Casa de Israel - בית ישראל


Desde " Casa de Israel " trabajamos para hacer frente al antisemitismo , la judeofobia y la negación o banalización de La Shoá ( Holocausto) .
No olvidamos las terribles persecuciones a las que fue sometido el pueblo judío a través de los siglos , que culminaron con la tragedia de La Shoá .
Queremos tambien poner en valor y reconocer la fundamental e imprescindible aportación de este pueblo y de la Instrucción de La Torá , en la creación de las bases sobre las que se sustenta la Civilización Occidental.

"... עמך עמי ואלהיך אלהי ..."

martes, 24 de julio de 2018

De merienda con James Rhodes, pianista judío inglés: "España es la típica chica guapísima que se ve fea y gorda"

                                                                        
El músico James Rhodes, que sacò un  nuevo libro  “Fugas” , anuncia que se ha radicado en Madrid por muchas razones.

Cuando se mudó a Madrid, hace ahora justo un año, James Rhodes tenía un gran miedo: que sus vecinos se rebelaran al escucharle tocar el piano cada día. Como temía, no tardó en recibir una llamada en la puerta de su apartamento, en el bajo de una finca del barrio de Salamanca con portero en la entrada y paredes forradas de mármol.
Toc-toc-toc. Una anciana le regaló un pastel y, tímidamente, le hizo una petición: «¿Te importaría tocar más alto? Casi no te oigo desde mi piso».
Toc-toc-toc. Un joven vecino, algo nervioso, le lanzó su confesión: «A veces me quedo sentado en tu puerta al volver del trabajo. Es maravilloso».
Toc-toc-toc. El señor del quinto señaló a su novia, una guapísima argentina, y le dijo: «No sabes la suerte que tienes de salir con un músico tan bueno como él».
En el salón de su casa, Rhodes no puede contener su entusiasmo mientras relata la anécdota: «En Londres, la gente me habría gritado que me callara de una puta vez. Aquí, en cambio, me piden que toque más alto. ¡Este país mola!».
Detalles cómo éste confirmaron al pianista que su pálpito era cierto: que España iba a convertirse en su nuevo hogar. Ya lo intuyó de crío, durante sus vacaciones en Peguera (Mallorca), cuando bebía tinto calentorro y fumaba fortunas a escondidas de sus padres. O, décadas más tarde, cuando su libro de memoriasInstrumental (Blackie Books, 2015) se convirtió en uno de los bestsellers más inesperados de los últimos años. O cuando las entradas de sus recitales de piano empezaron a agotarse en cuestión de minutos...
Pero una cosa es visitar un país y otra instalarse en él. Y ahora, tras su primer año como español en prácticas, Rhodes ya lo tiene claro. No se cansa de enumerar los diminutos placeres que ha ido descubriendo: de las librerías de Malasaña a las parejas de ancianos que pasean de la mano; del Teatro Kamikaze a lo rápido que llega el metro al aeropuerto...
-¡Y qué decir de las croquetas! -exclama- ¡Hasta tenéis un concurso nacional de la mejor croqueta! Que exista un país así es un milagro.
Luego el pianista se frota la barriga y suelta una de sus palabras favoritas en castellano: «Eso sí, me estoy poniento un poco rechonchito». El incipiente michelín que mancilla su anatomía de estrella del rock es el resultado de su principal hallazgo hasta la fecha: la merienda. Tanto le sorprendió esa comida incrustada entre el almuerzo y la cena que le dedicó un artículo -Españoles, la merienda os hace superiores- que arrasó en las redes sociales.
¿Por qué te impactó tanto la merienda?
Porque es una metáfora de todo lo bueno de España. En otros países occidentales sólo se busca el éxito y el dinero. Aquí trabajáis mucho, sí, pero también sabéis disfrutar del momento y entendéis la importancia de las cosas pequeñas, que son el antídoto ideal para la locura del mundo moderno.
El músico teoriza sobre la idiosincrasia española mientras celebra su primer cumpleaños como español con un merienda a la altura de la ocasión. El menú incluye cecina, sobrasada, longaniza, guindillas, una hogaza de pan y unas trufas de una pastelería del barrio que se niega a compartir.
A Rhodes se le ve tan entusiasmado que parece que se ha bañado en una marmita de serotonina. Apenas se detecta el rastro de aquel pianista torturado que escribió Instrumental, un estremecedor libro en el que relató los abusos sexuales que sufrió de pequeño y cómo le habían llevado al borde de la locura. «La música clásica me salvó la vida», aseguraba hace tres años, cuando promocionaba su libro en su casa de Maida Vale, al oeste de Londres.
Ahora, ya instalado en Madrid, ha matizado su discurso. Sí, la música le salvó la vida, pero vivir en España le ha enseñado a exprimirla al máximo. Y no le avergüenza proclamarlo cada día, ya sea en artículos de prensa o en una cuenta de Twitter cuyo desbordante alborozo hace más por la marca España que la campaña publicitaria más sofisticada.
A veces abrumas con tanta felicidad...
Mi objetivo es que os deis cuenta de que vuestro país es mejor de lo que pensáis. Ante cosas que a mí me parecen mágicas, vosotros os encogéis de hombros. Aquí todo es mejor: la gente, la comida... Hasta el wifi va más rápido. ¡Y lo pronunciáis güifi, que es una palabra preciosa!
Hay gente a la que le enfada tu entusiasmo. ¿Crees que es porque nos falta autoestima como país?
Absolutamente. Nunca había pensado que un país en su conjunto podría tener baja autoestima, pero en España sí que ocurre. Muchos decís: «Si algo se nos da bien es contarle al mundo lo mierda que somos». Y eso me pone muy triste. Es como ver a la típica chica guapísima que, sin embargo, se ve gorda y fea. ¡Sólo me gustaría que vierais vuestro país con mis ojos durante un minuto!
Y así es España a través de sus ojos: «Tenéis croquetas y calamares. Tomates del tamaño de un balón de fútbol. Podéis ir a un restaurante y tomar tres platitos deliciosos por sólo 10 euros. La luz del sol es alucinante. La gente queda a las once a tomar cañas con sus amigos... ¿Sigo?».
No es solo cosa suya. Esta semana, su hijo quinceañero está de visita de EEUU y también está enamorado de Madrid. Su madre, que viene a ver sus recitales, también está emocionada por el éxito de su hijo en un país extranjero. Y Denis Blais, su manager y mejor amigo, se plantea mudarse a España: «Ha visto de primera mano el impacto positivo que ha tenido en mí este país».
Cuando aterrizó aquí, Rhodes atravesaba una pésima racha personal. La resaca de la publicación del libro resucitó algunos demonios que creía sepultados. Con su historial de drogadicción, autolesiones e intentos de suicidio, su psiquiatra temía por su vida. Sin embargo, la última vez que le visitó, hace unos meses, su diagnóstico fue contundente: nunca le había visto tan estable.
«España me ha salvado la vida literalmente», proclama. «Sé que suena melodramático, pero es así. En Madrid vivo, en Londres sólo sobrevivía. Allí era como vivir un matrimonio de mierda: es un asco, pero tienes una hipoteca, varios hijos... Así que te conformas, aunque no seas feliz. Madrid, en cambio, es como tener una esposa increíble, por la que sientes respeto, admiración, amor... y con la que quieres follar cada noche».
De hecho, la misma mañana que nos recibe, se ha reunido con un abogado para pedir la residencia permanente. Cuando le preguntamos si se ve aquí dentro de 20 años, no sólo asiente -«si sigo vivo», puntualiza- sino que detalla su plan: «Mi sueño sería tener un pequeño apartamento junto al mar en San Sebastián para ponerme gordísimo comiendo pinchos... Y luego tener un piso en Madrid».
Su amor por España es recíproco. Intrumental ya ha vendido más de 100.000 ejemplares. Su gira de 13 conciertos de este verano se salda con entradas agotadas en cada ciudad. Incluso cuenta con un espacio semanal en A vivir, de la SER, para pinchar su música predilecta: «Es mi sueño: que taxistas, abuelas y panaderos escuchen a Bach y Beethoven como parte de su rutina semanal».
Este programa forma parte de su cruzada profesional: que la música clásica sea accesible para todo el mundo. «La mayoría de los músicos piensan que debe estar reservada para la gente inteligente y cultivada», critica. «Yo pienso lo contrario: que es para todo el mundo. No necesitas entenderla: simplemente, puedes disfrutarla. Y que no me hablen de precios: es más caro ir al fútbol que a un concierto de piano».
En este año, ¿no has descubierto cosas de España que no te gustan?
Sí, soy más realista. Pero gracias a eso me fío más. Es como si vas a una cita con una chica muy guapa, muy maja, muy divertida... Piensas que tiene que haber algo oculto, que no todo puede ser perfecto... Pero pasan los meses y todo sigue igual de bien. Tampoco soy idiota ni pienso que éste sea un país mágico: hay pobreza, drogas, cosas malas... Pero eso pasa en todos los países del mundo.
Pasado un año, Rhodes aún no ha agotado su capacidad de asombro. Ahora le ha dado por coleccionar palabras favoritas: «Chungo, perroflauta, mamarracho, mariposa, ¡quisquilloso!...», enumera. «Pero, de lejos, mi favorita es tiquismiquis, porque me describe del todo. ¡I am a tiquismiquis!».
También le apasionan los tacos, e, incluso, presume de haber inventado uno -«Doble coño»- que le salió del alma cuando descubrió la merienda. «El español es como música. Es melódico. Es rítmico. Lo opuesto del alemán o el inglés, que suenan como kkkjjj... Por eso me da tanta rabia no poder dar esta entrevista en castellano».
¿Te consideras ya un madrileño?
¡Aún no me he ganado ese derecho! Estoy pagando impuestos, aprendiendo castellano, dando clases de piano... Quizá en cinco o diez años podré serlo. Pero pienso que tengo que ganarme el derecho de considerarme madrileño. Y, claro, conseguir que me guste la tortilla con cebolla.
¿Y si tu felicidad actual no fuera más que un enamoramiento pasajero?
Si pensara eso, no me habría reunido con un abogado esta mañana para convertirme en un residente.
Así que te quedas...
Ni de coña me voy. No hay un lugar mejor. Eso de «De Madrid al cielo» no es una frase hecha. Es la verdad.
¿Y como vas a evitar convertirte en un español más de los que no aprecian lo que tienen?
Mira, esto es como un matrimonio. Tienes que trabajar para que funcione. Hay que decir 'te quiero' cada día, hay que comprar flores. Y, en mi caso, el método va a ser seguir diciendo por qué me gusta tanto, aunque la gente me insulte y me llame cursi. Lo siento, españoles: vais a tener que aguantarme.
 
