través de los siglos , que culminaron con la tragedia de La Shoá .
Queremos tambien poner en valor y reconocer la fundamental e imprescindible aportación de este pueblo y de la Instrucción de La Torá , en la creación de las bases sobre las que se sustenta la Civilización Occidental.

"... עמך עמי ואלהיך אלהי ..."

sábado, 19 de febrero de 2022

Perseguido por nazis y purgado por comunistas: la vida de Zygmunt Bauman, el padre de la "modernidad líquida".


 La polaca Izabela Wagner descifra en 'Bauman. Una biografía' (Paidós) cómo se forjó una de las mentes más lúcidas e independientes del siglo XX y comienzos del XX

 

 Pocos filósofos como Zygmunt Bauman (1925-2017) acertaron tanto en su diagnóstico de la sociedad contemporánea: el estado, el trabajo, el amor, la familia y la comunidad ya no son lo que eran antes, entes sólidos, sino "acuerdos temporales y pasajeros" que se nos escurren como el agua entre las manos. En sus últimos años, el padre de la llamada "modernidad líquida" fue lo más parecido a una estrella de rock de la filosofía: adorado por la juventud descontenta, escribía tres o cuatro libros al año, viajaba por todo el mundo dando conferencias y consiguió que ensayos como Amor líquido, Extraños llamando a la puerta o Modernidad líquida se convirtieran en bestsellers globales. Su metáfora sobre lo quebradizo y frágil de estos tiempos caló tan hondo que "líquido" es el adjetivo al que seguimos recurriendo, 20 años después, para describir el presente. Pero, ¿qué sabemos de su vida?

"Bauman era una persona muy reservada y siempre decía que los detalles de su trayectoria carecían de importancia, pero eso no es cierto", explica la polaca Izabela Wagner, autora de Bauman. Una biografía (Paidós), la primera gran obra que explica a conciencia la vida del sociólogo, marcada por los horrores del siglo XX. "Es muy interesante el enorme impacto que la política tuvo en su vida y que provocó su exilio en dos ocasiones. También su explosión tardía y fuera de la academia, muy contradictoria con la idea de que uno es creativo de joven y luego, tras retirarse, ya no va a hacer nada. En su caso, fue exactamente al revés. Siempre me han atraído las excepciones y Bauman es una".

Bauman nació en 1925 en la ciudad polaca de Poznan y tuvo una infancia feliz "dadas las circunstancias", que no eran otras que un feroz antisemitismo profundamente arraigado en la sociedad. Sus padres eran judíos, aunque no demasiado religiosos, la típica familia de clase media que valoraba más una buena educación que acudir a la sinagoga. Los últimos pogromos de Polonia habían tenido lugar en 1918 y 1919, así que no es de extrañar que Bauman, pese a crecer en un hogar feliz, tuviera una infancia marcada por la estigmatización, un sentimiento que nunca le abandonaría del todo.

Alumno brillante y aplicado, recibió "una lluvia de patadas y puñetazos" en su primer día de clase y sólo encontró un breve refugio de dignidad y fraternidad cuando se afilió a la Hashomer Hatzair, una organización juvenil sionista donde hizo sus primeros amigos. Acostumbrado a las humillaciones diarias, tenía 13 años la primera vez que tuvo que huir de Polonia. Fue tras la invasión alemana, bajo un reguero de bombas y cadáveres. El antisemitismo estaba ya tan normalizado en Polonia que durante los primeros días de la guerra, cuando los nazis impusieron sus nuevas leyes, a nadie le escandalizó demasiado que su madre tuviera que recortar su pijama amarillo en pedazos para coser estrellas a los abrigos de toda la familia.

"La identidad nacional polaca está forjada sobre el rechazo", explica Wagner. "Tú eres polaco porque no eres judío. No es como en Francia, donde si eres judío es porque acudes a la sinagoga. En Polonia nunca ha habido demasiados judíos que vayan a la sinagoga porque la mayoría eran comunistas y por lo tanto, no muy religiosos. Lo que quiero decir es que en Polonia el criterio para ser judío es étnico, no religioso. Y eso hace que tenga connotaciones muy racistas".

Los Bauman tuvieron suerte: su hermana, de visita en el verano de 1939 para presentar a su bebé recién nacido al resto de la familia, logró regresar rápidamente a Palestina; y Bauman y sus padres también consiguieron escapar atropelladamente de los nazis y pasaron años errando como refugiados, siempre hacia el este. Bauman pasó su adolescencia en la ciudad bielorrusa de Molodechno y sus recuerdos de esa época son agradables: allí era uno más entre rusos, bielorrusos, polacos, lituanos y judíos, sin amenazas. La educación, además, era mixta: Bauman vivió su primer amor y dio las primeras muestras de un enorme carisma personal.

