Desde " Casa de Israel " trabajamos para hacer frente al antisemitismo , la judeofobia y la negación o banalización de La Shoá ( Holocausto) . No olvidamos las terribles persecuciones a las que fue sometido el pueblo judío a través de los siglos , que culminaron con la tragedia de La Shoá . Queremos tambien poner en valor y reconocer la fundamental e imprescindible aportación de este pueblo y de la Instrucción de La Torá , en la creación de las bases sobre las que se sustenta la Civilización Occidental.
Ha fallecido Simón Peres,
el último miembro de una generación de gigantes, pionera y excepcional
que fundó el Estado de Israel –"uno de los acontecimientos más
extraordinarios de la historia", según relató Josep Pla–. Peres no sólo
fue fundador, también fue protagonista de los hechos y diseñador de las
políticas que han formado el Israel que hoy conocemos; y es que Peres ha
estado detrás de los cambios e iniciativas más importantes del Estado
judío.
Su muerte marca el fin de una época fascinante y dramática; parafraseando a Chateaubriand, con la muerte de Peres "acaba y empieza un mundo",
termina un ciclo y comienza la madurez de una nación que nunca ha
olvidado su espíritu pionero y autosuficiente, que se resiste a
abandonar. Peres llegó a Israel a mediados de la década de los 30,
cuando la cristalización del Estado estaba lejos, y se va dejando, en
resumidas cuentas, un país libre, consolidado y próspero, ejemplo
mundial en áreas como la alta tecnología, la independencia judicial o la
libertad sexual. Sin haber ganado nunca unas elecciones, Simón Peres
lo fue todo en la política israelí: primer ministro, ministro de
Defensa, ministro de Exteriores, ministro de Información y, finalmente,
un buen presidente. Fue muy criticado dentro de Israel como político
activo, pero muy venerado en su etapa presidencial, en la que, con una
agenda maratoniana, mejoró la imagen del país en el mundo. Tal como relata Ben Caspit en Al Monitor:
En los ochenta, Peres fue el político más odiado de Israel, pero
después de ser elegido presidente se convirtió en la figura más popular
del país. Era un hombre de reputación internacional, una marca global, y
fue visto como un profeta de nuestros tiempos. Habló de la
nanotecnología cuando nadie había oído hablar de ello y concibió una
gran parte de las ideas innovadoras que convirtieron a Israel en lo que
es hoy en día.
En este sentido, ha sido indudablemente el líder israelí más
respetado y prestigioso en el plano internacional. Entre otras
condecoraciones, recibió la Medalla Presidencial de la Libertad –de
manos de Obama– y el Premio Nobel de la Paz, con Isaac Rabin y Yaser Arafat, por los Acuerdos de Oslo, de los que fue el principal artífice –junto a Yosi Beilin–.
Nació en Wizniew, Polonia (hoy Bielorrusia) en 1923 como Simon Perski y emigró a Tel Aviv en 1934 junto a su madre y su hermano. La mayoría de su familia fue asesinada en el Holocausto, y su prima más célebre fue Betty Joan Perski, conocida en el mundo entero como Lauren Bacall.
Como protegido del mismísimo Ben Gurión, en sus inicios se le consideró un halcón.
Posteriormente evolucionó y apostó por la paz. Al final de sus días
como político en activo abandonó la que fue su casa durante toda su
carrera, el Partido Laborista, adoptó la teoría del unilateralismo con
los palestinos y creó junto a Ariel Sharón el partido Kadima, que llegó a
gobernar el país bajo la tutela de Ehud Olmert y ahora es una formación
casi extinta. Su hoja de servicios a Israel es incuestionable.
Estuvo detrás de la creación de la industria militar israelí, capitaneó
el proceso secreto y clandestino que llevó al desarrollo de la bomba
atómica; como ministro de Defensa, apostó por rescatar a los rehenes en
Entebbe en contra del criterio de Isaac Rabin (entonces primer ministro y
su rival político dentro del Partido Laborista), y en 1985, como primer
ministro, diseñó un plan de estabilización –junto a Stanley Fischer,
George Shultz y Herbert Stein– que es el germen del éxito tecnológico y
económico del que disfruta Israel actualmente. Pese a ello, los
israelíes no le eligieron en 1988 y, en plena Primera Intifada,
prefirieron a Isaac Shamir. Ciertamente, sin el empeño y el trabajo de
Peres durante todas estas décadas, Israel sería diferente y, muy
probablemente, un país peor.
Su biografía es un reflejo perfecto de la historia de Israel
en los últimos ochenta años. Peres, por otro lado, fue miembro de una
élite que gobernó el país y que ahora está en retroceso: la de los
ashekanzíes (judíos provenientes de Europa central y oriental) de
izquierdas.
Peres supo soñar y marcar la diferencia; como él
solía decir: "Si estás entre dos opciones, piensa siempre en una tercera
que no se le haya ocurrido a nadie". Ben Gurión le tenía en alta estima
por dos cosas: nunca pedía nada para sí mismo y nunca calumniaba a
nadie.
Es imposible entender Israel sin Simón Peres. Ha sido uno de los arquitectos del Estado
del cual dijo en 2012: ha "superado todos nuestros sueños". Sirvió al
país durante toda su vida, jamás pensó en la jubilación o en el retiro y
siempre mantuvo su actitud inconformista, de la que siempre hizo gala:
¡La mayor contribución de los judíos a la historia es la
insatisfacción! Somos una nación nacida para estar insatisfecha. Todo lo
que existe creemos que se puede cambiar para mejor.
Con la muerte de Peres se cierra una página legendaria de la historia que él mismo escribió.
Fuente:libertaddigital.com
El 26 de septiembre los nazis decidieron
exterminar a la población judía de Kiev. Más de 33.000 personas fueron
asesinadas en dos días
Eran llevados al borde
del barranco desnudados y asesinados. Ucrania y otros territorios
soviéticos fueron el 'laboratorio' de la Solución Final
Babi Yar es una herida ucraniana, una hemorragia de hasta 100.000
almas que ya no pueden ser vengadas. Fue el primer plato del Holocausto
judío, cocinado con macabra eficiencia por los comandos de ejecución
nazis en sólo dos días a las afueras de Kiev, la capital de la actual
Ucrania. Este lugar será siempre un hoyo silencioso, donde entre hierbas
salvajes el genocidio se alió con la orografía: todavía se abre el
mismo vacío que entonces al borde de este barranco, el justo para que el
cuerpo recién ametrallado ruede cuesta abajo con el resto de infelices.
El 22 de junio de 1941 las tropas de la Alemania nazi y sus aliados invadieron la Unión Soviética en la denominada Operación Barbarroja:
hay fotos de judíos ucranianos cavando sus propias tumbas en Storow,
Ucrania, ya en el mes de julio. El horror a partir de entonces no dejó
de ir en aumento.
Babi Yar significa "barranco de la abuela"
y cerca de él estaban situados un psiquiátrico y una cárcel. Imposible
hallar un lugar mejor no lejos del centro de Kiev: sin testigos, sin
interrupciones. El aperitivo llegó el 27 de septiembre, cuando fueron
asesinados 752 pacientes de la clínica psiquiátrica: "Basura humana",
fue la etiqueta que se les puso. El general Kurt Eberhard y
el comandante de la policía del ejército del Grupo Sur, Friedrich
Jeckeln, tomaron la decisión de borrar del mapa a los judíos de los
alrededores.
