Casa de Israel - בית ישראל


Desde " Casa de Israel " trabajamos para hacer frente al antisemitismo , la judeofobia y la negación o banalización de La Shoá ( Holocausto) .
No olvidamos las terribles persecuciones a las que fue sometido el pueblo judío a través de los siglos , que culminaron con la tragedia de La Shoá .
Queremos tambien poner en valor y reconocer la fundamental e imprescindible aportación de este pueblo y de la Instrucción de La Torá , en la creación de las bases sobre las que se sustenta la Civilización Occidental.

"... עמך עמי ואלהיך אלהי ..."

martes, 15 de mayo de 2018

70 años de Israel: el milagro - José María Marco




En el setenta aniversario de la fundación del Estado de Israel, ocurrida en 1948, hemos celebrado varios milagros. De los 650.000 israelíes de aquel momento Israel ha pasado a los ocho millones y medio de hoy y creciendo, porque es de las pocas democracias liberales que mantienen un alta natalidad gracias a un índice de fecundidad de 3,1 hijos por mujer. De aspirar al rango de utopía socialista se ha convertido en una de las economías más abiertas y dinámicas del mundo, con un PIB superior al de muchos países europeos. O de la relativa indefensión primera, que parecía llevar al nuevo Estado a depender de las potencias occidentales, ha levantado unas Fuerzas Armadas tan envidiadas como temidas en todo Oriente Medio.
Además, Israel se ha enfrentado a cuatro guerras, a varios levantamientos palestinos y a unas cuantas oleadas de ataques desde territorios vecinos. En estado de alerta permanente, Israel no ha desfallecido nunca en su voluntad democrática. Al revés. La libertad de opinión es completa. Como era de esperar dada la tradición judía de no dejar nada sin discutir –discutir de verdad, con argumentos y con pasión, lejos de la dulzona y un poco hipócrita "conversación" que ahora se usa–, todo está puesto en cuestión constantemente. El poder judicial no ha dejado de ser independiente, como lo demuestran los problemas que ha tenido con la justicia el propio Netanyahu, entre otros. Y por si todo esto fuera poco, el paisaje político se ha caracterizado tradicionalmente por un voto disperso. El gobierno lo es siempre de coaliciones que no impiden, sin embargo, la acción de gobierno. Hoy mismo Netanyahu, a quien nadie le negará el carácter y la capacidad de liderazgo, está al frente de una coalición de cinco partidos.
Otras democracias liberales parecen haber perdido esa capacidad de compaginar una acción política consistente, capaz de adaptarse a las nuevas realidades, con el debate propio de las sociedades pluralistas. Como si una cosa hiciera imposible la otra, hasta el punto de que una parte importante del electorado acaba optando por soluciones populistas y otra empieza a sentir cierto escepticismo ante el propio sistema y a manifestar cierta simpatía hacia el resurgir de formas de caudillaje como los que se practican en Rusia o en China. No es una cuestión ideológica, aunque podría llegar a serlo. Por ahora, se trata de un asunto práctico, derivado de la sensación de que la democracia liberal dificulta la toma de decisiones hasta el punto de hacer más difícil la vida de los ciudadanos.
No ha sido así en Israel, y tampoco lo es ahora. Aunque una parte de la opinión pueda llegar a atribuir a Netanyahu la responsabilidad de una deriva populista, las instituciones funcionan con normalidad, como lo hace el control del gobierno por parte de la Knesset, el poder judicial y la opinión. El gobierno de Israel está sometido a un escrutinio implacable, como ningún otro Estado de la región. Y eso no impide, al contrario, la percepción de que las elites israelíes son capaces de articular políticas consistentes y arriesgadas: arrogantes, dirán muchos.
Para entenderlo hay que recordar que la población israelí se sabe amenazada. Amenazada por unos vecinos que no siempre han aceptado su existencia. Y amenazada, también, por un peligro más general, recuerdo de lo ocurrido en los años 30 y 40 en Europa, y de todas las oleadas de antisemitismo que han barrido Occidente y los países musulmanes. En algún momento los primeros israelíes pudieron pensar imaginar su nuevo país como un refugio para los judíos perseguidos. No bastaba con eso, y hoy Israel es el bastión orgulloso de un judaísmo que no está ya dispuesto a aceptar la vuelta atrás. Por eso en 2017, en Israel vivía un 43 por ciento de todos los judíos. Del asilo y la resistencia, Israel ha pasado a una noción de defensa proactiva y, cuando es necesario, de ofensiva, como está ocurriendo ahora mismo ante la estrategia imperial de Irán.
Israel, por otra parte, se acomoda mal a las nociones que sobre religión y cultura han triunfado en el resto de Occidente. De origen religioso, aunque no todos los fundadores lo reconocieran así, Israel no ha dejado de afirmarse como Estado judío, enraizado en una creencia o, al menos, en la necesaria supervivencia de un pueblo cuya esencia ha consistido –y aún lo hace, para muchos– en dar testimonio de la existencia de Dios. Este fondo teológico, que se puede reducir a lo cultural aunque sea trivializándolo, fundamenta una forma de consenso perdida en otras democracias. Y resulta difícil de concebir que la vida israelí, a pesar de su hipermodernidad, llegue a olvidar del todo la santidad del lazo social que está en el fondo de su existencia como sociedad y como Estado.
Como es natural, estas realidades plantean otros problemas, desde la cuestión del territorio, que ha llevado a soluciones deficientes como es el establecimiento de colonos en tierras de administración palestina, hasta las disfuncionalidades generadas por la omnipresencia de la religión. Por otro lado, la experiencia única de Israel no sirve de ejemplo para las demás democracias. Aun así, a los setenta años de su fundación, hay muchas cosas que aprender del pueblo israelí y de un Estado que parece al mismo tiempo más veterano y más joven, menos cansado que otras democracias.
                                                        Fuente: libertaddigital.com

domingo, 6 de mayo de 2018

Giro de Italia - Viviani gana en el alucinante desierto del Negev


                                                                         