Fuente :elmundo.es


lunes, 16 de julio de 2018

Israel busca la luna


                                                                          

Israel busca la luna

Si nada falla, el 13 de febrero de 2019 Israel se convertirá en el cuarto país en poner un pie en la Luna. Tras EE.UU., Rusia y China, el estado judío se convertirá en el cuarto país que enviará una aeronave propia al astro espacial. “Conoced nuestra nave: pequeña, inteligente, y con mucha jutzpá (descaro)”, celebraba en un tuit la organización sin ánimo de lucro SpaceIL, responsable de desarrollo del proyecto, que también contó con la asistencia de la compañía estatal Israel Aerospace Industries (IAI).
La nave despegará en diciembre del 2018 desde Cabo Cañaveral, en Florida. La llegada a la Luna será la primera de estas características desde el 2013.
El aparato, que tiene forma de mesa redonda con cuatro patas de fibra de carbono, ha sido desarrollado por un equipo de ingenieros que contó con un presupuesto de 77 millones de euros, considerado relativamente bajo para un proyecto de tal envergadura.

Nave espacial israelí durante una presentación a la prensa en la sede de la compañía aeroespacial israelí MBT,
Nave espacial israelí durante una presentación a la prensa en la sede de la compañía aeroespacial israelí MBT, (Abir Sultan / EFE)
“Después de ochos años, la primera aeronave israelí, que se encuentra en la fase final de construcción y pruebas, estará pronto viajando a la Luna”, comentó Morris Kahn, presidente de SpaceIL. Y añadió: “El lanzamiento llenará de orgullo a Israel en su 70.º aniversario. Es un logro nacional que nos colocará en el mapa espacial del mundo”. Según lo previsto, la nave transmitirá imágenes y vídeos desde la Luna dos días después de su aterrizaje, y medirá el campo magnético del satélite como parte de un proyecto científico del Instituto Weizmann.
Para lograr culminar el proyecto –puesto en marcha en el 2011–, tuvieron que sacrificar tamaño y capacidades operativas de la nave para así garantizar un viaje exitoso. Con tan sólo unos 600 kilos –dos terceras partes del peso será carburante–, dos metros de diámetro y 1,5 metros de altura, se convertirá en la aeronave más ligera en alcanzar la Luna. “Cuando el aparato alcance el punto de aterrizaje, será completamente autónomo. El motor se detendrá y alcanzará la superficie a velocidad cero para un aterrizaje suave”, indicó Ido Anteby, CEO de Space IL.

La nave será capaz de despegar desde el satélite y posarse otra vez medio kilómetro más allá

La aeronave recorrerá los 384.000 kilómetros hacia la Luna a una velocidad 13 veces mayor a la de un caza F-15. Además, contará con paneles solares y un sistema de control remoto con cámaras desarrollado en Israel, que garantizará el contacto permanente con la base de operaciones. El director de operaciones de IAI, Yossi Weiss, reconoció que “el camino a la Luna no es fácil”. Pero Weiss quiso hacer hincapié en que el proyecto hará “más alcanzable” este costoso objetivo, ya que antes “se precisaban caros proyectos gubernamentales”.
SpaceIL reveló que el artefacto pondrá en práctica un “método revolucionario”: será capaz de descender y luego despegar de nuevo para culminar otro alunizaje a tan sólo 500 metros. Pese a que este proyecto está financiado por empresarios filántropos –entre ellos el magnate de los casinos Sheldon Adelson–, Israel prometió financiar un 10% del presupuesto, pero todavía no ha hecho efectivo el pago. El Estado hebreo puso en marcha su programa espacial en 1980. Poco después, en 1988, se convirtió en el octavo país en lograr enviar satélites al espacio exterior. En el 2003, Ilan Ramon iba a ser el primer astronauta israelí en volar al espacio. Desgraciadamente, formaba parte de la trágica expedición de la aeronave Columbia, que estalló por los aires, por lo que falleció junto a otros seis tripulantes.

Será la aeronave más ligera en alcanzar la Luna

Según los impulsores de la iniciativa, la misión pretende alentar a la juventud israelí para que se involucre en estudios científicos y lograr un impacto similar al que tuvo el Apolo en su misión lunar en 1969. “Es un proyecto tremendo. Cuando sea lanzado al espacio, todos recordaremos donde estábamos cuando Israel aterrizó en la Luna”, aseguró Morris Khan.
SpaceIL empezó en el 2011 cuando los ingenieros Yariv Bash, Kfir Damari y Yonatan Winetraub decidieron competir en el torneo de Google Lunar XPRIZE, que repartía un premio de 20 millones de dólares para el primer proyecto privado que lograra desarrollar un aparato pequeño capaz de llegar a la Luna.
En 1969, el astronauta norteamericano Neil Amstrong hizo historia al ser el primer humano en pisar la Luna. Cincuenta años después, será el turno del Estado judío. Tal como celebró el CEO de SpaceIL: “Vamos a plantar la bandera de Israel en la Luna”.

viernes, 13 de julio de 2018

La última pista del cadáver del espía Eli Cohen - Sal Emergui



Eli Cohen es la historia de un éxito descomunal del Mosad que acabó en fracaso dibujado en la soga. 53 años después de ser ahorcado en Damasco, su reloj ha sido hallado en una operación en la sombra del servicio secreto israelí al norte de Tel Aviv.
"Nunca olvidaremos a Eli Cohen. Recordamos su legado, dedicación, valentía, determinación y amor al país", dijo el jefe del Mosad, Yossi Cohen, a la familia del agente que logró ganarse la confianza de los principales jerarcas de Siria. Sus mensajes codificados enviados clandestinamente desde su casa en la capital siria fueron vitales para Israel. Por ejemplo, para doblegar en seis días a varios ejércitos árabes en la guerra del 67. Su infiltración en el régimen sirio fue tan profunda que estuvo a punto de ser nombrado ministro. Su éxito, sin embargo, acabó siendo su perdición.
En la larga búsqueda del cadáver de Cohen, el Mosad se topó recientemente con el reloj de pulsera que en su día compró en uno de sus viajes-tapadera a Europa. Israel no da detalles de la delicada misión, aunque ha trascendido que tuvo lugar en Siria. Tras localizar al hombre que llevaba el reloj, se inició una segunda operación para confirmar que pertenecía al espía.
"Cuando el Mosad nos lo enseñó, nos emocionamos. Sentí que parte de Eli volvía a casa y que podía volver a tocar su mano. Nos dijeron que lograron recuperarlo en una operación muy compleja. También me alegra de que no se hayan olvidado de él", afirma su viuda Nadia. En una entrevista a EL MUNDO, aclara que aún espera que encuentren sus restos para que sea enterrado en Israel. "Es posible. Creo que existe el cadáver y espero que el Mosad siga buscando", añade.
Su hija mayor Sophie, que tenía cuatro años cuando fue ahorcado, recuerda emocionada que "es su primer objeto personal que tenemos. Ojalá encuentren su cadáver porque es un deseo de hace muchísimo tiempo pero tal y como está ahora Siria, lo veo difícil".