La Shoah de las balas
En
1939 había 175.000 judíos en Kiev, representaban el 20% de la población,
aunque cuando llegaron los alemanes ya habían huido muchos, dejando la
cifra en algo más de 50.000. El autor ruso Vasily Grossman
escribió que hubo dos Shoah: la perpetrada mediante las balas y la
segunda mediante el gas. Babi Yar fue la puesta de largo del genocidio a
través del plomo. Ahí fueron claves los 3.000 hombres Einsatzgruppen,
los conjuntos de escuadrones de ejecución itinerantes especiales
formados por miembros de las SS, y otros integrantes de la policía
secreta de la Alemania nazi. Había cuatro en total, el Einsatzgruppe C
fue asignado a Ucrania con el Grupo de Ejércitos Sur. Contaba con los Sonderkommandos 4a y 4b, que se encargaban de concentrar a la población que había que ejecutar, y los Einsatzkommandos 5 y 6, que fusilaban a destajo. Las otras formaciones, las de primera línea, no solían tomar parte en las masacres.
Con la guerra en marcha, el objetivo era la limpieza étnica
para asegurar la "seguridad política" de los territorios conquistados.
Los criterios se fueron ampliando desde la invasión de Polonia, y cuando
los ejércitos alemanes cruzaron la frontera el 22 de junio de 1941
comenzó el exterminio de varones judíos. El 16 de julio de 1941 Hitler
reunió a sus colaboradores para explicarles que Ucrania sería una joya
del imperio nazi, administrada por las SS y otros cuerpos de seguridad.
A
finales de agosto de 1941 estaba ya bastante claro que Kiev acabaría en
manos de los alemanes. Tras muchas dudas por parte de Stalin, Mijail
Kirponov, general a cargo de la zona, recibió la orden de retirarse de
Kiev el 17 de septiembre. El 19 los nazis habían llegado a las afueras
de la ciudad y algunos barrios cercanos al centro, y el día 21 los
ciudadanos escucharon por radio una voz de la Sovinformbureau, la
oficina de información, diciendo que las tropas soviéticas dejaban la
ciudad. Llevaban semanas diciéndoles que eso jamás ocurriría.
En la capital muchos tenían familiares en el Ejército rojo. Pero también muchas familias habían sido diezmadas
por las hambrunas y la colectivización forzada de los años 30, que
habían causado más de tres millones de muertos. La situación entre los
soldados del Ejército rojo a cargo de la defensa de la ciudad era muchas
veces de desamparo, conduciendo a autolesiones que, años después,
llaman la atención entre tanta estadística: de casi 500 heridos en
varios hospitales de Kiev, nada menos que 460 presentaban un balazo en el brazo izquierdo.
De la concentración a la eliminación
Había un antibolchevismo notable
y muchos ciudadanos de la capital dieron la bienvenida a los alemanes.
Pensaron que les librarían de la opresión del estalinismo. Otros se
alegraron de que por fin alguien pusiese 'en su sitio' a sus vecinos
judíos, a los que la propaganda soviética había acusado mediante rumores
de ser los causantes de las hambrunas que había provocado la
colectivización agraria.
También jugaba a favor de los nazis el
recuerdo de lo ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, cuando los
alemanes ocuparon la ciudad y emitieron una orden para intentar evitar
el ataque a cualquier minoría, incluida la judía: "Alemania era una
'nación europea', y por eso pensaban que una ocupación de los nazis no podía ser peor que la de los bolcheviques", explica Victoria Khiterer, especialista en historia de los judíos.
La
inquietud había subido sin cesar desde el anuncio de la incursión nazi.
Pero las víctimas difícilmente podían imaginar el calibre de lo que se
avecinaba. "Babi Yar es la mayor masacre en un periodo de tiempo tan
corto", explica el historiador Per Anders Rudling. Los especialistas se
han preguntado por qué con el avance sobre Ucrania cambió la política de
los nazis respecto a los judíos: se pasó de concentrarlos a asesinarlos a marchas forzadas.
Una de las razones que se apuntan es que al alcanzar la guerra una
escala global los planes de enviar los judíos lejos de Alemania
(Madagascar era una de las opciones) se tornaron muy complicados.
Ucrania,
Bielorrusia y otros territorios soviéticos fueron así el 'laboratorio'
del Holocausto. Se decidió matar a todos: hombres, mujeres y viejos. Y
niños también, porque de lo contrario después de haber contemplado
aquello podrían volver para vengarse cuando fuesen mayores. En Kaunas
(Lituania) se había aniquilado a 3.800 judíos. Después, en Ucrania
occidental, les llegaría el turno a 24.000.
Las víctimas eran obligadas a cavar su propia tumba.
Si era una fosa común, debían ir acostándose desnudos sobre los
cadáveres fusilados anteriormente pero en sentido contrario: la cabeza
coincidiendo con los pies de los de abajo. Los nazis lo llamaban
"formación lata de sardinas".
Pero
en el caso de Kiev el barranco de Babi Yar el relieve aportaba una
solución perfecta. Los guardias les conducirían hasta el punto exacto
donde los iban a matar y les ordenarían que se quitasen la ropa. Mucha
sería confiscada, aunque también los desnudarían para comprobar que no
llevaban consigo dinero o algún objeto valioso.
La orden del exterminio
La impresión generalizada, y errónea, era que se estaba preparando una
deportación masiva. Así que a la mañana siguiente, decenas de miles de
judíos se presentaron en el lugar indicado. Algunos llegaron con mucha
anticipación para asegurarse de que no les quitaban el sitio.
Las dos calles
confluyen cerca de un cementerio: allí los niños lloraban y los adultos
los intentaban tranquilizar. La gran masa de gente se movía muy
despacio, algunos se impacientaban. A la altura de la verja del
cementerio judío, unos pocos metros después, había que dejar el
equipaje: como si fuese a ir en un vagón especial. Pero desde esa
distancia ya se oían las ametralladoras, lo que
levantaba las primeras sospechas. Pero en la cara interior de la verja
se había colocado un puesto de control donde se pedía la identificación a
todo el que intentase volver afuera. Si era judío, debía regresar con
el resto.
Cada
persona que llegaba a la primera línea era colocada con otros formando
grupos de diez. Había que pasar por un pasillo formado por soldados
alemanes que llevaban garrotes en las manos. Muchos estaban medio
borrachos para poder cumplir así su lúgubre tarea: matar a sangre fría a
civiles indefensos.
Desnudados al borde del barranco
"Schnell,
schnell!", [¡rápido, rápido!] gritaban, conduciendo a la gente hasta
una zona de hierba. Allí se pedía al cada uno de los miembros de grupo
que se desnudase y si alguien se mostraba reticente era apaleado de
nuevo. Los guardias estaban borrachos de furia, poseídos por el sadismo.
Ante ellos sólo quedaba el destino final, el barranco de Babi
Yar. Los judíos eran colocados en el borde y se les disparaba sin
contemplaciones. Sus cuerpos rodaban hacia el fondo del barranco.
Anatoly Kuznetsov, en su libro 'Un documento en forma de novela',
recuerda el testimonio de una mujer judía que logró escapar y pudo
describir después la escena: "Miró hacia abajo y sintió un mareo, tenía
la sensación de estar muy alto. Bajo ella había un mar de cuerpos
cubiertos de sangre".
Hay
un informe de situación, el 101, del Einsatzgruppe destacado en Kiev.
Entre el 29 y el 30 de septiembre 33.771 judíos fueron ejecutados. Pero
las matanzas fueron mayores, hasta 50.000 judíos por lo menos durante
esos días. Y seguirían en los meses siguientes con otras minorías.