La carretera se adentra como una lengua de alquitrán entre piedra y arena a través de un paraje alucinante. Durante decenas de kilómetros, el desierto de Negev fue el escenario de las andanzas de los ciclistas del Giro, de sus circunstacias. Un paisaje demoledor al sur de Israel, entre Egipto, Jordania y el Mar Rojo, en el que acampan con sus cabras los beduinos, despectivos respecto a lo urbano y que siguen viviendo como sus antepasados en tiendas de tela ocre que se funden con la naturaleza. Cabras, camellos, algún pueblo diminuto, soledad y un camino asfaltado en el que la policía de Israel toma el mando. A veces, con excesivo celo, como cuando en mitad de la nada un agente detuvo a la caravana que va por delante de la carrera (coches de equipo, periodistas, patrocinadores) para reclamar las credenciales. Aquí se impuso Elia Viviani. Doblete en Israel.
El pelotón parecía escuálido en el desierto. La inmensidad del lugar, continuación del valle del Rift que cruza África por la mitad, se comió a los ciclistas. Eso y la reducción de personal. Los equipos participan ahora con ocho corredores: 22 personas menos en un grupo concentrado se nota una barbaridad. Las imágenes de televisión eran un espectáculo, en gran medida ensalzadas por la tripulación de la televisión belga que trabaja las clásicas, contratada para difundir el Giro en su paso por Israel.
De ese pelotón mínimo escapó, como todos los días, un integrante del Israel Academy. El canadiense Boivin recorrió arenas y piedras en compañía de los italianos Frapporti y Barbin, siempre a tiro del pelotón y del cálculo de sus potenciómetros. Cuando los tres llegaban a Eilat, destino turístico en auge para adinerados visitantes, el Quick Step canceló la fuga.
Fuente : abc.es

jueves, 3 de mayo de 2018

El Giro sale de Israel como homenaje al campeón ciclista italiano Bartali

 

 El viernes arranca en Jerusalén. El campeón de dos Tours y tres Giros integró una red clandestina que salvó a 800 judíos de los campos de exterminio.

 

La edición número 101 del Giro partirá este viernes desde Jerusalén. Por primera vez, una gran ronda saldrá de un país fuera de Europa (aunque, geográficamente, la Vuelta de 1988 arrancó en Canarias). El inicio de la carrera se presenta como un homenaje a Gino Bartali, a quien el Yad Vashem (víctimas del Holocausto) y el Gobierno israelí nombraron en 2013 'Justo entre las Naciones' por ayudar a los judíos en la Italia de Mussolini. Ayer recibió la ciudadanía honorífica de Israel.

Ganador de dos Tours (con diez años de diferencia, 1938 y 1948) y de tres Giros (el de 1937 y dos más con otra década entre ambos, 1936 y 1946), formó parte de una red clandestina para transportar documentos y pasaportes falsos. Los llevaba escondidos en el cuadro y el manillar de su bicicleta a través de la Toscana. Con su aportación ayudó a que unos 800 judíos esquivaran los campos de concentración de la Alemania nazi.

 

Fueron los hijos de Giorgio Nissim, líder de la denominada organización DELASEM (Delegación para la Asistencia de los Emigrantes Hebreos), los que descubrieron la labor de Bartali. El 'Monje Volador', católico ferviente, se llevó el secreto a la tumba. “Mi padre siempre me dijo que el ciclismo es como una escuela de vida, y que un buen acto no se podía considerar desinteresado si se le da altavoz voluntariamente”, afirmó Andrea Bartali, uno de sus vástagos, que colaboró en hacer pública la actividad de su progenitor.
Para RCS, empresa promotora de la Corsa Rosa, se trata de “un honor y un orgullo recordar el legado de un campeonísimo como Gino Bartali”. “La humanidad nos parece mejor gracias a acciones así”, corrobora Mauro Vegni, director del Giro. Después de las tres jornadas por Israel, la caravana viajará a Sicilia, donde el martes se retomará la competición.

CIUDADANÍA HONORÍFICA

Gioia Bartali, nieta de Gino, recibió ayer de manos de Avner Shalev, presidente del Yad Vashem, el certificado que acredita a su abuelo a título póstumo con la ciudadanía israelí. Bartali falleció el 5 de mayo de 2000. “Las instituciones de Israel coinciden al valorar la enorme calidad humana de Gino”, aseguró Shalev. La etapa inaugural, por la ciudad santa, se convertirá en un emotivo recuerdo a su memoria. Su nombre ya se encontraba grabado “para siempre” en el Jardín de los Justos de Jerusalén.