Tras asentarse definitivamente en la Unión Soviética, Bauman se separó de sus padres: pasó unos meses en Gorki antes de ser destinado a una reserva forestal en la aldea de Vajtan donde su misión era, básicamente, contar árboles. Tan remota y aislada quedaba Vajtan del resto del mundo que su pequeña biblioteca había escapado de las oleadas de "purificación" estalinistas, lo que permitió a Bauman tener un acceso ilimitado a los grandes clásicos de la literatura rusa y universal, obras por entonces prohibidas. Para su biógrafa, esas intensas lecturas de autores proscritos explican mucho de su educación independiente y su capacidad para desarrollar un pensamiento crítico que acabaría proporcionándole un contrapunto a la poderosa propaganda estalinista. "Los libros ayudaron a Bauman a pensar distinto y le proporcionaron una capacidad de observación más matizada de la realidad", explica Wagner. Fue algo excepcional, casi milagroso en un momento y lugar como aquellos.

Bauman se alistó en la facción polaca del Ejército Rojo y aunque no entró en combate hasta la primavera de 1944, tuvo un papel muy activo en la batalla de Kolberg, en Pomerania. Se instruyó como artillero y con 18 años, sin ser oficial de carrera, ya tenía bajo su mando a una cincuentena de soldados, la mayoría de los cuales le doblaban la edad. Para su biógrafa, la capacidad innata de Bauman de conectar con el gran público a través de sus ensayos viene, en parte, de esa época. "En el ejército aprendió a hablar de forma accesible sobre conceptos complejos a personas que no estaban acostumbradas a oír ese tipo de cosas. Bauman era el encargado de explicar qué era el marxismo, el comunismo y el fascismo a soldados que, en muchos casos, eran analfabetos".

Durante la guerra, Bauman fue herido de bala y su división fue la primera en entrar al campo de exterminio de Majdanek, donde los cuerpos seguían amontonados. Estas y otras atrocidades las reflejaría años después en Modernidad y Holocausto, una obra muy influida por su primera mujer, Janina, que vivió el horror nazi de un modo mucho más directo que él: era todavía una niña cuando la forzaron a trabajar en el gueto de Varsovia limpiando las casas de los judíos enviados a los campos, clasificando las pertenencias que dejaban atrás para siempre. Pese a ser herido en combate, Bauman se las apañó para reencontrarse con sus hombres en Berlín y estaba en la ciudad el 7 de mayo de 1945, el día que acabó la guerra.

Tras la contienda, Bauman se integró en el KBW, el Cuerpo de Seguridad Interior del nuevo gobierno polaco prosoviético, y de esos años surgen las principales sombras que alimentan su leyenda negra. Bauman siempre se sintió alejado del modelo estalinista fundado en el terror y la sospecha generalizada; él quería simplemente "construir el socialismo". Lo cierto es que se aprovechó de su papel como intelectual en el partido (su trabajo era escribir discursos, hacer propaganda) para volver a Varsovia y estudiar sociología.

En 2007, él mismo reconoció en una entrevista que había cooperado durante tres años como agente para las agencias de inteligencia. Aunque negó haber perjudicado a nadie de forma directa, reconoció que "todo lo que hacemos tiene consecuencias". En su defensa hay que decir que todos los funcionarios de cualquier régimen prosoviético eran presionados de forma habitual para colaborar con las fuerzas del estado, que haberse negado a cooperar habría supuesto "un billete de ida al gulag" y que su judaísmo y sus orígenes burgueses (su padre había tenido una tienda antes de ser contable) siempre le hicieron sospechoso. En 1953, tras el Complot de los Médicos -una supuesta conspiración de médicos judíos usada por Moscú como pretexto para la enésima purga-, Bauman fue expulsado del KBW y pasó a ser profesor en la Universidad de Varsovia. Allí no tardó en convertirse en "presa de caza". La facultad de filosofía tenía en el encargo de inculcar la ideología marxista, pero era un nido de revisionistas.

"En Polonia Bauman es víctima de una leyenda negra por el hecho de ser judío y comunista, todo el mundo piensa que hizo cosas horribles", explica su biógrafa. "Cuando conoces su vida te das cuenta de que fue exactamente lo opuesto y es horrible que nadie se haya propuesto deconstruir esa mitología creada alrededor de su figura. A eso nos dedicamos los sociólogos, a estudiar por qué la gente necesita ese tipo de mitologías, de asunciones grupales. Es algo que está muy relacionado con las fake news", reflexiona la escritora, para quien la vida de Bauman no se entiende sin conocer la convulsa historia de su país. "La política y la historia polacas siguen siendo muy inaccesibles para la mayoría. Pocos entienden, por ejemplo, lo profundamente arraigado que está todavía hoy el antisemistismo, aunque no hay judíos en Polonia. Es muy curioso cómo se esboza ese sentimiento, que es la reacción a una presencia que no es tal. Pasa lo mismo que con los refugiados: la mayoría de la gente que está en contra de acogerlos nunca ha visto uno".

Bauman fue forzado a un nuevo exilio en 1968, en un pogromo de estado que pretendía "limpiar las instituciones polacas de sionismo". Tuvo que renunciar a su ciudadanía y, como muchos otros comunistas de ascendencia judía e intelectuales que habían caído en desgracia para el gobierno prosoviético, huyó a Tel-Aviv, donde dio clases dos años antes de recolocarse en la Universidad de Leeds, donde fue decano de la Facultad de Sociología. Allí, una vez jubilado, fue donde vivió su explosión tardía.