A
mediados de 1943 los alemanes estaban en retirada. Los soviéticos
avanzaban por el oeste, y los nazis pensaron en esconder su culpa. Se
escogió a 100 prisioneros del campo de concentración de Syretsk, situado
cerca de Babi Yar. Caminando rumbo al barranco, estaban seguros de que
los iban a matar. En lugar de eso, les sirvieron la cena.
Rebuscar entre los muertos de la fosa
Les esperaba la labor más desagradable. Primero excavar en la fosa común,
en la que se habían alternado varias capas de basura y las de muertos.
Después, sacar los cadáveres (la mayoría de los cuales llevaba dos años
enterrados), que en algunos casos estaban enredados y eran difíciles de
separar: los nazis diseñaron un arpón especial que los
enganchaba tirando de la barbilla, pero algunas veces salían tres unidos
que había que cortar con hachas. Las capas de gente enterrada abajo del
todo tuvieron que ser dinamitadas. Después había que buscar si llevaban
algo de oro o si todavía llevaban alguna prenda puesta, pues la norma
de desnudar a los que se iba a fusilar se había relajado en los últimos
grupos.
Después los quemaron, hasta 2.000 cada vez, con los
cuerpos colocados en capas. Los pies de los de arriba coincidiendo con
las cabezas de los de abajo. Cada dos capas de cuerpos, una de leña. De
todo el proceso todavía quedaron huesos de gran tamaño
que fueron machacados con losas del cementerio judío cercano. Había que
destruir cualquier evidencia, pero las llamas se veían desde el centro
de Kiev. Una generación entera las recordaría para siempre.
Tras
seis semanas trabajando, los prisioneros encargados de esta tarea
decidieron fugarse. Conservaron algunos objetos que encontraron entre las ropas de los muertos
que podían servir para abrir los cierres de los grilletes y para atacar
a los guardias. Prepararon la fuga durante un tiempo, hasta que una
noche un guardia les dijo que al día siguiente iban a ser ejecutados. En
la oscuridad de la noche, corrieron en masa sin que el guardia que
estaba a cargo de la ametralladora se atreviese a disparar, puesto que
sus propios compañeros estaban entre medias. Según ha detallado Jennifer
Rosenberg, historiadora especializada en el siglo XX, sólo 15 lograron
escapar.
La matanza de prisioneros de guerra, gitanos, enfermos
Babi Yar
fue un sumidero que se fue tragando todo lo que los nazis detestaban.
Tras la masacre los nazis siguieron matando en ese barranco hasta casi
el día en el que se marcharon: prisioneros de guerra soviéticos,
gitanos, enfermos mentales y también integrantes de la 'resistencia'
ucraniana.
Se calcula que pudieron haber muerto allí entre 70.000 y 120.000 personas, aunque algunos elevan la cifra hasta 200.000. El autor Ilya Ehrenburg describió
el dramatismo de aquellos días en su novela 'La tormenta' en 1947: una
niña suplicando sin éxito que la dejasen vivir, un abuelo ametrallado
por no entender bien las explicaciones, familias despidiéndose de
rodillas en el suelo, heridos enterrados vivos...
En 1959 Viktor Nekrasov
se lamentaba en las páginas de 'Literaturnaya Gazeta' de que no se
hiciese nada por recordar lo ocurrido en Babi Yar. Las autoridades
barajaban por aquellas fechas transformar el barranco en un estadio de
deportes. "Quisieron edificar, pero Dios protege esto", explica Vera,
una anciana de 70 años que cuida de una iglesia ortodoxa situada en la
zona. Al fondo del camino hay una sinagoga que ha sido víctima de actos
vandálicos varias veces: "Han dibujado esvásticas y cosas peores", dice
meneando la cabeza.
Moscú siempre esquivó la dimensión antisemita
de la matanza. Pero un poema, titulado precisamente 'Babi Yar' y
escrito por Yevgeny Yevtushenko, denunció en 1961 que las autoridades
estaban mirando para otro lado mientras la generación que lo había
vivido se hacía vieja rumiando en silencio.
A continuación llegó Dimitri Shostakovich con su 13ª sinfonía, una vibrante pieza musical
que, usando esa misma poesía, estaba consagrada a inmortalizar esa
tragedia. Se escuchó por primera vez en Moscú en 1962. Tanto Yevtushenko
como Shostakovich fueron reprendidos por las autoridades soviéticas por
su "cosmopolitismo". El gobierno de la URSS erigió por fin un monumento en 1976 para recordar a "los ciudadanos soviéticos"
que perdieron sus vidas. Hubo que esperar a 1991, con la URSS ya
finiquitada, para que se recordase allí, 50 años después de la tragedia,
la masacre de judíos.
La ayuda ucraniana
Todavía hoy existe controversia. "Recientemente el presidente ucraniano, Petro Poroshenko,
ha rendido homenaje a los judíos y los nacionalistas ucranianos, pero
mientras que los primeros murieron por miles los otros murieron por
decenas, tal vez centenas, y además jugaron un importante papel ayudando
a perpetrar aquellos crímenes", critica Per Anders Rudling, que ha
dedicado parte de su vida a estudiar el nacionalismo ucraniano. Natalia
Antonova, que perdió a familias de sus abuelo, opina en un café de Kiev:
"Hay una ola de revisionismo imparable":
Jessica Milstein
es nieta de supervivientes del holocausto. Anna Tsesarsky su abuela,
logró sobrevivir a las atrocidades de aquel septiembre negro y todavía
hoy le resulta muy amargo remover aquellos recuerdos. Su hermano, su
padre y su tío se presentaron en el lugar señalado por los nazis, las
noticias sobre las brutales matanzas de judíos todavía no habían llegado
a Kiev. En Kiev, recuerda, los asesinatos se llevaron a cabo "con la ayuda de ucranianos".
En algunos casos era nacionalistas que creían así poder echar a los
soviéticos, aunque Hitler rechazaba de plano una Ucrania independiente.
En otros casos era solamente por la promesa de los guardias alemanes de
que podrían robar las pertenencias de los fusilados. Y mientras tanto la
policía ucraniana ayudaba a vigilar a los judíos que iban de camino a
este matadero.
Babi Yar fue un lugar de ejecución durante meses. Hasta el día de la liberación de Kiev por el Ejército rojo,
el 6 de noviembre de 1943, unos 200.000 murieron en Babi Yar y sus
alrededores. No quedaron más que unos pocos centenares de judíos en la
ciudad. Y muchos se marcharon lejos. Anna Tsesarsky acabó en Estados
Unidos.
En Denver, cada año se conmemora la matanza junto a un
monumento. Jessica Milstein, su nieta, ha heredado una misión en nombre
de todos esos cuerpos inertes enredados desnudos bajo la arena: la
memoria. "Como adolescente", explica mientras cuida a la matriarca,
"pasé noches enteras hablando de Babi Yar con mi abuela, cómo y por qué
sucedió, por qué no hay que olvidar ni dejar que suceda, y creo que la
necesidad de contarlo es hoy más fuerte que nunca". En el fondo de este
barranco la tierra todavía parece removida, agitada por todo lo que
esconde.