Bartali, el ciclista de los judíos: su historia contada en gráfico




La trascendencia de Gino Bartali no se limita a su figura deportiva. El ciclista italiano, ganador dos veces del Tour de Francia y tres del Giro de Italia, formó parte en 1943 y 1944 de una red clandestina que logró salvar la vida de 800 judíos. Bartali transportaba dentro del manillar, tubulares o sillín de su bicicleta los pasaportes falsos destinados a judíos italianos que les permitieron librarse del Holocausto nazi. Él nunca contó su hazaña, que salió a la luz gracias a tres cuadernos de apuntes de su principal organizador, Giorgio Nissim, un judío toscano fallecido en Italia en 1976. Esta es la historia contada en gráfico.
Bartali, héroe en Italia y en Israel, también protagonizó otros episodios con un peso más que relevante en la historia del deporte y de su país. El Tour que ganó en 1948 fue decisivo para evitar una Guerra Civil en Italia. El clima de tensión y enfrentamiento era insostenible. Alcide De Gasperi, presidente del Consejo de Ministros de Italia y líder de la Democracia Cristiana, llamó por teléfono a Gino Bartali aquel 14 de julio de 1948 en búsqueda de una ayuda casi divina. "¿Qué puedo hacer? Estoy en el Tour”, le dijo Bartali a De Gasperi, con quien coincidía ideológicamente. “Puedes hacer mucho ganando etapas”, le contestó el político. Bartali respondió en la carretera con tres etapas y la conquista de su segundo Tour. Había salvado a Italia.
La imagen del bidón con Coppi, su enemigo deportivo y antagonista principal en casi todas las facetas de la vida, pasó a la eternidad del ciclismo y reconcilió a ambos en un gesto de grandeza.

Israel nombra a Gino Bartali ciudadano honorífico

 Su hija Gioia recibió el certificado este miércoles. El viernes el Giro arrancará en Jerusalén en honor a sus servicios a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Israel nombró este jueves al mítico ciclista italiano Gino Bartali ciudadano honorífico. Su nieta, Gioia Bartali, recibió el certificado, que supone un paso más en el reconocimiento por parte del país hebreo a la labor de Bartali durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se calcula que salvó a unos 800 judíos italianos de la deportación a campos de exterminio nazis transportando documentos falsificados para ellos ocultos en su bicicleta. 
El nombramiento de Bartali se produce en la víspera de la salida del 101 Giro de Italia, que este año, en su primera salida de Europa, arrancará en Jerusalén. Otro homenaje a il Ginettaccio, que en 2013 también recibió el título israelí de 'Justo entre las Naciones' y figura en el Jardín de los Justos del Yad Vashem, una institución constituida para homenajear a las víctimas del Holocausto. 

 

Gino Bartali salvó a Italia de una guerra civil en 1948

 

Alcide De Gasperi, presidente del Consejo de Ministros de Italia y líder de la Democracia Cristiana, llamó por teléfono a Gino Bartali aquel 14 de julio de 1948. El Tour descansaba en Cannes el Día Nacional de Francia en vísperas de las etapas de los Alpes, pero al otro lado de la frontera el país no estaba para muchas fiestas. Al contrario, se vivía un ambiente de guerra civil. “La situación es muy confusa, Gino”, le dijo el primer ministro a ‘Ginetaccio’.
Ese 14 de julio, Antonio Pallante, un activista de extrema derecha, había atentado contra el líder comunista, Palmiro Togliatti, en la plaza de Montecitorio de Roma. Su vida corría peligro. Sus incondicionales convocaron una huelga general no autorizada, se manifestaron en la calle, montaron barricadas... Y fueron reprendidos con severa dureza. Se vivía un ambiente prebélico en una Italia dividida. En marzo, la Democracia Cristiana había ganado las elecciones al Frente Democrático Popular: 48,5% contra 31%.
“¿Qué puedo hacer? Estoy en el Tour”, le dijo Bartali a su amigo De Gasperi, con quien coincidía ideológicamente. “Puedes hacer mucho ganando etapas”, le contestó el político.
Bartali ya tenía 34 años. “Demasiado viejo”, escribían los periodistas italianos. Ese día ocupaba la séptima plaza de la general, a 21:28 minutos de Louison Bobet. Se cubrían 274 kilómetros entre Cannes y Briançon, en un gélido y lluvioso trayecto. Bartali atacó en el Izoard, el mismo puerto donde fraguó su victoria en 1938, el mismo donde hoy llega el Tour. Ganó la etapa y se colocó a 1:06 de Bobet. En la jornada siguiente, también siberiana, con la Croix de Fer y el Galibier, remató la faena y prendió el maillot amarillo. Conquistó tres etapas seguidas en los Alpes, ganó el Tour y el ambiente se serenó en Italia. “Has salvado al país”, le agradeció De Gasperi 
Fuente :www.as.com

viernes, 13 de abril de 2018

Casi cien descendientes de la una familia sefardí , los SALTIEL , se reencuentran en Toledo con su pasado sefardita

               La concejala de Turismo, Rosa Rodríguez, con la familia Saltiel en el Museo Sefardí./AYTO TOLEDO