Sería comprensible que, tras haber sido expulsado de un régimen soviético y acogido por la Inglaterra de Thatcher, Bauman hubiese renegado de su pasado y hubiese abrazado con más o menos fervor el capitalismo. Pero no. Siempre mantuvo su crítica el neoliberalismo de los 80 y criticó ferozmente el individualismo. "El socialismo nunca le decepcionó porque siempre confió en la posibilidad de un mundo mejor", apunta Wagner. "De lo que renegó fue del comunismo soviético y, especialmente, del estalinismo".

Un último descubrimiento sobre el Bauman más íntimo: de él hay cierta imagen de intelectual algo ensimismado, austero y estajanovista, pero el sociólogo era además un disfrutón que amaba los placeres mundanos: era un obsesivo anfitrión al que le encantaba cocinar para sus invitados (su especialidad eran los escalopes flambées y el goulash), beber y alargar la sobremesa durante horas entre postres, café, licores que elaboraba él mismo y cigarrillos. "Cuando estabas con él se esforzaba en borrar la distancia que te separaba del gran intelectual. Le entusiasmaba conocer gente nueva y no le daban miedo los jóvenes. Creo que eso es lo mantuvo su espíritu tan joven hasta el final".

Fuente:www.elmundo.es

 

 

sábado, 12 de febrero de 2022

La farsa del apartheid - Manuel Gascón Barberá


 
 

El informe de Amnistía presentado este mes no sólo califica de apartheid el tratamiento que Israel aplica a los palestinos en Cisjordania. La ONG amplía esa definición al régimen legal bajo el que viven los árabes dentro de las fronteras de lo que es estrictamente Israel. Este hecho por sí mismo demuestra la estupidez del informe y que Amnistía no es de fiar. En Israel los árabes pueden asociarse políticamente, votar, ser elegidos a cargos públicos, rezar públicamente y en mezquitas, pasear por la calle con hiyab y bañarse en la playa con chilaba. Muchas de estas cosas no ocurren en muchos otros países del mundo, árabes y no árabes, que tratan a sus minorías literalmente a patadas. Y, sin embargo, sólo Israel merece una etiqueta de apartheid que no busca que corrija sus políticas, sino desacreditar su propia naturaleza y dinamitar sus cimientos.

La Sudáfrica del Partido Nacional afrikáner es un cadáver muy frío que no vale la pena defender. Pero es importante aclarar algunas cosas. La palabra apartheid, «separación» o apartidad en idioma afrikaans, se convirtió hace décadas en sinónimo de monstruosidad política indefendible y sin precedentes, y por eso se la aplican Amnistía y otros falsos amigos del bien a Israel. Pero la Sudáfrica del apartheid no era, ni de lejos, el régimen más perverso o inhumano de África, ni el que peor trataba a un grupo étnico de segunda dentro de sus fronteras.

Mientras acorralaba a sus hermanos afrikáners en el extremo sur de África, el Occidente culpable y acomplejado regaba de dinero y simpatía al progresista Robert Mugabe. Cuando se escribe hoy de Mugabe –uno de los libertadores sostenidos por las potencias comunistas, en este caso China, que construyeron la imagen que se ha impuesto sobre el siglo XX en África– se habla de una deriva autoritaria y corrupta que le llevó a echar a los granjeros blancos y a destruir Zimbabue. Pero la obra política de Mugabe está manchada de sangre desde el principio. En plena luna de miel con Occidente, Mugabe fue responsable del genocidio conocido en Zimbabue como Gukurahundi, la primera lluvia que limpia el campo de paja, en lengua shona. Entre 1982 y 1987, unos 20.000 varones de la minoría ndebele, que apoyaba al rival de Mugabe, Josuha Nkomo, fueron asesinados a tiros y golpes de bayoneta, o simplemente sepultados o quemados vivos, en la región de Matabeleland por la Quinta Brigada del ejército de Zimbabue, cuyos soldados violaron también a numerosas mujeres. (Lean aquí el artículo con testimonios directos que escribí pare Efe sobre el genocidio). Gukurahundi apenas hizo mover alguna pestaña en Occidente, que prefería centrarse en caricaturizar a una Administración bóer que nunca cometió una sola matanza remotamente comparable en todas las décadas que estuvo en el poder.

Gukurahundi es sólo un ejemplo extremo de las constantes violaciones de los derechos humanos que se producían –y, en menor medida, se siguen produciendo– en África. Que a nadie le suene hoy la palabra Gukurahundi (de una siniestra belleza poética para designar un genocidio) y todo el mundo hable de apartheid para referirse al mal absoluto es otra victoria de la Unión Soviética a la que ha contribuido con entusiasmo característico Occidente. La Sudáfrica del apartheid fue, según todos los parámetros, la Administración más exitosa de África. Pero nada de esto importa ni importó a la inmensa mayoría de sus críticos. Más que que discriminaran a los negros, el pecado de los líderes bóer fue ser blancos, orgullosamente cristianos y defender la civilización occidental entre bárbaros. Esto último, exactamente lo mismo que se le reprocha hoy a Israel.