Fuente:elmundo.es
Israel enfrentaba un grave problema de inflación
en la primera mitad de la década de 1980. El aumento interanual de los
precios llegó a rondar el 400% en 1984. No hablamos de un repunte
esporádico: la inflación superó el 300% en los años 1980 y 1985 y se movió entre el 100% y el 150% en los ejercicios 1981, 1982 y 1983. Al
nefasto escenario inflacionista, se le sumaban otros factores
problemáticos: en 1986, la deuda pública superaba el 160% del PIB y el
gasto público rondaba el 60% del PIB. Con semejante panorama, el economista Michael Bruno diseñó el Plan de Estabilización Económica de 1985,
un pacto que contó con el respaldo del gobierno, el banco central, la
patronal y los sindicatos. Dos años después de su implementación, el
aumento de los precios ya había caído por debajo del 20%. ¿Qué medidas
lo hicieron posible? A saber: reducción del gasto público, freno al
aumento continuo de los salarios, fin de la monetización de deuda
pública, reorientación de la política cambiaria…
Menos impuestos, menos gasto y menos deuda
La presión fiscal se ha reducido de manera continuada entre los años
2000 y 2015. Hace tres lustros, alcanzaba el 44,2% del PIB, pero en 2015
había caído al 37,3% del PIB. Un año clave para reducir el peso de los
impuestos fue 2003, cuando el entonces ministro de Finanzas y hoy primer
ministro, Benjamin Netanyahu, redujo el Impuesto de Sociedades del 36% al 18% y bajó todos los tramos del Impuesto sobre la Renta, llevando el tramo superior del 64% al 44%. Algo
similar ha ocurrido con el peso del gasto público sobre el PIB. Hace
quince años, en el 2000, los desembolsos del Estado israelí alcanzaban
el 47,5% del PIB, aunque en 2002 ya habían rebasado la barrera del 50%
del PIB. Sin embargo, las medidas de contención del gasto introducidas
desde entonces han reducido el peso de los presupuestos públicos hasta el 40% del PIB. La
deuda pública ha evolucionado de manera positiva conforme ingresos y
gastos se han ido reduciendo. El pico se alcanzó entre 2002 y 2004,
cuando la deuda superó el 90% del PIB. Desde entonces,
todos los años salvo el 2009 se han saldado con una caída del pasivo de
las Administraciones. En 2015, la deuda suponía menos del 65% del PIB.
Crecimiento e innovación
Entre 1986 y 2008, el PIB ha experimentado tasas de aumento
superiores al 2% en todos los ejercicios salvo 1989, 2001, 2002 y 2003.
De hecho, la tasa de crecimiento ha sido superior al 4%
en trece de los veintidós años estudiados. Desde los años 80 hasta hoy,
la tasa media de expansión de la economía ha sido del 4%, lo que se ha
traducido en una espectacular multiplicación del PIB per cápita real, que pasó de 6.000 dólares en 1980 a 37.000 dólares en 2010.
Una de las claves del milagro económico de Israel, es el dinamismo de su sector emprendedor. Como explicó Libre Mercado,
“las trabas burocráticas y administrativas a los emprendedores son
ridículas en comparación con las que aplicamos en España. Por eso no
sorprende leer que Israel es uno de los centros de innovación más importantes en el mundo.
Los datos no dejan lugar a dudas: con 8 millones de habitantes, Israel
tiene más start-ups cotizadas en el Nasdaq que todos los países europeos
juntos. Además, su industria de capital riesgo (venture capital) es una
de las más importantes del mundo”.
Fuente:libertaddigital.com
El alcalde de Auschwitz, Janusz Chwierut, contesta de forma rotunda:
"No, aquí no queda ningún judío". De la misma manera que también es
categórico cuando aclara que Auschwitz no se llama así en realidad. De
esta manera es como los nazis bautizaron a la localidad en alemán. Su verdadero nombre en polaco es Oswiecim.
"La mayoría de los judíos que vivían aquí fueron asesinados o emigraron
durante el nazismo", aclara el responsable municipal. "Y los pocos que
volvieron tras la Segunda Guerra Mundial se marcharon en 1948 con la
creación del Estado de Israel", añade. La mitad de la población de
Oswiecim era judía en los siglos XIV y XV, asegura el alcalde. En
cambio, ahora no queda ni un solo judío.
El último judío de Auschwitz -perdón, de Oswiecim- murió en el año 2000.
¿Los nazis entonces se salieron con la suya en esta localidad polaca?
El alcalde se encoge de hombros y considera que el hecho de que el campo
de exterminio nazi se encuentre a un tiro de piedra de esta ciudad no
es una razón para que los judíos no quieran vivir ahí. "Al contrario, su herencia nos ha ayudado a construir valores positivos", asegura.
Sin duda, conocer la historia ayuda a no repetir los errores del pasado, pero ¿ese pasado no es una losa demasiado pesada? "Las puertas de esta ciudad están abiertas a todo el mundo", insiste el político polaco, que pertenece al partido de centro derecha Plataforma Cívica.
Residencia del último judío, convertido en café-librería
Al único judío que le quedó cuerpo para vivir en Oswiecim fue un tal Szymon Kluger que, tras la Segunda Guerra Mundial, se exilió a Suecia y regresó a la localidad polaca en 1962, a pesar de que sus padres fueron asesinados en el campo de exterminio.
Él tuvo más suerte: fue trasladado a un campo de trabajos forzados en
Blechhammer en 1942. Era el prisionero número 179539. Y después a uno de
concentración en Buchenwald. Finalmente fue liberado por el ejército estadounidense en abril de 1945.
Pero, ¿por qué Kluger volvió a Oswiecim?
Es una pregunta que nadie sabe responder. Sólo se conoce que consiguió
un empleo en una industria química, y que estaba mal de salud. Incluso regresó a la antigua casa familiar, donde vivieron sus padres y hermanos.
Ese inmueblecontinúa en pie
en la actualidad y se ha reconvertido en un moderno café-librería. "Los
hermanos de Szymon nos donaron la casa cuando él falleció y
consideramos interesante crear un lugar de encuentro", explica el
director del Centro Judío de Auschwitz, Tomasz Kuncewicz, que gestiona
el espacio. A pocos metros existe una sinagoga y un museo judío. Los
hermanos de Szymon emigraron a Estados Unidos y, a diferencia de él,
nunca volvieron a Polonia. El café-librería conserva la antigua estructura de la casa,
e incluso sus puertas originales. Y como no, recuerda que allí residió
el último judío de Auschwitz. Uno de los pocos que sobrevivió al
exterminio nazi, y regresó a la ciudad.
El Papa saluda a la violinista Helena, superviviente del campo.
Era joven cuando su violín la salvó de la cámara de gas. Aún no había cumplido ni los 30, cuando fue detenida junto a su madre y trasladada al campo de exterminio
de Auschwitz-Birkenau. Ahora, con más de un siglo -tiene exactamente
101 años-, regresó al mismo escenario de muerte, pero movida por la
esperanza. Helena Dunicz-Niwiska fue una de las11 supervivientes del Holocausto que se reunió este viernes con el pontífice.
La anciana, que a pesar de su avanzada edad se mantiene completamente lúcida, fue obligada a formar parte de una orquesta que en el campo de exterminio tocaba para los nazis.
Sus dotes musicales eran tan extraordinarias que llamaron la atención a
los oficiales de las SS. La joven había empezado a acariciar el violín a
la edad de diez años en la localidad de Lviv, en el oeste de Ucrania,
de donde es originaria. Y desde entonces la música siempre acompañó su
vida. Hasta el punto de conseguir librarla de la muerte.
En 1941 se creó una orquesta de prisioneros en Auschwitz. Su primer ensayo se llevó a cabo en la barraca número 24.
Los nazis permitieron que los reclusos más duchos con los instrumentos
pudieran tocar para que marcaran el paso del resto de prisioneros cuando
se dirigían al trabajo, y también para que amenizaran las veladas a los
oficiales alemanes las noches de los sábados y los domingos.
Helena formó parte de la orquesta de mujeres desde casi el preciso instante que pisó el campo de exterminio, en enero de 1943. Su madre llegó con ella pero no resistió las terribles condiciones: a los dos meses perdía la vida.