La concejala de Turismo, Rosana Rodríguez, ha recibido este jueves en el Museo Sefardí a la familia Saltiel, formada por más de 90 miembros de diferentes puntos del mundo y confesión, que se encuentra pasando unos días en España para reencontrarse con su origen y pasado.
Rosana Rodríguez ha dado la bienvenida al grupo en la Gran Sala de Oración de la antigua Sinagoga del Tránsito, actual Museo Sefardí, animándoles a conocer la Judería toledana y el legado que la cultura sefardí dejó en la capital regional, una ciudad, como ha dicho, que debe gran parte de lo que es en la actualidad "a sus antepasados".
Asimismo, la edil de Turismo ha invitado a la familia Saltiel a llevar a cabo su próximo encuentro en Toledo, ya que como ciudad de congresos cuenta con la logística y las instalaciones necesarias para desarrollar las jornadas que los Saltiel convocan cada tres años para poner en común su historia.
La familia ha mostrado interés en dos laudes o lápidas que se conservan y exponen en el Museo Sefardí que en origen se encontraban en Monzón de Campos, en la provincia de Palencia. Según han explicado, hacen referencia a un padre que falleció junto a su hijo a causa del derrumbe de su casa.
Por su parte, una representante de la familia ha entregado a Rosana Rodríguez el escudo de armas de la familia que representa un león coronado transportando una espada, similar al del linaje de la familia Kalonymus de Narbona.
Este motivo, como han explicado a la responsable municipal de Turismo, estaba representado en bajorrelieve en la entrada principal de la sinagoga de Candia (Creta) sobre la inscripción hebrea 'El escudo de armas de Don Shealtiel Hen'.
LOS SALTIEL EN ESPAÑA HASTA 1391
Los Saltiel se marcharon de España tras las revueltas de 1391 cuando la judería de Barcelona fue destruida. De allí fueron al Norte de África, a Italia y de allí a Creta y al Imperio Otomano, concretamente a Salónica, donde la familia levanta la conocida como 'Nueva sinagoga catalana'.
Desde el año 1994 la familia organiza reuniones en diferentes partes del mundo. En el 2000 regresaron a Barcelona, y esta semana se encuentran en Madrid para tramitar parte de la Ley de concesión de nacionalidad española a los sefardíes originarios de España del 24 de junio de 2015.
Fuente :eldia.es

jueves, 12 de abril de 2018

Los presidentes polaco e israelí recuerdan en Auschwitz a las víctimas del Holocausto



 
 Zoltan Matyah, estadounidense y superviviente de Auschwitz, enseña su número de prisionero en la entrada del campo de exterminio. JANEK SKARZYNSKIAFP-PHOTO
 
 
 Los presidentes de Polonia e Israel, Andrzej Duda y Reuven Rivlin, participaron hoy junto a miles de jóvenes en un acto en el antiguo campo de concentración nazi de Auschwitz en recuerdo de sus víctimas, en el que ambos intentaron limar asperezas tras la polémica ley polaca sobre el Holocausto.
"Nunca ha sido la intención de nuestro país aprobar una ley que bloquee el estudio y la búsqueda de la verdad histórica", dijo Duda en una comparecencia conjunta con su homólogo israelí, donde insistió en que "jamás hubo una hostilidad sistemática contra los judíos por parte del pueblo polaco".
Rivlin pidió a Polonia que "garantice el estudio de lo sucedido en el Holocausto", en relación a la polémica ley sobre el Holocausto aprobada por el Parlamento polaco este año, donde se contemplan penas de hasta tres años de cárcel por el uso de la expresión "campos de concentración polacos", una norma muy criticada por Israel y Estados Unidos.
Según sus detractores, esta norma supone un ataque a la libertad de expresión e investigación, y dificulta un acercamiento riguroso a los acontecimientos que rodearon el asesinato de millones de judíos por los nazis durante la II Guerra Mundial.
La ley, que provocó una crisis diplomática entre Varsovia y Jerusalén, ha sido remitida al Tribunal Constitucional polaco para que revise si su contenido vulnera la libertad de expresión e investigación.
Duda y Rivlin participan junto a algo más de 10.000 jóvenes, en su mayoría israelíes, en la 30ª edición de la "Marcha de los vivos" en el antiguo campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, para recordar a las seis millones de víctimas del Holocausto.
Sólo en Auschwitz, el mayor campo de exterminio del Tercer Reich, fueron asesinados durante la II Guerra Mundial al menos 1,1 millones de prisioneros judíos, además de otros grupos, como gitanos, homosexuales, comunistas o partisanos polacos

martes, 20 de febrero de 2018

Una academia para preservar el judeoespañol

Nunca he estado tan cerca de la creación de esta institución. La Real Academia Española anunciará hoy si definitivamente sale adelante, como todo indica, la iniciativa para proteger y promover esta lengua junto a todo su legado cultural.

Los sefardíes se llevaron consigo las llaves de sus casas, como las de la esta fotografía, que se legaron de una generación a otra a lo largo de los siglos 