© El Correo de IsraelRevista El Medio

Fuente:www.libertaddigital.com

- Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/opinion/marcel-gascon-barbera/la-farsa-del-apartheid-6864304/

viernes, 28 de enero de 2022

Joshua Cohen: "Me asusta lo que es capaz de hacer el miedo de los otros, especialmente el miedo de las personas con poder"

Es uno de los escritores más destacados de su generación en EEUU, con seis novelas publicadas a los 41 años. Su último título publicado en España es 'Los Netanyahus', otra vuelta de tuerca al judaísmo y el exilio. "Hemos respondido a la pandemia igual que al 11-S, con una falta total de resiliencia", denuncia

 

 

Joshua Cohen (New Jersey, 1980) es un escritor de ambición poderosa. Está bien asentado en la tradición de los escritores e intelectuales judíos norteamericanos: Henry Roth, Saul Bellow, Philip Roth, Cynthia Ozick, Harold Bloom (su padrino y su lanzadera). Escribe desde el lado más sulfúrico de quien piensa su lugar en el mundo como un terreno de conflicto. La zarpa del capitalismo, el conflicto de Oriente Próximo, los excesos del sionismo, la multiculturalidad, la religión.

Despojado de solemnidad, la ironía es una herramienta con la encarar la línea de sombra de los mil problemas de un presente vapuleado que corre el riesgo de despeñarse. No hace tanto ejerció de periodista. Y ese antecedente se le nota. No renuncia a ejercer la escritura como una manera de pensar incordiando. Acaba de publicar en España 'Los Netanyahu' (De Conatus).