Un álter ego sirio

Nacido en 1924 en la localidad egipcia de Alejandría, hizo alia (emigración judía a Israel) en el 57. Al cabo de tres años fue reclutado por la Inteligencia. Tras una intensa instrucción que incluyó el perfeccionamiento del árabe, el estudio del Corán, fotografiar de forma discreta lugares sensibles y el uso de las comunicaciones, se hizo con el papel asignado: un empresario sirio que vuelve a casa tras unos años en Argentina. Bajo la falsa identidad de Kamel Sabet, el objetivo era informar desde las entrañas del régimen.
Gracias a su carisma y generoso bolsillo, hizo amistad con importantes generales y políticos sirios. Ninguno de ellos podía imaginar que detrás de este pudiente hombre de negocios con un discurso muy antiisraelí se escondía un hombre del Mosad que cada mañana enviaba información codificada desde su casa situada a pocos metros del cuartel general del ejército sirio. Por ejemplo, coordenadas de las fortificaciones fronterizas que él mismo recorrió como invitado de honor así como la situación real de la Fuerza Aérea. Con su chivatazo, Israel decidió lanzar una dura represalia contra el ejército sirio tras un ataque contra agricultores israelíes en la zona desmilitarizada.
En enero del 65 y tras cuatro años como agente encubierto en Siria que combinó con escasos viajes para ver a su familia en Israel, fue detenido. Con la ayuda de sofisticados dispositivos electrónicos recién llegados de la Unión Soviética, los servicios secretos sirios llegaron a su casa. Al principio pensaron que era un error. No lo era. Irrumpieron en su habitación y encontraron el equipo de transmisión.

Un héroe nacional

Tras ser torturado por los agentes sirios, fue juzgado sin abogado y sin opción de evitar la sentencia de muerte. Las peticiones de algunos dirigentes mundiales como el Papa VI no surtieron efecto. Al amanecer del 18 mayo del 1965 fue ahorcado en la plaza Marja de Damasco. Las autoridades retiraron su cuerpo al cabo de seis horas.
El reloj que lucía en Damasco, como se aprecia en una foto, está expuesto hoy en la sede del Mosad. "Es muy importante que esté allí donde pasan muchos que hacen actividades que hacía Eli", comenta Nadia orgullosa de que sea considerado un héroe nacional y que su nombre esté presente en numerosas calles del país. Ha llegado incluso a Netflix donde Sacha Baron Cohen interpretará su papel en la serie 'El Espía'.
Nadia crítica a los jefes del Mosad de esa época por mantener a su marido tanto tiempo en Damasco, pese a que el riesgo era cada vez mayor. Es el dilema de un servicio secreto: continuar la misión dado el ingente caudal de información de oro que genera o saber retirarse a tiempo.
"Querida Nadia, querida familia, escribo mis últimas palabras con la esperanza de que siempre estéis unidos. Yo pido a mi esposa que me perdone, que se preocupe de ella misma y que proporcione una buena educación a nuestros hijos. Algún día estaréis orgullosos de mí", escribió el espía de Damasco en sus últimas horas antes de que le quitaran el reloj y la vida.
Fuente : elmundo.es

sábado, 7 de julio de 2018

No hay lágrimas en 'Shoah' - José Sánchez Tortosa

"el Holocausto no tiene final". Ha de permanecer como un presente histórico del que Europa no podrá sanar jamás.
Claude Lanzmann rodando 'Le dernier des injustes' en 2013 | Cordon Press 
 
El mayor legado intelectual de Claude Lanzmann es esa rareza inclasificable que es Shoah. Lanzmann comprendió que el único modo de nombrar el horror absoluto es negándose explícitamente a la pretensión de enunciarlo: "Dirigir sobre el horror una mirada directa" y asumir el peso de un "acto radical de nominación", pues la forma más acabada de desmentirlo, falsearlo o trivializarlo es a través de la pretensión de mostrarlo. Buscó huir de la ficción sin caer en la trampa del documental, artificio selectivo con el que presentar como verdad el coágulo nebuloso de imágenes en las cuales lo verdadero es imposible sin la palabra, sin el contexto, sin el matiz, sin el estudio, y nunca es definitivo. Toda imagen miente. Por eso Shoah no es un documental sobre el Holocausto ni una película sobra la historia del exterminio masivo en la II Guerra Mundial. Es la puesta en escena del testimonio de los supervivientes, pero también del papel de los ejecutores y de los que lo presenciaron, lo padecieron indirectamente o se beneficiaron directamente. Lanzmann filma la palabra, y los lugares tal como hoy quedan son negados plano a plano por los protagonistas, cuyo relato de los hechos destruye esa placidez inocente, ese olvido inexorable, esa belleza inerte y cruel, tan natural como ciega. La renuncia a la manipulación de la imagen más allá del inevitable encuadre, a su embellecimiento musical, el escrúpulo por respetar la tensión del interrogatorio, obedecen a la rigidez de una técnica que contamine lo menos posible el testimonio. La rememoración, el relato, ese temblor continuado, la vergüenza por seguir vivo, es toda la presencia que se precisa, y procede, con timidez y sin retórica, al desmentido de cuanto la imagen puede evocar. Shoah es la representación de lo que sólo el silencio consiente en acoger, y su afán es el de hacer posible la transmisión y, así, negar el olvido:
Hay que hablar y guardar silencio a la vez, (…) el silencio es el modo más auténtico de la palabra.
En tal empresa se sometió al rigor extremo de una técnica cinematográfica inusual, sin documentos de archivo ni dramatización:
Shoah es antes que nada una inacabable empresa de desacralización, que devuelve la palabra y la instaura allí donde nunca fue tomada, donde no pudo haberlo sido, rechazando todos los eufemismos, forzando los silencios en todos sus retiros para que se enfrenten al más importante de los interrogatorios: saber cómo se mató, mantenerse lo más cerca posible del crimen, hacer que lo digan todo, hacer que lo cuenten todo, sin detener la cámara en el momento del dolor y retirarse de puntillas, como mandarían las buenas costumbres.
lanzmann.jpg
La imagen es falseamiento, seducción o espanto, y vale más que mil palabras sólo si su valor estriba en el engaño, el consuelo, la satisfacción o la catarsis. Cuando se busca lo verdadero, sólo se puede recurrir a la imagen declarando de antemano que se trata de una distorsión, de un truco, de una opacidad. Y esa búsqueda sólo es posible en la mutilación de toda retórica, en la medida más precisa, en el rechazo radical a todo atisbo de desproporción. En 1985 se estrena la obra que aviva esta paradoja: ¿cómo dejar paso a la verdad por medio de la imagen, necesariamente mentirosa? Shoah es el colosal desafío con el cual ofrecer en pantalla el testimonio del exterminio sistemático de los judíos europeos a base de primeros planos sostenidos y largos silencios en los que se abre la escena a la palabra, incluso a pesar de los protagonistas. La película no busca explicar. Ofrece el testimonio. Y junto a él los rostros, los parajes, el vacío, el silencio. Enseña lo que no puede ser visto, cómo toda prueba ha desaparecido, cómo las huellas del exterminio fueron borradas. No nos lega la constancia de lo que sucedió, sino del intento por olvidarlo. Y al espectador, a pesar del monumental trabajo y de la fuerza que las palabras de las víctimas contienen, apenas le llega un eco mitigado de la verdad desnuda de esa brutalidad civilizada.
Las otras dos obras de Lanzmann sobre la Shoá son El informe Karski, con material filmado y descartado en el montaje de Shoah, y El último de los injustos, inquietante entrevista realizada también en 1975 a Benjamin Murmelstein, último presidente del Consejo Judío del gueto de Terezín y único presidente de un Consejo en sobrevivir, que mantuvo contacto con Adolf Eichmann. El sello de Lanzmann queda patente en el desafío de filmar un interrogatorio implacable a un personaje incómodo que, por su mera presencia, hace aflorar las dolorosas aporías a las que los supervivientes se vieron condenados, a las fatales paradojas que formaron parte de la maquinaria del exterminio. Su empeño en arrojar a la vista de todos la verdad histórica con sus despiadadas miserias marca la intransigencia severa y audaz de una obra cinematográfica que no se permite concesiones. La fuerza intelectual y estética de Lanzmann se basa en recorrer esos límites entre ficción, representación y verdad poniendo frente al espejo de los abismos del ser humano al que se atreva a mirar. Por eso, su repulsa del género cinematográfico que La lista de Schindler encarna como arquetipo, por ser, necesariamente, una mezcolanza complaciente que ofrece heroicidades espectaculares y grandilocuentes, melodramas con los que solazarse en el llanto, máscaras con las que identificarse y, acaso lo más traicionero, un final feliz que resuelva en fundido en negro el desasosiego del espectador.
Las lágrimas son un modo de disfrutar; las lágrimas son un placer, una catarsis. Mucha gente me ha dicho: "No puedo ver su película porque, probablemente, viendo Shoah no haya posibilidad de llorar".
Y es que el llanto es un modo de cierre, una conclusión, una solución y, en el fondo, un consuelo. Pero "el Holocausto no tiene final". Ha de permanecer como un presente histórico del que Europa no podrá sanar jamás.
No hay lágrimas en Shoah.
NOTA: Todas las citas pertenecen a la colección de artículos y textos de Lanzmann reunidos bajo el título La tumba del sublime nadador, en Editorial Confluencias.
Fuente:libertaddigital.com


jueves, 5 de julio de 2018

Muere Claude Lanzmann, defensor de la causa de Israel y director de 'Shoah'


                                                                     



El periodista y cineasta Claude Lanzmann ha fallecido este jueves 5 de julio a los 92 años, según recoge el diario francés Le Monde. Defensor de la causa de Israel, fue el autor del documental Shoah, dedicado al exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.
 En la década de 1970, Claude Lanzmann se lanzó a elaborar documentales como Why Israel y Shoah. Son trescientos cincuenta horas de rodaje, llevadas a cabo entre 1974 y 1981, con conversaciones con los protagonistas del exterminio nazi, que se ha convertido en uno de los mayores emblemas cinematográficos contra el genocidio.