La
violinista estuvo en el Auschwitz-Birkenau hasta enero de 1945, poco
antes de su liberación por los soviéticos, pero no tuvo la suerte de
presenciar la llegada del ejército rojo. Antes fue trasladada a otro
campo de concentración. Esta vez en Alemania: Ravensbruck primero, y
Neustadt-Glewe, después. Allí, por fin, fue puesta en libertad.
Helena vive en la actualidad en Cracovia y en 2013, con 98 años, publicó el libro 'One of the girls in the band. The memories of a violinist from Birkenau'
(Una de las chicas de la orquesta. Las memorias de una violinista de
Birkenau). Unas memorias que hoy, en pocas palabras, resumió al Papa.
El nuevo presidente del Perú juró en un Congreso
que tiene mayoría opositora, rodeado por su familia y acompañado por
varios jefes de Estado.
"Yo, Pedro Pablo Kuczynski,
juro por Dios, por la patria y por todos los peruanos que ejerceré
fielmente el cargo de presidente de la República que me ha confiado la
nación para el periodo 2016-2021", dijo el economista que ganó la segunda vuelta el pasado 5 de junio ante Keiko Fujimori.
Y agregó: "Defenderé la soberanía nacional y la integridad física y
moral de la República, cumpliré y haré cumplir la Constitución y las
leyes".
Kuczynski fue investido presidente en una ceremonia solemne celebrada
en el Congreso de Perú y ante la presencia de seis mandatarios
latinoamericanos, y del rey emérito, Juan Carlos I,
como representante de España. La jefa de la sede legislativa, Luz
Salgado, fue la encargada de colocarle la banda presidencial.
Durante su discurso, el economista subrayó que perseguirá la corrupción:
"No permitiré, especialmente a mis funcionarios y colaboradores más
cercanos, caer en la indignidad de la corrupción" y agregó como
advertencia: "Sepan todos que en eso no tendré miramientos, quien falle
acabará ante la justicia, la cual debe ser profundamente reformada".
También envió un mensaje a los nuevos parlamentarios, la mayoría de
ellos del fujimorismo, a quienes pidió su ayuda en su lucha.
Como resumen de sus primeras palabras como presidente, Kuczynski mencionó seis puntos. El primero de ellos fue "llevar agua y desagüe a todos los peruanos",
uno de los asuntos en los que más ha insistido durante su campaña y en
los últimos años. Luego, dijo que buscará "un servicio de educación pública de calidad que abra el mundo a millones de jóvenes", "un servicio de salud pública
sensible al enfermo, oportuno y eficaz" y "formalizar el país hasta el
máximo posible". Finalmente apuntó que buscará "construir
infraestructura para el desarrollo que con tanta urgencia necesitamos" y
"liberar a nuestra patria de la corrupción, de la discriminación, de la
unidad, del delito, luchando con toda transparencia contra estos
flagelos históricos".
Kuczynski no es nuevo para los peruanos. Fue primer ministro y titular de Economía y Finanzas durante el Gobierno de Alejandro Toledo, responsable de Minas y Energía con Fernando Belaúnde y ya intentó llegar a la Presidencia en 2011, aunque quedó en tercer lugar. El representante de Peruanos por el Kambio (PPK)
tiene un perfil conservador que ha sabido explotar para garantizar la
consolidación del crecimiento económico del país andino en el contexto
de una gran incertidumbre global.
Así, su programa de Gobierno gira en torno a la economía. Kuczynski prometió crear "tres millones de empleos en cinco años",
la mitad de nueva creación, gracias a la diversificación productiva, y
la otra mitad recuperados de la economía informal. También apuntó a la
inseguridad ciudadana y a la podredumbre política como ejes de combate
de su eventual gobierno. "A los que frenan la economía, a los corruptos y
a los delincuentes se les acabó el recreo", dijo en la campaña
electoral.
Fuente:libertaddigital.com
En lo que se considera que es la mayor
donación que jamás se haya hecho a una universidad israelí hasta la
fecha, el Dr. Howard y Lottie Marcus de San Diego dieron 400 millones de
dolares a la Universidad de Ben Gurion.
La Universidad Ben-Gurion
del Negev (BGU) ha recibido una donación de 400 millones de dolares, lo
que supone la mayor donación que jamás se haya hecho para cualquier
institución educativa israelí. La donación proviene de la herencia del difunto Dr. Howard y Lottie Marcus, de San Diego.
“Las familia Marcus encontraron por primera vez en 1997 em la
Universidad de Ben Gurion, y quedaron cautivados por su investigación
principalmente en los campos de los estudios de agua, desalinización, y desérticas.
Ellos apoyaron la investigación en estos campos, incluyendo un
laboratorio y becas de estudiantes. Ellos creían que las soluciones de
agua son la clave para lograr la paz en el Oriente Medio. Poco después,
se tomó la decisión de depositar la mayor parte de su fortuna a la
universidad”, dijo la American Associates, BGU (AABGU).
Las familia Marcus huyó de la Alemania nazi en la década de 1930 y
perdió la mayoría de sus miembros de la familia en el Holocausto. Ellos
emigraron a los EE.UU., donde Howard Marcus trabajó como dentista y
donde amasó su fortuna a través de inversiones con Warren Buffett.
Howard Marcus murió en 2014, a los 104 años de edad, mientras que Marcus
Lottie murió en diciembre pasado a los 99 años.
Fuente : unitedwithisrael.org ( unidos con Israel)
Un piloto es recibido como héroe al llegar a Israel el avión con los rescatados. DAVID RUBINGER
SAL EMERGUI - Jerusalen
Tercer día de cautiverio. Los terroristas reúnen a los rehenes y
anuncian que parte de ellos iría a un cuarto. "Empezaron a enumerar los
nombres. Gross, Bloch... Estaba claro que por un lado iban los apellidos
judíos e israelíes y por otro el resto. Los no judíos, excepto algunos
de la tripulación, fueron liberados. La terrible selección nos devolvió al Holocausto", cuenta Sara Guter Davidson.
Emocionada
porque su familia materna fue asesinada en Treblinka, la israelí
prosigue: "En la puerta estaba una terrorista alemana. Otra vez
selección, alemanes, judíos... Algunos rehenes llevaban tatuado en sus
brazos el número de Auschwitz. No podían creer que pasarían una nueva
selección entre la vida y la muerte".
Han pasado 40 años pero
Sara no olvida aquel polvoriento y sucio hangar de la vieja terminal del
aeropuerto de Entebbe, en Uganda. A sus 81 años no olvida las caras de
su marido Uzi y sus hijos Benny y Ron, cuando el vuelo 139 de Air France
a París del 27 de junio de 1976 fue secuestrado y desviado a África por terroristas del Frente Popular de Liberación de Palestina.
No
olvida las órdenes y armas de los dos palestinos y dos alemanes que
tomaron el control en la escala de Atenas. No olvida las conversaciones
con el dictador ugandés Idi Amin, que se atribuía el papel de mediador
aunque en realidad era aliado de los atacantes. Ni la espectacular
operación de rescate. Fue el 4 de julio. Su segundo nacimiento.
Conversamos con la familia Davidson en el 40º aniversario de una de las operaciones más espectaculares del siglo XX.
El éxito de la unidad de élite israelí Sayeret Matcal provocó la
euforia de un país que invadió el vetusto aeropuerto de Lod para abrazar
a los liberados y felicitar a los soldados. "La Operación Entebbe suele
ser recordada cuando se produce una situación de largo secuestro.