Vive en Nueva York, tiene 41 años, una sólida proyección literaria y una ironía desencantada del mundo. ¿Cómo ve el presente?
A través de lentes empañados que siguen los pasos de una receta antigua... pero luego, cuando los limpio, recuerdo la línea marcada por de ese eficaz pulidor de lentes que fue Baruch Spinoza, quien dijo: "Por realidad y perfección entiendo la misma cosa".
¿Qué le asusta de este momento?
Lo que es capaz de hacer el miedo de los otros, especialmente el miedo de las personas con poder. Nuestra respuesta a la pandemia en EEUU ha sido la misma que nuestra respuesta al terrorismo después del 11 de septiembre.
¿En qué sentido?
En el de una falta total de resiliencia. En lugar de espíritu tenemos dinero y necesidad: el dinero protege a los ricos, mientras que la necesidad obliga a los no ricos a salir a trabajar en condiciones difíciles, desaconsejables, peligrosas. Hemos llegado a un momento en que la estratificación social es extrema: todos los ciudadanos hemos sido clasificados en grupos (grupos de raza, género, ideología...) y cada cual defenderá su grupo hasta la muerte. Eso es intimidatorio.
¿Qué le seduce?
La posibilidad de que lo que acabo de decirle también podría no ser cierto.
Es de origen judío y hay reflexiones sobre el judaísmo en al menos cinco de sus novelas o libros de cuentos, pero desde una voz crítica, desacralizada...
De donde vengo, una voz judía es, por definición, crítica y desacralizada. ¿Quién quiere escuchar a un judío optimista? El mundo está lleno de optimistas y goyim [en hebreo, los no judíos]: los estantes están llenos de sus libros.
En 'Los Netanyahus', su última novela publicada en España y en la que uno de los protagonistas es Benzion Netanyahu (padre del ex primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu), parece decir que el pasado puede y no puede explicar el desencanto, el dolor, el motivo de algunos desastres ¿Es la memoria un antídoto contra la frustración?
Encontramos los pasados que queremos, el pasado que necesitamos, «un pasado utilizable» en palabras de Van Wyck Brooks. Todo escritor hace esto: encuentra sus antecedentes y elige a sus precursores. Es la elección la que explica los desastres presentes: ¿por qué elegimos lo que hicimos? ¿Hubo otra elección que se podría haber hecho que nos hubiera llevado a otra parte? Este ya es el dominio de la ficción, y no de la ficción histórica, sino de la ficción histórica alternativa. Los polos de este libro son la teoría de la influencia de Harold Bloom, de cómo los escritores reaccionan al canon, consciente e inconscientemente, y el sionismo revisionista de Benzion Netanyahu, una ideología de derecha que convierto en un presagio de la identidad de izquierda y la política universitaria. Tanto el revisionismo de la derecha como el re-revisionismo de la izquierda actual afirman que la raza o la etnia tienen un componente ideológico, ambos legitiman un tipo de separatismo voluntario. Estas son dos tradiciones diferentes con dos pasados diferentes que terminaron en conclusiones similares con casi un siglo de diferencia. Todo está ahí, en la conferencia de Benzion hacia el final del libro: una vez que un país no puede hacerte sentir conectado con algo más grande que tu identidad de nacimiento, tus afinidades flaquean y tus lealtades cambian. Esto es lo que sucedió con la caída del Imperio Austro-Húngaro, cuyos ciudadanos encontraron mayor autoestima como serbios, croatas, polacos o judíos sionistas. Netanyahu, nacido en la decadencia de Austria-Hungría, profetiza el mismo destino para el imperio estadounidense: a menos que los estadounidenses puedan encontrar significado y orgullo en su americanidad, volverán a definirse a sí mismos principalmente como opositores: negros, gays, lesbianas, etcétera.
¿Es su novela, en este sentido, una revancha?
No, la intención principal era escribir sobre la palabra más sucia de estos días: liberalismo. El verdadero liberalismo. Quería saber qué le pasó.
¿Sucia?
La asociación del liberalismo con un tipo de seguridad lo ha condenado y lo ha convertido en neoliberalismo, que no es una ideología sino un estilo de vida. La idea de que la libertad de expresión está vinculada o supeditada a la seguridad y la estabilidad política y económica hizo de la libertad un privilegio: ahora no se puede hablar del derecho a decir lo que uno piensa, sino del privilegio de decir lo que piensa. En muchos sentidos, este nuevo libro mío trata sobre el fracaso del liberalismo; o, en términos más humanos, la incapacidad de los liberales para hacer que el liberalismo sea evidentemente bueno para todos, y la imposibilidad total de imponer el liberalismo a aquellos para quienes no lo es. En última instancia, el liberalismo es inherente al individuo y a las relaciones y afiliaciones voluntarias del individuo, mientras que todas las políticas con las que nos enfrentamos hoy dependen de las identidades grupales. A medida que aumenta este partidismo, me encuentro extrañando al individuo: ¿dónde está él, dónde está ella, la persona que sale de sus grupos y habla en su propio lenguaje forjado y autodefinido?
En esta novela narra la historia cotidiana de la creación del Estado de Israel, la emigración judía en EEUU y las teorías sionistas de la expulsión de los judíos de la Península Ibérica. Usted, sin embargo, es muy crítico con algunos de los excesos contemporáneos de Israel.
Pero no creo que sea más crítico con los excesos de Israel que con los de EEUU, por ejemplo. Sin embargo, cada uno de nosotros nos sentimos culpables por los nuestros. En mi experiencia, la vergüenza más profunda proviene de la familia de uno, pero sólo porque esa vergüenza sea la más profunda no significa que el comportamiento que causó esa vergüenza sea el peor. Quiero decir, tengo un amigo cuyo padre es un criminal (pertenece al crimen organizado) y aunque mi amigo odia a su padre, también sabe que su padre no es Hitler, ni Stalin, ni Franco.
Aunque en ese sentido el conflicto más complejo, también en el siglo XXI, parece ser el de Oriente Medio...
De hecho, creo que vamos ya con una temporada de retraso. Algo así como estar rodando la temporada 10 cuando en realidad todos los actores se cansaron de la serie. Eso sí: fue un gran espectáculo en el siglo XX.
¿Y ahora?
Quedan muchas secuelas y sus derivados. Hamas en Gaza, Daesh en el Sinaí, un gobierno de coalición israelí con judíos israelíes de línea dura y árabes israelíes. He perdido ya la trama, nada tiene sentido, y empiezo a tener la sospecha de que el dispositivo de la trama de los Acuerdos de Abraham [el acuerdo de paz entre los Emiratos Árabes Unidos e Israel firmado en mayo de 2020] podría no ser un giro sino una señal del inminente final de la serie, es decir, es un final bastante malo para los palestinos.
¿Aún hay posibilidad de solución?
No lo sé. Muchos judíos estadounidenses invocan el Derecho al Retorno, se mudan a Israel y así duplican a gran velocidad la población judía, pero sucede algo interesante: con los nuevos grupos demográficos ahora votando, el país elegiría un gobierno de izquierda e Israel se transformaría en un estado democrático binacional judío-palestino...Un momento, espera, ¿preguntabas en serio? Pensé que me estabas pidiendo un guion para presentarlo a Netflix... No, no veo solución.
En algunos de tus textos (cuentos, novelas) hay una sensación fuerte de desmoronamiento, de fallo multiorgánico del presente.
¿Y de algún modo no estamos en algo así? Es el privilegio de cada generación a creerse la última... Me parece recordar que fue Engels quien dijo algo así. Nunca subestimes la autoadulación del apocalipsis: la idea de que eres el último. ¿Hay algo más egoísta y narcisista? Pues ahora mismo estamos en eso.
'Fake news', cancelación, cultura 'woke'... La capacidad de generar bandos en conflicto es extraordinaria.
La velocidad de la tecnología, querrás decir, porque ninguno de estos fenómenos arraiga sin tecnología.
Y coincide con otra crisis más del capitalismo...
Pues yo me temo que la crisis no es del capitalismo, sino que el capitalismo es la crisis misma.
Dijo en una entrevista que las 'fake news' son el gran género literario de nuestra era. ¿Cómo llega a esa conclusión?
No estoy seguro de haber dicho algo así...Las noticias falsas han existido desde siempre. En cualquier caso, creo que el género más abundante de nuestra era podría ser la filtración: el documento que se suponía que el público no debía leer y que de repente es accesible.
Pero las filtraciones periodísticas -generalmente interesadas- son una de las herramientas de presión ciudadana más poderosas del último siglo, ¿no cree?
Sin duda. Y no sólo considero las filtraciones como algunas de las herramientas de presión cívica más efectivas, sino que también creo que constituyen, quizás, el nuevo género literario más importante que ha surgido en mi vida. Un texto escrito para que sólo lo lea un grupo específico, que de repente se hace universalmente disponible... Los críticos literarios aún tienen que considerar seriamente este fenómeno, y las relaciones de poder que subyacen en él: porque nada se filtra en este mundo sin una intención, sin motivo, sin esperar algo a cambio. Un estudio de un texto filtrado debe convertirse necesariamente no sólo en un estudio de la persona o personas que escribieron el texto, o de la persona o personas a las que originalmente estaba destinado el texto, sino también en un estudio del filtrador: ¿por qué él o ella? ¿Por qué dar a conocer esto? ¿Y cuál su logro? Creo que la mayoría de las veces la respuesta a la última pregunta es no, y lo digo con gran frustración y decepción. Con demasiada frecuencia solo queremos saber el secreto, queremos saber lo que se nos oculta, pero una vez que se expone la verdad, la exposición suele ser suficiente: rara vez se toman medidas. Es este elemento de la filtración, la inacción que sigue a la saciedad de la curiosidad, lo que hace que la filtración sea inherentemente literaria.
¿Cómo se relaciona con las redes sociales?
No invierto mucho tiempo en ellas.
¿Qué opina de la nueva propuesta virtual de Facebook, Metaverso?
Es una estrategia de cambio de marca mediocre para una empresa en problemas. Es como los de Blackwater, ¿recuerda?, aquellos contratistas militares que mataron a 17 civiles iraquíes. Cuando aquello se supo cambiaron su nombre a Xe Services. Y luego a Academi o algo así. Es más fácil cambiar el nombre que cambiar el producto, ya sea el producto una red social, un metaverso o un asesino a sueldo.
¿Es un momento de riesgo político también en esto?
No, no en comparación con épocas anteriores. La mayoría de las personas en los Estados Unidos se quedan en casa, si pueden, o son directamente aplastadas por el trabajo de molienda. Estamos en un momento de altísimo riesgo espiritual, de altísimo riesgo psicológico, pero ¿riesgo político? Honestamente, cuando el alma y las emociones están en juego, ¿a quién le importa la política?
Sin embargo hay una comunicación política incesante, urgente. ¿Pero hay mensaje dominante?
Deja de comunicarte con los demás y aprende a hablar contigo mismo. Aprende a estar solo. Porque solo es lo que eres y como vas a morir.
¿Cuál cree que es la primera emergencia de este momento?
La idea de emergencia es la primera emergencia. Pero si tuviese que reducir esta sensación a una palabra diría: ¡basta!
La manipulación.
Creo que la mayor parte de lo que sucede cuando hablamos de esto es teatro: la mayoría de las veces las personas saben cuándo están siendo manipuladas y colaboran activamente en su manipulación; se divierten con eso, lo disfrutan. Además, un autor de ficción como lo soy yo no debe condenar la manipulación.
 