En 2018, Lanzmann volvió a la cuestión judía con Cuatro Hermanas, uno de sus últimos trabajos. "Nunca me curé de la muerte. Lo que más me escandaliza en el mundo es tener que morir. No me gusta la música, y no me gusta morir. Puedes decir eso sobre mí", señaló en una entrevista reciente a France Culture.
Claude Lanzmann recibió, entre otros galardones, el Oso de Oro honorífico en el Festival de Berlín de 2013 por su trayectoria y también fue nombrado Comendador de la Legión de Honor y Comendador de la Orden Nacional al Mérito en Francia
Fuente:libertaddigital.com


El cineasta, escritor y filósofo francés Claude Lanzmann ha fallecido este jueves a los 92 años, según informa el diario 'Le Monde'. Lanzmann es conocido por su monumental documental 'Shoah' (1985), sobre el genocidio judío a manos de los nazis. La película, de nueve horas de duración, supuso una revolución en la forma de abordar aquel agujero negro en la Historia.
"Aquello era un crimen perfecto. Por primera vez en la Historia, la muerte se convirtió en industria; una industria que quemaba los rastros. No quedaban huellas", aseguró Lanzmann al concluir su obra, después de años de investigación. Por eso mismo, contra ese silencio y ocultación, el cineasta francés se empeñó en dar voz a los testigos de la barbarie.
"El futuro es demasiado sombrío para permitirse el lujo de olvidar", aseguraba Lanzmann. Así, realizó documentales complementarios y publicó numerosos libros al respecto.
Fuente :elpais.com