En su memoria, España aún se llama Sefarad. Cuando los Reyes Católicos los expulsaron en 1492, los judíos se llevaron consigo no solo unas tradiciones, una cultura o el recuerdo de una tierra, también se marcharon con el legado de una lengua. Las generaciones posteriores de sefardíes que se asentaron en otros países conservaron con celo la lengua que hablaban sus antepasados, el castellano puro del siglo XV, que posteriormente pasó a denominarse djudezno, en otras como ladino y, algo más común y frecuente, judeoespañol. Un idioma que a lo largo de las centurias ha soportado los diversos desafíos y reveses de la historia y que ha llegado a nuestros tiempos con los préstamos que ha recibido de otras lenguas. La Real Academia Española reflexiona desde ayer la creación de una Academia de judeoespañol. Un debate que ha contado con estudiosos y especialistas en la materia, algunos de ellos pertenecientes al Instituto Salto para el Estudio del Ladino de la Universidad Bar Ilán de Israel, Autoridad Nacional del Ladino de Israel y la Asociación Presidente Navon de Israel. «Esta iniciativa es fundamental –subraya Darío Villanueva, director de la RAE, a este periódico– por dos motivos: la dignificación del judeoespañol y lo que significa como lengua de recorrido histórico y que ahora está desapareciendo, pero, también, para incrementar su estudio a través de sus tradiciones sapienciales, folclóricas y de la herencia que ha ido dejando a lo largo de estos cinco siglos». Eliezer Papo, de la Autoridad Nacional del Ladino, quien asiste a esta convención, añade una explicación trascendental. «Cuando los países balcánicos salieron de la dominación otomana y se constituyeron como naciones, muchos aceptaron las lenguas nacionales. Ciertas élites también impulsaron el aprendizaje de idiomas como el hebreo o el francés. Ahora, la mayor parte de los sefardíes que hablan el judeoespañol tienen la idea equivocada de que es casi un argot. La apertura de una academia precisamente demostraría a sus hablantes que no lo es y que los préstamos que tiene, por haber estado en contacto con otras lengua es algo propio de un idioma que está vivo y que está en contacto con otros, porque, al igual que el español tiene arabismos, en el judeoespañol puede encontrarse léxico procedente del turco o el griego». Para Eliezer Papo no existe ningún género de duda: esta academia debe tener su sede «en la capital de Israel, Jerusalén, porque es en este país donde reside el mayor número de sefardíes que viven hoy en día, alrededor de 300.000, el 80 por ciento de los hablantes que tiene en el mundo entero». Algunos de los proyectos que se reforzarían desde ella serían, aparte de fundar comisiones, fomentar actividades culturales o incentivar estudios, plantear el proyecto de un diccionario histórico y etimológico «para dar cuenta de su enorme riqueza léxica y salvaguardar el significado de sus palabras» y, también, proceder a la «digitalización de los documentos y archivos en ladino que han llegado hasta hoy, que es un extraordinario corpus de prosa, poesía, teatro, ciencia, filosofía, literatura rabínica o popular, y poner disponible en la red este abundante caudal cultural para que sea accesible a los investigadores».

En la encrucijada
Moisés Orfali, académico correspondiente de la RAE de Israel desde 2015, comenta a LA RAZÓN que esta academia es de una enorme relevancia, porque «todavía está vivo y aún hay mucha gente que lo entiende, pero al no hablarse oficialmente, sobre todo por la mentalidad de las jóvenes generaciones, que no quieren hablar la lengua de los abuelos, está en una situación delicada a pesar de que existen diarios en judeoespañol en algunos países y en la radio de Israel hay programas científicos y culturales en esta lengua, lo que hace que lo escuchen muchos posibles hablantes que se muestran pasivos en la actualidad».
Darío Villanueva insistió ayer en la importancia del judeoespañol: «Nos ayuda a comprender el castellano del siglo XV, porque es la lengua que está en su base y porque el castellano durante el siglo XVI experimentó un cambio que afectó a la fonología y la pronunciación y a algunos aspectos de estructura gramatical. Es un vestigio vivo de lo que era el castellano antes de esa transformación, que sucedió, precisamente, después de la expulsión de los judíos. En su fundamento fonético y sintáctico, el judeoespañol está más cerca de los grandes clásicos, de los monumentos literarios españoles de esa época. Eso no quiere decir, claro, que los estudios filológicos no nos hayan permitido acceder a los entresijos del castellano de entonces, porque esa clase de incertidumbres y dudas están resueltas. Es cierto –añadre– que ya no mantiene su pureza y que está trufado de palabras de muy diversa procedencia, pero eso lo convierte en un campo excepcional para los lingüistas». El propio Darío Villanueva insiste en el delicado momento que atraviesa el ladino: «Se está perdiendo como lengua de comunicación ordinaria, incluso en el ámbito familiar. El Holocausto se cebó en los judíos sefardíes y con su muerte de-saparecieron muchos hablantes. Luego hay que tener en cuenta que, después de la Segunda Guerra Mundial, se crea el Estado de Israel, que recupera el hebreo y lo convierte en lengua viva y, por eso, las distintas comunidades que se integran en él, primero aprenden el hebreo y abandonan las lenguas que traían con ellos. Mientras, los sefardíes que deciden vivir en hispanoamérica asumen el español de los siglos XIX y XX, en consecuencia abandonan esta otra lengua».
Eliezer Papo tampoco dibuja un horizonte optimista. «Soy realista», argumenta. Pero tampoco quiere caer en el pesimismo. «Como lengua de cada día está decayendo y es cierto que no existe hoy un hablante que utiliza el judeoespañol como única lengua de comunicación. Y hay que comprender que estos judíos se casan con otros que no lo conocen. Dentro de dos o tres generaciones no habrá más que unas cientos de parejas que lo usen. Pero estoy convencido de que se mantendrá como lengua de cultura para siempre en Israel. “El Talmud” está escrito en arameo. Los judíos no hablan arameo, pero es tan importante para ellos que lo estudian para poder leer “El Talmud” en su lengua original. No lo leen –afirma– ni en una traducción al hebreo. Los judíos son muy persistentes cuando tratan de mantener su herencia cultural y creo que por cientos de años, muchos lo hablarán para poder profundizar en esta cultura hablada».
Si hoy saliera de la RAE el anuncio definitivo de esta creación, aún tardaría unos años en tener unos estatutos definitivos y en formar un cuerpo de académicos que permitiera después su correcto funcionamiento. Pero, en cuanto esos puntos acabaran de perfilarse, la academia del judeoespañol, correspondiente de la RAE, pasaría a ser inmeditamente el 24º miembro de la Asociación de Academias de la Lengua española ( Asale )
Fuente : larazon.es