Fuente:www.elmundo.es
 

jueves, 27 de enero de 2022

Edith Bruck: "Cuando volvimos de Auschwitz nadie quería escuchar. Nos sentimos rechazados, basura"


 Edith Bruck, escritora italiana de origen húngaro y superviviente de los campos de exterminio, recuerda las heridas del Holocausto.

 

 

"Cuenta. No lo van a creer pero cuéntalo tú, si sobrevives, dínoslo también a nosotros». Finales de marzo de 1945; una jovencísima Edith Bruck, aún sin cumplir 14 años, escuchaba esta súplica de otros presos en Bergen-Belsen, el campo al que había llegado tras una marcha inhumana. Edith dio su palabra y la cumplió. "Mientras pueda, seguiré dando testimonio", asegura todavía hoy, a los 90 años, recordando aquel día en el sexto campo de concentración al que había sido trasladada tras su deportación a Auschwitz.

Al mes siguiente, en abril de 1945, llegó la liberación. Pero volver a la vida no fue fácil. Bruck vivió en Hungría, donde nació en el seno de una familia judía, Checoslovaquia, Israel, y, por fin, se instaló en Italia en 1954. Realizó diversos trabajos: camarera, bailarina, directora de un instituto de belleza... Hasta convertirse en escritora, poeta, traductora, dramaturga, guionista y directora de cine y, a la vez, esposa y amantísima tía. "Pero ya no era la que era antes; nunca volví".

El 27 de enero de 1945, el Ejército Rojo liberó el campo de Auschwitz. Por eso, desde 1945, hoy es el Día de la Memoria del Holocausto. En nombre de esa memoria, Bruck ha producido "oleadas de palabras" que intentan "hacer reelaborable lo que nunca será".