domingo, 24 de junio de 2018

El nuevo odio a los judíos en Francia

Nathaniel Azoulay. El 22 de febrero de 2017, Nathaniel y Jacob Azoulay iban conduciendo cuando una furgoneta empezó a cruzárseles de forma peligrosa. En un semáforo en rojo, el hombre les empezó a insultar. “¡Sucios judíos! ¡Gilipollas! ¡Vais a morir!”. Al aparcar en un bar para hablar con él, fueron rodeados por seis hombres. Uno de ellos sacó una sierra y los hirió.
Nathaniel Azoulay. El 22 de febrero de 2017, Nathaniel y Jacob Azoulay iban conduciendo cuando una furgoneta empezó a cruzárseles de forma peligrosa. En un semáforo en rojo, el hombre les empezó a insultar. “¡Sucios judíos! ¡Gilipollas! ¡Vais a morir!”. Al aparcar en un bar para hablar con él, fueron rodeados por seis hombres. Uno de ellos sacó una sierra y los hirió.
El asesinato en París de una superviviente de la persecución nazi de 85 años se suma a un goteo incesante de actos y crímenes antisemitas. En la principal comunidad judía de Europa, algunos piensan en mudarse a otras ciudades o en emigrar a Israel. Francia los escucha, pero no saben si será suficiente para combatir una forma de odio impulsada ahora por el islamismo violento. Este es el testimonio de las víctimas del nuevo antisemitismo.
PODRÍA parecer una pelea de barrio. Fue algo más.
“Sucios judíos”, escucharon los hermanos Jacob y Nathaniel Azoulay mientras un grupo de hombres —“de tipo norteafricano”, según el acta de la denuncia a la policía— los agredían con una sierra. Delante de aquel bar a la entrada de Bondy, un municipio en la periferia oriental de París, rodeados de extraños que los insultaban y pegaban, creyeron que no saldrían vivos.
“Si te mueves, te mato”, le dijo uno de los agresores a Jacob, que se encontraba en el suelo, inmovilizado.
Era el 21 de febrero de 2017. Todo había empezado unos minutos antes, cerca de las nueve de la noche, con una persecución automovilística. Jacob y Nathaniel Azoulay, de 29 y 17 años, regresaban de París a Bondy por la carretera N-3 cuando una furgoneta empezó a cerrarles el paso. Una, dos, tres veces. Hasta que, en un semáforo, Jacob pidió explicaciones al conductor.
“En esta carretera hago lo que me da la gana, sucio judío”, le respondió, siempre según la denuncia policial. Supo que eran judíos porque los hermanos Azoulay llevaban la kipá, el pequeño gorro redondo que cubre la cabeza de los judíos practicantes.
Los Azoulay continuaron circulando, mientras la furgoneta continuaba cerrándoles el paso sin que cesase el intercambio de invectivas por la ventana abierta.
“Baja”, le dijo el conductor de la furgoneta a Jacob.
Una kipá abandonada cerca de la escuela judía ortodoxa Merkaz Hatorah en Gagny, donde hubo un incendio provocado en 2003. El entonces presidente, Jacques Chirac, convocó un gabinete de crisis y declaró que “un ataque a un judío es un ataque a toda Francia”.
Una kipá abandonada cerca de la escuela judía ortodoxa Merkaz Hatorah en Gagny, donde hubo un incendio provocado en 2003. El entonces presidente, Jacques Chirac, convocó un gabinete de crisis y declaró que “un ataque a un judío es un ataque a toda Francia”.
Se detuvieron delante del bar. Fue entonces cuando llegaron a las manos. Los golpes, la sierra, los insultos. Los hermanos se salvaron porque el padre del hombre que conducía la furgoneta y otras personas que salieron del bar les pidieron a los agresores que parasen. “Si el padre no hubiese estado ahí, yo estaría muerto”, recuerda Jacob Azoulay en la agencia de viajes donde trabaja. A las siete de la tarde, el local es un continuo ir y venir de clientes, empleados y proveedores, un animado ajetreo mediterráneo en el distrito XIX de París, un barrio mezclado, con población judía, musulmana, cristiana, laica.
El incidente queda lejos. Podría parecer una pelea de barrio. Pero fue algo más.
La agresión a los hermanos se suma al goteo de actos contra los judíos franceses en la principal comunidad judía de Europa y la tercera del mundo, por detrás de Estados Unidos e Israel. Muchos pasan inadvertidos —la denuncia de la familia Azoulay quedó sin resolver— y se limitan a actos invisibles —un insulto en la calle por llevar kipá, un grafiti en una sinagoga— que simplemente hacen más incómoda la vida de las víctimas o sus allegados. En otros casos, la violencia ha sido tan descarnada que ha creado alarma en una comunidad que, hasta principios de la década pasada, había creído que ser judío nunca más debería hacerles sentir miedo en este país. Se equivocaban.
Alain Banhmou, judío francés, sufrió un asalto en su casa de Bondy en 2015. Uno de los agresores utilizó un pintalabios rojo de la esposa de la víctima para escribir en la pared: “Sucio judío. Viva Palestina”. En una carpeta con los documentos policiales de la investigación, hay un post-it donde se lee: “Bondy. Sucio judío”.
Alain Banhmou, judío francés, sufrió un asalto en su casa de Bondy en 2015. Uno de los agresores utilizó un pintalabios rojo de la esposa de la víctima para escribir en la pared: “Sucio judío. Viva Palestina”. En una carpeta con los documentos policiales de la investigación, hay un post-it donde se lee: “Bondy. Sucio judío”.
Las cifras primero. Cerca del 1,6% de la población francesa es judía. El porcentaje es debatible por la dificultad para definir a una persona judía, como explican el politólogo Jérôme Fourquet y el geógrafo Sylvain Manternach, coautores de L’an prochain à Jérusalem? (¿El año próximo en Jerusalén?), un estudio sobre el nuevo antisemitismo francés publicado en 2016. Fourquet y Manternach llegan a esta cifra sumando a los practicantes, que son un 0,6% de la población, y a los que, sin declararse de confesión judía, tienen por lo menos un progenitor judío. Casi la mitad de quienes se declaran de esta confesión reside en la región de París y están representados en todas las capas socioprofesionales de la población.
La mitad de los actos racistas se dirige a los judíos. Son el 1,6% de la población francesa
Muchos judíos franceses señalan —y los historiadores lo corroboran— un año clave en el inicio de lo que podría llamarse la nueva ola de odio. Es el año 2000, el de la Segunda Intifada, una explosión de tensión entre israelíes y palestinos en Oriente Próximo que acabó desbordándose hasta Francia. En 1999 se registraron en Francia 82 actos antisemitas. Al año siguiente fueron 744, y en 2004 alcanzaron los 974. El nivel ha oscilado: en 2017, el de los últimos datos disponibles, fue mucho menor, 311. Pero nunca ha vuelto a bajar a las cifras de los años noventa. La mitad de los actos racistas tiene por objetivo a los judíos, pese a que este grupo representa una parte mínima de la población. Ignorada por la mayoría del país, fuera de las urgencias de la agenda política, motivo de preocupación solo dentro de la comunidad, únicamente cuando se dan los estallidos más virulentos la sociedad francesa parece tomar conciencia del problema.
Ocurrió esta primavera con el asesinato en París de Mireille Knoll, una mujer de 85 años superviviente de la persecución nazi. La muerte de Knoll, apuñalada y carbonizada en su apartamento de París, se añadía a una sucesión de crímenes de extrema violencia en el país con las mayores comunidades judía y musulmana de la Unión Europea. La autoría de muchas de estas agresiones —jóvenes más o menos inspirados en la yihad— apunta a una nueva forma de antisemitismo distinto del odio al judío de la vieja extrema derecha autóctona. Las marchas en París y en otras ciudades tras el asesinato de Knoll y la movilización de la clase política son una reacción al goteo criminal en la última década.
La casa en la que Sarah Halimi, de 65 años, fue asesinada en París. Recibió una paliza y fue lanzada por la ventana en abril de 2017. Kobili Traoré, un vecino de 27 años, camello y drogadicto, trepó hasta el balcón y entró. La policía recibió varias llamadas de una mujer gritando mientras un hombre la golpeaba y gritaba: “Cállate”, “Alá es grande” y “He matado a Satán”. Después Traoré saltó hasta otro piso y recitó versos del Corán. La policía lo detuvo poco después y está recluido en un psiquiátrico.
La casa en la que Sarah Halimi, de 65 años, fue asesinada en París. Recibió una paliza y fue lanzada por la ventana en abril de 2017. Kobili Traoré, un vecino de 27 años, camello y drogadicto, trepó hasta el balcón y entró. La policía recibió varias llamadas de una mujer gritando mientras un hombre la golpeaba y gritaba: “Cállate”, “Alá es grande” y “He matado a Satán”. Después Traoré saltó hasta otro piso y recitó versos del Corán. La policía lo detuvo poco después y está recluido en un psiquiátrico.
Este es el edificio parisiense en el que Ilan Halimi fue secuestrado en 2006. El 20 de enero una chica de 17 años llamada Emma entró a la tienda de móviles en la que Halimi trabajaba e inició una conversación con él. Antes de marcharse, ella le pidió el número de teléfono. Emma llamó a Halimi la tarde siguiente y lo invitó a su casa a tomar algo. Cuando llegó, un grupo llamado Los Bárbaros lo acorraló y secuestró. Al día siguiente por la tarde, su hermana recibió un e-mail con una foto en la que se le veía amordazado y atado a una silla con una pistola apuntando a su cabeza. Pedían 450.000 euros de rescate y amenazaban con matarlo si acudían a la policía. Halimi estuvo secuestrado tres semanas y fue torturado. Murió el 13 de febrero de 2006. Poco después su cadáver fue hallado cerca de una estación de tren. Estaba desnudo y tenía cuatro heridas de navaja en la garganta, estaba atado y le habían cubierto los ojos y la boca con cinta adhesiva. Además, tenía el 60% del cuerpo quemado con ácido.
Este es el edificio parisiense en el que Ilan Halimi fue secuestrado en 2006. El 20 de enero una chica de 17 años llamada Emma entró a la tienda de móviles en la que Halimi trabajaba e inició una conversación con él. Antes de marcharse, ella le pidió el número de teléfono. Emma llamó a Halimi la tarde siguiente y lo invitó a su casa a tomar algo. Cuando llegó, un grupo llamado Los Bárbaros lo acorraló y secuestró. Al día siguiente por la tarde, su hermana recibió un e-mail con una foto en la que se le veía amordazado y atado a una silla con una pistola apuntando a su cabeza. Pedían 450.000 euros de rescate y amenazaban con matarlo si acudían a la policía. Halimi estuvo secuestrado tres semanas y fue torturado. Murió el 13 de febrero de 2006. Poco después su cadáver fue hallado cerca de una estación de tren. Estaba desnudo y tenía cuatro heridas de navaja en la garganta, estaba atado y le habían cubierto los ojos y la boca con cinta adhesiva. Además, tenía el 60% del cuerpo quemado con ácido.
“Todos estos muertos tienen un punto en común: han sido asesinados por lo que son, no por sus opiniones. Es un comportamiento nazi”, dice el escritor Pierre Assouline, autor de la novela Retour à Séfarad (Retorno a Sefarad), donde relata su periplo para obtener la nacionalidad española como judío sefardí. “Los franceses saben que, cuando se ataca a los judíos, la próxima etapa será el resto. El antisemitismo actúa como una señal de alerta”.
Philippe Braham, Yohan Cohen, Yoav Hattab y François-Michel Saada fueron asesinados a tiros en este comercio kosher parisiense por Amedy Coulibaly. El 9 de enero de 2015, entró en el supermercado con tres pistolas y un rifle de asalto. Mató a 4 de los rehenes judíos y secuestró durante horas a otros 15. Quería que los asesinos de la revista Charlie Hebdo, un ataque sucedido dos días antes, no sufrieran ningún daño. Al final la policía entró y mató a Coulibaly.
Philippe Braham, Yohan Cohen, Yoav Hattab y François-Michel Saada fueron asesinados a tiros en este comercio kosher parisiense por Amedy Coulibaly. El 9 de enero de 2015, entró en el supermercado con tres pistolas y un rifle de asalto. Mató a 4 de los rehenes judíos y secuestró durante horas a otros 15. Quería que los asesinos de la revista Charlie Hebdo, un ataque sucedido dos días antes, no sufrieran ningún daño. Al final la policía entró y mató a Coulibaly.
La muerte de Knoll el 23 de marzo fue el undécimo asesinato considerado antisemita en Francia desde 2006. El ciclo empezó ese año con el secuestro, la tortura y el asesinato de Ilan Halimi, de 23 años, que trabajaba en una tienda de teléfonos móviles cerca del edificio donde Knoll fue asesinada. Siguió en 2012 con la matanza de tres niños y un adulto en una escuela judía de Toulouse. Continuó en 2015 con la muerte de otras cuatro personas en el ataque al supermercado kosher Hyper Cacher en Vincennes, en las afueras de París, dos días después del atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo. El 4 de abril de 2017, Sarah Halimi, una mujer judía de 65 años, fue asaltada en su apartamento parisiense a golpes y lanzada por la ventana. Las autoridades, al contrario que en el caso de Knoll, tardaron meses en reconocer el carácter antisemita del crimen. El asesinato de Halimi y de Knoll son los episodios más recientes.
“No tengo miedo”, repitió varias veces Roger Pinto en una primera conversación por teléfono desde Israel, donde pasaba unos días en abril. Y dijo otra frase: “La situación es insoportable”. No son afirmaciones contradictorias: está harto, pero no se dejará derrotar.