Escenario que, bajo el terror yihadista, es y será cada vez más
frecuente".
El rescate se convirtió en leyenda en Israel también por el doloroso precio de su éxito:
tres secuestrados muertos, una rehén asesinada días después por
militares de Uganda como acto de venganza, el soldado Sorin Hershko
paralizado de por vida por un disparo en la columna y la muerte del
oficial de la unidad. Se llamaba Yoni Netanyahu y su carisma le
apuntaba como futuro primer ministro. Entebbe frustró un sueño que
acabó cumpliendo su hermano pequeño Benjamín.
El recuerdo de los Davidson
Desde
su pastoral casa en un kibutz en el centro del país, los Davidson
retroceden en el tiempo para volver a sentarse en la parte trasera del
Airbus A300 a París. El destino final era Estados Unidos y aquél, el
primer viaje de sus hijos al extranjero. "Nadie nos había dicho que
haríamos una escala en Grecia. Tuve miedo no sólo porque cada aterrizaje
y despegue es una tortura para mí sino por las conocidas deficientes
medidas de seguridad de Atenas", comenta Sara.
Su temor se
cumplió cuando vio la cara de una azafata atacada por el pánico.
"Escuchamos un desgarrador grito y enseguida le dije a Uzi: 'Han
secuestrado el avión'. Estaba claro que algo pasaba en la parte
delantera. Luego vimos a dos árabes y una alemana armados", relata.
El
cuarto terrorista estaba en la cabina apuntando a la sien del piloto.
Nuevo rumbo. ¿Qué sentía en esos momentos?, preguntamos a Benny, que
tenía 13 años. "Miedo y tristeza. Estaba emocionado y eufórico en el
inicio del primer viaje al extranjero y veo que me lo quitan", recuerda
Benny, que rompió a llorar en el avión mientras su hermano, de 16 años,
se preguntaba mirando hacia arriba: "Dios, ¿por qué nos pasa a nosotros?".
La
misma pregunta se hicieron probablemente los 248 pasajeros. Aunque no
todos eran de la Fuerza Aérea israelí como el marido de Sara. Cuando los
terroristas anunciaron que iban a recoger todos los documentos, Uzi
recordó que llevaba un permiso de entrada a una base. "Rompimos el carné
y lo masticamos antes de meter sus restos en una lata", afirma. Su
mujer añade: "Registraron a los hombres pero Uzi nunca me dijo cómo
fue... Sólo que no fue agradable".
El altavoz del avión difundía
la voz del líder del comando atacando a Israel, EEUU y Francia por su
asistencia en el proyecto nuclear israelí. Sus condiciones eran
sencillas: liberación de 43 presos palestinos en Israel y otros países y cinco millones de dólares de Francia. De lo contrario, matarían uno a uno.
Tras
repostar en Bengasi (Libia), el aparato aterrizó en el destino
preparado, donde le esperaban otros terroristas. "El capitán está de
buen humor. Bromea y dice que para la mayoría de nosotros es la primera
oportunidad de visitar Uganda", escribió Sara en el diario personal redactado a escondidas durante los siete días en el infierno. Sus hojas se convertirían en libro.
En
la pista de Entebbe vislumbraron la silueta de Idi Amin. "Pensaba que
nos liberaría porque le considerábamos amigo de Israel", recuerda. Pero
la pesadilla sólo había empezado. Amin les saludaba siempre con un
"Shalom" en hebreo pero allí terminaba su simpatía. "Su presencia me
aterraba. Cada vez que venía, lloraba", rememora Benny. El jerarca
advertía de que si Israel no aceptaba las demandas, serían ejecutados.
En
esos momentos y a 4.000 kilómetros de distancia, el primer ministro
Isaac Rabin se planteaba lo imposible. "Rabin me miró a los ojos y me
preguntó: '¿La misión de rescate es posible?'. Le dije que sí", cuenta
uno de los pilotos de los cuatro Hércules que transportaron al centenar
de soldados. El Mosad le dio varios miles de dólares por si debían huir
en coche cruzando la frontera de Kenia.
Ningún secuestrado ni secuestrador creía posible la opción militar.
"Sabíamos que Israel tiene comandos especializados en liberar rehenes
pero sinceramente nadie pensó que podían ir hasta Uganda y conseguirlo",
reconoce Sara.
Los alrededores de la sala donde fueron recluidos estaban minados. O eso les dijeron. Un día hizo algo atrevido. Se fue a dialogar con un secuestrador alemán.
-Queremos ayudar a los palestinos y su causa -le dijo.
-Si
somos tu enemigo, ¿por qué no te enfrentas a nuestros soldados? ¿No
sientes nada al estar ante mujeres y niños? -preguntó la israelí.
-Créame, me sentí mal. Me hubiera gustado luchar en el frente -concluyó antes de que cada uno volviera a su papel.
Benny
recuerda momentos de luz en la oscuridad. "Fue una semana terrible con
instantes horribles pero también con algunas risas. Por ejemplo, cuando
roncaban", admite esbozando una sonrisa antes de confesar: "Desde que
soy padre entiendo mejor la importancia de la actitud protectora y
serena de nuestros padres".
Dispositivo militar israelí
Sábado 3 de julio. Cae la noche. Disparos.
¿Primera ejecución de un rehén? Sara protegió con su cuerpo a Benny.
"Manteneos agachados", les susurró Uzi, que estaba con el hijo mayor.
Mientras arreciaban los disparos y explosiones, Benny se puso a rezar
bajo el cobijo de su madre. "No temí la muerte sino que la vi pasar ante
mis ojos. Sólo pedí a Dios que primero me mataran a mí para no ver
morir a mis hijos", señala Sara.
Las ráfagas de fuego se
acercaban. Como el comando israelí que sorprendió a militares,
terroristas y pasajeros. Un uniformado les preguntó en hebreo si estaban
bien. "Nos dijo que nos sacarían de allí. Fue muy emocionante. Era como
ver a un ángel", comenta. En la salida, quedó sumida en un estado de shock.
Su hijo toma el relevo de la narración. "En el camino a la pista donde
nos esperaban los Hércules, vi el derramamiento de sangre. Tres rehenes
murieron esa noche mientras Dora Bloch, que había sido llevada antes a
un hospital, fue asesinada días después", relata.
Los 105 rehenes
judíos y miembros de la tripulación encabezados por el capitán Michel
Bacos, que rechazó ser liberado, fueron introducidos en el vientre del
Hércules. Los soldados hacían recuento, por lo que no cerraron
inmediatamente las puertas del avión. El hijo de Bloch estaba triste
porque su madre se quedó en el hospital. Tres años después encontraron
su cadáver.
Omer Bar-Lev era uno de los ángeles a los que se refiere.
El hoy diputado laborista que azota al conservador Benjamín Netanyahu
era compañero de armas de su hermano. "Fue muy rápido. El jueves por la
noche recibimos la primera orden y el sábado por la noche ya volvíamos
con los rehenes. En 48 horas tuvimos que planificar, hacer los
preparativos, repostar en Sharm El Sheij (Egipto), aterrizar en Entebbe
sin despertar sospechas, sorprender a los guardias y terroristas y
rescatar sanos y salvos a los rehenes".
Salvador y víctima - SAL EMERGUI
No estaban tan seguros como en otras operaciones.
"La sensación en los preparativos no era buena porque no había un plan
ordenado y claro. Tuvimos que realizar cambios", revela a Crónica. Así,
se desechó la posibilidad de llegar en paracaídas, ya que espías
enviados al lago elegido confirmaron la presencia de cocodrilos. "Todos
los que participamos teníamos mucha experiencia en otros rescates pero
nunca hicimos algo tan lejos. El plan no estaba cerrado pero confiamos
mucho en la famosa improvisación israelí", añade Bar-Lev.