Su madre murió después de llegar a Auschwitz. Las separaron y nunca más la volvió a ver.
Recuerdo que, cuando bajé del tren, estaba aferrada a su carne. Un soldado me susurró que me moviera hacia la derecha, porque esa era mi única posibilidad de supervivencia. La fila de mi madre iba directamente a la cámara de gas, pero eso no lo sabíamos. El soldado insistió, mi madre se arrodilló rogándole que le dejara quedarse con su hija pequeña, al menos... Empezaron los golpes hasta que, herida en la oreja, me fui a la derecha.

Bruck y su madre estaban visceralmente unidas, pero eran muy diferentes. Su madre era muy religiosa, estricta. Ella era "la hija que se atrevía a pensar, a dudar". En un texto reciente, Edith ha escrito: "Ahora eres tú quien podría ser mi hija y yo podría regañarte".

Con el tiempo, ¿ha sido posible recomponer la relación con su madre?
 
Mi libro Quien así te ama es una especie de diálogo póstumo con ella. Cuando estábamos en Tiszabercel, el pueblo donde me crié, me parecía que mi madre hablaba más con Dios que con nosotros, sus hijos. No nos besaba, no nos abrazaba. Habría hecho cualquier cosa por una caricia. Hoy puedo entenderlo. Mi madre luchó como una leona para vestirnos, para alimentarnos, y la expresión del afecto fue lo último. Éramos pobres, y los pobres no tienen tiempo para eso. Fue cariñosa cuando nos llevaron.
El 20 de febrero de 2021 recibió la visita del Papa Francisco. En la introducción de la nueva edición italiana de Quien así te ama le escribió a su madre: "Si nos hubieras visto, ¿qué nos hubieras dicho?"
Esa visita fue muy importante. Otros papas ya habían pedido perdón, pero fue él el que vino a casa. Siempre me preguntaré qué pensaría Mamá. Creía profundamente en la religión judía. Por otro lado, sé que pertenezco a un pueblo concreto, pero mi mentalidad es universal.
Conoció a los papas Wojtyla y Ratzinger. ¿Qué recuerdo tiene?
 
Vi a Juan Pablo II el 13 de abril de 1986 en Roma, cuando, por primera vez, un Papa entró en una sinagoga. Estaba muy emocionada, esperaba asistir a una verdad nunca antes escuchada. Me estrechó la mano y me dijo: "Encantado de conocerla". Me quedé un poco decepcionada. Después, cuando vino Benedicto XVI, fue distinto. Como alemán, probablemente estuviese avergonzado.
Su novela autobiográfica Il pane perduto, termina con una «Carta a Dios». "Yo", dice, "que siempre he escrito de un tirón día tras día, ahora de repente me detengo con la mano suspendida y la mirada fija en el vacío, es en el vacío que te busco".
El Papa Francisco 'aprobó' esa carta, explicando que Dios es una búsqueda continua. Para mí, la fe es amor al prójimo, sea quien sea. Es compartir, es acoger. Mi madre solía decir: si alguien llama a la puerta, ábrela. Mi padre le dio su único abrigo a un hombre más pobre. Desde mi punto de vista, uno no va a la iglesia para luego decir que los inmigrantes se pueden ahogar en el mar.
Ha escrito también sobre Primo Levi.
 
Primo Levi me llamó por teléfono cuatro días antes de morir. Estaba deprimido, traté de consolarlo. "Era mejor en Auschwitz" me dijo. "Ahora no hay esperanza". Hacía tiempo que estaba operado, ayudaba a su madre ciega y se angustiaba con el negacionismo. "¿Te das cuenta?", me dijo. "Ya niegan hasta que estemos vivos". Soy de las que creen que Levi se suicidó. Cuando supe que estaba muerto, me enojé. Como si no tuviera derecho a quitarse la vida, porque su vida pertenecía a la Historia. Quizá por primera vez fue por libre.
¿Cómo transmitir la memoria? ¿Cómo convertirse en un mensajero?
 
A veces voy a las escuelas con el corazón apesadumbrado pero cuando salgo, siento que puedo volar, veo que hay una respuesta. Cuando ya no queden más testigos será el turno de los historiadores y maestros. No será fácil porque ya se alargan las sombras del fascismo, del antisemitismo y del racismo.
En Novara, unos manifestantes contra las vacunas del covid aparecieron vestidos de deportados en Auschwitz.
Fue horrible, fue una puñalada. Imágenes así deberían preocupar a todos, no solo a los que pasamos por los campos de exterminio. Porque, además, se unen a otros símbolos: en las manifestaciones de Forza Nuova hay banderas con la esvástica. Y lo que importa es que detrás hay gente buena que se comporta como si no le incumbiera. Mussolini todavía tiene honores oficiales que no le han sido retirados y, en cambio, no se reconoce a Adele Di Consiglio, superviviente de la barbarie nazi-fascista.
Con ese argumento rechazó usted en noviembre pasado el Premio de la Paz del municipio de Anzio.
Si buscásemos, encontraríamos el nombre del Duce honrado en muchos centros de ciudad de Italia. A menudo me envían cartas en las que me piden que denuncie casos similares. ¿Por qué no se movilizan también otros ciudadanos? Es importante que cada uno haga su parte.
¿Italia no ha afrontado su pasado?
 