El 8 de septiembre de 2017, Pinto fue víctima, junto a su esposa y su hijo, de un asalto violento a su casa en Livry-Gargan, en las afueras de París. Los asaltantes se presentaron a las 8.30. “Dennos todo el dinero. Los judíos tenéis dinero”, les dijeron.
El nuevo odio a los judíos en Francia
El nuevo odio a los judíos en Francia
Familia Pinto. Mireille, Roger y David Pinto fueron atacados en su casa de Livry-Gargan, a las afueras de París, en septiembre de 2017, por un grupo de cinco personas que los golpearon y los amenazaron con cuchillos. Los agresores creían que eran una familia rica porque eran judíos. Al hijo de Mireille le arrancaron la cadena con la cruz de David. Los autores del ataque fueron detenidos y están a la espera de juicio.
Familia Pinto. Mireille, Roger y David Pinto fueron atacados en su casa de Livry-Gargan, a las afueras de París, en septiembre de 2017, por un grupo de cinco personas que los golpearon y los amenazaron con cuchillos. Los agresores creían que eran una familia rica porque eran judíos. Al hijo de Mireille le arrancaron la cadena con la cruz de David. Los autores del ataque fueron detenidos y están a la espera de juicio.
Unos meses después de la conversación telefónica, en el apartamento de su hijo, David, en el distrito XVI de París, los Pinto —Roger; su esposa, Mireille, y David— relatan con detalle las dos horas en que pasaron secuestrados en el domicilio donde vivían desde hacía 37 años. Muestran orgullosos una foto. Es una casa de estilo vagamente alemán, de 300 metros cuadrados y 800 de jardín, un oasis idílico en la banlieue parisiense, el último lugar donde habrían imaginado que correrían peligro.
Los atracadores eran cinco, recuerdan. Los Pinto acababan de volver de vacaciones en la Costa Azul. David, que aquel día se hospedaba con sus padres, se levantó primero, se dirigió a la cocina para hacerse un té y vio que la tetera no funcionaba: la electricidad estaba cortada. Bajó al sótano para comprobar el contador y fue entonces cuando le atacaron. “Si no haces lo que te decimos, te matamos”, recuerda que le dijeron. Subieron a por los padres y los ataron a los tres. Roger recuerda que le pusieron un destornillador en el cuello. A David le arrancaron la estrella de David que llevaba en un collar. Los encerraron en una habitación mientras desvalijaban la casa. Llamaron a la policía. Cuando los agentes llegaron, los atacantes se habían marchado.
Ahora la casa está en venta y ellos buscan apartamento en París, en un lugar donde se sientan más seguros.
En la última década, 60.000 franceses han tomado el ‘alya’, el regreso a Israel
El movimiento de los Pinto —de la banlieue, donde las etnias y religiones viven mezcladas, a los barrios más homogéneos y seguros para ellos en la capital— no es insólito. Algunos hablan del alya interior. Alya es la palabra hebrea que designa la inmigración a Tierra Santa. El alya interior, término impreciso y que muchos judíos rechazan, designaría esta inmigración de barrios inseguros a barrios más seguros dentro de la propia Francia, movimiento que a veces puede ser el prólogo a la auténtica alya. En los últimos 10 años, 60.000 judíos franceses han tomado el camino a Israel, según datos citados en el diario Le Monde por el historiador Marc Knobel, asociado al Consejo Representativo de las Instituciones Judías en Francia.
El caso de Pinto es común en la última ola de antisemitismo: una combinación de prejuicios antisemitas de larga tradición que ahora se manifiesta en el acoso a personas mayores dentro de su vivienda y en barrios obreros. En los casos de Sarah Halimi y de Mireille Knoll, los atacantes eran vecinos.
“El antisemitismo tradicional, de extrema derecha, base nacionalista y motivos cristianos está hoy marginalizado”, dice el historiador Pierre-André Taguieff, que acaba de publicar el libro Judéophobie. La dernière vague (Judeofobia. La última ola). Taguieff distingue este antiguo antisemitismo “que sobrevive” pero sin una presencia central en la sociedad, del nuevo antisemitismo “que emerge”, y que consiste, dice, en “una judeofobia islamizada o yihadizada”. “Los judíos en Francia tienen razón de tener miedo porque su inseguridad física, social y cultural está en juego”, dice Taguieff. “Creo que este miedo ha sido buscado por los ambientes islamistas”.
La cadena con la cruz de david que le arrancaron a David Pinto era similar a esta.
La cadena con la cruz de david que le arrancaron a David Pinto era similar a esta.
El viejo antisemitismo francés es el de la extrema derecha y hunde sus raíces en el antisemitismo católico y nacionalista del siglo XIX. La fractura ideológica de la primera mitad del siglo XX —fractura que derivó en una guerra civil latente que cristalizó en la ocupación nazi y el colaboracionismo durante la Segunda Guerra Mundial— tiene que ver con la relación de la Francia mayoritaria con la minoría judía. Y tiene un nombre: Alfred Dreyfus, el capitán del Ejército injustamente condenado por traición. El caso Dreyfus partió Francia en dos y marcó las divisorias de las décadas siguientes: entre laicos y ultramontanos, entre progresistas y reaccionarios, entre la Francia cosmopolita y la Francia ultra. El antisemitismo francés fue, hasta bien entrado el siglo XX —incluso después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Estado francés cooperó con los ocupantes nazis en la deportación y el exterminio de los judíos—, una marca de la extrema derecha.
Ya no es así. Como dice Taguieff, persiste en grupúsculos ultras y neonazis, así como en una extrema izquierda donde el antisionismo y el antisemitismo a veces se confunden. Pero ha mutado. Hoy el antisemitismo avanza en ámbitos islamistas, entre un sector de la población francesa de origen norteafricano que proyecta en sus compatriotas judíos una mezcla de prejuicios seculares, de resentimiento político por el conflicto israelo-palestino y de agravio social que atribuye al judío su marginación en la República. Que sea en Francia donde la ola antisemita se note con más crudeza no es casualidad, dada la fuerte presencia de ambas comunidades. En Francia viven unos 770.000 judíos, según los datos de Fourquet y Manternach, y unos cinco millones de musulmanes.
El consenso en Francia sobre el peligro real del antisemitismo es amplio, como lo demuestra la voluntad de los principales líderes políticos, de la extrema izquierda a la extrema derecha, de asistir a la marcha de París tras el asesinato de Mireille Knoll. Desde el antiguo Frente Nacional de Marine Le Pen (rebautizado como Reagrupamiento Nacional), que con retórica antiinmigración (y antimusulmana) también suma algunas simpatías entre la comunidad judía, hasta La Francia Insumisa del exsocialista Jean-Luc Mélenchon, todos quisieron estar en la manifestación, aunque Le Pen y Mélenchon tuvieron que abandonarla por los abucheos que recibieron.
Las voces discordantes sobre la realidad de la ola antisemita son minoritarias. En 2011, en un libro titulado L’antisémitisme partout (El antisemitismo por doquier), el filósofo Alain Badiou y el ensayista Eric Hazan sostenían que calificar de antisemitas las posiciones de una parte de la juventud francesa negra y árabe “no es de ningún modo la descripción de una situación real, sino una operación de estigmatización”. Estigmatización de una minoría, según esta visión, con la acusación de antisemitismo, arma arrojadiza desde la Francia hegemónica contra los jóvenes de origen árabe.
Quienes más amenazados se sienten son los judíos de clase media y trabajadora
Un paseo por los barrios y banlieues donde han ocurrido la mayoría de actos antisemitas estos años ayuda a explicar la sociología de este fenómeno. Se trata de espacios obreros y multiculturales donde la convivencia étnica y religiosa es estrecha. Se podría hacer un tour macabro por los escenarios de de los ataques recientes —y casi todos se encuentran en los barrios populares y banlieues del este de París— y no habría nada que ver. Son lugares banales, sin historia, sin trazo alguno de violencia. Rompen la idea de que en Francia haya guetos, aunque el éxodo de los judíos en el interior de Francia podría crearlos: algunos judíos educados en escuelas públicas prefieren ahora llevar a sus hijos a escuelas privadas judías, donde están menos expuestos a la discriminación. Y contradicen el rancio prejuicio antisemita del judío rico: quienes más amenazados se sienten por la nueva ola antisemita no son los judíos que viven en el París acomodado, sino personas de clase media y trabajadora, pequeños comerciantes, asalariados o jubilados.
El conflicto, aunque contaminado por las crisis de Oriente Próximo, es más francés de lo que parece a primera vista. Una parte considerable de los musulmanes franceses tiene su origen en Argelia, que se independizó de Francia en 1962. Y gran parte de los judíos franceses —de hecho, todos los entrevistados para este reportaje— son sefardíes que provienen de la Argelia francesa o el Túnez o el Marruecos coloniales.
Edificio de París en el que Mireille Knoll, de 85 años y superviviente del Holocausto, fue asesinada el 23 de marzo. Los agresores —un vecino de Knoll de 29 años que la conocía desde niño y otro de 21 años— entraron en el apartamento de la víctima y la apuñalaron 11 veces antes de prenderle fuego. Uno de ellos gritó “¡Alá es grande!” mientras la acuchillaba. El asesino de mayor edad confesó a la policía que el otro le dijo: “Es judía, debe tener dinero”.
Edificio de París en el que Mireille Knoll, de 85 años y superviviente del Holocausto, fue asesinada el 23 de marzo. Los agresores —un vecino de Knoll de 29 años que la conocía desde niño y otro de 21 años— entraron en el apartamento de la víctima y la apuñalaron 11 veces antes de prenderle fuego. Uno de ellos gritó “¡Alá es grande!” mientras la acuchillaba. El asesino de mayor edad confesó a la policía que el otro le dijo: “Es judía, debe tener dinero”.
Alain Benhamou tenía 17 años cuando llegó a Francia desde Argel. Era el año de la independencia y, como centenares de miles de franceses de origen europeo y de franceses judíos, hicieron las maletas y cruzaron el Mediterráneo hacia Europa. “Los conozco bien, a los argelinos”, explica en un café cerca de la estación de Villemomble, un municipio en el extrarradio de París. “Contrariamente a lo que ocurrió en Francia después, nunca sentí el antisemitismo en Argelia”. Tampoco en Francia, hasta principios de la década pasada. Recuerda un primer incidente traumático por aquella época. Su hija llevaba un colgante con la estrella de David y unos compañeros de clase en la escuela pública de Bondy —la misma ciudad donde residen los hermanos Azoulay y donde vivían los Benhamou— le dedicaron insultos antisemitas. Fue un primer aviso. El segundo llegaría unos años más tarde.
El 22 de julio de 2015 por la mañana Benhamou y su esposa se marcharon de vacaciones a Turquía. Activaron la alarma que protegía su apartamento. Por la noche recibieron una llamada de la empresa de vigilancia que controlaba el sistema. Alguien había entrado por la cocina rompiendo el cristal. Benhamou cree que, al sonar la alarma, los intrusos se marcharon y se escondieron en el aparcamiento del edificio. La policía se acercó, pero vio que la puerta estaba intacta y se marchó sin entrar en el apartamento. Los ladrones regresaron para rematar la faena. En un armario encontraron perfumes y pintalabios de la esposa de Benhamou. Con un pintalabios, dejaron escrito en una pared: “Sucio judío. Viva Palestina”.
Alain Benhamou saca una carpeta con recortes y documentos, y muestra la foto de la pared con la pintada antisemita. “A partir de este momento decidimos que debíamos abandonar la ciudad de Bondy”, dice. Llevaban allí, él y su esposa, 41 años. Tardaron seis meses en mudarse a un nuevo apartamento en la vecina ciudad de Villemomble, más tranquila, más rica, menos multicultural también. Durante estos meses, antes del traslado de Bondy a Villemomble, Benhamou guardó un bate de béisbol junto a la cama, por si acaso. ¿Irse a Israel? Lo pensó hace años, cuando se jubiló, pero sus hijas y nietos viven en Francia, que es su país.
Como otros muchos judíos, después de un ataque los Benhamou se mudan a otra ciudad
“En Israel nos sentimos más seguros que aquí”, responde Mireille Pinto, que desde el asalto a su casa, y a la espera de venderla y trasladarse a París, tiene dificultades para dormir y está en tratamiento. Pero añade: “Marcharse de Francia sería darles la razón”.
Armand Azoulay es el padre de Jacob y Nathaniel, los muchachos atacados con una sierra en Bondy. También es el presidente de la Comunidad Judía de Bondy. Para evitar que se le identifique como judío, Nathaniel, el pequeño, ha dejado de ir por la calle con la kipá. Su hermano Jacob continúa llevándola. El padre, en su despacho de la agencia de viajes que regenta, se resiste a tener miedo: “Le explicaré por qué. Como judío y como practicante, siempre tengo confianza en Dios. Sin él ya no estaríamos aquí. Así que siempre somos optimistas sobre el fondo de las cosas, lo que no nos impide ser lúcidos”. ¿Irse a Israel? “Si me voy, ¿qué significa? Que no hay esperanza. Este es el problema. Pero es evidente que, si las cosas continúan así, habrá que pensar en ello”. 
Fuente : EL PAÍS SEMANAL