El
Hércules transportaba un Mercedes similar al que usaba la comitiva de
Idi Amin. Netanyahu estaba en la parte delantera del vehículo que avanzó
hasta enfrentarse a los ugandeses, palestinos y alemanes. La misión del
equipo de Bar-Lev era destruir el escuadrón de aviones Migs ugandés y
ayudar al primer comando en caso de necesidad.
El regreso fue
especial. Y raro. "Por un lado, alegría y adrenalina tras una operación
de tales dimensiones. Por otro, profunda tristeza porque en el vuelo nos
informaron de la muerte de Yoni, que demostró que un oficial debe ser
el primero en el frente", sentencia Bar-Lev con el orgullo de haber
participado en uno de los dispositivos más atrevidos en la Historia de
Israel. Algunos compañeros suyos no incluidos en la misión aún se
lamentan. Y concluye: "Entebbe fue uno de los episodios más importantes de la lucha antiterrorista. Por desgracia, el terrorismo sigue golpeando no sólo a Israel sino a todo el mundo. El mundo libre debe unirse y defenderse".
Jaffar
Amin reconoce que la operación humilló a su padre. "Se dio cuenta de su
error por haber ayudado a los árabes. Pese a la muerte de 20 soldados
ugandeses, cinco palestinos y dos alemanes, pido perdón a los israelíes",
ha dicho en el diario Yediot Ajaronot. "La operación desnudó las
debilidades de mi padre". Fue el inicio de su fin: se vio que no era tan
fuerte como parecía. Diez días después del rescate, los Davidson
volaron a EEUU. La mejor terapia contra los fantasmas de Entebbe.
Kurt y Dorel, a su llegada desde Praga en un vuelo de Lufthansa en 1935. EL MUNDO
La barcelonesa Dory Sontheimer encontró siete cajas en casa de sus padres y descubrió el asesinato de 36 familiares en el Holocausto
La tormenta tuvo un aviso desgarrador. Antes de morir en 2002, Rosa Sontheimer empezó a delirar en Barcelona. "¡Qué viene la Gestapo! ¡Qué viene la Gestapo y se nos va a llevar!", exclamaba en alemán. Pocas semanas después, su hija Dory confirmó sus temores. No era un delirio producto de su larga enfermedad sino el trauma de su familia, pueblo y época.
En el altillo de una casa de la Avenida Diagonal, encontró la respuesta. Siete ordenadas cajas, camufladas con mantas y edredones, esperaban a esta mujer nacida en Barcelona y educada como católica en la España franquista. Ocurrió hace 14 años, cuando enterró a su madre y resucitó un tormentoso pasado. Encontró un tesoro abriendo una tremenda caja de Pandora. A los 56 años, y ya como abuela, abrazó su verdadera identidad.
Los padres de Dory eran dos jóvenes judíos que se conocieron en Barcelona tras huir de una Alemania que mostraba síntomas peligrosos. Tras la victoria de Franco en la Guerra Civil, el miedo les hizo iniciar una nueva vida. Kurt y Rosl pasaron a ser Conrado y Rosa, se convirtieron al cristianismo y volvieron a casarse por la Iglesia. Siete décadas después, un ingente material epistolar de sus familiares revela sus desesperados intentos para salvarse de la hoguera nazi que se extendía por Europa.
En lugar de ahogarse de tristeza y rabia en el río de documentos, Dory inició un valiente viaje en la máquina del tiempo siguiendo a los suyos azotados por el régimen nazi. Las cajas confirmaron el secreto que le susurró su padre a cumplir los 18 años -"Somos judíos pero no se lo digas a nadie porque nos pueden hacer mucho daño"- y revelaron otros. Como el asesinato de 36 familiares por los nazis. La deportación de sus abuelos maternos Eduard Heilbruner y Lina Levi a campos de refugiados en Francia antes de ser enviados en septiembre de 1942 a Auschwitz, donde fueron exterminados. O cómo sus abuelos paternos Max y Rosa sufrieron las leyes antijudías y las humillaciones de los que consideraban amigos en Núremberg antes de huir a Cuba.
"Cuando preguntaba por los familiares en Alemania, mi padre cambiaba de tema o decía que murieron en la guerra. Me extrañaba mucho no tener primos o abuelos", cuenta Dory a EL MUNDO tras dar una conferencia en el Instituto Cervantes de Tel Aviv, visitar familiares y dar su testimonio en la Sala de los Nombres del Museo del Holocausto Yad Vashem en Jerusalén. "Ha sido muy emocionante visitar Israel. Tengo la sensación del deber cumplido", resume orgullosa.
El puzle de secretos, encuentros y lágrimas en varios continentes se plasma en 'Las Siete Cajas' (Editorial Circe). De profesión farmacéutica, Dory halló una medicina inesperada en el desván. "Decidí que tenía que escribir este libro como homenaje no sólo a ellos sino a todas los que sufrieron aquel horror. Estos últimos años, he encontrado a familia que no conocía".
Conversamos en el puerto de Tel Aviv. A pocos metros, en la calle Ben Yehuda -así lo revela la primera impactante caja- la alegre y joven hermana de su padre murió en el bombardeo de la Aviación de Mussolini que causó 137 víctimas en septiembre de 1940.
La barcelonesa participó en los dos minutos de silencio que paralizaron Israel en recuerdo de los seis millones de judíos asesinados por la Alemania nazi. "Cuando descubrí el contenido de las cajas, me di cuenta de lo que una sociedad culta de la Europa del siglo XX fue capaz de ejecutar. Lo que ocurrió a mi familia en la que exterminaron a 36 personas ocurrió a otras miles en Europa. No se puede olvidar jamás. Debemos asegurarnos que nunca más vuelva a ocurrir", asegura pensando también en sus tres hijos y siete nietos.
Sus padres se acogieron al silencio como escudo vital. Dory lo rompe como necesidad vital. "Mi padre me dejó las cajas porque quería que supiera la historia familiar. Lo guardó todo para que se conociera no sólo el legado familiar sino histórico. Por ejemplo los documentos nazis contra los judíos", estima antes de añadir: "El reconocimiento de tus orígenes es imprescindible para poder vivir tu presente y conocer la verdad".
El libro también recrea el ambiente del bar Heidelberg en Barcelona donde sus padres pasaron horas de amor y guerra, y denuncia al cónsul español en Marsella, que no dio a sus abuelos la autorización de entrada a España. Al final, entraron en las cámaras de gas.
Una carta de su abuela bajo el yugo nazi a su madre en Barcelona resume esos oscuros días: "No tenemos noticia de ningún deportado. Desaparecen".
Dory entiende la dolorosa decisión de sus padres de dar la espalda a sus orígenes. "Escondieron su identidad judía para seguir viviendo. Entre los amigos de mi padre se comentaba que la Gestapo operaba en Barcelona buscando a los judíos y sacándoles del país", nos recuerda aliviada porque no tiraron su pasado. Lo guardaron en siete ordenadas cajas.
¿Teme hoy ser judía? "No", responde y reivindica el mensaje de "universalidad y convivencia independientemente del origen, religión y raza de cada uno". Pero recuerda a una mujer que se acercó cuando firmaba libros para susurrarle: "Yo también soy judía pero prefiero no decirlo. Siempre que surge un problema culpan a los judíos".