Ningún país lo ha hecho. Sólo Alemania lo intentó y, por desgracia, los monstruos están de vuelta. Pensamos en los refugiados a los que se deja morir en la frontera con Polonia. O en mi Hungría, primero fascista, luego comunista, ahora bajo Viktor Orbán. A menudo, los individuos van tras sus líderes. No parecen haber aprendido de los errores, y yo me desespero.
La Unión Europea nació como un sueño de paz tras la Segunda Guerra Mundial. ¿Todavía cree en él?
 
Veo mucho nacionalismo. ¿Qué es eso de decir, por ejemplo, "los italianos primero"? Nadie debe ir antes que los otros. Hay que amar a la patria con los ojos abiertos, no a ciegas. Millones de personas han muerto en nombre de su país. Ni siquiera usaría la palabra "patria". Uno podría simplemente decir "Amo a mi país".
La senadora vitalicia Liliana Segre, superviviente de Auschwitz, ha querido impulsar una comisión contra la incitación al odio.
Cuando la insultan es como si me insultaran a mí. Me identifico con ella y no solo con ella. Me identifico con cualquiera que sufre por ser extranjero o pertenecer a una minoría. Conozco a Liliana, pero los supervivientes no hablamos entre nosotros sobre lo que vivimos. Cada uno tiene su propia experiencia, su propia sensibilidad, su vivencia condicionada por la clase social...
Segre escribe que nacer pobre la ayudó a sobrevivir.
 
El hambre, el frío y las enfermedades nos diezmaron; haber vivido antes una vida dura ayudó a resistir. Las mujeres resultaron ser más fuertes. Cuando había selección, por ejemplo, para mostrarnos más sanas nos pellizcábamos las mejillas o nos las rociábamos con agua y barro... Los hombres eran menos capaces de manejarse en esas circunstancias. La cultura que los había mimado, que había puesto a sus esposas y sus madres a su servicio, los dejó desamparados.
Volver a la vida no fue fácil.
Después de la guerra, nadie quería escuchar. Todos decían que ellos también habían sufrido. Nos sentimos rechazados, basura.
Trató de marcharse a Israel.
 
Mi madre me hablaba de la Tierra Prometida, era el cuento de hadas más hermoso. Llegué a Israel, a un Estado recién nacido, en 1948. Allí tampoco escucharon. Querían una generación fuerte, querían soldados, porque estábamos en guerra. Los que llegábamos éramos los restos de la destrucción. Llegábamos persiguiendo un sueño, pero un día no encontramos en un campamento de refugiados, haciendo cola para recibir comida y... No lo logré, aunque lo siento.
¿Qué piensa de Israel hoy?
 
Ojalá hubiera paz con los palestinos. Me gustaría que lograran la convivencia.
En 1954 llegó a Italia. Primero Nápoles y luego a Roma, donde conoció al director y poeta Nelo Risi.
Me enamoré en seguida. Era sensible, compartíamos un mismo compromiso cívico. Encontré en él una parte de mí. Una vez, tuvimos que dejar un piso en el que vivíamos y yo lloré durante tres semanas. Él trataba de tranquilizarme: "Solo quieren aumentar el alquiler", aunque ni siquiera él podía entender completamente lo que ocurría. En mi cabeza podía sentir a los gendarmes gritando "fuera" en Hungría.
Nelo Risi murió en 2015. Estaba enfermo de Alzheimer. "Soy tú y yo", escribió en Te dejo dormir, una carta póstuma de 2019.
Mi amor es el mismo. Para mí, él está ahí. Lo peor fue cuando me preguntó: "¿Quién eres?". Allí volví a sentir, por un momento, que era un número en un campo de exterminio. Lo he cuidado durante más de 10 años. Sé que puede parecer una locura, pero fueron los mejores de mi vida. Nunca he sido tan necesaria ni me sentí tan plenamente recompensada.
El ministro de Sanidad de Italia, Roberto Speranza, la llamó a formar parte de la Comisión para la reforma de la atención a los ancianos.
Y he participado con mucho gusto. Ojalá que las personas mayores pudieran quedarse en sus casas todo el tiempo posible.
¿Cómo está viviendo la pandemia?
 
Lloré cuando vi los camiones cargando con ataúdes. En esos días había un silencio absoluto, lo que me inspiró a coleccionar poemas. Nos han quedado las frías estadísticas de fallecidos. Obviamente, no es comparable con Auschwitz, pero un ser humano no es un número, es un mundo. Sería útil hablar de otra manera de la muerte.
De niña quería "arreglar el mundo". ¿Cree que lo has hecho al menos un poco?
Creo que cumplí con mi deber y que eso dio sentido a mi supervivencia. Dentro de mis límites y posibilidades, espero haber contribuido a mejorar en algo. Cada gota de bien es importante porque, como decíamos con el Papa Francisco, el inmenso mar está formado por muchas infinitas pequeñas gotas.
Fuente:www.elmundo.es

27 de Enero. Día Internacional de Recuerdo de las Víctimas del Holocausto - Shoá.