martes, 15 de mayo de 2018

Israel es nuestro Muro - Carmelo Jordá


En la archifamosa serie televisiva Juego de Tronos uno de los escenarios de la acción es el Muro, que además de un lugar físico es una referencia constante en muchos capítulos y casi un personaje en sí mismo. El Muro, situado en el frío y nevado norte separa unos reinos más civilizados –dentro de lo civilizado que puede considerarse el mundo que reproduce la serie–, de un ámbito siniestro, peligroso y salvaje que se extiende más allá de la enorme pared de hielo y piedra.
El Muro es, por así decirlo, una responsabilidad compartida de los territorios que viven al sur de la imponente barrera: todos lo entienden como algo propio y como una de sus obligaciones, aunque por supuesto no siempre cumplan con sus compromisos de la misma manera o con el mismo entusiasmo.
En Occidente también tenemos algunos Muros –no siempre físicos– que nos ayudan a mantenernos separados de partes del mundo en las que no rige nuestro sistema de derechos; separaciones que alejan de nuestras vidas y nuestros hogares el terror, el fanatismo, la violencia extrema de aquellos que desprecian la vida; muros, en suma, que nos separan de la Edad Media aunque esta no sea una separación perfecta.
Israel lleva 70 años siendo uno de ellos, probablemente el más importante. Pero, al contrario de lo que ocurre con el Muro de Juego de Tronos, no todos los que nos beneficiamos de esa barrera defensiva sentimos ya no la más mínima responsabilidad, sino tan siquiera un ápice de solidaridad, empatía o gratitud.
Por no agradecer ni les agradecemos lo mucho que su ayuda –y en no pocas ocasiones sus expertos– nos sirven para enfrentarnos a los problemas que ellos ya han sufrido: buena parte de la inteligencia y de los métodos que toda Europa usa para evitar o al menos minimizar el desafío terrorista nos llegan de ese pequeño país que ha tenido que sufrir en primer lugar prácticamente todas y cada una de las formas de terrorismo moderno, desde los secuestros de aviones hasta los atropellos.
Nadie como el estado hebreo ha desarrollado los métodos de defensa, de infiltración y de respuesta a la agresión del terrorismo islamista, en el mundo real, en las infraestructuras clave, en el cada vez más importante campo de batalla cibernético… Israel sufre, inventa, soluciona y finalmente exporta un conocimiento que todo el mundo aprovecha, un saber que salva vidas en muchos rincones de este planeta.
Pero hay algo aún más importante que eso: el hecho de que cuando Israel se enfrenta a la teocracia iraní o a sus esbirros en Líbano o Gaza está siendo el primer cuerpo de combate de una batalla que no es sólo suya, que es también nuestra y, muy especialmente, de los españoles.
Porque la guerra del Islam radical –ya sea en su versión chií o en la suní– no tiene como proyecto final la destrucción del estado hebreo, eso es sólo un primer paso: después de Israel llegaría la reconquista de todo lo que ha sido Dar al Islam, es decir, de nuestra Península Ibérica, y más tarde todo lo demás. Y es que esa ideología ultrarradical travestida de religión no está dispuesta a compartir el poder en ningún rincón del mundo con las 'decadentes' libertades que son la base de nuestra civilización… y de cualquier cosa que merezca llamarse civilización.
Sí, ya sé que un mundo dominado por un gobierno islámico teocrático nos parece una locura e incluso hará que algunos sonrían condescendientemente al leer este artículo, pero eso no les importa a los psicópatas que están dispuestos a matar y morir para lograrlo. Es más, nuestra arrogante sensación de seguridad no hace que Hezbolá, Boko Haram, Al Qaeda o Hamás se desmoralicen, al contrario: saben que esa es nuestra mayor debilidad.
Al fin y al cabo, tampoco todo el mundo en los Siete Reinos puede imaginar que los Caminantes Blancos son una amenaza real y fatal, pero los que sí lo sabían construyeron el Muro y saben lo importante que es defenderlo, como nosotros deberíamos saber lo importante que es defender Israel, nuestro muro.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter.
Fuente :libertaddigital.com

La mujer en Israel, en "un buen lugar en el medio" - Jana Beris


                                                                       

Al cumplir el Estado de Israel el 70° aniversario de su independencia, el resumen más acertado de su situación actual debe incluir las numerosas luces por sus grandes logros en medio de la adversidad, y también las sombras por lo mucho aún pendiente de resolver. Y el tema de la situación de la mujer en Israel cuadra perfectamente en este esquema.
La legislación israelí al respecto es de las más avanzadas del mundo. Ya en la Declaración de Independencia de mayo de 1948 se recalca que el Estado de Israel "garantizará completa igualdad de derechos sociales y políticos entre todos sus habitantes, independientemente de su religión, raza o sexo". Y todo tipo de discriminación está prohibida por ley.
Sin embargo, al no haber matrimonio civil sino solamente religioso –lo cual afecta por cierto a ambos sexos, no sólo a la mujer– entran en juego limitaciones muy complejas de la ley religiosa. Por ejemplo, una mujer no puede divorciarse si el marido se niega y aunque las autoridades civiles del Estado le obliguen formalmente a conceder el divorcio, mientras el hombre no lo haga, la mujer está "atada" e imposibilitada de formalizar otra relación marital.
El conservadurismo religioso ha ido en aumento en determinadas áreas, en un intento de limitar la presencia pública de la mujer, pero paralelamente a ello se ha agudizado la firmeza en la protesta social contra dicho fenómeno.