Arqueólogos submarinistas han hallado un pecio junto al puerto antiguo de Cesárea, con miles de monedas de 1.600 años, estatuas de bronce y otros objetos enterrados en el mar, informó hoy la Autoridad de Antigüedades de Israel (AAI).
Se
trata del mayor conjunto de objetos descubiertos en el fondo marino en
las últimas tres décadas, localizado en un primer momento por dos submarinistas aficionados de manera fortuita el mes pasado, apunta un comunicado de la AAI.
El hallazgo incluye además anclas de hierro y restos de anclas de madera, además de objetos que fueron empleados en la construcción y navegación de la embarcación hundida.
La investigación para recuperar los restos del cargamento fue llevada a cabo en las últimas semanas con la colaboración de submarinistas especializados y voluntarios que emplearon equipos avanzados y desenterraron numerosos artefactos que viajaban en la embarcación hundida.
Muchos de los objetos son de bronce y se encuentran en extraordinario estado de conservación: como una lámpara con la imagen grabada del dios sol, o una estatuilla de la diosa luna, al igual
que una lámpara con la imagen de la cabeza de un esclavo africano, pero
destacan sobre todo tres estatuas de tamaño real fundidas en bronce.
También localizaron fragmentos de grandes jarras que eran empleadas para llevar agua potable para la tripulación del barco.
Una de las grandes sorpresas fue el descubrimiento de dos sacos compuestos por miles de monedas que pesan 20 kilogramos y se encontraban en el interior de una vasija en la que eran transportados.
De
acuerdo a Jacob Sharvit, director de la Unidad de Arqueología Marina de
la AAI y Dror Planer, vicedirector del departamento, «la localización y
distribución de los hallazgos antiguos en el fondo marino apuntan a que
un gran mercante transportaba un cargamento de metal programado para su reciclado, que aparentemente fue sorprendido por una tormenta a la entrada del puerto y se hundió hasta estamparse con el malecón rocoso».
Subrayan la importancia y el buen estado de las estatuas de bronce, que han llegado hasta nuestros días gracias a que quedaron enterradas por la arena del fondo marino.
Las monedas halladas tienen incrustadas la imagen del emperador Constantino el Grande (274-337), y de su colega y posterior rival Licinio, emperador que gobernó la parte este del imperio entre el 308 y el 324.
137 Sentados junto a los ríos de Babilonia, llorábamos al acordarnos de Sión. 2 En los álamos que hay en la ciudad colgábamos nuestras arpas. 3 Allí, los que nos habían llevado cautivos, los que todo nos lo habían arrebatado, nos pedían que cantáramos con alegría; ¡que les cantáramos canciones de Sión!
4 ¿Cantar nosotros canciones del Señor en tierra extraña? 5 ¡Si llego a olvidarte, Jerusalén, que se me seque la mano derecha! 6 ¡Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no te pongo, Jerusalén, por encima de mi propia alegría!
7 Señor, acuérdate de los edomitas, que cuando Jerusalén cayó, decían: «¡Destrúyanla, destrúyanla hasta sus cimientos!»
8 ¡Tú, Babilonia, serás destruida! ¡Feliz el que te dé tu merecido por lo que nos hiciste! 9 ¡Feliz el que agarre a tus niños y los estrelle contra las rocas!
La Ciudad de los Canales recuerda con conciertos,
representaciones teatrales y exposiciones los 500 años del que ha sido
considerado el primer gueto del mundo, desde que un 29 marzo de 1516 la
República de Venecia segregó a los judíos. Informa Cristina Rocha/Efe.
El
Senado veneciano permitió a los judíos asentarse en la ciudad con una
condición, que lo hicieran en una zona periférica al norte de la urbe
donde serían encerrados y vigilados durante la noche por centinelas cristianos.
"Lo
podemos considerar el primer gueto oficial del mundo", relató a Efe por
teléfono desde la ciudad de los canales el estudioso Riccardo Calimani
(1946), autor del libro "Storie del ghetto di Venezia".
En la actualidad, sólo una decena de judíos sigue viviendo en el gueto,
aunque la zona "continúa atrayendo a turistas con su sinagoga del siglo
XVI y sus tiendas de productos judíos, galerías de arte, restaurantes y
panaderías kosher", explicó el estudioso.
El gueto se sitúa en
un islote en el sestiere (los distritos en los que se divide Roma) de
Cannaregio, rodeado de canales y con únicamente dos accesos, y con los
años se fueron acumulando diversas comunidades judías, como los
españoles (sefardíes), levantinos, italianos y askenazim, que contaban
con sus propias sinagogas diferenciadas.
Consta de dos zonas, el Gueto Viejo y el Gueto Nuevo, que
se caracterizan por sus estrechos callejones, con muchos pasadizos,
pequeños canales y por sus elevados edificios, conocidos como los
rascacielos de Venecia, que aún hoy pueden apreciarse.
La
liberación de los judíos se produjo con la invasión de las tropas de
Napoléon en 1797, pero no fue hasta 1866 cuando recibieron los derechos
de ciudadanía con motivo de la integración de Venecia al Estado de
Italia.
Durante la Segunda Guerra Mundial también sufrieron por
su condición de judíos y 246 miembros de esta comunidad fueron
deportados a campos de concentración nazis.
No sufrieron la
brutal persecución a la que eran sometidos en otras partes de Europa,
pero los judíos en Venecia estaban "discriminados y sólo se les permitía
trabajar como prestamistas, doctores, mercaderes y vendedores de
paños", afirmó el estudioso.
Ahora, para recordar el gueto en su
500 aniversario se han organizado festivales musicales que muestran la
contribución a la música de maestros de la danza judía.
El
próximo julio se representará por primera vez en las calles del gueto la
obra teatral de Shakespeare "El mercader de Venecia".
La
exposición "Venezia, gli ebrei e l'Europa. 1516-2016" se podrá visitar
desde mediados de junio en el Palazzo Ducale de Venecia.
Para el
coordinador del Comité del 500 aniversario, Shaul Bassi, esta es una
ocasión para "revitalizar la casi extinta vida del barrio y reflexionar
sobre la adaptación de una minoría en momentos en los que se levantan
muros, alambradas y verjas por toda Europa".
"No celebramos los
muros del gueto sino la riqueza y la diversidad de tradiciones
culturales que albergó en sus muros", dijo a Efe por teléfono.
Otros,
sin embargo, son contrarios a estas celebraciones, como Calimani que
opinó que recordar la existencia del gueto es "sólo doloroso".
"¿Cómo se puede 'celebrar' un gueto, símbolo de la presión en Europa?", valoró.
Para
otros es necesario recordar como Alisa Campos, de 36 años, nacida en el
gueto de Venecia, pues "los candados y verjas se abrieron hace más de
doscientos años, no es una herida abierta y no veo ningún motivo para no
festejar este aniversario y más si puede traer beneficios al barrio",
dijo a Efe.
Aunque reconoció que cada vez que vuelve al gueto se "entristece mucho al ver cómo la comunidad está muriendo".
"Casi
todos los judíos laicos tienen una relación con una persona no judía y
abandonan la comunidad porque no se sienten bienvenidos y prefieren
vivir según un estilo de vida ortodoxo", explicó Campos.
Y es que, en
los últimos 20 años, los rabinos del gueto han adoptado reglas más
severas que excluyen de la comunidad a las personas de diferente
religión, un hecho que "dificulta la integración de la creciente población de judíos laicos", según Calimani.
El
estudioso calificó de "suicidio" la política aplicada en los últimos
años por los rabinos y señaló a las autoridades judías como
"responsables del alejamiento de los judíos laicos y de aquellos casados
con personas de diferente credo".