jueves, 15 de febrero de 2018

Memoria polaca - Gabriel Albiac



Fue poco después de la caída del Muro en Berlín. Yo conversaba con uno de los intelectuales polacos de Solidarnosc. Los orígenes familiares de mi interlocutor lo situaban en el punto de cruce trágico entre judaísmo y comunismo. Me vino a la cabeza, de inmediato, el drama del antisemitismo polaco. Lo dejé caer, con esa torpe ingenuidad del que no espera que lo obvio pueda herir a nadie.
Me equivoqué. Por supuesto. Hay obviedades cuya evocación hiere aún a los más inteligentes. Y el hombre con el que estaba hablando lo era. «No hay antisemitismo en Polonia», zanjó. Pensé que era una broma. Hice una fugaz referencia a la matanza de 1648, precursora de los genocidios modernos. «Polonia no tuvo nada que ver con eso. Fue cosa de los ucranianos». Entendí que era aquel un drama vetado en la conciencia de un polaco. Y me abstuve de retornar al siglo veinte y a la escena que Claude Lanzmann transmite en Shoá, a través de la voz de un superviviente de los trenes de la muerte: los gestos de burla de los aldeanos polacos hacia el ganado humano que se encamina a Auschwitz, los pulgares que trazan un semicírculo en el cuello, celebrando su destino. No, no vale nunca la pena recordar algo que la censura moral exige que se borre. Y, además, el hombre con quien yo hablaba era un tipo decente que había sufrido con coraje la represión de la dictadura. No era ni el lugar ni el momento para hablar de aquello. Lo es ahora. Y no ante un resistente. Sino ante políticos que no sólo ofenden la verdad y la decencia; que apuestan, sobre todo, por falsear la historia. Y manufacturar una memoria a la medida.
La semana pasada, el presidente polaco, Andrzej Duda, anunció la firma de una patriótica ley de memoria: de «memoria histórica», diríamos aquí; esto es, de invención sentimental del pasado. Sus objetivos son claros: aplicar el código penal a quien, «acuse, públicamente y contradiciendo los hechos, a la nación polaca o al Estado polaco de ser responsables de los crímenes nazis cometidos por el III Reich alemán». Las penas en las que incurriría un historiador que no se plegase a este interdicto podrían alcanzar hasta los tres años de cárcel.
Polonia ha sido un país masacrado; siempre al acecho del mal que viene de Rusia. Se entiende la amargura que volver los ojos atrás acarrea para sus ciudadanos. Pero esa amargura en nada altera los hechos. Y menos aún justifica legislar el modo de alterarlos. Claro está que Polonia vivía bajo jurisdicción alemana; claro está que la decisión de instalar en su suelo los campos de exterminio se tomó en Berlín. Nadie en su sano juicio cuestiona eso. Como ningún historiador en el sano uso de su disciplina cuestiona el entusiasmo con que una gran parte de la población polaca acogió el exterminio de sus judíos. La lectura del reciente libro de Fernández Vítores, Mira, Palmero y Sánchez Tortosa sobre el Holocausto es demoledora al respecto.
El pogromo de la aldea polaca de Jedwabne fija el canon: «Un día de julio de 1941, la mitad de una pequeña población del Este de Europa asesinó a la otra mitad, unas 1.600 personas, entre hombres, mujeres y niños. Lo más curioso es que aquel día el cuartel de la gendarmería alemana fue el lugar más seguro para los judíos. Fueron unos polacos normales y corrientes los que mataron a los judíos». Quemándolos vivos. Lo narra -sobre las actas de la comisión investigadora de 1945- el historiador Jan T. Gross. Hoy, escribir lo mismo lo llevaría a la cárcel. A eso llaman memoria. Histórica.
Fuente : abc.es

sábado, 27 de enero de 2018

Merkel lamenta que "ninguna institución judía pueda existir sin protección policial"




"Es necesario recordar el dolor de Auschwitz"



La canciller alemana, Angela Merkel, calificó hoy, Día de las Víctimas del Holocausto, de "vergüenza" que en su país "ninguna institución judía pueda existir sin protección policial, sea un colegio, una guardería o una sinagoga".
"Es difícil de entender y una vergüenza", señaló Merkel en su habitual vídeo-mensaje de los sábados.
La canciller afirmó que es para ella una "tarea diaria" posicionarse "con todas sus fuerzas contra el antisemitismo, la xenofobia y el odio al otro", cuestiones a su juicio cada vez más en el orden del día.
En su opinión, es "muy importante" preservar la voz de los supervivientes del Holocausto -cuando ya la mayoría ha muerto- e incluirla en la "cultura del recuerdo" con un "concepto pedagógico razonable".
"Sólo podemos estructurar un buen futuro si contamos con el pasado y no ponemos en duda que lo seguimos necesitando. Por eso es para mí muy importante que tenga lugar este día", indicó.
Merkel añadió que "el antisemitismo no tienen lugar" en la sociedad alemana, cuyos "valores fundamentales" deben ser la "apertura y la tolerancia".
Muchos políticos alemanes se posicionaron en este mismo sentido con motivo del Día de las Víctimas del Holocausto, celebración que ha cobrado un especial sentido este año ante el auge de la ultraderecha y las recientes quemas de banderas israelíes que han tenido lugar en el país por parte de grupos de inmigrantes de Oriente Medio.
El ministro de Exteriores, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, afirmó en un comunicado "que nadie puede dar marcha atrás a la historia, pero todos y todas pueden asumir responsabilidades para el futuro teniendo en cuenta las advertencias de nuestra historia".
En la red social Twitter muchos se sumaron a la campaña #WeRemember (recordamos), como el ministro de Justicia, el socialdemócrata Heiko Maas, la presidenta de Los Verdes, Katrin Göring-Eckardt, o la presidenta de La Izquierda, Katja Kipping.
Mientras que el tradicional homenaje en el Bundestag (Cámara Baja) se celebrará el próximo miércoles, distintas conmemoraciones tuvieron hoy lugar por todo el país, incluyendo algunas en antiguos campos de concentración nazis.
Unos seis millones de judíos fueron asesinados por el régimen nacionalsocialista en campos de concentración durante la II Guerra Mundial, según estimaciones de los historiadores.