Contrastes

Por un lado Israel fue el tercer país del mundo en el que una mujer fue primer ministro: Golda Meir, entre 1969 y 1974. Por otro, las mujeres en altos puestos en la política siguen siendo una clara minoría. Hoy en día son 3 las mujeres ministras de un total de 27 miembros del gobierno, aunque ya ha habido gabinetes con mayor presencia femenina. También son 3 las directoras generales de ministerios. De las 10 mujeres entre los 120 miembros del primer Parlamento (Kneset) electo en 1949, se llegó a 33 en la legislatura actual, electa en marzo del año pasado.
Pero ello no es producto de discriminación salvo en los partidos ultraortodoxos (haredies) que como principio, por consideraciones religiosas, no incluyen mujeres en sus listas. En gran medida, la menor cantidad de mujeres por ejemplo en el mundo de la política, se debe también a la dificultad de maniobrar entre la crianza de los hijos y ese tipo de actividad. En opinión de Emi Palmor, directora general del Ministerio de Justicia: "Las mujeres no suelen correr a puestos en los que no hay seguridad y estabilidad laboral".
Justamente el Ministerio de Justicia es un caso singular, en el que no sólo el 68% de los funcionarios son mujeres, sino que también lo son el 68% de los directivos. "Aquí hay una larga tradición de mujeres en la cúpula, sea en la Procuraduría General del Estado o en otras secciones", cuenta Palmor. "La primera directora general en el servicio público fue Nili Arad en el Ministerio de Justicia, hace ya más de 20 años". La ministra de Justicia es una mujer y no es la primea en el cargo. Asimismo, la Suprema Corte de Justicia está encabezada por la jueza Rajel Hayut, cuyas dos antecesoras en el cargo también fueron mujeres: Dorit Beinisch primero y luego Miriam Naor. Y años atrás, también la Contralor del Estado fue una mujer.
Ha habido un gran aumento en la cantidad de mujeres en cargos directivos en diferentes instituciones, en el sector empresarial y en el mundo del emprendimiento tecnológico. Son varias también las periodistas destacadas, inclusive en el área supuestamente varonil de la seguridad. Y los tres telediarios centrales son presentados por mujeres : Yonit Levy en el canal 12, Gueula Even en el 11 y Tamar Ish-Shalom en el 14.
Hay mujeres que resaltan también en otros ámbitos, como la gobernadora del Banco Central, ladra. Karnit Flug, y un creciente número de empresarias a alto nivel. Una de los 12 Premios Nobel de Israel es la profesora Ada Yonath, que recibió el de Química en el 2009. La primera medalla olímpica para Israel la ganó la judoka Yael Arad. ¿Y quién no conoce a la exitosa actriz Gal Gadot?

El ejército, campo para la igualdad

Pero cuando de luchas se trata, la mujer maravilla no es la del celuloide sino la de la realidad: indudablemente el campo de mayor igualdad en la práctica es el militar. En Israel, las mujeres deben cumplir por ley servicio militar obligatorio, aunque un año menos que los hombres. Dado que las jovencitas religiosas pueden quedar exentas del servicio con solo proclamar que no pueden enrolarse por cuestión de fe y modestia, el porcentaje de las mujeres en las Fuerzas de Defensa de Israel es de algo más del 30%. Pero por otra parte, son casi la mitad de los oficiales.
Hasta ahora únicamente una mujer ostentó el rango de general, pero el 92% de las posiciones están abiertas a mujeres, salvo las de combate en los principales comandos. Hay mujeres pilotos y copilotos, comandantes de barcos, combatientes en unidades fronterizas y en una diversidad de puestos de gran responsabilidad.
Por otra parte, ha sido justamente el ejército uno de los marcos de discusión sobre el tema de género, por la intervención de rabinos que se pronunciaron sobre el servicio militar de las mujeres, criticando el servicio conjunto de hombres y mujeres. Y en ciertas unidades en las que sirven soldados ultraortodoxos ha habido situaciones delicadas en las que se pretendió que mujeres no participen en ceremonias con canto, por cuestiones de "modestia".
"Estamos en un buen lugar en el medio", comentó tiempo atrás la diputada Aliza Lavie, del partido opositor Yesh Atid, que durante la anterior legislatura encabezó la comisión parlamentaria sobre la posición de la mujer. "Se ha logrado mucho y falta mucho más por lograr".

Una comparativa ventajosa

Sin olvidar los desafíos con los que Israel aún lidia en este campo –y no es por cierto la única democracia occidental que los tiene–, su sociedad puede ser tomada como ejemplo por varios países árabes de su entorno. En algunos de ellos, las limitaciones del fundamentalismo religioso islámico y ciertas costumbres locales, constituyen una compleja combinación que limita la libertad de la mujer.
Recientemente, de cara al 70° aniversario de Israel, fueron publicados en la prensa árabe varios artículos ilustrativos al respecto, de tono duramente autocrítico. En uno de ellos, Reda Abd Al-Salam, exgobernador de la provincia egipcia de Al-Sharqiya, actualmente profesor en la Universidad de Mansoura en Egipto, escribió:
¿Por qué Israel ha avanzado y los árabes y los musulmanes se han quedado atrás? (…) Los pueblos árabes y musulmanes viven bajo regímenes que durante décadas se han comprometido no en desarrollar a sus pueblos y establecerse en economía, sociedad, ciencia y democracia, sino en establecer su propio gobierno… Durante este tiempo, aquellos a quienes llamamos ‘los hijos de monos y cerdos’ se enfocaron en la educación, la salud, la economía y la tecnología. Se dedicaron a la construcción real.
Una construcción que también ha incluido, obviamente, el desarrollo de la mujer.
Fuente:libertaddigital.com

Israel: 70 años extraordinarios - Isaac Querub Caro


                                                                         

El pasado 20 de abril, el columnista del New York Times, Bret Stephens, celebraba el aniversario de Israel elogiando el "poder judío" durante 70 años; mostraba como mayor logro de Israel haber servido de refugio para todos los judíos del mundo. El nacimiento de Israel encuentra explicación en la necesidad de que los judíos tuvieran un hogar. Es cierto; y Stephens tiene razón, pero sólo en parte.
Tras estos 70 años, el poderío militar y la defensa de los judíos allá donde corrieran peligro son insuficientes para explicar Israel. Israel es también, y principalmente, educación, libertad, igualdad, diversidad, esperanza, progreso ante las dificultades, independencia judicial, innovación tecnológica, disciplina y veneración por la vida, la cultura y el arte.
Es también la lucha diaria de sus ciudadanos por defender su régimen de libertades en un océano de despotismo y barbarie. En siete décadas, Israel no ha sufrido nunca una regresión autoritaria, nunca ningún dirigente ha estado por encima de la ley.
En este tiempo, un suspiro en la historia, Israel ha elevado el valor cotidiano de llevar sobre las espaldas el legado de miles de años basado en la erudición y en el estudio; en comprender el mundo que nos rodea, y luchar cada día por convertirlo en un lugar mejor. En este sentido, Marcos Aguinis dijo acertadamente que a Israel le obligaron a ser Esparta, pero nunca renunció a ser Atenas.
Israel es un país carente de recursos naturales, con una extensión similar a la de Galicia, rodeado de enemigos dispuestos a borrarlo del mapa, sometido a guerras y a oleadas de terrorismo indiscriminado y, pese a las adversidades, sus ciudadanos han sabido hacerlo crecer y prosperar.
Los israelíes no tenían nada salvo sus manos y su intelecto, y lo han puesto en movimiento durante estos 70 años. Mientras sus vecinos, con enormes recursos, han ahogado el bienestar de sus ciudadanos en corrupción, fanatismo religioso, mentiras, discriminación, populismos, demagogia y tiranías, los israelíes han trabajado abnegadamente por hacer de su país un lugar mejor en Oriente Medio.
Todo ello no se consigue exclusivamente con un poderoso ejército y unas eficaces fuerzas de seguridad. Golda Meir, quien fuera primera ministra de Israel en una época en que era difícil que una mujer ostentara puestos de poder político, fue clara a este respecto: "No nos regocijamos en victorias. Nos regocijamos cuando se cultiva un nuevo tipo de algodón y cuando florecen las fresas". Hoy, esas fresas son Waze, el USB, el Iron Dome, la PillCam, el Copaxone, y todos los demás avances que, con Israel como denominación de origen, están mejorando nuestras vidas. Las de todos.
Ha sido la veneración religiosa y milenaria por la educación, el compromiso con unos valores universales —los que hoy llamamos valores judeocristianos—, y el amor incondicional a una herencia común, los factores clave por los cuales hoy celebramos 70 años extraordinarios.
La educación, pues, ha sido una de las claves del éxito de Israel. Y será, también, la piedra Rosetta del advenimiento de la paz. La educación en el respeto por el prójimo, la libertad, la convivencia, la igualdad y la justicia –valores compatibles con el Islam bien entendido– es la asignatura pendiente para los palestinos y para todos aquellos que aún sueñan con borrar a Israel del mapa.
Una paz justa, duradera y estable será posible cuando la palabra tenga más valor que la espada, cuando el amor por los suyos supere el odio por los otros y cuando la aspiración por un futuro mejor eclipse a los falsos profetas del terror y la sangre.
La educación, el afán de hacer un mundo mejor y la convicción de que siempre se puede progresar seguirán siendo las fuerzas motoras del éxito israelí, y como predijo Theodor Herzl, fundador del Sionismo político medio siglo antes de la fundación de Israel: "Todo lo que intentemos lograr para nuestro propio bienestar repercutirá con fuerza y de forma beneficiosa a favor de la Humanidad".
Fuente : libertaddigital.com