"Es necesario recordar el dolor de Auschwitz"

Mario Venezia, presidente del Museo del Holocausto de Roma, reivindica la memoria del horror nazi



"La primera vez que vi el tatuaje en el brazo de mi padre me llamó mucho la atención porque en aquella época no existía esa moda. Mis hermanos y yo éramos pequeños y le preguntamos. Pero a él no le gustaba hablar mucho del tema con nosotros". Mario Venezia, presidente de la Fundación Museo del Holocausto de Roma, recuerda vagamente las veces que su padre, el desaparecido Shlomo Venezia, superviviente de Auschwitz, compartió con ellos algún recuerdo. "Se ponía muy nervioso si nos dejábamos algo en el plato. Nos explicaba el hambre que había pasado pero no entraba en detalles. Las cosas más duras nunca nos las contó y no creo que se las contara a nadie", confiesa a EL MUNDO.
Shlomo Venezia era un judío sefardita. Había nacido en Tesalónica (Grecia) en 1923 pero tenía nacionalidad italiana. Procedía de una familia de sefardíes expulsados de España en el siglo XV y conservaba su lengua de origen. "Hablaba judeo-español perfectamente", cuenta Mario. "En España se sentía como en casa". En 1944 fue arrestado y deportado a Auschwitz con sus padres y sus cuatro hermanos. Nunca volvió a verlos. Durante ocho meses fue miembro de los 'sonderkommandos', el grupo de presos judíos que se dedicaban a transportar los cadáveres desde las cámaras de gas hasta los hornos crematorios. Tras abandonar el campo de concentración, pasó siete años recluido en un sanatorio para aprender a vivir entre la gente. Consiguió un trabajo en un gran hotel de Roma, se casó y tuvo tres hijos. No volvió a pisar Auschwitz hasta 1992. Su testimonio sirvió de inspiración a Roberto Benigni, que lo fichó como consejero para la película 'La Vida es Bella' (1997). En 2007 publicó un libro, 'Sonderkommando: el testimonio de un judío obligado a trabajar en las cámaras de gas', que fue traducido a 17 idiomas.
"Cuando se jubiló se dedicó a hacer compañía a mi madre en la tienda de 'souvenirs' que teníamos cerca de la Fontana de Trevi y a dar conferencias a estudiantes". Después de su muerte en 2012, ahora es su viuda, Marika Kaufmann, quien recorre Italia de punta a punta para mantener vivo el recuerdo de su marido. Mario es el único de los tres hermanos que ha tomado el testigo de su padre para reivindicar su historia. "Hubiera preferido no tener que hacerlo porque es un tema doloroso -reconoce- pero es necesario". La fundación presidida por Venezia publicará próximamente un libro llamado 'Los años de la vergüenza: 1938-1943', dirigido a las escuelas.
"La historia nos enseña que todo lo que sucedió en aquellos años, las leyes raciales y los crueles sucesos de después, fueron precedidos por una profunda propaganda que duró años. La propaganda nace de las palabras. La intolerancia, la violencia en el deporte,... no se puede dejar pasar todo y después escandalizarse cuando sucede un hecho terrible".
Fuente : elmundo.es

La búsqueda interminable de los desaparecidos del Holocausto

           Vista de un cartel que busca a desaparecidos del Holocausto en la ciudad    polaca de Cracovia. (
La familia de una superviviente del Holocausto no ha renunciado nunca a encontrar a los seis hermanos de su madre, engullidos por el horror nazi. En una librería del barrio judío de la ciudad polaca de Cracovia, un cartel y un folleto recuerdan que la Shoah es una historia que no se cerrará. En ellos se cuenta la historia de Adela Schwarzer, que tenía 25 años y pesaba solo 23 kilos cuando fue rescatada por las tropas británicas en el campo nazi de Bergen Belsen, en abril de 1945. Tres años antes, en la primavera de 1942, había sido enviada desde el gueto de Rzeszow al campo de concentración de Biesiadka (ambos situados en la actual Polonia). Fue la última vez que vio a sus cuatro hermanas y sus dos hermanos

Adela Schwarzer residió en Suecia el resto de su vida, pero nunca renunció a tratar de saber cuál había sido el destino de sus hermanos, con la remota esperanza de que, de alguna manera, hubiesen sobrevivido como ella a la Shoah. Murió el 8 de mayo de 2005 sin haber logrado una respuesta, pero su familia decidió continuar la campaña. Su caso, desgraciadamente, no es tan extraño. De los seis millones de víctimas del Holocausto, sólo han sido identificados 4,7 millones. Cuando se conmemora este sábado el 73º aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz, declarado por la ONU Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, el destino de 1,3 millones de los seis millones de víctimas del Holocausto sigue siendo un misterio. Un millón y medio de niños judíos fueron asesinados por los nazis y sólo la mitad han sido identificados.

"No hay ninguna forma de saber cuánta gente sigue desaparecida tras el Holocausto", explica la profesora Jennifer Rodgers

Las principales instituciones que se dedican a investigar la Shoah luchan todavía para rellenar ese inmenso hueco: el Yad Vashem de Jerusalén mantiene abierta una lista con los nombres de todas las víctimas identificadas; mientras que el Museo del Holocausto de Washington y la Wiener Library de Londres —esta última contiene la mayor colección de documentos sobre el tema del mundo— ponen a sus investigadores al servicio de los familiares de las víctimas. Sin embargo, conforme van desapareciendo los últimos supervivientes, la labor parece cada día más compleja.

Existe un instrumento extraordinario que puede proporcionar todavía algunas respuestas: se trata del International Tracing Service (el Servicio Internacional de Búsqueda), del que tienen copia la Wiener Library, el Museo del Holocausto de Washington, el Gobierno alemán y el Yad Vashem. El ITS, recopilado por los aliados al final de la II Guerra Mundial y que estaba hasta hace poco solo en manos del Comité Internacional de la Cruz Roja, recoge los datos de 17,5 millones de personas que fueron deportadas, desplazadas o esclavizadas por los nazis, a través de documentos de campos de concentración o cárceles de la Gestapo, campos de refugiados o ministerios. Básicamente, reúne todos los documentos sobre las víctimas del terror nazi que los aliados fueron encontrando entre las ruinas del Tercer Reich. En total, son 30 millones de documentos.

Los grupos de exterminio móviles, los siniestros Einsatzgruppen, mataron a cerca de millón y medio de personas en el Este de Europa, sobre todo en la antigua URSS, sin que quedase ningún tipo de documentación
"No hay ninguna forma de saber cuánta gente sigue desaparecida tras el Holocausto", explica Jennifer Rodgers, profesora en el Departamento de Historia de la Universidad de Pennsylvania, que trabaja actualmente en un libro titulado Los archivos de la humanidad: el International Tracing Service, el Holocausto y el orden de la posguerra. "Pero soy optimista: creo que muchos casos todavía no resueltos encontrarán una respuesta en el ITS y lo digo como investigadora, pero también como alguien que trabajó con ese archivo en el Museo del Holocausto. El ITS sigue dando muchas respuestas a supervivientes y a sus familias. Trabajando con ese material dimos respuestas, también sobre personas desaparecidas". De hecho, la Wiener Library de Londres prepara para finales de febrero una exposición sobre esa base de datos para difundir ese archivo.
Como en todos los crímenes masivos, el Holocausto arrastró una cantidad ingente de papeleo de la muerte. Los nazis ocultaron la existencia de las cámaras de gas, por ejemplo, o utilizaban eufemismos para esconder el exterminio. En cambio, la documentación sobre las deportaciones, los guetos, los transportes, el registro en los campos es inmensa. Sin embargo, muchos judíos que eran enviados directamente a las cámaras de gas no eran registrados. Y, sobre todo, los grupos de exterminio móviles, los siniestros Einsatzgruppen, mataron a cerca de millón y medio de personas en el Este de Europa, sobre todo en la antigua URSS, sin que quedase ningún tipo de documento ni, en algunos casos, supervivientes que pudiesen narrar luego los hechos. Tampoco existen datos de muchas víctimas que murieron de hambre o asesinadas en los guetos.
Por ejemplo, de los 33.000 judíos asesinados en el barranco de Babi Yar, cerca de Kiev, en septiembre de 1941, sólo se conocen la mitad de los nombres. De hecho, en un recuento que ofreció recientemente la BBC, que se basaba en datos del Yad Vashem, quedaba claro que la mayoría de los judíos asesinados tras haber sido deportados están identificados —por ejemplo los que provenían de Europa occidental o central lo están en un 95%—. Sin embargo, los judíos asesinados en Rusia, Bielorrusia, Ucrania o Lituania sólo están identificados en un 50%.

 
 
Pero incluso en los casos más difíciles, el ITS puede proporcionar respuestas. Esta base de datos ha servido para reunificar refugiados tras la II Guerra Mundial e incluso condenar a antiguos nazis. "Aunque nosotros por nuestra cuenta no hacemos búsquedas de personas desaparecidas, sí que apoyamos a los familiares que quieren conocer la suerte de personas durante y después de la guerra", explica Christine Schmidt, vicedirectora de la Wiener Library y jefa de investigación de este centro. "Las otras instituciones que manejan el ITS trabajan igual. En algunos casos, la búsqueda de un individuo ha revelado lazos familiares que desconocían y ha facilitado reuniones familiares entre descendientes de víctimas. Lo importante es que, dado que no realizamos búsquedas a no ser que alguien nos lo pida expresamente, existen muchísimos nombres que no han sido investigados nunca".
Ni los historiadores ni los familiares pretenden rendirse jamás. Como explica Jennifer Rodgers, "nunca encontraremos a todos los desaparecidos, pero cada fragmento de información sobre una víctima del Holocausto es importante porque nos permite recordar a esas personas".
Fuente : elpais.com